PASCUA I. Sagrada Escritura.
1. Significado etimológico y real. El término
pascua es la acomodación a la lengua castellana de la palabra griega pasia, la
cual se encuentra en la versión de los Setenta del A. T. así como en el N. T.,
donde transcribe la voz aramea pashci' y la hebrea pésah (o pésaj). Se trata,
pues, de simples transcripciones y no de traducciones, ya que el sentido
etimológico del original hebreo es desconocido a pesar de las muchas hipótesis
que se han hecho. La Biblia hace derivar la palabra pésah del verbo p s j, que
podría significar: cojear, estar cojo; y de hecho tiene este sentido en 2 Sam
4,4. De ahí es fácil pasar a la idea de una «danzacultual» (cfr. 1 Reg
18,21.26), y, por tanto, a «saltar». Esto podría explicar que el cap 12 del
Éxodo (v.), donde se narra la institución de la P., le dé el sentido de «saltar
por encima», «pasar por alto», aludiendo al hecho de que Dios «pasó por alto»
las casas de los hebreos sin castigar a sus primogénitos. De todos modos, aquí
tenemos una etimología popular, en la que ya había influido el sentido concreto
que la P. tenía en Israel. Lo que sí es seguro es que se trata de una voz
semita, ya que no aparece (como tampoco el rito que expresa) ni en Mesopotamia
ni en Egipto, no obstante los esfuerzos hechos para hacerla derivar de alguna de
estas lenguas.
La P. era la primera y más importante de las tres grandes fiestas anuales
de los judíos; era la conmemoración de la ayuda de Dios para librarles de la
esclavitud egipcia y el comienzo de la nueva etapa de la Alianza con Él. La P.
judía prefiguraba la P. cristiana (muerte y resurrección de Cristo) en la que
culmina la Antigua Alianza para dar paso a la Nueva. Ambas Alianzas son selladas
por un sacrificio ofrecido a Dios: antiguamente el del cordero pascual, que es
tipo o figura del de Jesucristo, sacerdote y víctima de la Nueva Alianza, cuyo
sacrificio termina con la muerte en la cruz, sacrificio cruento que se renueva
incruentamente todos los días en la Santa Misa (v. ALIANZA [Religión] II). La
fiesta de la P. judía queda por eso sustituida por la fiesta de la P. cristiana
(v. II). Los textos antiguos no hablan de la fiesta de la P., sino de: preparar,
inmolar, hacer y comer la Pascua. El sustantivo pésah designa, pues, unas veces
el rito sagrado y otras la víctima. Por tanto, resulta evidente que, de manera
general, la P. se refiere a un rito de culto (v.), conexo con un sacrificio
(v.), que se dirigía a Yahwéh. Este rito cultual ha tenido una larga historia,
pues se practicó a lo largo de todo el A. T., desde el Éxodo, continuando luego
en el N. T. y en el judaísmo posbíblico (v. FIESTAS II). Pero, dada tan alta
antigüedad y tan larga historia, no debe extrañar que existan puntos oscuros en
torno a la Pascua. Por otra parte, las fuentes de información acerca de la
celebración de una P. antes del éxodo israelita de Egipto son casi inexistentes,
y de ello se dan diversas interpretaciones.
2. Hipótesis sobre posibles precedentes de la Pascua judía. Una lectura
apresurada de Ex 12 da la impresión de que la P. fue instituida en tiempos de la
salida de Egipto, con motivo de la décima plaga (v.). Pero un estudio atento del
texto parece dejar entrever que la P. no era algo completamente nuevo, sino que
ya era conocida y practicada de alguna manera con anterioridad. En efecto, el
final del vers. I l y el 21 de dicho capítulo parecen hablar de la P. como de
algo conocido. Los israelitas arguyen insistentemente ante el Faraón diciendo
que deben salir al desierto con sus rebaños para ofrecer un sacrificio a su Dios
(cfr. Ex 3,18; 5,3; 7,16.26...); es más, en Ex 8,21 ss., tal sacrificio aparece
como odioso a los egipcios. Que la P. sea mencionada por primera vez en esta
ocasión no prueba que no fuera celebrada con anterioridad; el hecho de que ahora
se den explicaciones acerca de su significado no implica que sólo entonces la
hubiesen conocido.
