CALVARIO


En griego kranion, en arameo gólgólta, en hebreo gulgólet, seguramente de la raíz gúlal, rodar, cráneo o calavera. Bajo este nombre griego, arameo, o hebreo, indican los evangelistas el lugar donde fue elevada la cruz de Cristo entre los ladrones compañeros de suplicio. En los Evangelios no hay indicación alguna de monte. El primer testimonio de la tradición que alude a un montículo es el del Peregrino de Burdeos del a. 333. Pese al silencio evangélico y apoyándose en el texto de S. Cirilo de Jerusalén, hay una tradición que alude al monte y se extiende fácilmente por Occidente brindando grandes posibilidades a pintores y poetas.
      Localización. Los evangelistas dicen que estaba fuera de la ciudad (Mt 27,32; Me 15,20) y en una zona de jardines y sepulcros (lo 19,41); en Heb 13,12 que estaba cerca de una puerta, y en Matea y Marcos cerca de un camino (Mt 27,39; Me 15,29; cfr. la 19,20; Me 15,40; Le 23,49).
      Toda la tradición, ya desde Adriano (v.) al construir Aelia Capitolina, sitúa el C. en el, lugar donde después Constantino 1 (v.) construyó la basílica del Santo Sepulcro (v.) o Anástasis. En esa basílica la presencia tanta del Sepulcro del Señor como otro sepulcro vecino, tradicionalmente llamada de José de Arimatea, indican con claridad que en tiempos de Cristo dicha zona no era de habitación sino funeraria, como la costumbre judía lo exigía. Se halla, además, fuera del segundo muro (como lo llama Flavio Josefo), que era el contemporáneo de Cristo; así lo muestran las excavaciones de 196061 en la zona del Mauristán dirigidas por la Dr. Kathleen M. Kenyon y la puerta hallada en el Hospicio ruso Alejandro a pocos metros del C.
      Quienes, por razones más o menos caprichosas, se han resistida a aceptar esa ubicación tradicional, han presentado como hipotética localización cualquier elevación de terreno cercana a Jerusalén. De esas múltiples hipótesis, todas sin fundamento sólido, no ha alcanzado popularidad más que el llamado C. de Gordon, descubierto junto a la tumba hoy llamada garden tomb hace poco más de un siglo popularizado por el héroe de Jartúm que, en su rápida visita a Tierra Santa, identificó allí el C. no por su aspecto, que con buena voluntad y desde determinado ángulo puede recordar una calavera, sino por un singular raciocinio: Jerusalén es un esqueleto recostado, cuyos pies se hallan en la piscina de Siloé, su pelvis descansa sobre el Templo y su calavera no puede apoyarse más que entre las puertas de Damasco y Herodes. La cercana tumba garden tomb, formaba parte de la necrópolis bizantina de la que han sido excavadas algunas tumbas en la vecina École Biblique; una de ellas era de un diácono del monasterio de la Anástasis, que ya entonces había sido construido. Además este pretendido C. probablemente fue originado al cavar los fosos de la muralla actual, que ciertamente es posterior a Cristo.
      Descripción actual. Hoy el C. se encuentra en una capilla elevada unos 5 m. sobre el pavimento de la basílica del Santo Sepulcro entre el transepto sur y el inicio de la girola. Mide esa capilla unos 9 por 11,5 m. y está dividida en dirección EO por los pilares que sostienen su techumbre abovedada. Se sube por dos escaleras muy empinadas al estar cerrado el acceso por la capilla exterior dedicada a S. María Egipciaca (v.). La nave S, regentada por los franciscanos, conmemora el lugar de la crucifixión; con la restauración de 1937 se rehízo el pavimenta cosmatesco, se descubrió el único mosaico que quedaba de los colocados por los cruzados, se conservó el altar del s. xvi con los magníficos relieves de cobre que representan la pasión, y se decoró el resto con dignidad. La nave N, regentada por los monjes griegoortodoxos, está dedicada a la elevación de la cruz, o muerte del Señor; en contraste con la latina, es un ejemplo de la exuberancia oriental con sus múltiples lámparas de cristales multicolores, sus cortinajes, y hasta bolas de cristales. El pequeño y sobrio altar se halla sobre un pequeño podio, que recubre la roca primitiva horadada bajo el altar: lugar donde, según la tradición, descansaba el pie de la cruz de Cristo; unos iconos de tamaño natural del crucifijo, la Virgen y S. Juan se hallan enhiestos tras el altar. Al S del altar se puede ver una grieta en la roca, causada, según la tradición, por el terremoto del que habla Mt 27,51; por esta grieta descendería la sangre de Cristo hasta la tumba de Adán, que, según tardía tradición, ya rechazada por S. jerónimo, se hallaba debajo del C. y era el origen de su nombre; la grieta puede seguirse en la llamada capilla de Adán que se encuentra debajo del C. Entre las dos naves se halla un pequeño altar dedicado a la Virgen Dolorosa.
