PREDICACIÓN II. PREDICADORES.
La p. desde los primeros tiempos de la Iglesia es un deber apostólico (munus
apostolicum) que compete a los Obispos. El «ministerio de la palabra» (Act
6,2.4) es un encargo especial hecho por Cristo a los Apóstoles (Mt 28,19), que
éstos transmiten a sus sucesores; junto a los Obispos (v.) están los presbíteros
(v.), que también predican (para todo esto, v. 1, 1-3). En el Conc. IV de Arlés
(813) aparece expresamente por primera vez el mandato de que los párrocos
prediquen en sus parroquias. A partir del IV Conc. de Letrán (1215) y con la
aparición de las órdenes mendicantes la p. popular corre a cargo de los
sacerdotes y religiosos; es una época de fecundidad en predicadores. El Conc. de
Trento establece normas concretas para la p. y estimula a los predicadores. Se
hace a continuación un estudio histórico de los predicadores más destacados.
1. Edad Antigua. a) Tiempos apostólicos. Los predicadores natos de esta
éposa son los Apóstoles (v.), a quienes compete por derecho divino «el
ministerio de la palabra» (Act 6,2.4). El primer predicador de la Iglesia es S.
Pedro (v.), y su primer sermón fue pronunciado la mañana de Pentecostés (Act
2,14-36). Otros sermones famosos suyos son los del templo (Act 3,12-26) y ante
el sanedrín (Act 4, 8-31); y un largo sermón -tal vez apócrifo- sobre la cruz,
en el momento del martirio (Martyrion thon agion apostolou Petrou). En Acta
Iohannis se conservan varios sermones del apóstol S. Juan. Pero, tal vez, el más
grande de los predicadores es S. Pablo (v.), el apóstol de las gentes. Entre los
Padres Apostólicos, conocemos un sermón atribuido a S. Clemente Romano (v.): la
Segunda epístola de Clemente a los Corintios, que es la homilía más antigua de
la Iglesia que se ha conservado.
Del s. II nos han llegado referencias de varios sermones predicados por S.
Ireneo de Lyon (v.); una homilía de Melitón de Sardes (v.), y referencias de
sermones contra los gnósticos de Hegesipo, de estilo sencillo y con la
preocupación de transmitir la auténtica tradición apostólica. El orador más
dinámico y famoso de este siglo es, sin embargo, Orígenes (v.), que pronuncia
homilías casi todos los días.
b) Época patrística. En el s. III encontramos en Roma un ilustre
predicador, S. Hipólito Romano (v.): del a. 212 se conserva un sermón sobre La
alabanza de nuestro Señor y Salvador, escuchado por Orígenes; se conocen además
de él varios sermones sobre el Cantar de los Cantares, y otras homilías. De
Pierio (m. después de 309) se conoce una homilía sobre la Vigilia pascual.
Siglo IV: Es siglo de grandes predicadores en la Iglesia. En el periodo
posconstantiniano, la homilía supera a todos los demás géneros literarios de la
Iglesia. Han llegado a nosotros un número incalculable de sermones de los s. IV
y V, gracias a los taquígrafos cristianos. El más grande de los oradores
cristianos de esta época -y tal vez de todas- es S. Juan Crisóstomo (v.); la
época de más fecundidad de su vida son los años 386-397 en que desempeña el
cargo de predicador del obispo Flaviano; se han conservado un buen número de
homilías exegéticas, sobre el Génesis, los Salmos, Isaías, Nuevo Testamento,
catequesis bautismales, sermones frente a los judíos, para las fiestas
litúrgicas, panegíricos, etc. Destacan también: S. Atanasio (v.). S. Basilio
(v.), uno de los más brillantes oradores de la antigüedad. An f iloquio de
Iconio (ca. 340-394), abogado de Constantinopla y obispo de Iconio; conocemos 8
homilías suyas para las festividades litúrgicas; posee una gran habilidad
retórica; utiliza mucho los juegos de palabras y le gusta hacer dialogar a los
personajes de la S. E. S. Gregorio Nacianceno (v.), llamado el «Demóstenes
cristiano». S. Cirilo de Jerusalén (v.), del que son famosos sus 24 sermones
catequéticos predicados ante el Santo Sepulcro entre los a. 348-350, llegados a
nosotros a través de las copias taquigráficas de los oyentes. S. Gregorio de
Nisa (v.). S. Hilario de Poitiers (v.). S. Ambrosio de Milán (v.), autor de
elegantes sermones y de las famosas catequesis mistagógicas (De Mysteriis; De
sacramentis), modelo de catequesis sacramental.