Pero si las pruebas literarias directas en favor de una P. premosaica no
son claras, las analogías con ciertos sacrificios de los nómadas y seminómadas
pueden ser ilustrativas al respecto. En efecto, los ritos característicos que
presenta la P. israelita son típicos de los pueblos pastores y encuentran en
ellos correspondencias: es un sacrificio familiar, para el que no se exige ni
santuario, ni altar, ni sacerdocio; es un sacrificio de primavera, que se
celebra durante la noche, en la primera luna llena del año, ya que la luna rige
la vida de los pastores; la víctima es un cordero o cabrito, como «de un año» o
como «nacido en el año», por lo que serían las primicias del rebaño; ritual
importante es el uso de la sangre, con la que se untaban las puertas de las
casas (la Biblia habla de casas porque la P. se acomodó más tarde a la vida de
los israelitas sedentarios); se usa la carne de la víctima para una comida
sagrada, rito de costumbre en los sacrificios, pero que aquí es asada y comida
con las manos, como hacen los pastores; los huesos no se rompen, uso éste que ha
recibido las más variadas explicaciones, siendo la más extendida suponer un
intento de asegurar que los huesos de los participantes en el sacrificio y los
del rebaño no serán quebrados; el pan que lo acompaña no tiene levadura, como
ocurre con las tortas de harina que aún hoy hacen los beduinos para la comida;
las hierbas amargas, que también entran en el menú, son hierbas silvestres y
aromáticas del desiertos que sirven de condimento, incluso en nuestros días; la
víctima es matada «entre las dos luces», es decir, al atardecer, y se come
durante la noche, cuando los nómadas llegan al campamento; en cuanto al vestido
(«ceñidas las cinturas, calzados los pies y el bastón en la mano»), es fácil
reconocer al de los pastores. Todos estos rasgos son propios de los nómadas, y
encuentran su parecido más fuerte entre los árabes preislámicos, especialmente
en la fiesta de Radjab, es decir, del primer mes de primavera. Por tanto, aunque
algunos creen que la P. era una práctica de sedentarios, dándole distintas
explicaciones, se puede también concluir, con la mayoría de autores
contemporáneos, que la P. era, originalmente, un sacrificio de pastores. Israel,
al principio pueblo de pastores, había practicado este rito semita de modo
semejante a los demás nómadas y seminómadas.
¿Qué significado habría tenido? Según unos, habría sido un sacrificio de
primicias del rebaño, que se ofrecían a Dios como dispensador de la fecundidad.
Para Otros, sería un rito de expiación: rociando las puertascon sangre, buscaban
el reconciliarse con la divinidad de la casa. Otros piensan en una renovación de
la Alianza (v.). Según muchos autores actuales, la P. tenía originariamente un
valor apotropaico, es decir, preservativo: en el momento de la trashumación o
salida en busca de pastos y cuando las ovejas tienen sus crías, se quería
preservar, mediante este rito, a los rebaños y a las mismas personas de las
potencias malignas, que se creía les amenazaban; en Ex 12,23, se habla
precisamente del «destructor». Esta hipótesis parece confirmarse por el hecho de
que el rito fundamental consistía en untar las puertas con la sangre de la
víctima; todavía en la actualidad, los árabes nómadas y seminómadas matan un
cordero ante la entrada de la nueva tienda o de la nueva casa o al agrandarlas,
y untan con la sangre el poste o la columna principal para preservarse de todo
mal.
