SAN
AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO
Lc 24,46-53: Vemos el cuerpo, creamos en la Cabeza
Veamos lo que les dijo: Porque convenía que Cristo padeciera y resucitara al tercer día de entre los muertos y que se predicase en su nombre la penitencia y el perdón de los pecados por todos los pueblos comenzando por Jerusalén (Lc 24,46-47). Tened en cuenta que los discípulos no sólo vieron a Cristo después de su resurrección, sino que también oyeron de su boca que, según la Escritura, así tenía que suceder. Nosotros no hemos visto a Cristo presente en su carne, pero escuchamos a diario las Escrituras, con las que también ellos fueron fortalecidos. ¿Qué les dijo a propósito de las Escrituras? Que se predicase en su nombre la penitencia y el perdón de los pecados por todos los pueblos comenzando por Jerusalén.
Esto no lo veían los discípulos; sólo veían a Cristo que hablaba de la Iglesia futura. Mas por la palabra de Cristo creían lo que no veían. Veían la Cabeza, pero aún no el cuerpo; nosotros vemos el cuerpo, pero creemos lo que se refiere a la Cabeza. Son dos: el esposo y la esposa, la cabeza y el cuerpo, Cristo y la Iglesia. Se manifestó personalmente a sus discípulos y les prometió la Iglesia; a nosotros nos mostró la Iglesia y nos mandó creer lo que se refiere a él. Los apóstoles veían una cosa sí y otra no; también nosotros vemos una cosa y no vemos otra. Como ellos viendo la Cabeza, creían en el cuerpo, así nosotros, viendo el cuerpo, creamos en la Cabeza. ¿O hemos de negarla, acaso? La verdad con su clamor no nos lo permite. Vemos, en efecto, cómo la Iglesia de Cristo alaba el nombre del Señor desde la salida del sol hasta el ocaso. Comenzando -dijo- por Jerusalén. Así se cumplió, pues les había dicho: Permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos del poder de lo alto (Lc 24,49), puesto que os enviaré lo prometido desde el Padre.
Sermón 229 1, 2
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