Siglo v: Sobresale la gran figura universal de S. Agustín (v.), y los
papas S. León I Magno (v.), de quien conocemos 96 sermones, y S. Gregorio Magno
(v.), algunos de cuyos sermones los hacía leer a un notario. De esta época son
también, entre otros, Asterio de Amasea del Ponto (m. 410), de quien conocemos
14 homilías y panegíricos de mártires, de estilo elegante; y Sinesio de Cirene
(370-375, m. d. 413), platónico, obispo de Pentápolis desde 406; han llegado a
nosotros dos fragmentos de sermones de carácter pascual.
2. Edad Media. Esta época se puede escindir en dos partes, separadas por
el oscuro s. X. En la primera, sobresalen, entre otros, los predicadores
misioneros, los monjes evangelizadores de los pueblos germánicos. Aventureros de
Dios que recorren extensiones vastísimas de Europa difundiendo el Evangelio
entre los bárbaros. Su p. es elemental, a veces ruda; las conversiones son
masivas. Suelen consolidar su obra fundando centros monásticos, que sirven de
avanzadilla de la Iglesia; desde ellos, se difunde la cultura, la educación
social y la enseñanza religiosa. En 1309 el Concilio de 'Limoges tiene que
recordar a los obispos y párrocos su obligación de enseñar al pueblo,
estableciendo que, al menos, se predique los domingos. Con la aparición de las
Cruzadas (v.), surgen en la Iglesia los predicadores penitenciales. Hay otro
motivo que estimula a los predicadores en este tiempo: la aparición de los
herejes cátaros (v.) y valdenses (v.). Pero la incultura del clero es alarmante;
para suplir esta deficiencia, entre otras cosas, nacen las órdenes mendicantes
(v. FRANCISCANOS; DOMINICOS). En 1114 el Concilio de Gan tiene que ordenar al
clero que los domingos se explique al pueblo la Epístola y el Evangelio, o al
menos, el Credo y el Padrenuestro. Para ayudar a los pastores, hacen su
aparición los libros de Sermonarios (v.) y colecciones de Ejemplarios y libros
de Apólogos. Se hacen ediciones de las homilías de los Santos Padres y tratados
de oratoria sagrada. Para educar al pueblo sencillo y darle a conocer la Biblia
de un modo plástico se comienza a hacer un tipo de predicación por medio
derepresentaciones escénicas y de dramatización de la Liturgia.
a) Predicadores-evangelizadores. Las grandes figuras de esta época son: S.
Agustín de Canterbury (v.), apóstol de Inglaterra; S. Columbano (v.), apóstol de
Centroeuropa, y S. Bonifacio (v.), que recorre toda Europa predicando. Junto a
ellos, conviene destacar, entre otros: en Alemania, S. Ruperto (m. 716) y S.
Corbiniano (m. 730); en Suiza, S. Fridolin (m. 538) y S. Gall (m. 645), fundador
del monasterio que lleva su nombre y que se convirtió en un centro de
espiritualidad y cultura durante toda la Baja Edad Media. En los Países Bajos:
S. Amando (m. 676) y S. Eloy (m. 660); entre los francos, S. Kliano (m. 689) y
S. Pirminio o Pimenio. Y las grandes figuras del irlandés S. Willibrordo (v.) y
S. Bonifacio (v.), apóstoles esforzados de los pueblos germánicos (v. MONJES
IRLANDESES). Mientras tanto, los santos Cirilo (v.) y Metodio (v.) ejercen su
ministerio en pro de los pueblos orientales.