3. Institución y sentido de la Pascua en la religión de Israel. El texto
bíblico fundamental respecto a la P. está constituido por Ex 12. Aquí, la P.
aparece instituida en el marco de unos acontecimientos providenciales en favor
de Israel: Dios libró de la muerte a los primogénitos israelitas y sacó al
pueblo de la esclavitud de Egipto. Detalles de la composición literaria de este
capítulo están influidos por el ritual de la P. tal como se celebraba más tarde;
pero esto no quita valor a los sucesos fundamentales que se narran, puesto que
son históricos. Algunos han propuesto la hipótesis de que toda la sección de Ex
1-15 sería una supuesta leyenda ritual que serviría de lectura en una fiesta,
común a todos los pueblos del Oriente Medio, cuyo acto principal sería un
«éxodo» o procesión cultual al desierto. Para otros, dicha sección constituiría
la lectura sagrada en el culto de una fiesta de primavera, que serviría para
celebrar la realeza de Yahwéh y su victoria sobre las potencias primitivas. No
pueden aceptarse tales interpretaciones, ya que son apriorísticas y carentes de
base. Aunque Ex 12 (y toda esta sección) no contenga una minuciosa historia en
el sentido detallista y moderno de la palabra, sino historia de la salvación, es
claro que narra hechos históricos.
Cuando los israelitas, como los demás pastores, se preparaban para
celebrar la P., o simplemente después de las plagas (v.) con que Dios castigó la
dureza del Faraón, tuvo lugar otra intervención portentosa de Dios, que libró de
la muerte a sus hijos logrando que el pueblo saliera de Egipto y continuara fiel
a la Alianza divina empezada en Abraham (v.). Lo ocurrido durante aquella P.
había sido excepcional y providencial. Tales sucesos hicieron que, a partir de
entonces, la P. en Israel fuera celebrada en relación con la salida de Egipto,
acontecimiento que marcó el comienzo de una nueva etapa de la historia de Israel
como pueblo y como pueblo elegido de Dios (v. PUEBLO DE DIOS). Por eso, la P. se
convirtió en meworial de dicho acontecimiento (Ex 12,14): en adelante, habrá de
recordar a los israelitas que, en aquella noche, Dios había «pasado por alto»
las casas de los suyos, sin matar a los primogénitos (Ex 12,26-27), y los había
sacado de Egipto. De esta manera, la P. en Israel tiene un sentido preciso, con
una significación propia y característica, unida a la historia de la salvación.
Los ritos, en la hipótesis de que ya existiesen, seguirán siendo los mismos o
parecidos; pero, desde ahora, se impregnan de un nuevo contenido. Es una nueva
institución, que en todo caso da un sentido nuevo a ritos que han perdido su
sentido original, como ocurre en todas las religiones, incluso en la cristiana.
El nombre de la P., cuyo significado original, si es que existía, quizá ya
no se conocía, ahora recibe una explicación etimológica clara: se debe a que
Yahwéh«pasó por alto» las casas de los israelitas en aquella noche (Ex 12,27).
Como fecha quedó la primera luna llena después del equinoccio de primavera, es
decir, el 14 del primer mes, llamado Abib y más tarde Nisán (Ex 12,2.6), que
corresponde a la época de marzo-abril. La sangre juega un papel capital;
significa que Yahwéh no hirió las casas de los israelitas por estar marcadas con
dicha sangre (Ex 12,13). Se habla del temido «destructor» (Ex 12,23), pero
sabiendo que era el ejecutor del castigo divino contra Egipto. Las hierbas
amargas, que condimentan la comida pascual, simbolizan la esclavitud sufrida en
Egipto. La ropa propia del pastor, siempre vestido y pronto para la marcha, y el
pan sin levadura, corriente entre los nómadas, son el símbolo de la premura ante
la inminente salida de Egipto. La fiesta siguió siendo familiar. Las víctimas
del sacrificio pascual son reses del ganado menor, asadas y comidas de noche,
sin quebrarles ningún hueso.
