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HOMILÍAS PARA EL DOMINGO XXV
CICLO C
1-9
1.FE/LIBERACIÓN
DESCANSO/DO/FT CONSUMO/ESCLAVITUD
D/DINERO
¿QUÉ TIENE QUE VER EL SERVICIO A DIOS CON LA LIBERTAD DEL HOMBRE?:
Y, en primer lugar, ¿qué es servir a Dios? Desde luego, aceptar que Dios es Dios y el hombre un hombre. Por lo tanto, no ocupar el lugar de Dios y no dejar que nada ni nadie lo ocupe. Es también hacer lo que Dios manda. Pero resulta que Dios manda que nos amemos los unos a los otros, eso es todo: la ley y los profetas. Así que el hombre sirve a Dios cuando ve en el hombre a un hermano, y obra en consecuencia. ¿Puede ser otra cosa la libertad? De hecho las fiestas de Israel, dedicadas especialmente al servicio divino, fueron también entendidas como fiestas de liberación y espacios de libertad para todos los hombres. Tal es el sentido que da el Dt al descanso sabático: poner un dique a la ambición de los explotadores que someten a servidumbre a los pobres. Y el profeta Amós denuncia la conducta de los que avasallan al pobre, lo compran por un par de sandalias, y aún tienen la desfachatez de considerar que las fiestas son tiempo perdido, diciendo: "¿Cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano?" Y así, como las fiestas de Israel, es el domingo cristiano o día del Señor. Día, por lo tanto, en el que no hay amos y criados, porque uno es el Señor y todos los demás hermanos. Día para partir el pan, no para venderlo. Día en el que soñamos y esperamos, y anticipamos el gran día de la libertad de los hijos de Dios.
Invadir ese espacio de fiesta con nuestros negocios, integrarlo de nuevo en el sistema de producción y consumo, no es sólo oponerse a las más auténticas reivindicaciones del hombre sino también profanar las fiestas, colocando la dominación del dinero en medio del santuario. Por el contrario, hacer un domingo de cada día y ampliar el espacio de la libertad del hombre es también servir a Dios. Es transformar el reino de la necesidad en el reino de la libertad: el trabajo en acción creadora, la mera información en comunicación personal, la lucha en abrazo, la enemistad en fraternidad. Es humanizar.
¿QUÉ TIENE QUE VER EL SERVICIO AL DINERO CON LA ESCLAVITUD DEL HOMBRE?:
Y en primer lugar, ¿qué es servir al dinero? Es aceptar prácticamente que el dinero es lo que vale y que todo puede comprarse con dinero. Es, por lo tanto, aceptar como sistema de vida un sistema de mercado. Es reducir al hombre a mercancía, a simple fuerza de trabajo. De manera que el que piensa así está por debajo del dinero, es un esclavo. De manera que el que piensa así se considera que está por encima del que no tiene tanto dinero como él, es un opresor. Convierte la comunicación humana en transacción, la palabra en propaganda, el amor en consumición... En este supuesto, el dinero desplaza a Dios, pero también al hombre; la fraternidad es imposible, la competencia cruel necesaria.
NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO: Lo ha dicho Jesús. Y ésta sigue siendo hoy la disyuntiva para todos los cristianos. Dios y el dinero se presentan como dos amos irreconciliables; sólo que Dios libera y el dinero nos hace esclavos. El dinero, el afán de poseer y la trampa de ser poseído, la ambición, la explotación... son caras de la misma moneda. El hombre que se somete a esta moneda no puede servir a Dios, pero tampoco puede amar a sus semejantes. No es libre, no puede realizar el acto supremo de la libertad: el amor.
"Dios o el dinero" es una disyuntiva que se plantea no sólo en la vida privada sino también en la pública; es por lo tanto, también, una disyuntiva política. No ciertamente en el sentido de presentar de nuevo un orden público confesional como la otra alternativa a un orden capitalista, pero sí en el sentido de tener que elegir entre un modelo de desarrollo al servicio del hombre y un modelo de desarrollo al servicio del dinero. Los cristianos, por su parte, deben ser conscientes de que no pueden servir a Dios, Padre de N.S. Jesucristo, si aceptan una sociedad en la que manda el dinero.
EUCARISTÍA 1977/45
2.
La parábola del administrador infiel plantea bastantes dificultades de interpretación debido, por ejemplo, al hecho de que Jesús ponga como modelo a un hombre sin escrúpulos y a las diversas interpretaciones que le da el mismo texto evangélico:
a)"los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz";
b)"ganaos amigos con el dinero injusto";
c)el que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar";
g)"ningún siervo puede servir a dos amos".
Fijémonos en primer lugar en la parábola en sí misma. En Palestina el administrador gozaba de plena libertad y responsabilidad, estando obligado a buscar en todo momento el beneficio del amo, pero pudiendo también sacar beneficios propios de su administración. ·Jeremías-JQ. (Las parábolas de Jesús", pág. 220 ss) cree que se trata de una historia real contada a Jesús y que Él aprovecha para su enseñanza. Al llegar al final, todo el mundo estaría esperando una dura crítica del administrador, pero no es así. No se le aplica ningún juicio moral, sino que se alaba su decisión y capacidad de actuación ante una situación crítica: ha sido capaz de cambiar de vida antes de que sea demasiado tarde, no ha dejado pasar la oportunidad sin "convertirse". Con esta parábola Jesús quiere interpelar seriamente a sus oyentes: todos nos encontramos, como el administrador, ante una situación crítica, ¿cuál es nuestra decisión y nuestra capacidad de respuesta? Con Jesús ha llegado el Reino de Dios: ¿qué posición tomamos nosotros? Esta primera interpretación ("los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz") habría sido dada posiblemente por el mismo Jesús, éste sería el sentido que Él mismo daría a la parábola. El "ganarse amigos con el dinero injusto" sería ya una aplicación cara a la vida de cada día: saber usar de tal modo el dinero que Dios pueda recibirnos eternamente en su casa; esto supone usar de él generosamente y sirviendo a los demás, de modo contrario a la actuación del administrador derrochador.
