SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO

 

Mt 28,16-20: Bautismo y unidad de los pueblos

Veamos, pues, amadísimos, qué es lo que los donatistas no quieren ver; no que no lo vean, sino que no quieren verlo. Quieren que esté cerrado, porque es contra ellos. ¿Adónde son enviados los discípulos a bautizar, en condición de ministros, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo? ¿Adónde se les envía? Id -dice- bautizad a todos los pueblos (Mt 28,19). Habéis oído, hermanos, cómo les vino esta herencia: Pídeme y te daré como herencia todas las naciones y como posesión los confines de la tierra (Sal 2,8). Habéis oído que de Sión salió la ley y de Jerusalén la palabra del Señor (Is 2,3). Aquí es donde oyen los discípulos: Id, bautizad a los pueblos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Hemos prestado atención a estas palabras: Id, bautizad a los pueblos. Pero ¿en qué nombre? En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es un solo Dios porque no se bautiza en los nombres del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, sino en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Donde se oye que se habla de un solo nombre, hay un solo Dios. Lo mismo que cuando habla de la descendencia de Abrahán: En tu descendencia serán benditos todos los pueblos (Gn 22,18), no dice en «tus descendencias», como si hablara de muchas, sino de una sola: En tu descendencia que es Cristo (Gál 3,16). Ésta es la interpretación del Apóstol. Luego como allí donde se menciona «descendencia» en singular quiere enseñarte el Apóstol que Cristo es uno, así también aquí donde se habla de «nombre», no de «nombres», como allí de «descendencia», no de «descendencias», se prueba que es un solo Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Pero, ya hemos oído -dicen los discípulos al Señor- en qué nombre hemos de bautizar; nos hiciste ministros de ese bautismo y nos dijiste: Id y bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pero ¿adónde hemos de ir? ¿No lo habéis oído? A mi herencia. Me preguntáis adonde habéis de ir: a lo que he comprado con el precio de mi sangre. ¿Adónde, pues? A los pueblos, responde. Yo creí que había dicho: «Id y bautizad a los africanos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»1. ¡Gracias a Dios! El Señor da solución a la dificultad, enseña por la paloma. ¡Gracias a Dios! Los apóstoles son enviados a las naciones y, si a las naciones, a todas las lenguas. Esto es lo que significa el Espíritu Santo dividido en lenguas y unido a la paloma. Donde las lenguas dividen, la paloma une.

Hay unidad de lengua en las naciones, y ¿habrá división en la lengua de África solamente? ¿Qué hay más claro, hermanos míos, que este hecho: en la paloma está la unidad y en las lenguas de los pueblos la unión? Un día, por la soberbia, se dividen las lenguas, y de una se originan muchas. Después del diluvio, unos hombres soberbios, que se empeñan en fortificarse contra Dios, como si para Dios hubiera algo elevado o algo seguro para la soberbia, se construyen una torre para no ser destruidos si se repetía otro diluvio. Habían oído y recordaban que el diluvio había desecho toda la iniquidad. Ellos no quieren dejar la iniquidad, y, para defenderse contra el diluvio, piensan en la altura de la torre y, en efecto, comienzan a construirla. Vio Dios su orgullo y les hizo que se confundiesen al no entenderse cuando hablaban. Así en el origen de la división de las lenguas está la soberbia, mientras que la humildad de Cristo las redujo de nuevo a la unidad. Lo que disocia aquella torre, lo reúne la Iglesia. De una lengua se originan muchas; no tiene nada de extraño: es obra de la soberbia. De muchas lenguas se hace una; tampoco hay que extrañarse de ello: es obra de la caridad. Aunque el sonido de las lenguas es múltiple, en el corazón sólo se invoca a un único Dios y se mantiene una sola y misma paz.

¿Cómo, pues, amadísimos, debió mostrarse el Espíritu Santo, que designa cierta unidad, sino por la paloma? Así se puede decir de la Iglesia en paz, Una es mi paloma. ¿Cómo debió mostrarse la humildad, sino por un ave sencilla que se limita a gemir y no por una soberbia y escandalosa, como es el cuervo?
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1. Ironía dirigida contra los donatistas.

Comentarios sobre el evangelio de San Juan 6,9-10