Así, Dios enseñó a Israel a poner la P. en relación con la historia de la
salvación, y a considerar el valor religioso de este sacrificio. La P. era, en
primer lugar, un memorial del pasado (Ex 12,14), esto es, de la ayuda de Dios y
de la liberación de la esclavitud de Egipto, para mantener la fidelidad a la
Alianza divina: v. ALIANZA (Religión) ii. Pero cuando Israel celebraba la P.,
evidentemente hacía más que un simple recordar el hecho salvífico de Dios:
estaba entrando dentro del mismo suceso salvador y participando en él. Es decir,
que la liturgia pascual actualizaba el recuerdo del pasado, convirtiéndolo en
algo presente; esta idea aparece en Ex 13,8. En la Misndh (v. TALMUD) se explica
minuciosamente, hasta ordenar que: «cada uno debe considerarse, de generación en
generación, como si él mismo saliera de Egipto». Finalmente, la P. se proyectaba
también hacia el futuro. En efecto, Israel expresaba con la P. su esperanza de
una salvación futura, ya que era celebrada en la expectación de una nueva visita
salvadora de Dios. Así en la Misnáh se lee esta plegaria: «Que Yahwéh, nuestro
Dios y el Dios de nuestros padres, nos haga llegar en paz a otras solemnidades
que vienen a nuestro encuentro». Este carácter se acentuó, quizá, en los últimos
tiempos antes de Cristo.
4. Evolución histórica de la Pascua judía. La P. tuvo una larga historia
en Israel. Al principio la P. era tal vez el único sacrificio (v.) de Israel.
Podemos pensar que durante la monarquía sufrió un cierto declive, ya que en caso
contrario es difícil explicar las pocas referencias de los libros históricos
respecto a la misma. Tras el destierro de Babilonia recobra su importancia,
hasta aparecer claramente en primer plano. Resulta interesante señalar el
desarrollo dentro del ritual de la P., desarrollo que no debe extrañar, ya que
todos los rituales sufren siempre alguna acomodación a la evolución humana y
espiritual del pueblo respectivo; aunque en el caso de una religión revelada,
como la de Israel, es ésta, su doctrina y su culto, más bien la que va
acomodando a sus fieles. Tras la etapa primitiva, en la que prácticamente ya
queda indicado cómo se celebraba, se pueden distinguir las etapas siguientes:a.
Tras la instalación en Canaán. Aunque no hay pruebas claras, es probable que
desde la entrada de los israelitas en Canaán (v.) hasta la monarquía, durante el
periodo en que Israel está constituido por una federación de tribus de carácter
religioso (v. ISRAEL, TRIBUS DE), la P. fuera celebrada en el santuario central,
el del Arca; era, pues, una fiesta celebrada en común. En efecto, la alusión de
los 5,10-12 a la P. celebrada en Guilgal (v.) deja la impresión de una magna
celebración colectiva.
Sobre todo, cuando 2 Reg 23,22 y 2 Par 35,18, aludiendo a la P. celebrada
por tosías en el Templo de Jerusalén, dicen que «no se había celebrado una
Pascua como ésta desde los días de los Jueces...», parece que no aluden a una
solemnidad particular, sino a una celebración general o centralizada. Pero, poco
a poco, tras la sedentarización y, sobre todo, con la instalación de la
monarquía, los lazos tribales se fueron relajando y el culto descentralizando,
con lo que la P. volvió a ser una fiesta familiar como al principio, si es que
había dejado de serlo.
b. Reforma deuteronomista. Uno de los mayores impulsos en la celebración
de la P, fue el dado por la escuela deuteronomista (v. DEUTERONOMIO), cuyo rasgo
más decisivo fue el acentuar su carácter de gran fiesta de peregrinación a
Jerusalén, cuyo Templo quedó declarado el único lugar donde se podía celebrar la
P. (cfr. Dt 16,1-8; v. TEMPLO II). La reforma deuteronomista llevó consigo otras
innovaciones, pero más bien en detalles. Así quedó señalado el mes en que debía
ser celebrada (Abib-Nisán), pero no un día concreto, cosa lógica al tener que
acudir todos a Jerusalén para celebrarla. La víctima podía ser además de ganado
menor, también de mayor, como un buey. A la mañana siguiente, cada uno regresaba
a su casa. Según 2 Par 30, habría sido el rey Ezequías (716687 a. C.) el primero
en celebrar la P. de acuerdo con el nuevo ritual; pero el texto es discutido.