      últimamente las obras de restauración han descubierto columnas y capiteles cruzados de gran belleza en la nave griega, pero que contrastan con la ambientación general de esta zona. La capilla de Adán ha vuelto a su aspecto general de la época cruzada (excepto los sepulcros de los reyes francos, desaparecidos durante los trabajos de 1810) quedando al descubierto en su testero toda la roca del C.
      Estas mismas obras han permitido resolver un problema hasta ahora sin solución: el aspecto del C. antes de la construcción de la basílica constantiniana. Se creyó durante mucho tiempo que los arquitectos imperiales habían recordado el C., que habría sido una roca redondeada (de ahí su nombre), para facilitar el acceso a los fieles desde la iglesia; más tarde se habría horadado a nivel del suelo la misma roca para abrir la capilla que hoy se llama de Adán. Los sondeos y reconocimientos han permitido reconstruir la verdadera forma de toda el área. Se trataba de una cantera utilizada durante la expansión de la ciudad en tiempos de los primeros reyes de Judá, y abandonada antes de la cautividad de BabiIonia; como es lógico, en la roca abundaban las superficies planas, verticales y horizontales, zonas escalonadas, etc., ocasionadas por el trabajo de los canteros. El C. fue un prisma aislado de unos 6 m. de altura por unos 8 m. de anchura en su cara O, cara completamente vertical, con acceso suave por el E por medio de un sendero que se bifurcaba desde el camino que salía de la puerta Yesanah. Los arquitectos de Constantino respetaron devotamente esta situación original, pero para facilitar el acceso de los fieles desde el interior de la basílica, levantaron una pequeña terraza sostenida por columnas y adosada a la arista superior del C.
      La basílica constantiniana, consagrada en el 335, fue destruida en gran parte por los persas en el 615. Vencidos éstos por Heraclio, se reconstruyó con notable celeridad el área sacra, pero no formando una sola y majestuosa basílica sino cuatro pequeñas iglesias diferentes, una de. ellas el oratorio del C. Según Guillermo de Tiro, el califa Hakem en 1009 destruyó a nivel del suelo las cuatro iglesias, aunque los restos constantinianos de la rotonda del sepulcro se elevarían hasta 5 m. en algunos lugares, demostrando la imaginación exagerada del narrador. Reconstruidas las iglesias por Constantino IV Monómaco en 1048, fueron todas englobadas en una nueva basílica por los cruzados durante el s. xi; la decoración. con mosaicos y trabajo cosmatesco de la capilla del C. debió ser de gran belleza a juzgar por los restos llegados hasta nuestros días. En líneas generales la basílica cruzada se conserva hasta hoy en el área del C. con las variaciones a que se ha aludido anteriormente: se alargó la plataforma, se cubrieron columnas y capiteles dentro de toscos pilares para dar mayor solidez en vista de los estragos producidos por los terremotos y se decoró al gusto de la época.
      Culto. Ya Eteria (v.) describe minuciosamente los cultos, entre ellos la Misa, en el C. La tradición litúrgica se prosigue durante toda la época bizantina y será después integrada en rito latino por los cruzados. Hoy las tres comunidades a las distintas horas de sus liturgias celebran cultos en el C. No sólo se celebran Misas, especialmente solemnes los viernes, sino también procesiones armenas y latinas todos los días por la tarde con una o varias estaciones en el C. La devoción popular del Vía Crucis (v.) ha ubicado en el C. cuatro estaciones (loa a 13a). V. t.: SEPULCRO, SANTO..
     
     

 

V. VILAR HUESO.

 

BIBL.: J. GONzÁLEz ECREGARAY, Calvario, en Enc. Bibl. II, 5660; H. LES$TRE, Calvaire, en DB II,7787; B. MEISTERMAN, Guide de Terre Sainte, Guides Bleus, Moyen Orient, París 1956; D. BALDI, Enchyridion Locorum Sanctorum, 2 ed. Jerusalén 1955; L. H. VINCENT y F. M. ABEL, Jérusalem, Recherches de topographie, d'archéologie et d'histoire, París 1914; J. JEREMfAs, Golgotha, Leipzig 1926; L. H. VINCENT y A. M. STÉVE, lérusalem de l'Ancien Testament, I, París 1954; A. PARRoT, Gólgota y Santo Sepulcro, Barcelona 1963.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991