b) Predicadores de la época de las Cruzadas (v.). Ante todos, S. Bernardo
(v.). Y junto a él: Roberto de Arbrisel, Norberto de Xanten, Fulco de Neuilly,
Jacobo de Vitry, Conrado de Halberstadt, Martín de León, etc.
c) Teorizantes de la oratoria sagrada. Destacamos tres autores: Guillermo
de Nogent con su obra Liber quo ordine sermo fieri debeat; Alain de Lille, autor
de Summa de arte praedicatoris; y Humbert de Romans, que escribe De eruditione
praedicatorum. Junto a ellos, los autores de ejemplarios: Jacobo de Vitry y
Etienne de Besancon.
d) Los mendicantes. S. Domingo de Guzmán (v.), S. Francisco de Asís (v.),
S. Antonio de Padua (v.), S. Felipe Benizzi, David de Augsbourg y Bertold de
Ratisbona.
3. Los predicadores populares. La oratoria «persuasiva» (s. XIV-XVI). El
ansia de reforma que cunde cada vez más en la Iglesia marca una impronta
inconfundible en el estilo oratorio de esta época. Podemos detectar dos
corrientes entre los predicadores: un estilo popular, fogoso, tremendista, poco
académico, en ocasiones apocalíptico, y, en otro plano, el sermón universitario.
El estilo popular, sin embargo, predomina y llega a marcar la característica más
acusada de esta época, que es indiscutiblemente fecunda en predicadores. Hay que
considerar, sin duda, como propulsor de este sistema al ardiente dominico
valenciano S. Vicente Ferrer (v.). Su característica más acusada es el nomadismo
y el estar en contacto constante con el pueblo sencillo; su tema central es la
reforma, la conversión. Los predicadores anatematizan y fustigan la corrupción
de costumbres con los colores más vivos y pintorescos. Suelen ir acompañados de
un séquito heterogéneo: los confesores, los «penitentes» y los incondicionales.
Su lenguaje es popular -a veces vulgar-, irónico, pintoresco, libre; la forma
oratoria en ocasiones se hace rebuscada, plagada de retruécanos y rimas,
caprichosa; la aplicación de los textos bíblicos a veces retorcida. Los frutos
suelen ser ruidosos: conversiones en masa, penitencias públicas, actos de
reconciliación, fundaciones benéficas; su paso deja el recuerdo de un profeta de
Dios. Los predicadores más destacados de esta época son:a) Italia: S. Bernardino
de Siena (v.). S. Juan Capistrano (v.). Beato Simón Fidati di Cascia (n. ca.
1278-95, m. 1348), agustino, de vida austera; como predicador, fustiga los
vicios de la Italia del trecento; autor espiritual fecundo y fácil; sus obras
son: De gestis Salvatoris, 15 libros, De Christiana Doctrina, De disciplina
Spiritualium y su Epistolario; Müller ha creído ver en él una fuente de
inspiración para Lutero. Beato Bonaventura da Forli (TornieIli) (1410-91),
servita (v.), predicador popular lleno de fuego y de imaginación; son famosos
sus sermones en Venecia y en Perusa, en tiempos de peste (1476); en 1482 es
nombrado Procurador General dé su Orden y Sixto IV le concede la facultad de
predicar passim et ubique en calidad de predicador apostólico. Agustino Oliva da
Sassoferrato, (1417-73), agustino, famoso por su labor pacificadora (se le llamó
«Ángel de la Paz»); desempeña diversas Legaciones Pontificias; Pío II le nombra
Vicario General de su Orden (1459) y le crea Cardenal (1460); autor de varias
obras: De Christi ortu Sermones, Orationes, etc. Venturino de Bérgamo (1304-46),
dominico, que predica la paz entre güelfos y gibelinos; organiza una
peregrinación penitencial a Roma en que participan 30.000 hombres; predica una
Cruzada contra los turcos y muere enfermo y agotado en Esmirna; en Bérgamo se le
venera como beato. Leonardo Dati (1360-1425), dominico; asiste al Concilio de
Constanza; la República Veneciana le envía en diversas ocasiones como embajador;
el papa Martín V le nombra Maestro General de su Orden para evitar el cisma;
escribe: Sermones quadragesimales (Lyon 1513), Sermones de flagellis peccatorum
festinanter converti nolentium (Lyon 1518). Leonardo da Udine (m. 1469), célebre
predicador dominico, Rector del Colegio de Bolonia y Provincial de Lombardía; es
famosa su obra Sermones aurei de sanctis (Colonia 1473). Gabriel Barletta (m.