Con toda certeza, el rey tosías (640-609, a C.) sí celebró de este modo la P. (cfr.
2 Reg 23,21-23; 2 Par 35); el mismo texto sagrado hace hincapié en la novedad.
Como consecuencia de la centralización de la P. en el Templo, el papel de los
sacerdotes y levitas (v.) se hará mucho más preponderante en este rito, sobre
todo en relación con la sangre (cfr. 2 Par 30,16; 35,11).
c. Fusión con la fiesta de los Ácimos. Los Ácimos (v. FIESTAS II) eran una
fiesta de agricultores, paralela a la P. de los pastores, que marcaba el
comienzo de la recolección, cuyas primicias se ofrecían a la divinidad. Israel
la tomó probablemente de los cananeos cuando ocupó sus tierras, y la celebraba,
durante siete días, al comenzar la recolección de la cebada, en el mes de Abib.
Esta fiesta fue incorporada a la historia de la salud, dándole un sentido
netamente religioso y conectándola con la salida milagrosa de Egipto. Al
principio era algo completamente distinto de la Pascua. En efecto, los más
antiguos calendarios religiosos hablan de Ácimos, Semanas y Tiendas o
(Tabernáculos) como tres grandes fiestas anuales con peregrinación al santuario,
pero sin mencionar la P. (cfr. Ex 23,14.17; 34,23). Con el tiempo, la P. se
fusionó con los Ácimos, ya que las circunstancias comunes favorecían tal unión:
ambas se celebraban en el mismo mes, suponían peregrinar a Jerusalén, se comía
pan sin levadura y recordaban la salida de Egipto. Desde entonces, la P. era
celebrada el 14 de Abib y los Ácimos a partir del 15. No sabemos a punto fijo
cuándo se logró tal fusión. Es cierto que en Dt 16,1-8 ya están mencionadas
ambas fiestas; pero el texto es compuesto y las alusiones a los Ácimos son
seguramente posteriores al texto primordial. Para algunos, la unión habría sido
hecha después de tosías (su reforma sólo habla de la P.) y antes del Destierro,
atribuyéndola a la Ley de Santidad, donde aparecen juntas (cfr. Lev 23,5-8). De
todos modos, en Ezequiel (v.) ambas fiestas están claramente fusionadas (Ez
45,21).
d. Tras el Destierro. Al regreso de Babilonia, los judíos continuaron
celebrando la P. (Esd 6,19-22), cuyas particularidades nos constan por los
textos de la tradición sacerdotal (v. PENTATEUCO) Estos textos admiten la
conexión cronológica con los Ácimos, pero son conscientes de que se trata de dos
fiestas distintas: la P. se inmolaba al atardecer del día 14, y el 15 comenzaban
los Ácimos (Lev 23,5.8; Num 28,16-25). La P. aparece como la fiesta por
excelencia, de tal modo que aquel que, pudiendo, no la celebrase debía ser
exterminado (Num 9,13). Sólo los circuncidados podían celebrarla (Ex 12, 43-49).
