PRIMERA LECTURA

Una tempestad que dispersa un rebaño es en el lenguaje del profeta la destrucción del pueblo. Y lo que hace el pastor con el rebaño disperso le ayuda a decir lo que Dios hace por su pueblo destruido. Es una visión consoladora, que pone dentro de la ruina esperanza operativa. Dios está con ese resto de supervivientes que se congregan en su nombre. Las sencillas y vivas imágenes quieren hacer sentir el amor infinito que alienta al pueblo de Dios (Jn 10).

 

Lectura del Profeta Ezequiel 34,11-16.

Así dice el Señor Dios: 
Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, 
siguiendo su rastro. 

Como un pastor sigue el rastro de su rebaño 
cuando se encuentra las ovejas dispersas, 
así seguiré yo el rastro de mis ovejas; 
y las libraré, 
sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron, 
el día de los nubarrones y de la oscuridad. 

Las sacaré de entre los pueblos, 
las congregaré de los países, 
las traeré a la tierra, 
las apacentaré por los montes de Israel, 
por las cañadas y por los poblados del país. 

Las apacentaré en pastizales escogidos, 
tendrán sus dehesas en lo alto de los montes de Israel, 
se recostarán en fértiles dehesas, 
y pastarán pastos jugosos en la montaña de Israel. 

Yo mismo apacentaré mis ovejas, 
yo mismo las haré sestear 
-oráculo del Señor Dios-.

Buscaré las ovejas perdidas, 
haré volver a las descarriadas, 
vendaré a las heridas,
curaré a las enfermas; 
a las gordas y fuertes las guardaré, 
y las apacentaré debidamente.