LUTERANISMO
VocTEO
 

Es el nombre que se dio a la complejidad de pensamiento y de práctica que surgió de la vida y de la obra de Martín Lutero (1483-1546). Lutero estaba personalmente interesado por la cuestión de la justificación, cuestión que lo llevó a buscar modos y medios para asegurarse de que su posición ante Dios fuese «correcta" o «justa». Como fraile agustino, seguía las prácticas usuales de mortificación, oración, dirección espiritual y confesión sacramental para conseguir la paz en su propia conciencia. A pesar de ello, seguía sintiéndose oprimido por el sentimiento de su propia pecaminosidad.

«¿Cómo encontrar un Dios de gracia?», era la pregunta que Lutero se planteaba constantemente.

El reformador alemán encontró la respuesta a esta pregunta en la sagrada Escritura y sobre todo en las cartas de san Pablo donde se enseña que los seres humanos son justificados «por la fe, independientemente de las obras de la ley» (Rom 3,28). Para Lutero y sus seguidores, la paz puede llegar al pecador solamente por la fe en Jesucristo, que «fue entregado a la muerte por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra justificación» (Rom 4,25). Esta fe es mucho más que la aceptación intelectual de la verdad de la revelación de Dios. Es más bien el don que hace capaz al ser humano de abrazar a Jesús y sus beneficios salvíficos de tal manera que no se apoya en ninguna otra cosa más que en la justicia conseguida una vez para siempre por Jesucristo. En consecuencia, ni la gracia inherente ni el cumplimiento de buenas obras hechas en la caridad justifican al pecador.

La justificación se lleva a cabo por la imputación de la justificación o santidad de Cristo a la persona que acepta confiadamente (fides fiducialis) la acción salvífica de Jesucristo.

Así pues, la justificación y la fe son los dos temas dominantes que caracterizan a la teología luterana. Dios declara justificados a los que se apoyan únicamente en la obra de la redención de Cristo («Solus Christus - sola fides»).

La justificación de Cristo que alcanza al creyente se describe en los escritos luteranos como justicia «imputada» o «ajena». Viviendo según y bajo el poder de la justicia de Cristó, el cristiano se ve liberado de tener que indagar ansiosamente si habrá hecho bastante para obtener el favor de Dios. Las obras de caridad y los demás actos virtuosos se ven como fruto de la justificación, más bien que como causas de la misma. Por tanto, la justificación por la fe sola, con todas sus implicaciones, es vista por el luteranismo como una defensa poderosa contra toda forma de pelagianismo.

Mientras Lutero reformulaba la relación entre Dios y el creyente sobre la base de la justificación y de la fe, buscaba una nueva comprensión de la comunidad creyente o Iglesia. Acentuando la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes, disminuía la importancia de los clérigos, y especialmente la del episcopado. Haciendo de la sagrada Escritura la única norma de las verdades cristianas, minimizaba el oficio de la enseñanza tanto del papa como de los obispos. Lutero reconocía el bautismo y la cena del señor como dados por Cristo a la Iglesia. Aquí en la tierra, la Iglesia de Cristo está presente en todos los lugares en que se predica rectamente el evangelio y se administran debidamente los sacramentos.

K. McMorrow

Bibl.: G. Lindbeck - J Wicks, Luteranismo, en DTF, 834- 840: R. García Villoslada, Martín Lutero, 2 vols., BAC, Madrid 1973; Íd., Raíces históricas del luteranismo, BAC, Madrid 1969; Comisión mixta católico-luterana, Martín Lutero, testigo de Jesucristo, en Actualidad Catequética 24 ( 1984) 21 1 -220,