La víctima se comía dentro de la casa y no se podía sacar nada afuera (Ex
12,46). Por tanto, se intentó compaginar su carácter de fiesta del Templo con el
de fiesta familiar. Se introdujo una innovación de gran interés práctico: si
alguno, por razones de impureza legal o por motivos de viaje, no celebraba la P.
en la fecha normal, podía hacerlo un mes más tarde, pero en el mismo día (Num
9,6-12). La P. era celebrada también fuera de Jerusalén; así ocurría, p. ej., en
la colonia judía de la isla Elefantina, en Egipto, como consta por el llamado
Papiro pascual, allí encontrado en 1906 y que data del 419 a. C. Pero parece ser
que, poco a poco, se fue suprimiendo la inmolación del cordero en estas
celebraciones particulares, que se vieron eclipsadas por la solemnidad de
Jerusalén.
e. En el judaísmo. El tratado Pasajim, de la Misndh, informa sobre la
celebración de la P. en el judaísmo, información que se completa con los datos
de Flavio Josefo (v.) y Filón (v.). Siguiendo el esquema establecido por la
tradición sacerdotal, la víctima era sacrificada en el Templo, y luego asada y
comida en las casas particulares, donde se reunían no sólo por familias
naturales, sino también grupos convencionales de personas. En cuanto a la
inmolación de la víctima, ésta era sacrificada por el mismo fiel que la traía,
mientras que los sacerdotes derramaban su sangre ante el altar, y quemaban la
grasa. La comida, después de la puesta del sol, quedaba enmarcada entre las
cuatro copas de rigor. Al comenzar, se servía la primera, que, tras ser
bendecida, era bebida. Entonces se servían legumbres y salsa, distribuidas por
el que presidía tras una acción de gracias y probar los alimentos. En este
momento, se traía el cordero pascual, comenzando la explicación de la ceremonia
por el que presidía la cena. Se bebía la segunda copa. Tras el lavatorio de
manos y la oración de alabanza, se comía el cordero, acompañado de hierbas
amargas y pan ácimo. Se servía la tercera copa y se daban gracias a Dios.
Finalmente, se bebía la cuarta copa. La cena era acompañada del rezo del Hallel,
es decir, los Salmos 113-118, divididos en varias partes. En cuanto al ritual,
ya no era una comida hecha aprisa y en actitud de marcha, sino un banquete al
estilo de la época, recostados sobre divanes. Este modo de celebrar la P. estaba
vigente en tiempo de Cristo y duró hasta la destrucción del Templo en el a. 70.
A partir de esta fecha, al no poder ser inmolado el cordero, la cena pascual
tomó el carácter de una comida ordinaria con cierta solemnidad, menos entre los
samaritanos (v.).
5. La Pascua de Cristo. Jesús cumplió durante su vida la obligación
religiosa de subir a Jerusalén para celebrar la P., tanto de pequeño (Le 3,41 ss.)
como durante su ministerio público (lo 2,13.23). Fue con ocasión de una P.
cuando murió. Pero, en esta última cena pascual, introdujo tan sustanciales
cambios que transformó radicalmente su sentido religioso (cfr. Mt 26,17 ss.; Me
14, 12 ss.; Le 22,7 ss.; lo 13,1 ss.).
La última Cena de Jesús plantea dos problemas, íntimamente conexos entre
sí, que distan mucho de obtener una respuesta unánime: la fecha exacta y el
carácter de dicha cena, esto es, si fue o no una auténtica cena pascual como la
hacían los judíos. Todos los Evangeliosestán de acuerdo en afirmar que aquélla
tuvo lugar la tarde antes de morir y que Jesús murió un viernes. Pero mientras
los Evangelios Sinópticos afirman que la última Cena de Jesús fue, al mismo
tiempo, la P. judía (cfr. Me 14,12-16; Le 22,15), S. Juan parece situar la P.
judía en la misma tarde del viernes que murió Jesús. Hay autores en favor de una
y de otra postura, y han sido formuladas muchas hipótesis para solucionar este
interrogante (v. CENA DEL SEÑOR). Lo más probable es que Jesús, al no poder
celebrar la P. al día siguiente sino en su propia carne en la cruz, adelantase
en una fecha la última Cena. Lo que sí es cierto es que se trata de una comida
solemne de despedida, celebrada dentro del marco y ambiente de la P. judía. Esto
se desprende de todos los Evangelios. Si éstos no mencionan más explícitamente
la P. judía y su ritual, se debe probablemente a su interés primordial por
referir la institución de la Eucaristía (v.).
