www.hispanidad.com  - 14-9-2001

Editorial

El nuevo orden moral.  

 

Tras el ataque terrorista contra Estados Unidos, la moral, miren ustedes por dónde, se ha convertido en el concepto de moda, y esperemos que no se trate de una moda pasajera. Porque no se trata de crear un Nuevo Orden Internacional (que ya hemos visto en qué consiste) sino un nuevo Orden Moral. Como siempre, Juan Pablo II ha ido un paso por delante de los líderes políticos y culturales (¿Existe algún líder cultural  en el mundo además del Papa?) y ha pasado del diagnóstico a la terapia: "Para sobrevivir y para prosperar, la democracia y sus estructuras políticas y económicas deben guiarse por una visión centrada en la dignidad y los derechos de la persona humana -y en clara alusión al aborto, ha añadido- desde la concepción hasta la muerte natural". 

Pero no sólo eso. El Papa explicó por qué al aborto y el resto de atentados contra la vida humana forman parte del mismo caldo de violencia terrorista y de violencia económica: "la libertad no puede subsistir en un clima cultural que mide la dignidad humana en términos estrictamente utilitaristas. Nunca ha sido más urgente que ahora revitalizar la visión moral y la determinación necesaria para mantener una sociedad justa y libre". Es decir, o la persona se le considera persona, por tanto inviolable, o es una cosa, y si es una cosa puede ser suprimida en el seno materno, utilizada en un avión kamikaze, como mera fuerza de trabajo para obtener un beneficio o como adepto, como simple medio para lograr un fin. Es igual, el principio es el mismo, y sólo cabría añadir que la moral no es troceable: o se aceptan todos sus principios o no se está aceptando ninguno. El Islam tiene la obligación de respetar la vida y la libertad, Oriente de considerar a la persona, no a la colectividad, Occidente de suprimir el aborto y repartir su insultante riqueza y su tecnología.

Juan Pablo II concreta los tres grandes enemigos de la humanidad: la pobreza, las enfermedades y la violencia. Y para que nadie le acuse de conformarse con una teoría (aunque nada más práctico que una buena teoría), el Papa habla de encontrar "nuevas respuestas" para evitar que los países ricos se aprovechen de la globalización de la economía y otros queden excluidos de las mismas. O lo que es lo mismo: la globalización no es mala, lo que es malo es cómo se está haciendo. 

Y todo estas palabras eran pronunciadas en la presentación del nuevo embajador estadounidense ante la Santa Sede, en cuya presencia el Papa hizo referencias al dolor que está sufriendo su pueblo, pero sin dejar de recordarle el compromiso de su Gobierno en el proceso de paz de Oriente Medio, compromiso que asumió el entonces presidente Bush senior en la Conferencia de Madrid sobre Oriente medio.

Pero ese nuevo Orden Moral, consistente en convertir al ser humano en la cúspide de los anhelos políticos y económicos, no es sólo responsabilidad de los políticos, que también. Por ejemplo, ese nuevo orden moral no se puede promulgar según intereses de grupo, sino el interés y los derechos de toda la humanidad. Por decir algo, Israel no es culpable de los asesinatos de Nueva York y Washington, lo son los terroristas, pero no se puede adoptar políticas como las del actual Gobierno de Jerusalén. Porque el "problema" judío no lo constituyen los habitantes de Israel, que bastante tienen con enfrentarse a un enemigo cruel, sino la influencia de la comunidad judía en Norteamérica. Lean los titulares de New York Times y Washington Post (ayer publicamos el de este último periódico en nuestra sección dedicada a Hispanoamérica) solicitando una respuesta militar inmediata de George Bush. ¿Respuesta contra quién, si todavía no hemos identificado a los asesinos? No se pueden matar moscas a cañonazos. Salvar al pueblo judío es importante, salvar a toda la humanidad mucho más: ese es el Nuevo Orden Moral, que no es otra cosa que la moral de siempre.

Y el Islam tiene que aprender a respetar a los demás. Sobre todo, tiene que respetar la libertad religiosa de los cristianos, como paso previo a ser admitido en cualquier alianza internacional. Protestan los musulmanes por la "criminalización" del Islam y nos muestran la prensa española las bolas de pintura lanzadas contra la mezquita madrileña de Moratalaz (por cierto, esa misma prensa guarda un exquisito silencio cuando esas mismas bolas se lanzaron en el exterior, y en el interior, de no una, sino al menos seis iglesias madrileñas). Es muy cierto, no hay que criminalizar al conjunto de los creyentes islámicos, pero también lo es que el déficit de libertad y respeto que existe en el mundo islámico hacia los que no siguen las normas de El Corán es demasiado profundo. Y no cabe aludir a la desesperación causada por la pobreza. Más pobre que el mundo islámico es el África negra y todavía no ha surgido una internacional terrorista en el continente más mísero de todos.  

Y más: en el vídeo propagandístico de Osama Bin Laden se ve a una serie de milicianos entrando en un edificio  disparando, y al fondo de ese edificio se observa una cruz, para que quede bien claro cuál es el objetivo de las ráfagas de ametrallador. Mientras, los talibanes hablan de la injusticia de un ataque aéreo contra Afganistán, pero continúan encarcelando a cristianos y cooperantes por el mero hecho de ser creyentes o humanitarios. Ya llevan 50.

Y ante ese Nuevo Orden Moral, lo mismo puede decirse de los medios informativos, verdadero eje de la cultural occidental, aún más que su clase política. Las televisiones y los diarios norteamericanos decidieron autocensurarse a la hora de emitir imágenes del salvamento de cadáveres en las Torres Gemelas. Sí señor, no hay que despedazar más de lo necesario los sentimientos de público norteamericano. Ahora bien, son esos mismos medios los que se han convertido en el almanaque de la pornografía y en el catálogo de la prostitución (de la que obtienen buenos réditos), otro atentado a la cosificación de las personas, especialmente de la mujer, o que se recrean en la violencia, real o de ficción, con tal de aumentar su audiencia y sus beneficios. Pues también tendrán que adecuarse al Nuevo Orden Moral, o el Islam, con toda razón, les advertirá que no admiten lecciones morales de un Occidente egoísta y corrompido.

Como no admitirán, en aras del Nuevo Orden Moral, una globalización que cierra las fronteras a los impecunes mientras el occidental medio está muy preocupado porque la "feroz" crisis económica le obliga a prescindir de su segunda vivienda o su tercer automóvil, mientras el Tercer Mundo no logra acceder al primer plato.        

Quien se ha encontrado a las puertas de la muerte valora en mucho la vida: como afirmaba un periodista español que había logrado sobrevivir al cerco de una enfermedad mortal, "yo ya no mato ni a una mosca". Pues bien, en la actualidad, la humanidad  entera se encuentra tan aterrada ante lo sucedido que es el momento de plantear el cambio, de volver al orden moral. Porque, en estos momentos, tras los atentados, y con la excepción del colectivo de fanáticos, todo el planeta se encuentra en la misma actitud del periodista desahuciado: propongo firmemente que no mataré ni a una mosca porque ahora siento lo importante que es la vida. 

Y conviene actuar con prontitud, antes de que el impacto de la brutalidad terrorista se desvanezca en la rutina de la indolencia.