El Reino de Dios es "lo importante" que ha sido confiado a los discípulos. El uso del dinero y de las riquezas se convierte para ellos en una especie de test para saber si son fieles a estos bienes que Dios mismo les confía.
El texto evangélico termina con la exhortación a no servir más que a Dios. Debemos entender este "servicio" en el sentido cultual que tiene en el A.T., es decir, dar culto, adorar, obedecer solamente a Dios. Ante Él, el dinero se convierte en un ídolo rival del único Dios, y quien sirve a este ídolo se aparta de su Señor. De ahí la sentencia final: "No podéis servir a Dios y al dinero".
JOSEP
ROCA
MISA DOMINICAL 1980/17
3.
Hoy se nos habla, no del administrador infiel sino sagaz, y la enseñanza que quiere darnos esta parábola es la de que sepamos aprovecharnos de nuestro futuro más último, de nuestra salvación. Lo mismo que los hijos de este mundo saben preocuparse de su futuro más cercano, de su porvenir.
Este administrador de la parábola era infiel en el sentido de que antes derrochaba los bienes de su amo, lo cual es causa de su despido. Lo que ahora hace es lo que hacen todos los almacenes de tiempo en tiempo: las grandes rebajas. (cf. la nota de la Biblia de Jerusalén, en la última edición).
Un gran comentarista de las parábolas del evangelio, Joaquín Jeremías, cree que se trata de una historia real contada a Jesús y que él aprovecha para su enseñanza. Los oyentes esperan que Jesús termine de relatar este caso con unas palabras de condenación para este bribón. Pero Jesús, inesperadamente, en lugar de condenarlo, como buen pedagogo dice a la gente: ¿A vosotros os parece vergonzoso el comportamiento final de ese hombre que decís? Pues bien, a mí me parece ejemplar. ¿Estáis indignados con este hombre? Pues aprended de él. Estáis en la misma situación que este administrador que tiene la soga al cuello, a quien amenaza la ruina de su existencia; sólo que la crisis que os amenaza, en medio de la cual estáis, es incomparablemente más terrible. Este hombre es sagaz, inteligente, hábil; es decir, ha comprendido la situación crítica en que se encuentra. No se ha dejado avasallar por las circunstancias ni por el tiempo. No ha dejado correr las cosas. Ha cogido las riendas de su vida y ha actuado estupendamente en el último minuto, antes de que la desgracia que amenazaba hundirlo para siempre, cayera sobre él.
Ciertamente, este hombre es un ladrón; no por este hecho, sino por la mala administración que ha llevado de los bienes que le confiaron. Jesús no lo enmascara, pero no se trata de eso aquí.
Es un hombre que ha sabido coger el toro por los cuernos y en el último momento ha sabido obrar audazmente, con sagacidad y con decisión. Esta es la exigencia de la hora también para vosotros, viene a decir Jesús. Porque todo está en juego. Aquí tenéis un hombre que ha sido capaz de cambiar de vida antes de que sea demasiado tarde; no ha dejado pasar la oportunidad sin "convertirse". Con esta parábola Jesús quiere interpelar seriamente a sus oyentes y a todos nosotros: todos nos encontramos, como el administrador, ante una situación crítica, ¿cuál es nuestra decisión y nuestra capacidad de respuesta? Con Jesús ha llegado el Reino de Dios, ¿qué posición tomamos nosotros?
..........
"Ciertamente los hijos de este mundo son más astutos con su gente (en sus cosas) que los hijos de la luz". Los hombres en sus negocios temporales tienen un sentido muy agudizado de la situación, pero no siempre sucede así cuando se hallan en juego sus intereses eternos. (...). Una de las constataciones más sugestivas que podemos hacer, es la desproporción entre los esfuerzos del hombre por tareas discutibles, inútiles, perjudiciales, y las que despliega por causas válidas. Nos invade una impresión de locura cuando miramos la vida del mundo o nuestra propia vida. Un avión de nuestro tiempo cuesta miles de millones de pesetas. Para construirlo, los hombres más inteligentes de nuestro tiempo consagran miles de horas de estudio y de búsqueda. En algunos segundos, un tiro antiaéreo lo destruye, tras haber dejado su simiente de muerte.
Durante ese tiempo, regiones enteras del globo (dos tercios de la humanidad) se hallan a falta de capitales para hacer frente al drama de las poblaciones hambrientas. (...). No se encuentran ni inteligencias ni capitales para enfrentarse con estos problemas de los que dependen millones de existencias.
¿Falta de inteligencias o de capitales en el mundo? No. Desproporción entre los esfuerzos realizados para la guerra, para el mayor enriquecimiento de los ricos y los esfuerzos realizados para la vida y el enriquecimiento necesario de los pobres para que no mueran de hambre cada día.
Y en nuestras propias vidas. Cuántos esfuerzos desplegados para aprender, para trabajar, para ir de vacaciones, para cuidarse, etc. Y qué descuido, qué inatención, qué falta de imaginación cuando se trata de poner todo este esfuerzo al servicio de aquellos a quienes deberíamos amar. (...).
Desproporción entre tanto esfuerzo y su resultado; falta de finalidad. Lo más necesario para triunfar en la existencia es el saber por qué se vive, por qué se trabaja, por qué se lucha. Y tras haber descubierto este "por qué", es necesario amarlo con todas nuestras fuerzas, subordinando todo a él, preferirlo a todo.
J/ARMONIA: La vida de Jesús es proporción. Todo está en su sitio. Esto es lo que nos admira. No se puede decir que descuida la existencia.