1845), uno de los más destacados ejemplares de la oratoria burlescsa; estilo
fantasioso, popular, chocarrero, esmaltado de ejemplos picarescos (se hizo
proverbial la frase: «Nescit praedicare, qui nescit barletare»); Vaucluse y
Étienne compilaron una antología de sermones e historietas de su repertorio en
Apología de Herodoto. Roberto Caraccioli (1425-95), franciscano; Sixto V le
nombró sucesivamente obispo de Aquino y Lecce; escribió: De hominis formatione (Nüremberg
1470), De morte (Venecia 1475), Speculum fidei christianae (Venecia 1555); sus
Obras Completas (Venecia 1490). Jerónimo Savonarola (v.). Beato Bernardino de
Feltre (v.). S. Jacobo de la Marca (1393-1476), franciscano; es conocida su
acción en Rieti en pro de la paz; en Bosnia fue predicador, inquisidor y rector;
luchó incansablemente por convertir a los «patarinos»; como predicador
apostólico, trabajó entre los bogomilas; ejerció igualmente una gran actividad
intelectual. S. Alberto da Sarziano (Berdini) (m. 1450), franciscano observante,
llamado el «rey de los oradores»; de vasta cultura clásica; predicador
apostólico en el Capítulo General de Bolonia (1431); Comisario Apostólico en
India, Etiopía, Egipto y Jerusalén; Ministro Provincial de Venecia de la
Observancia. Beato Gabriel de Peschiera (m. 1485). Antonio de Vercelli (m.
1483). Antonio de Bitonto y otros.
b) Francia: Juan Gerson (v.) es la figura más significativa de esta época;
se ha llamado al s. XV «el siglo de Gerson»; sus 56 sermones son el modelo más
perfecto de la oratoria popular persuasiva. Tomás Conecte (Coette) (m. 1434),
carmelita; clama contra los desórdenes del clero y el lujo de las mujeres; en
Roma lanza sus diatribas contra la Corte Pontificia; sus sermones son largos y
pesados, pero aguantados estoicamente por auditorios de 10 a 20.000 personas;
como hereje fue quemado públicamente en la hoguera. Alano de la Roche (1428-75),
dominico, propagador del Santo Rosario; es probablemente el que determinó que se
rezasen 50 avemarías en cada parte del Rosario (v.); fundador y propulsor de las
Cofradías y Asociaciones del Rosario; casi todas sus obras tratan de esta
devoción; la tradición le ha atribuido el título de Beato. En torno a Santa
Juana de Arco (v.) merodeanvarios predicadores, comprometidos en cuestiones
políticas: Fray Richard, propagador de la devoción al Nombre de Jesús; toma
partido por la familia de los armagnacs y favorece a Juana de Arco; predicador
de estilo áspero y libre. Étienne de Gan, fraile menor; se vio complicado en las
peleas entre la Universidad y el Capitolio de Toulouse. Otro comprometido es
Noirofle, franciscano; predicador popular, que mezcla las cuestiones políticas
con los intereses religiosos. Olivier Maillard (1430-1502), franciscano, que
predica en Francia, Flandes, Alemania y España; Vicario General de la Orden,
confesor del rey Carlos VII; varias veces Legado del Papa; sus sermones son un
documento de interés para conocer las costumbres de época; su estilo es
expresivo, vivo, realista y crudo, aunque escribe en latín macarrónico y
pedregoso. Jean Raulin (1443-1515), benedictino, Doctor de la Sorbona y
predicador; toma el hábito en Cluny; reformador de los monasterios de la Orden;
sus sermones están esmaltados de historietas populares, que han inspirado alguna
fábula de La Fontaine y algunas escenas de Gargantúa y Pantagruel de Rabelais;
sus Obras completas, 6 vol., en Amberes 1612.
c) Inglaterra: País menos fecundo en comparación con el resto de Europa.