Es evidente que Jesús dio un nuevo sentido a la cena pascual, y esto es lo
que realmente importa; es más, el nuevo sentido no está esencialmente vinculado
al carácter pascual o no pascual de su cena. En el transcurso de la misma Jesús
dio a los suyos el Pan y el Vino, transformados en su Cuerpo y en su Sangre,
como comida y bebida. De este modo, tomaba el puesto del cordero pascual judío.
Es más, al instituir la Eucaristía, Jesús descubrió el sentido de su muerte: Él
se ofrecerá en la cruz como víctima a Dios para la salvación (v.) de los
hombres. Por consiguiente, Cristo sustituía así totalmente la víctima de la P.
judía, al convertirse, a la vez, en la víctima inmolada (en la cruz) y en el
cordero comido en la cena pascual (Eucaristía). A partir de ahora, los
cristianos tendrán su nueva y peculiar Pascua. De igual manera que la antigua P.
judía recordaba y actualizaba la liberación providencial de la esclavitud de
Egipto, así la nueva P. cristiana recordará y actualizará la liberación del
pecado o redención (v.) aportada por Cristo a todos los hombres, mediante su
sacrificio en la cruz.
6. Sentido de la Pascua cristiana. Los Apóstoles y los primeros cristianos
captaron bien las intenciones de Cristo. Se dieron cuenta de que Jesús había
instituido una nueva P., en la línea de la antigua, pero superándola por
completo y siendo su plena realización, ya que en esta nueva P. era el mismo
Cristo la víctima, que aportaba la auténtica salvación a los hombres. Este paso
de la P. judía a la cristiana lo hicieron constar al interpretar aquélla como
tipo y preparación de ésta. Nos lo confirman varios textos del N. T. Así, S.
Juan, al recordar que a Cristo no le fueron rotas las rodillas, señala el
cumplimiento de la figura expresada por el antiguo rito pascual de no romper
ningún hueso a la víctima (lo 19,36). En 1 Pet 1,19, se dice que hemos sido
rescatados del pecado por Cristo, a quien se califica de «Cordero sin tacha ni
mancilla», como debía ser la víctima de la P. judía. S. Pablo alude a la
levadura y a los ácimos: «nuestro Cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado; así
que celebremos la fiesta...» (1 Cor 5,7-8). La tradición cristiana se encargará
de explicar esta tipología.
Cristo es, pues, el nuevo y verdadero Cordero pascual (v. CORDERO DE
DIOS), que en el marco de la P. judía se ofreció al Padre en la cruz para
consumar la redención (v.) y liberación del pecado; sacrificio y ofrecimiento
que preanunció en su última Cena, y que se renueva después en la cena pascual
cristiana que es el Sacrificio de la Misa (v.), en el que se realiza la
consagración y comunión del Cuerpo de Cristo; la última Cena y después la Misa
son el mismo sacrificio de la cruz, aunque hecho de forma incruenta. Por tanto,
el sentido de la P. cristiana es claro: como los antiguos israelitas al celebrar
la P. recordaban y revivían la liberación de Egipto, los cristianos, al celebrar
su P., conmemoran, reviven y participan en la liberación del pecado conseguida
por Cristo con su muerte, y en la Eucaristía comen del Cordero divino que aporta
la auténtica salvación.
V. t.: ÉXODO, LIBRO DEL; CORDERO DE DIOS I;. ENCARNACIÓN DEL VERBO II;
CENA DEL SEÑOR; PASIÓN Y MUERTE DE CRISTO; RESURRECCIÓN DE CRISTO; ASCENSIÓN I;
FIESTA II y III; EUCARISTÍA I; MISA.
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Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991