Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto internacional Franz Joseph Strauss de Munich (9 de septiembre de 2006)

Señor Presidente,
Señora Canciller y Señor Primer Ministro,
Mis hermanos Cardenales y Obispos,
Distinguidos damas y caballeros.

Con gran emoción piso hoy, por primera vez desde mi elevación a la Cátedra de Pedro, suelo alemán y bávaro. Regreso a mi tierra natal y entre mi propia gente, a fin de visitar algunos lugares de fundamental importancia en mi vida. Agradezco al Presidente de la República, Dr. Horst Köhler, por sus cordiales palabras de bienvenida. En esas palabras percibí un eco fiel de los sentimientos de todo nuestro pueblo. Agradezco a la Canciller, Dra. Angela Merkel, y al Primer Ministro, Dr. Edmund Stoiber, por su amabilidad con la que han honrado mi arribo a suelo germano. También ofrezco mi saludo y expreso mi gratitud a los miembros del Gobierno, las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y a todos aquellos que están aquí para darme la bienvenida en esta visita, la cual es muy significativa para mí.

En este momento muchos recuerdos de los años que pasé en Munich y Ratisbona vuelven a mi memoria: recuerdos de personas y acontecimientos que han marcado profundamente mi vida. Conciente de cuánto he recibido, he venido sobre todo a expresar mi profunda gratitud a todos aquellos que ayudaron a formarme como persona. Pero también he venido como Sucesor del Apóstol Pedro, para reafirmar y fortalecer los profundos vínculos que unen la Sede de Roma y la Iglesia en nuestra tierra nativa.

Estos lazos tienen una historia que viene de siglos y constantemente alimentados por la firme adhesión a los valores de la fe cristiana, una adhesión de la que la región de Baviera puede enorgullecerse. Ello es testimoniado por famosos monumentos, majestuosas catedrales, estatuas y pinturas de gran valor artístico, obras literarias, iniciativas culturales y, sobre todo, los muchos acontecimientos individuales y comunitarios que reflejan las creencias cristianas de sucesivas generaciones en esta tierra que es tan querida por mi. Las relaciones entre Baviera y la Santa Sede, pese a algunos momentos de tensión, siempre han estado marcadas por un cordial respeto. En los momentos decisivos de su historia, el pueblo bávaro siempre ha afirmado su sincera devoción a la Sede de Pedro y su firme adhesión a la fe católica. La Mariensäule (Columna de María) erigida en la plaza central de Munich es un testimonio elocuente de esa fe.

El actual contexto social es, en diversos modos, diferente al de ayer. Aún así, creo que todos estamos unidos en la esperanza de que las nuevas generaciones permanezcan fieles al patrimonio espiritual que ha soportado todas las crisis de la historia. Mi visita a la tierra donde nací significa un estímulo en ese sentido: Baviera es una parte de Alemania; que comparte los altos y bajos de la historia de Alemania, y tiene razón de estar orgullosa de las tradiciones heredadas del pasado. Mi esperanza es que todos mis compatriotas en Baviera y en toda Alemania desempeñen un papel activo en la transmisión de los valores fundamentales de la fe cristiana a los ciudadanos del mañana. Me hubiese encantado visitar también otras partes de Alemania, incluyendo las diversas iglesias locales, especialmente aquellas ligadas a mis recuerdos personales. He recibido muchos signos de afecto de todos lados, y especialmente de la diócesis de Baviera, desde los primeros momentos de mi Pontificado. Así, estoy complacido de tener esta oportunidad para expresar mi gratitud a todos y cada uno, y confío a la Providencia de Dios la posibilidad de encuentros futuros con esas Iglesias Particulares.

Finalmente, tengo el grato deber de expresar mi cordial aprecio por todo aquello que han hecho para preparar los encuentros de los próximos días y para asegurar que mi visita se desarrolle con serenidad. Quisiera extender también mi más cordial saludo a todo el pueblo de Baviera y al de toda Alemania. No estoy pensando solo en los fieles católicos, a quienes está principalmente dirigida mi visita, sino también a los miembros de otras Iglesias y Comunidades Eclesiales, particularmente cristianos luteranos y ortodoxos. Por último, saludo a los seguidores de otras religiones y a todos los hombres de buena voluntad que llevan en el corazón la paz y la libertad de este país. Dios bendiga los esfuerzos de todos aquellos preocupados en construir un futuro de verdadero bienestar para el bien de toda la nación. Confío estas oraciones a la Bienaventurada Virgen María, venerada en esta tierra como la Patrona Bavariae . Así lo hago en la clásica oración de Jakob Balde: Rem regem regimen regionem religionem conserva Bavaris, Virgo Patrona, tuis! – Preserva, oh Virgen y Patrona, a tu pueblo bávaro, sus bienes, su gobierno, su tierra y su religión!

A todos los presentes les ofrezco mi cordial “ Grü$ Gott! " (“Dios te saluda”).

Texto original en alemán
Fuente: Sala de Prensa de la Santa Sede