Entre los más famosos, se cuentan: John Wiclef (v.), que cayó en la herejía.
Bromyard, dominico, autor de Summa praedicantium; sus sermones resultan una
fuente interesante para conocer las costumbres de Inglaterra de fines del s. XIV.
John Brinton (137389), obispo de Rochester, predicador sencillo, popular; nos ha
quedado en él un cuaderno de notas con esquemas de sermones, publicado por
Devlin. Melton, franciscano, que suele ir acompañado por otro franciscano,
Philip; el estilo de ambos es fantasioso, sencillo, libre; en 1427, Melton es
acusado de excitar al pueblo sencillo «con palabras incircuncisas». John Colet
(1466-1519), deán de S. Pablo de Londres; viajó por Italia y escandalizado de la
corte de Alejandro VI, insistía en vivir con pureza el evangelio. John,Waldeby,
ermitaño de S. Agustín, autor de varias Homilías sobre el Credo y explicaciones
del Padrenuestro y Avemaría. Scrope, carmelita, que predica en la diócesis de
Leicester anunciando la nueva Jerusalén; declama sus sermones en las capillas de
hospitales y cementerios.
d) Países Germánicos: Johannes Brugman, franciscano observante de Kempen
(Países Bajos), predicador elocuente y escritor fecundo; en su tiempo se decía:
«Hablas como Brugman»; millares de personas acudían a escucharle. Johannes
Geiler von Kaiserberg (1477-1510), alemán-alsaciano, predicador austero, mordaz,
rudo, violento y humorista; en 1500 organiza una serie de sermones sobre la
Peregrinación cristiana a la Ciudad Eterna, destinados a los que no podían ir a
Roma a ganar el Jubileo. Johannes Standonk (1450-1504); en 1483 se le encomienda
la dirección del Colegio de Montaigu, en el que funda la Domus pauperum;
predicador popular, censor e intransigente. Konrad de Prusia, fervoroso
predicador popular; en 1389 reforma el convento de Colmar. El maestro Eckart
(v.), Johannes Taulero (v.), Johannes Nider (m. 1438), Johannes Herolt (m.
1468), todos ellos dominicos. Los franciscanos Johannes Minden (m. 1413) y
Johannes Werdem (m. 1437); los hermanos de la Vida Común: Johannes von Veghe (m.
1504) y Gerhard Groot (v.). Esteban Fridolin (m. 1498); Teodorico Coelde (m.
1515); Gabriel Biel (m. 1495), que fue nominalista (v.); y el húngaro Pelbart de
Temesvar (m. 1500).
e) España: S. Vicente Ferrer (v.). Fray Alonso de la Espina (m. 1496),
franciscano, confesor de los reyes Juan II y Enrique IV; oye en confesión
general al condestable D. Alvaro de Luna; predica frente a los errores judíos;
propugna en Castilla la Cruzada contra los moros; escribió Fortalitium Fidei;
Inocencio VIII le confiere el obispado titular de Termópilas; muere en Palencia.
Franciscanos: Ramón Llull (v.); Álvaro Pelayo (1275-1349); Juan Gimeno (m.
1420), autor de Homiliae et sermones multiplices pro universas anni diebus (ms.
Bibl. Montesion, Palma de Mallorca). El Infante D. Pedro de Aragón (1304-81),
hija de Jaime I I de Aragón, que después de una vida agitada en la corte, toma
el hábito franciscano; es autor de varias Epístolas, Poemas y Sermones (Bibl.