Todo lo que hace está bien "acabado". Él sabe por qué vive y sabe para quién vive. El amor de su Padre se halla siempre presente en el horizonte de su acción. Esta "visión de su existencia", apercibida clara y continuamente, le preserva de derrocharse o de extraviarse en direcciones inútiles o malas. Esta es la razón de por qué su contacto es fuente de equilibrio y paz para los demás.
Tomar conciencia claramente de que estamos siempre amenazados por la desproporción, por la falta de visión justa. Esto no quiere decir que Cristo nos reproche el luchar, combatir, calcular. Pero ¿qué nos recuerda a través de su vida este evangelio? Nos plantea algunas preguntas. ¿Por qué te agitas? ¿Para quién te agitas? ¿Cuál es el fin que persigues? Ya que eres "hijo de la luz" pon toda tu habilidad en batirte por causas justas. No hagas como los "hijos de este mundo", que son hábiles e ingeniosos pero por causas sospechosas o malas. De este contacto con Cristo, cuya existencia está perfectamente "ordenada", deberíamos salir calmados, esclarecidos. La jerarquía de valores debería aparecernos más claramente. No porque ahora sea todo fácil. Es terriblemente difícil someter la vida a la autoridad de valores auténticos. Pero del hecho de haberse parado junto a Jesús deberíamos sacar gusto y fuerza para no equivocarnos en nuestras elecciones respecto a personas, a trabajo, dinero, compromisos y responsabilidades sociales.
En esta elección incesante, reemprendida y purificada, es donde se prepara nuestra entrada "en los eternos tabernáculos".
PUYO/REY-MERMET
EL EVANGELIO HOY
MENSAJERO. SANTANDER-1970.Pág. 125 y ss.
4. RIQUEZA/A-H
Se trata de una parábola embarazosa, hasta escandalosa.
Un latifundista oye algunos rumores acerca de las irregularidades administrativas hechas por un administrador suyo. Le manda llamar. El interesado ni siquiera piensa en disculparse. Los libros contables le quitan la razón. El despido resulta inevitable. De lo que se preocupa es de su futuro. El único método para salir airoso, desde el momento que no sabía hacer otros oficios, consiste en granjearse amigos. Y helo ahí inmediatamente en acción. Convoca a los deudores de su amo -posiblemente comerciantes-mayoristas- y reduce notablemente el importe de su deuda. Una reducción del 20% para el mayorista del grano, y del 50% para el del aceite. En cada caso, el abono es de muchos millones.
¡Bonita manera de "arreglar" un escándalo administrativo! Una serie de irregularidades se remedia con otras irregularidades.
Descubierta una estafa, se evitan las consecuencias desagradables con otras operaciones de estafa.
Y todo con la felicitación del "amo" que "felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido".
Es más, según la opinión de algunos estudiosos, la aprobación no sería del amo, ¡sino del Señor! O sea, Jesús mismo admira el comportamiento del administrador infiel.
Por eso muchos hablan de escándalo. Alguno la define como "la más escalofriante de las parábolas". Una vergüenza, en suma. Ya no hay religión, desde el momento que Dios mismo sostiene el saco del ladrón. Intentemos mantener la calma. La aprobación del Señor va al administrador deshonesto, cierto. Sin embargo, la alabanza no se refiere a la deshonestidad, sino a la astucia de que ha dado pruebas. Jesús no pronuncia un juicio moral sobre la conducta estafadora. Valora la inteligencia y la intrepidez del pícaro.
PARA/INTERPRETAR: En la interpretación de una parábola, es necesario evitar el error de buscar a toda costa un significado, una aplicación práctica -o peor, un motivo edificante- en cada detalle. Es necesario tomar el "punto central", el motivo dominante, la lección de fondo, sin pararse en los elementos accidentales.
Así, en nuestro caso, la lección fundamental no es la de la injusticia, sino la de la capacidad de salir airoso de una situación crítica. El Señor ama a las personas que trabajan, que no se olvidan de que tienen una cabeza, que recurren a los resortes de la fantasía.
Aquí el administrador infiel encuentra un paso que le permite salir de su situación dramática a través de un descubrimiento decisivo: el descubrimiento de los otros. Hasta ahora no había caído en la cuenta, prácticamente, de su existencia, había pensado solamente en sí mismo, en sus intereses. Ahora descubre la realidad de la amistad. Dispone, todavía una vez más injustamente, de la propiedad que debe administrar, pero ya no para sí, sino en beneficio de los otros. Y la propia salvación pasa a través de esta apertura a los otros.
ALESSANDRO
PRONZATO
EL PAN DEL DOMINGO CICLO C
EDIT. SIGUEME SALAMANCA 1985.Pág.
176
5. INTERPRETACION/PD HERMENÉUTICA.
Esta parábola del administrador astuto es una de las páginas más peligrosas del Evangelio. Para empezar, he de confesar mi desconcierto ante ella. Casi mi incredulidad. ¿Jesús alabando un comportamiento astuto, todo lo astuto que se quiera, pero mal comportamiento? Como este tipo cínico, pícaro y sin escrúpulos, hay muchísimos. Hoy y siempre. Esa gente que roba con gracia, defrauda con habilidad, engaña a Hacienda o al lucero del alba con tal encanto que sale en los periódicos como curiosidad regocijante. Mejor dicho, no sale. Es tan hábil que ni se le nota que roba. ¿Jesús alabando a esa gente? Ya sé que se trata de una parábola. Que quien felicita al administrador no es propiamente Jesús, sino el amo del cuento. Que Jesús se limita a constatar cómo los que pertenecen a este mundo son más sagaces que los que pertenecen a la luz. Ya. Pero es que una línea más abajo, el mismísimo Jesús dice: "Y yo os digo: con las riquezas injustas, haceos amigos, para que, cuando éstas falten, os reciban en los eterno tabernáculos" (Traduc. Nácar/Colunga). Todavía lo entiendo menos. ¿Jesús poniendo cataplasmas, condescendiendo con la injusticia, sugiriendo no que se devuelva lo robado sino que, con lo robado, se compre la gloria eterna? No puede ser. Estará mal traducido. Acudo a la Nueva Biblia Española de Schokel y Mateos y, ciertamente, hay variantes muy importantes. Tanto, que cambian el sentido de la frase: "Ahora os digo yo: ganaos amigos dejando el injusto dinero; así, cuando esto se acabe, os recibirán en las moradas eternas". Esto ya es otra cosa. Aquí no se trata de comprar la gloria eterna con la injusticia, sino de abandonar la injusticia para poder salvarse. Suena mejor.
