EVANGELIO
El testamento de Jesús, antes de subir al cielo, fue un testamento de universalidad. No dijo: «cread un pueblo único bajo unas nuevas leyes», sino: «haced discípulos de todos los pueblos». La evangelización no deba ser un imperialismo cultural, sino la predicación de la Buena Noticia a los diferentes pueblos y culturas, sin trastornarlos en su identidad específica.
La celebración eucarística es una profecía del mundo que esperamos como don de Dios. En ella hacemos memorial de la exaltación de Jesús a la derecha del Padre y, celebrándola, anunciamos su venida gloriosa, que conducirá al hombre y a todo el universo a la plenitud.
Final del santo Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
-Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
![]()