Vaticana). Carmelitas: Francisco Bacó (m. 1373), llamado en París «el Doctor
sublime»; en Gerona tomó el hábito carmelita; procurador de la Orden y
Provincial de Cataluña; autor de Repertorium praedicantium, magnum et insigne
opus y Sermones plures ad populum. Juan Ballester (Ballistarius) (1306-74),
Catedrático de Teología de la Sorbona. predicador culto y escolástico; suele ser
confundido con su homónimo -también carmelita y predicador- Juan de la Madre de
Dios Ballester (1540-1606), Provincial de Aragón, autor de Sobre los Cantares (3
vol.) y Sermones. Entre los predicadores, se cuentan los tres conversos
burgaleses: ABn o Alfonso de Valladolid («El Burgalés») (1270-1346), rabino,
profesor de medicina, y, después de converso, autor de varias obras de exégesis;
Alfonso de Cartagena (o Alfonso de Santa María) (1384-1456) y su padre, Pablo de
Santa María (m. 1435), ambos obispos de Cartagena. Finalmente, Pedro Martín (m.
1425), autor de un libro de Sermones. Merece igualmente incluirse en el
catálogo, aunque no es español, Matteo d'Agrigento, franciscano observante,
siciliano; en 1427 y 1430 predica en Cataluña a instancias del rey; en
Barcelona, Valencia, Vich entusiasma a las multitudes que le siguen a millares;
clama contra el lujo y la vanidad; es un gran pacifista.
4. Siglos XVI-XX: del «gerundismo» a la homilética actual. a) Siglo XVI.
Como introducción de esta última época, citamos un breve elenco de ilustres
predicadores españoles que llenan todo el s. xvi, época de oro de la oratoria
hispana y que preparan el terreno para el estilo de predicación sagrada que va a
imperar durante bastante tiempo: fray Dionisio Vázquez (1479-1539); S. Tomás de
Villanueva (v.); S. f uan de Ávila (v.); Beato Alfonso de Orozco (v.); fray
Pedro Malón de Chaide (v.); S. Juan de la Cruz (v.); S. Francisco de Borja (v.);
Alfonso Salmerón (v.); Diego Laínez (v.); Alonso de Cabrera (v.); Jerónimo
Lanuza (1553-1625); fray Luis de Granada (v.); Ambrosio Montesinos (m. 1513);
Francisco de Osuna (v.); S. Pedro de Alcántara (v.); fray Diego de Estella
(15241578). Todos ellos figuras de primera magnitud en la oratoria sagrada.
b) En el siglo XVII España pasa la antorcha a Francia, donde se da una
pléyade de grandes predicadores, patrocinados por Luis XIV: J. B. Bossuet (v.);
Bourdaloue (v.); Fénelon (v.); Flechier (1632-1710); Massillon (1663-1742).
Junto a ellos, Grignon de Montfort (v.); P. Jean Lejeune (1592-1672),
oratoriano, nacido en Poligni; predicador elocuente; escribe: Sermons, 10 vol.
(Toulouse 1662); el Beato Claudio de La Colombiére (v.), director espiritual de
S. Margarita María de Alacoque, gran propagador de la devoción al Sagrado
Corazón de Jesús; Julien Manoir y otros.
En Italia, en esta misma época, destaca, sobre todos, el P. Paolo Segneri
(v.), orador fogoso, luchador infatigable contra los errores de Molinos (v.).
Leonardo de Puerto Mauricio (1676-1751), predicador popular, al estilode los
siglos anteriores, que durante 44 años recorre la Toscana, consiguiendo por
doquier éxitos apostólicos. S. Francisco de Jerónimo (1642-1716), misionero
popular, que desarrolla su apostolado en la región de Nápoles, logrando
incontables conversiones. El Beato Antonio Baldinucci, jesuita, n. en Florencia
el 19 jul. 1665 y m. en Pofi (diócesis de Veroli) el 7 nov. 1717; recorre las
regiones de Viterbo y Frascati dando misiones; su predicación es sencilla,
incisiva, dramática, le gusta dialogar con el pueblo; de salud precaria, muere
agotado en pleno trabajo apostólico; sus cartas espirituales han sido publicadas
en Prato 1899; queda de él un interesante Diario (Diari), inédito, de sus
misiones.