Pero... ¿no habrán forzado un poco la cosa los buenos de Schokel y Mateos, precisamente para que "suene" mejor? Ni yo ni mi posible y sufrido lector tenemos a mano la posibilidad de investigar. Nos queda la duda. Y, en cualquier caso, hay en todo esto un tufillo dinerario de astucia y compraventa que no encaja.
Las frase siguientes no ayudan mucho a entender. Jesús habla de "lo pequeño" y "lo importante", como si el dinero injusto fuera cosa de nada, simbólica. Sólo la última frase del verso 13 es rotunda y encaja, ya lo creo que encaja: "No podéis servir a Dios y al dinero". Todos la traducen así. Se ve que no hay ninguna duda.
Esta es una parábola peligrosa y difícil. Cualquier ganapán puede sacar conclusiones extremas. Por ejemplo: robo, me inflo a robar, luego doy limosnas y al cielo. Soy un hijo de las tinieblas tan listo que con las tinieblas compro la luz.
¿Y el buen hombre corto de luces cuya escasa inteligencia ni siquiera le da para ser sagazmente bueno, bueno y listo, bueno y astuto? ¿Es que los cortos de inteligencia están condenados a una bondad marginal, indigna de alabanza? ¡Qué lío! Se me ocurren algunas soluciones. La primera, que el Evangelio no puede ser leído con lupa. Ha de ser leído, además, en su conjunto, no por piezas desglosadas como en la tercera lectura de la Eucaristía. La palabra de Jesús es tan coherente como su vida.
Tiene que serlo. Jesús no se contradice. cada palabra ha de ser contemplada a la luz de las demás y no aislada. Como si Jesús fuera un fragmentarista que se pasó la vida diciendo frases sueltas. Sabemos lo que El pensaba de la injusticia, del dinero, del amor, etc. Aquí no puede venir Jesús a decir lo contrario de lo requetedicho, no ya con sus palabras anteriores, sino con su vida diaria. Su estimación del dinero y de quienes lo poseen de mala manera está muy clara con sólo ver cómo vive él y de quiénes se rodea.
La segunda solución a esta "peligrosa" parábola está en la estima de Jesús por el ingenio como valor humano, como manifestación de la inteligencia. La parábola es una especie de caricatura simbólica para poner más de relieve la necesidad de aplicar el ingenio a la bondad. Hay que ser ingeniosamente buenos. Hay que ingeniárselas para hacer el bien de todas las formas posibles.
Nunca pudo querer Jesús que la bondad fuese sinónimo de bobaliconería. El que es bueno como por necesidad, porque no puede ser otra cosa, no tiene la bondad como virtud que exige esfuerzo. El bondadoso por naturaleza es muy digno de estima, pero el Reino, puerta estrecha, está abierto también a los que han de "agacharse", hacer esfuerzos para acomodarse, ingeniárselas para que sus malas inclinaciones no les impidan entrar.
El hombre inteligente Jesús, sensible a los valores humanos de la inteligencia, siente nostalgia de tanta gente lista que emplea su listura para las picardías. ¡Si las empleara para la bondad! Jesús no rechaza a los bondadosos, bonachones, ingenuos, inocentes, candorosos, angelicales. Los abraza y bendice. Pero también quiere a los ingeniosos, listos, perspicaces, avispados, vivaces, linces.
Jesús no desea que la listura esté únicamente de parte de los que se pasan de listos. La parábola es tanto una condena de la riqueza injusta como una nostálgica alabanza del ingenio empleado para hacer el bien.
B.
M. HERNANDO
DABAR 1089/47
6.
En la denuncia del profeta Amós hay unas palabras que merecen especial atención; son aquéllas que ponen en labios de los explotadores: "¿Cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo y el sábado para ofrecer el grano?" Sábados y novilunios eran días sagrados, fiestas de guardar, en las que estaba prohibido el trabajo y el negocio. El precepto del descanso sabático había sido establecido con una marcada intención social, esto se ve claramente, sobre todo, en su formulación deuteronómica: "Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo a Yahvé; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva... para que descanse tu siervo y tu sierva como tú" (/Dt/05/13 y sig.). No tiene nada de extraño que los explotadores de los tiempos de Amós aborrecieran de corazón un descanso que significaba el primer freno a su ambición egoísta.
Para ellos, sábados y plenilunios eran tiempo perdido. El movimiento obrero ha luchado por el descanso, por un tiempo libre para un hombre libre, ha luchado por la reducción de la jornada y de la semana laboral, ha luchado por las vacaciones remuneradas... Ha luchado y ha conseguido logros que un día parecieron imposibles. Sin embargo, hoy todos estos logros pueden malograrse, si no estamos atentos y luchamos contra la manipulación que el neocapitalismo hace del tiempo libre. Pues los explotadores modernos son mucho más astutos y menos supersticiosos que aquéllos de los tiempos de Amós, y consiguen hasta cierto punto integrar en el sistema de explotación el espacio conquistado para la libertad. He aquí que en nuestros días el tiempo de ocio se convierte cada vez más en simple tiempo de reparación de fuerzas o en tiempo de consumo y, en cualquier caso, viene a ser un tiempo perdido para la libertad y al servicio del dinero de unos que explotan sin tregua a los otros.
