Tema 35:

La  creación  del  mundo  y  del  hombre

 

Algunos al leer las primeras páginas de la Biblia, tal vez se pregunten: ¿Cómo se formó este mundo? ¿Cómo surgió la vida sobre la tierra? ¿Qué nos la ciencia al respecto? ¿Hay contradicción entre la Biblia y la ciencia?

Como cristianos creemos que el mundo y todo lo que en él se contiene, fue creado por Dios y que El es el Ser Supremo, inmanente y trascendente; pero, ¿cómo hizo Dios el mundo?

Durante siglos, la inmensa mayoría de los creyentes, interpretando literalmente las palabras de la Biblia, pensó que Dios había creado todas las cosas desde un comienzo, tal como las vemos ahora. O sea, que había creado el sol, la luna, las estrellas y los había puesto cada uno en su lugar para que siguieran dando vueltas en el firmamento. Se creía también que Dios había hecho los montes, las semillas, las plantas, los animales y el mismo hombre, tal como los vemos ahora y que cada especie había tenido descendientes siempre en todo semejantes a sus progenitores.

Esta era una lectura que hoy llamaríamos «fundamentalista» de la Biblia. Es decir, una lectura que interpretaba cada frase en sentido literal y sin atender para nada al estilo literario que utilizaban los orientales en sus narraciones. Era una lectura sin sentido crítico ni literario. Y de hecho algunas sectas fundamentalistas siguen aún esta tendencia y la exigen a sus adeptos. ¿Qué pensar?

Hoy las ciencias humanas han avanzado mucho y nos aseguran que esos relatos no son históricos en el sentido actual de la palabra, sino que son poéticos y nos presentan el relato bíblico en el marco de una cultura oriental que se expresa preferentemente a través de signos e imágenes poéticas.

 

¿Qué nos quiere decir, entonces, la Biblia?

En términos de Fe, lo que la Biblia nos quiere decir en los primeros capítulos del Génesis es que Dios creó la materia y que le comunicó un primer impulso para que ésta, a través de sucesivas transformaciones acaecidas durante millones de años, generara la vida, primero la de las plantas, después la de los animales y finalmente la del ser humano.

O sea que Dios, con su infinito poder, creó la materia de la nada y le dio su impulso creador para que se fuera transformando hasta llegar a ser lo que vemos que es el mundo hoy día.

Pero además la creación no fue una cosa del pasado. No fue un hecho que aconteció hace millones de años y que duró un instante. La creación fue y sigue siendo. Dios sigue hoy conservando el mundo y con su divina Providencia lo sigue acompañando hacia su total plenitud.

Esta interpretación surgió en la Iglesia a principios de este siglo y se debió principalmente a un hombre visionario, a un Jesuita llamado Teilhard de Chardin, quien tuvo la genialidad de hacer la síntesis entre los avances de la ciencia y la Biblia. Según esta teoría, entonces, entre la fe y la ciencia no sólo no hay contradicción sino que una mutua complementación.

 

¿Cómo se habría formado la tierra?

Hoy la ciencia nos dice que el universo cambia a cada momento. Que las galaxias se alejan unas de otras a velocidades de miles de kilómetros por segundo. Que el universo está en constante mutación. Y que mientras aparecen mejores telescopios, más el hombre se asombra de la grandeza del universo y de la pequeñez del planeta Tierra.

La ciencia hoy se inclina por creer que hace miles de millones de años, la materia de la que están hechos los astros, los planetas y la misma Tierra era como una gran masa amorfa, que en un momento dado experimentó una gran explosión -«big bang» la denominan los científicos- y de repente se fragmentó en millones de pedazos que se esparcieron por todo el firmamento. Y después de un larguísimo proceso de fragmentación y de descenso de las temperaturas que eran de millones de grados, empezaron a aparecer los astros, los planetas y las estrellas, tal como los vemos ahora. En un comienzo, entonces, la Tierra formaba parte de aquella gran masa amorfa de materia y energía que explotó repentinamente y que se disgregó por el universo. Después aquella masa se fue enfriando y cuando se dieron las condiciones adecuadas, lentamente a través de millones de años, surgió la vida.

 

¿Cómo surgió la vida y el ser humano?