En España destacan dos jesuitas: el P. Tirso González de Santalla, n. en
Arganza (León) en 1624 y m. 1705, elocuente predicador y celoso misionero que
recorre casi toda España; al fin de su vida es elegido Prepósito General de la
Compañía de Jesús, cargo que desempeña durante 19 años; se han publicado
numerosas obras suyas de teología y queda un buen número de manuscritos inéditos
de notable interés. Y 'el P. Pedro de Calatayud, elocuente orador sagrado; su
celo apostólico y su vida ejemplar hicieron que se introdujese su causa de
beatificación en Roma a fines del s. xviii; escribió El Magisterio de la fe y la
razón (Madrid 1761). En Alemania destacan los capuchinos fray Procopio de
Templim y Martin de Cochem, apóstol de las regiones del Rhin y el Mosela.
c) Siglo XVIII. En España empieza a imperar un nuevo estilo oratorio:
gongorista, culterano, preciosista, que en manos de los predicadores de menos
talla se convierte en el ridículo «gerundismo», satirizado por el P. Isla, como
diremos. Felizmente, quedan aún oradores incontaminados, pero el estilo amenaza
a convertirse en epidémico. Su introductor es el trinitario español fray
Hortensio Félix Paravicino y Arteaga (1580-1633). Se da a conocer como orador en
1605, cuando el rey Felipe III visita la Univ. de Salamanca, de la que él es
catedrático; se convierte pronto en uno de los más eminentes predicadores de
Castilla, y el rey le nombra predicador suyo; mientras, desempeña diversos
cargos en su Orden: Provincial de Castilla, Visitador de Andalucía, Definidor
General. En su oratoria se deja ganar por el gongorismo: sus sermones están
llenos de bellezas, de sutilezas y de defectos; a la muerte de Felipe III
predica un «panegírico funeral» que se ha hecho famoso. Escribe numerosas obras
de teología, historia, poesía, sermones; entre ellas: Epitafios o elogios
fúnebres a Felipe III «el Piadoso» (Madrid 1625), Oraciones evangélicas para los
días de Cuaresma, etc. (Madrid 1638), Oraciones evangélicas y panegíricos
fúnebres (Madrid 1641). Sus imitadores del s. XVIII -de menos talla que él- caen
en un absurdo alambicamiento y efectismo de mal gusto, que desata la indignación
del jesuita P. José Francisco de Isla (170381), que escribe una célebre sátira
contra ellos, titulada Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas
(Madrid 1758), prohibida por la Inquisición en 1760; él mismo es un predicador
elocuente, no exento, a veces, de los defectos que ironiza en los otros. De un
estilo diametralmente distinto es el capuchino fray Diego José de Cádiz (v.).
En Alemania: S. Clemente María Hofbauer, redentorista (1751-1820),
defiende con tesón a la Iglesia de los ataques de los protestantes; Werner
afirmaba: «Sólo conozco tres personajes de energía: Napoleón, Goethe y Hofbauer»;
difunde su Congregación en el norte de Europa; al fin de su vida ejerce su
apostolado en Viena, con tal celo que ha llegado a llamársele Apóstol de Viena.
d) Siglos XIX y XX. En Francia encontramos a Henri Dominique Lacordaire
(v.); a los predicadores de los retiros cuaresmales de la catedral de Notre-Dame
de París, entre ellos Jacques Marie Louis Monsabré (v.); al P. Sertillanges
(v.), dominico, gran predicador, con un gran dominio de la técnica oratoria, que
escribe, entre otras obras, El Orador Cristiano. Tratado de Predicación, uno de
los mejores tratados de oratoria sagrada de estos últimos tiempos.
En España S. Antonio María Claret (v.); P. Ramón Sarabia (1875-1958),
redentorista, se calcula que predicó 50.000 sermones y 400 misiones, recorriendo
toda la geografía española. Entre los prelados destacan: Antolín López Peláez
(1866-1918), el card. Benlloch, el card. Isidro Gomá (v.), mons. Eijo y Garay,
mons. Narciso Esténaga, mons. Pildain. Entre los canónigos magistrales: Calpena,
Camarasa, Castro Albarrán, Polo Benito, entre otros. De los religiosos: P.