SERVICIO/DINERO: La denuncia del profeta Amós viene confirmada por las palabras de Jesús: "No podéis servir a Dios y al dinero". Jesús nos coloca ante el dilema de elegir entre dos militancias, entre el servicio a Dios y el servicio al dinero. Pues Dios y el dinero son irreconciliables. Servir a Dios no es simplemente dar culto a Dios, es decir, ir a Misa los domingos, bautizar a los niños, casarse por la Iglesia, enterrar a los muertos, etc. Servir a Dios es servir a los hombres, es comprometerse con la causa de aquél que vino a liberarnos del pecado y de todas sus consecuencias. Y a Dios hay que servirlo, por lo menos, con la misma fuerza, la misma diligencia y hasta la misma astucia con la que sirven al dinero cuantos explotan a los hombres. Servir a Dios sirviendo a los hombres es una milicia; porque milicia es también -y con qué violencia a veces- el servicio que prestan al dinero sus adoradores. Tengamos presente la advertencia de Jesús y no nos dejemos engañar ni confundir por la astucia de los hijos de este mundo que nos sugieren la conveniencia de resignarnos ante el pecado del mundo, y nos aconsejan que nos esforcemos tan sólo en la conversión del corazón. En éste, como en otros casos, del enemigo el consejo; nuestro interés por la conversión del mundo, por el cambio de sus estructuras injustas, no ha de ser menor que el que ellos ponen en el sostenimiento de un sistema de explotación.
EUCARISTÍA 1974/53
7.
-El profeta Amós: la historia de una nación corrompida por el dinero.-"Escuchad esto -nos decía el profeta Amós en la primera lectura-, escuchad esto, los que exprimís al pobre y despojáis a los miserables, los que compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias. Jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamas vuestras acciones". ¡Hace tantos siglos que el profeta escribía estas duras palabras! Y parece que hoy las podemos repetir como entonces. Hace muchos siglos que el profeta Amós se fue a predicar al reino de Israel.
Era la época del rey Jeroboán-II, setecientos años antes de Jesucristo. EL PAÍS AQUEL PARECÍA NADAR EN LA ABUNDANCIA: tiendas de lujo, comerciantes que ganaban cada vez más dinero y podían pensar en todo momento como aumentar su riqueza, una tranquilidad en la que nada se movía y que hacía que todo pareciese una balsa de aceite... Este era el panorama que se veía por fuera. Un panorama ante el cual todo el mundo habría dicho que se hallaba en el mejor de los mundos, en el más próspero y tranquilo. Un panorama que aquellos que tan bien vivían debían recordar con nostalgia en los años siguientes pensando que, realmente, "con Jeroboán vivíamos mejor".
Pero es aquí, en este país tan espléndido y repleto de riqueza, donde el profeta Amós, en nombre de Dios, ATACA LA VERDADERA SITUACIÓN que se esconde detrás de todo, la situación que hacía posible que aquellos pocos ricos vivieran tan bien: porque la estafa, y la trampa, y la corrupción más descarada estaban al orden del día, y la conservación de la tranquilidad consistía en mantener a todo el mundo en el más absoluto silencio. Y si los ricos eran ricos, se debía a que los pobres, los que no disponían de más riqueza que la fuerza de sus brazos, TENÍAN QUE VENDERSE AL SERVICIO DE LOS PODEROSOS por una miseria. ¡Y con un par de sandalias se podía comprar un pobre! Pero aún había más.
El profeta se siente obligado a gritar contra la TERRIBLE BURLA que se encontraba detrás de todo ello: todo esto, la grave y permanente situación de injusticia, tenía lugar bajo LA TAPADERA DE UN CULTO y una religión bien organizada, solemne, que parecía seria y verdadera: celebraban el sábado, celebraban las fiestas de la luna nueva, parecían hombres verdaderamente religiosos, hombres que realmente seguían la voluntad de Dios. Y por todo ello, solemnemente, duramente, el Señor habla por boca del profeta y les dirige su amenaza: "Jura el Señor por la Gloria de Jacob que NO OLVIDARA JAMAS VUESTRAS ACCIONES".
-Que nuestro Dios no sea el dinero.-Hermanos. El dinero, el afán de dinero que nunca acaba, era EL GRAN MAL que el profeta denunciaba setecientos años antes de Jesucristo. El dinero, el afán de dinero, es también nuestro mal, el mal que aquí, en este año 19.., va más profundamente contra el camino que Jesucristo nos señala. Es el dios al que nosotros, a poco que nos descuidemos, somos capaces de sacrificar cualquier cosa. Y al sacrificar a este dios falso, nos alejamos, NOS PONEMOS DE ESPALDAS, AL CAMINO DE JESUCRISTO.
Desde luego que nosotros no compraremos con dinero a gente necesitada, ni pobres por un par de sandalias. Desde luego que nosotros no exprimimos a los miserables y probablemente tampoco usamos balanzas con trampa. Desde luego que nosotros no somos responsables de los grandes fraudes -Matesa, Sofico, Redondela- que la corrupción en que hemos vivido en este país ha hecho posibles. Desde luego que nosotros no hemos evadido capitales hacia los bancos suizos. Desde luego que nosotros podemos pensar que no somos ricos porque, tengamos el dinero que tengamos, siempre creemos que necesitaríamos esto o aquello, o que tendríamos que ganar lo de más allá para estar bien.
El problema, pues, no es éste: el problema no es decir que los que lo tienen realmente mal para seguir a Jesús son los escandalosamente ricos. El problema es otro: el problema es que ESO DEL DINERO QUEMA, Y QUEMA EL ALMA. Eso del dinero, si nos lo tomamos como si fuera algo muy importante, NOS PUEDE ESTROPEAR TOTALMENTE: nos puede convertir en una gente que vive angustiada por ahorrar y ahorrar, y es incapaz de disfrutar de la vida; nos puede convertir en hombres que nunca estén en casa porque aunque tenemos suficiente para vivir buscamos otro empleo para comprarnos el coche o cualquier otro cacharro; nos puede convertir en gente egoísta, que en el trabajo prefiere hacer la pelota al jefe y pasar chivatazos sobre los demás para poder subir, antes que luchar con todos para mejorar juntos.