Cuando en la Tierra se dieron las condiciones adecuadas de temperatura, agua y aire, empezaron a aparecer los primeros seres vivientes. Primero fue una vida muy primaria y molecular, después apareció la vida vegetal y finalmente la vida animal. Los seres más primitivos fueron núcleos celulares. Después de sucesivas transformaciones aparecieron los nuevos géneros de vida, tanto vegetal como animal. Y así, poco a poco fueron apareciendo las plantas, los peces y las aves y todos los animales. Así la vida fue desarrollándose lentamente hasta llegar a ser lo que es hoy.

La vida, primero en el mar y después sobre la tierra, surgió tras millones de años de mutaciones y transformaciones. Los seres vivientes nacieron, crecieron y fueron adaptándose al medio. Unos permanecieron en el mar y otros emergieron hacia la tierra y fueron evolucionando, es decir, se adaptaron al nuevo medio. Y así muchos seres terrestres, se desarrollaron en el mar durante la primera etapa de su vida y después, millones de siglos más tarde, emergieron hacia la superficie de la tierra.

Según esta interpretación, Dios habría dado a la creación el impulso inicial, y habría fijado las leyes a la naturaleza , y ésta, obedeciendo al impulso del Creador en una cadena ininterrumpida de transformaciones, llegó a generar las diferentes especies de vida -de plantas, aves, peces y animales- que hoy vemos en nuestro planeta. Y de una de estas especies, previamente elegida por el Creador, habría salido el «homo sapiens». Esto es lo que se enseña hoy en cualquier libro de biología sobre el origen del universo y del hombre. Se enseña que la vida del antepasado del hombre surgió del mar y que a través de millones de años fue adaptándose a la tierra, es decir al terreno seco. Se agrega también que primero, el antepasado del hombre, anduvo en cuatro patas, luego se fue irguiendo de a poco y que finalmente se irguió y caminó sobre dos pies. También, en colecciones de cráneos que se han podido recopilar y estudiar, se muestra cómo las formas el cerebro del hombre fue evolucionando hasta transformarse en el «homo sapiens».

Ahora bien, en el plano teológico hay que afirmar que para que el antepasado del hombre pasara del estado de no -hombre al de hombre-racional hay que creer que hubo una intervención especial de Dios.

 

Cada alma es creada por Dios.

Ya el Papa Pío XII en la Encíclica «Humani Generis», en 1950, afirmaba que «no era contrario a la fe reconocer al cuerpo del hombre un origen que podía ser una materia viva, con tal de mantener que las almas son creadas directamente por Dios, lo que es compatible con un cierto evolucionismo».

Cabe notar aquí cómo la Iglesia -Madre y Maestra también en la interpretación de la Biblia- hace hincapié en que el hombre está formado de cuerpo y alma y que el alma no puede ser fruto de esta evolución cíclica sino que cada alma por ser única e irrepetible es creada directamente por Dios. De ahí, entonces, la gran diferencia que hay entre el ser humano en relación a los otros seres vivos de la creación.

La creación del alma, que en definitiva es lo que le da dignidad al hombre, es una acción directa e inmediata del Creador. Y cuando un hombre y una mujer se unen para generar una nueva vida, entonces Dios crea el alma única, inmortal e irrepetible de cada nuevo ser.

Millones de personas durante siglos han interpretado los primeros libros del Génesis en forma literal, es decir, pensaron que Dios creó el mundo en seis días como los nuestros y que todo lo creó tal cual lo vemos hoy día.

Hoy tenemos nuevos elementos para interpretar cómo surgió la vida sobre la tierra. Como católicos, entonces, podemos aceptar la teoría de la evolución, según la cual Dios creó la materia y le dio el primer impulso creador. Y llegado el momento elegido por el mismo Dios, y previa una especial intervención suya, crea el alma, y de ahí surge el ser humano.

Y esta teoría en nada disminuye el poder y la grandeza de Dios Creador sino todo lo contrario, que más y más lo aumenta ya que así Dios no sólo aparece como autor de la materia y del cosmos sino también de las leyes que rigen el universo. Y es en este contexto que recobra todo su sentido el texto de San Pablo a los Colosenses (Col. 1, 15- 20), en que aparece la figura de Cristo Redentor como centro de la creación, quien diviniza a los hombres en una espiral ascendente hasta la plenitud de su vocación divina.

 

Hizo Dios Nuestro Señor

con su gran sabiduría

las estrellas, sol y luna

la noche y también el día.