Laburu, jesuita; Royo Marín, dominico; Rafael Alcocer, benedictino.
Los prelados hispanoamericanos: mons. Ramón Ángel jara (1842-1917),
chileno, obispo de La Serena; mons. Franceschi, argentino; y mons. Miguel
d'Andrea, obispo titular de Temnos. Además, en Italia, el P. Ricardo Lombardi,
predicador del movimiento «por un mundo mejor», lanzado a esta campaña por Pío
XII. Otro de los predicadores del s. xx es el card. J. Cardijn (v.), fundador de
la J.O.C., promoviendo los movimientos apostólicos en los medios obreros.
Intensa y eficaz es la p. de mons. J. Escrivá de Balaguer (v.), fundador del
Opus Dei (v.), potente fermento de espiritualidad laical, cuyas homilías de
profundo contenido ascético y litúrgico, con amplia base bíblica, patrística y
teológica, uniendo el Evangelio y la vida ordinaria con gran calidad literaria,
han alcanzado notable difusión (cfr. Es Cristo que pasa, Homilías, I, 7 ed.
Madrid 1973).
Con los modernos medios de difusión, la oratoria sagrada cuenta con nuevos
elementos eficaces y de gran alcance. La radio, la televisión y el cine son
incorporados al apostolado por oradores y predicadores del s. xx. Las charlas
radiofónicas del P. Venancio Marcos o las homilías dominicales del P. Pedro
María Yraolagoitia y otros programas y espacios en las ondas representan un
nuevo sistema de p. y configuran un estilo de oratoria directo, ameno,
insinuante de acuerdo con la psicología de la actual sociedad. En la Televisión
española han hecho una apreciable labor mons. Marcelo González y mons. Guerra
Campos, así como Jesús Urteaga, S. Muñoz Iglesias, el P. Sobrino, A. García
Dorronsoro, etc. Uno de los qué han utilizado con más generosidad estos medios
modernos de difusión es mons. Fulton Sheen (v.), el apóstol de la televisión
norteamericana. El P. Patrick Peyton (v.), por su parte, ha utilizado las
pantallas del cinematógrafo, y ha realizado una gran campaña en pro de la
devoción al Santo Rosario. Entre los oradores y predicadores de estos últimos
tiempos, no se pueden preterir los nombres de los pontífices Pío XII (cfr.
Discursos y radiomensajes, Madrid 1946 ss.) y Paulo VI (cfr. Enseñanzas al
Pueblo de Dios, Madrid 1969 ss.), a cuya palabra los medios modernos de
comunicación han prestado también prolongado eco.
El Conc. Vaticano II ha promovido e intensificado la p. y la homilía. Se
puede decir que se ha abandonado el sistema oratorio de tipo grandilocuente para
entrar en las vías de una p. más viva, directa y concisa, de inspiración bíblica
y litúrgica. Se vuelve más al estilo de la época patrística, a una oratoria que
se presta menos a desplegar las dotes parlamentarias y persuasivas de
lospastores, pero quizá más realista, que ha de ser más sobrenatural y a la vez
más de acuerdo con la psicología y condiciones de vida del hombre de la calle.
V. t.: ORATORIA.
BIBL.: Edad Antigua: A. M. SALONIUS, Martyrium beati Petri apostoli a Lino episcopo conscriptum, Helsingfors 1929; TH. ZAHN, Acta lohannis, Erlangen 1880; P. NAUTIN, Homélies pascales l: Une Homélie inspirée du traité sur la Páque d'Hippolyte, París 1950; W. HENGSBERG, De ornatu rethorico, quem Basilium Magnus in diversis homiliarum generibus adhibuit, Bonn 1957; F. OGARA, Homilías selectas de S. Juan Crisóstomo, 3 vol. Madrid 1905; M. CALVo, Homilías de S. Juan Crisóstomo, Barcelona 1906; J. QUASTEN, Patrología, 2 vol. Madrid 1961.
CARLOS M. LÓPEZ.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991