Hermanos. Debemos tener lo que necesitamos para vivir con dignidad, y debemos procurar obtenerlo y cuando sea necesario debemos esforzarnos por romper situaciones injustas: ¡faltaría más! Pero recordemos que esto es sólo para poder vivir con el espíritu tranquilo: que es SOLO UN INSTRUMENTO para andar por el mundo. Y si nos equivocamos, si ponemos los ojos y el alma en el dinero, haríamos como los ricos que Amós atacaba. Porque las palabras que Jesús nos ha dicho en el evangelio son claras: "Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero".
Hermanos, que esta Eucaristía dirija nuestros pasos hacia el amo que queremos servir.
JOSÉ
LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1977/17
8.
Amós, profeta de Dios
Han pasado 27 siglos, pero conocemos bien las circunstancias. Incluso es probable que podamos conocer el día en que aquel pastor judío, llamado Amós, se sintió llamado a iniciar su DURA PREDICACIÓN: posiblemente fue el 15 de junio del año 763 antes de JC (Amós habla de un eclipse de sol y los astrónomos lo sitúan en este día).
Amós es el primer profeta del pueblo judío del que se nos conservan sus palabras. Y hoy, tantos siglos después, las hemos leído en nuestra reunión. ¿Sólo como un recuerdo histórico? No, todo lo contrario. Porque nos hablan de realidades actualísimas, pero que a nosotros NOS CUESTA TRATAR, tememos hablar de ellas; sobre todo con la claridad y la dureza que usa el profeta de 27 siglos atrás.
A veces, actualmente, al escuchar ciertos sermones o leer ciertos escritos, hay quien protesta: esto es DEMAGOGIA, es revolucionario, no es cristiano. A veces, hay fieles que se quejan: ¡Hemos venido a escuchar LA PALABRA DE DIOS, y nos hablan de política! Bien, pues escuchemos LA PALABRA DE DIOS, contenida en la Biblia; escuchemos al profeta Amós. Y hallaremos palabras de una violencia sin contemplaciones, de una radicalidad absoluta. Si esto es demagogia o es política, es la demagogia y la política de Dios. Amós ATACA A LOS RICOS que explotan a los pobres, trata de "vacas" a las mujeres que exigen a sus maridos ricos más dinero ganado a base de exprimir al débil, no teme denunciar la corrupción de los jueces que se dejan comprar, protesta contra las trampas de los comerciantes que se aprovechan de la escasez...
Más aún: la indignación del profeta llega a su culmen cuando ve que todos estos que viven en el lujo gracias al trabajo de los pobres, pretenden quedar EN PAZ CON DIOS ofreciendo sacrificios en solemnes ceremonias. En vez de este culto -dice- lo que Dios quiere es la práctica de la justicia. Sólo entonces tiene sentido la oración. Porque Dios -dice Amós- no olvidará jamás la injusticia, la opresión, la explotación del pueblo.
Esto lo decía el profeta 27 siglos atrás. Ahora lo que nos toca preguntarnos es si actualmente tenemos el mismo VALOR para denunciar clara y enérgicamente la injusticia, la explotación de los débiles. Porque cierta- mente, motivos no faltan. (Aquí, según las circunstancias de cada lugar, deberían enunciarse algunos ejemplos).
La radicalidad de Amós, la hallaremos TAMBIÉN EN JC. Quizá de un modo aún más absoluto, con mayor profundidad. Porque para Jc el dinero es un amo que ESCLAVIZA. Es significativo que JC dé al dinero el nombre de un "dios", el dios Mammón. La radicalidad absoluta de Jc se sitúa ahí: no habla del buen uso del dinero, porque considera al dinero como un AMO que se opone al único Señor que es Dios. Por eso, para JC, es necesario escoger: o el uno o el otro.
Es necesario ESCOGER: es lo que hemos escuchado en el evangelio. Y ahora preguntémonoslo nosotros: qué escogemos, ¿Dios o el dinero? Recordando que -para JC- no vale escoger uno y otro (es engañarse). No hay pacto posible. Es interesante observar cómo si en el A. T. a menudo la riqueza es considerada como una bendición de Dios, en cambio para JC la riqueza es UN MAL. Para JC el dinero es un ídolo que domina al que atrapa.
Así podremos entender la extraña PARÁBOLA que hemos leído. Parece como si JC alabara las trampas del administrador infiel. En realidad, JC no valora las leyes del dinero: para él la riqueza es siempre un engaño. De ahí que su razonamiento sea sencillo: si el dinero esclaviza, el único CAMINO DE LIBERTAD es servir, es liberarse de él sirviendo a los demás.
La CONSECUENCIA ACTUAL de esta crítica del dinero que presenta JC deberíamos deducirla tanto en un nivel colectivo como individual (los dos necesarios, vinculados): -a nivel COLECTIVO, la consecuencia es que el cristiano no puede aceptar nuestra sociedad basada en el poder del dinero. Es normal que esta organización capitalista segregue abusos, explotaciones, injusticias. Es normal porque su dios es el dinero. Por tanto, cristianamente, es preciso luchar por derribar este sistema y construir otro no basado en el dominio de los ricos.
-a nivel PERSONAL, la consecuencia es que cada uno de nosotros debe luchar para ser libre de la esclavitud del dinero. Una libertad que sólo es posible si realmente no nos dejamos atrapar por el engranaje del dinero.
Hermanos, ahora haremos -según la recomendación de san Pablo- nuestra plegaria universal. Que exprese sinceramente nuestro deseo de vida para todos los hombres; y especialmente hoy, para una justa organización de la economía al servicio de todos, sin explotación ni injusticias, y para que cada hombre sea libre de todo dominio del dinero.
J.
GOMIS
MISA DOMINICAL 1974/7b
9.
1. Los dos señores...
El evangelista Lucas no parece cansarse cuando una y otra vez vuelve al tema de las riquezas, ese obstáculo que el creyente debe saber sortear si pretende acceder al Reino de Dios. Pero hoy nos sorprende con una parábola cuyo injusto y astuto protagonista es presentado por Jesús como modelo digno de imitarse para los negocios del Reino. Para tener un punto de vista general de referencia y no perdernos en detalles que puedan distorsionar el sentido del evangelio de hoy, es conveniente comenzar por la frase final, verdadera clave de todos los textos relacionados con el Reino y las riquezas: «No podéis servir a Dios y al dinero.»
Si nadie puede tener dos amos al mismo tiempo porque terminará por cumplir con uno solo o no cumplir con ninguno, de la misma forma y con más razón es incompatible el servicio a Dios con el servicio a las riquezas.
Sólo queda, por tanto, elegir entre uno y otro: o el Reino de Dios y su justicia, o el reino del dinero y sus injusticias.
Jesús, como fino conocedor de la intimidad del hombre, sabe que su corazón está llamado a amar y entregarse; y siempre amará algo o a alguien, siempre buscará en el encuentro con las cosas o las personas esa corriente de dar y recibir, de vaciarse y de ser llenado.
Pero también Jesús reconoce esa bipolaridad de los impulsos del corazón humano. Sin caer en un rígido dualismo espíritu-materia, o alma-cuerpo, etc., es cierto que las tensiones internas pueden tener dos grandes orientaciones: o complacer exclusivamente al instinto (de conservación, de posesión, de placer), o bien complacerlo pero dentro de un sistema más absoluto que valore, antes que nada, el bien de toda la comunidad.
Como ya hemos comentado en anteriores oportunidades, Jesús no critica la riqueza en si misma, sino la valoración de la riqueza como bien supremo y motor de las actividades del hombre. Es interesante observar al respecto que, mientras en siglos posteriores el cristianismo atacará más frontalmente el instinto sexual y el apetito de libertad -insistiendo por contrapartida en la castidad y en la obediencia-, Jesús -según la versión de Lucas, y en general de los sinópticos- reclama nuestra atención sobre el poder destructivo del afán de posesión, el verdadero anti-evangelio del Reino. Una sociedad fundamentada sobre el ideal de poseer más y más lleva necesariamente a la destrucción de todo ideal de comunidad auténticamente humana, como demuestra la historia en sus largos siglos de convivencia humana. El amor a las riquezas es un pecado netamente social y, por eso mismo, mucho más destructor que otro tipo de pecados, porque genera un pecado institucional, un sistema social injusto en el que la persona humana termina por ser considerada como un simple valor de intercambio comercial.
Ya, varios siglos antes que Jesús, el profeta Amós (primera lectura) enumeraba aspectos de este pecado social, verdadero flagelo de la humanidad: «Despojáis a los pobres..., disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor... que no olvidará jamás vuestras acciones.»
En esta línea profética Jesús -que demostró tanta comprensión y benignidad hacia el pecado sexual, considerado más bien como una debilidad humana- denunció el pecado de posesión como el verdadero obstáculo para la instauración del Reino de Dios entre los hombres. Y razón tenía: desde la esclavitud hasta la explotación de los trabajadores en nuestra sociedad industrializada, desde tantas formas de prostitución del hombre y de la mujer hasta las incontables guerras, cada día más destructoras, no hay lacra humana que no tenga su origen en la adoración del becerro de oro a cuyos pies yacen rotas las tablas de la ley, la ley de Dios y la que establece los derechos de los hombres.
Como comentábamos líneas arriba, a los cristianos nos fue mucho más cómodo predicar la obediencia y la castidad de los pueblos, para que -hipócritamente- pudiéramos vivir a expensas de los pueblos pobres a los que transformamos en servidores de nuestro sistema económico-social. También a los religiosos les fue más fácil renunciar a la unión matrimonial, lo que fue sobrecompensado con una vida cómoda y regalona en la que todas las seguridades de la vida estuvieron firmemente estructuradas.
Pero hoy -desatado el escándalo de esta religiosidad hipócrita y ante el clamor de quienes denuncian este cristianismo opresor- no tenemos más remedio que volver al Evangelio para que, al menos desde el argumento del absurdo (es absurdo adorar a Dios y adorar a las riquezas), nos decidamos a purificar nuestro corazón y a vivir con una opción sumamente clara: o el evangelio de Jesucristo o el evangelio de las riquezas. No hay posibilidad de conciliar ambos evangelios.
Todo lo cual significa, positivamente, que la profesión de fe cristiana no puede vivirse al margen del sistema económico-social; al contrario, la fe en Cristo postula un orden social en el cual la posesión de bienes y riquezas, la propiedad privada, etc., se sometan a una crítica seria desde los postulados del Reino de Dios que garantiza la felicidad y el desarrollo de los pobres a fin de que nadie quede excluido de la «mesa».
Y si bien el Evangelio no ha creado un sistema económico-social que pueda aplicarse sin más a un país o a otro, sí nos ha dejado criterios tales como para que ]os cristianos, al menos, no cometamos los gravísimos errores que hemos cometido a lo largo de la historia. El texto evangélico de hoy es un botón más de muestra...
2. Los dos negocios
La parábola de administrador astuto puede dejarnos con algunas dudas sobre su interpretación si la tomamos como una alegoría en la que cada elemento tuviera un valor significativo, pero no, si asumimos un sentido general, como sucede con la mayoría de las parábolas.
Aquel administrador había hecho tan mal las cosas teniendo a su cargo los bienes de su señor, que terminó por transformarlos en «males» para su futuro. Tontamente había desaprovechado una buena oportunidad para vivir honrada y holgadamente el resto de sus días.
Pero ante la perspectiva de semejante desgracia tuvo un momento de lucidez y aprovechó las horas que le quedaban de administrador para procurarse buenos amigos, aunque perjudicando a su patrón.
En síntesis: supo salvar su vida y su futuro haciendo un uso inteligente -desde el punto de vista de sus negocios e intereses- de la administración que estaba a su cargo. Pues bien, algo similar debe hacer todo hombre en la administración de sus bienes y riquezas: lejos de transformarlas en una tumba o trampa mortal, debe usarlas como un instrumento para no perder el único bien absoluto. O como dice Jesús: Ganarse "con el dinero injusto" -o sea, posible raíz de injusticia y de muerte- un puesto «en las moradas eternas».
Por lo tanto, la parábola relativiza el valor en sí de las riquezas, ya que lo único importante es que el hombre se salve a sí mismo y consiga el objetivo último de su vida. Si administrar los bienes materiales constituye un negocio para todo hombre, con más razón -apunta la parábola- hay que cuidar el negocio más importante y definitivo: la conquista del Reino de Dios.
También Jesús habla de «hacerse amigos» con el dinero injusto, lo que podría sugerir que el dinero y los bienes materiales deben ser un instrumento para una buena comunicación con los demás hombres para que no se conviertan a la larga en instrumento de nuestra condenación.
En definitiva, la parábola afirma dos cosas complementarias: -- que las riquezas constituyen siempre un serio peligro para vivir el ideal evangélico y para instaurar en el mundo el Reino de Dios;
--pero también que el hombre puede hacer un uso racional y justo de algo que normalmente es origen y causa de tremendas injusticias.
Sería ridículo desde esta parábola, como desde tantas frases de Jesús, buscar el fundamento para este sistema económico o para el otro. Esta es la labor que nos corresponde a los cristianos, teniendo en cuenta todas las coyunturas de nuestro aquí y ahora históricos. Lo que, en cambio, queda claro es que todo sistema que busque como objetivo principal el simple bienestar material o el acrecentamiento de las posesiones o el mayor rendimiento económico del pueblo, se está olvidando -y lo de olvido es un simple eufemismo- de que la comunidad tiene negocios más importantes que resolver, negocios ante los cuales el negocio económico debe ocupar el lugar de un instrumento humano, racional e inteligente. Un país no puede construirse sobre la ley suprema del capital o de la producción económica, por más planificada que sea. Hay valores que deben ser respetados prioritariamente... En caso contrario, esa sociedad se está cavando su propia fosa...
Por eso, Jesús continúa diciendo: «El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.» Por tanto, «si no fuisteis de fiar en el vil dinero (lo menudo), ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os la dará?» Varias ideas surgen de estas frases un tanto enigmáticas:
--Primero: Saber administrar los bienes materiales es el negocio pequeño del hombre, es lo que nadie puede eludir, es lo menos importante. Pero si una persona se deja enredar por el afán de lucro, si se embrutece con un poco de dinero, ¿qué más podremos pedir de él? ¿A qué ideales humanitarios podrá aspirar si es tan ciego como para encandilarse con una casa, una hacienda y algunas cosas más?
--Segundo: El problema se complica porque, al fin y al cabo, los bienes materiales no son nuestra propiedad privada absoluta, sino que son algo ajeno que debemos administrar. El pensamiento de Jesús roza aquí lo revolucionario: si uno administra mal lo propio, en todo caso sólo se perjudicaría a sí mismo; pero los bienes materiales son patrimonio de toda la humanidad, o si se prefiere, del mismo Dios que hace salir el sol sobre buenos y malos. Evangélicamente hablando, el hombre no es el dueño absoluto de sus bienes y no puede hacer con ellos lo que le dé la gana -como se dice vulgarmente en nuestros países capitalistas-; y, por supuesto, tampoco el Estado puede usarlos a su talante y para lo que quiera...
Tanto el individuo como el Estado no son más que administradores «de algo ajeno», algo que está más allá de lo mío o de lo tuyo. Es el bien de toda la comunidad lo que debe estar prioritariamente en juego; y por ese bien, bien de justicia y de paz, ha de trabajar el discípulo de Jesucristo.
Hasta aquí llegó Jesús, y dijo más que suficiente para que a los cristianos no nos quedasen dudas sobre cierto criterio fundamental para el uso y administración de los bienes y riquezas de la tierra. Si invertimos los términos y hacemos del dinero el gran negocio, y si lo administramos como algo propio hasta el punto de permitirnos usar y abusar de él, aun cuando esto signifique el hambre y la miseria de muchos, digo que si invertimos así los términos, que al menos tengamos la honradez de no llamar cristiano a nuestro esquema.
Por eso, como decíamos anteriormente, si bien es cierto que Jesús no creó ningún sistema económico para su país ni para otros, sí es cierto que nos dejó criterios claros para hacer una buena autocrítica de nuestra visión y praxis en lo que a sistemas económico-sociales se refiere. Tenemos elementos para denunciar ciertos sistemas como auténticamente injustos e inhumanos; y tenemos criterios para buscar hoy y aquí una forma -si no perfecta- al menos cercana al espíritu del Evangelio.
Si esto es difícil no es desde luego por falta de criterios rectores, sino por aquello que el Evangelio de Lucas no se cansa de recalcar una y otra vez: que cuando las riquezas se interponen en nuestro camino y cuando nuestro corazón las ama y se encariña con ellas, es literalmente imposible que nos interesemos por los supremos intereses de los hombres tal como los preconiza el Reino de Dios.
Releamos la página evangélica de hoy... y saquemos nuestras consecuencias. No será tan difícil hacerlo.
SANTOS
BENETTI
CAMINANDO POR EL DESIERTO. Ciclo C.3º
EDICIONES PAULINAS.MADRID 1985.Págs. 267 ss.