Ganarse el respeto
a costa de coherencia 

-¿Le ha costado muchos rosarios irse a una multinacional informática?

Es la pregunta con la que Karmentxu Marín, la mentora del lobby abortero-feminista de El País, comenzaba la entrevista con la ex ministra de Medio Ambiente del Gobierno Aznar, Isabel Tocino. Para romper el hielo, y dentro de la campaña cómo hacer amigos entre los reaccionarios.

Ustedes pensarán que, ante tamaña impertinencia, un poquito cabronceta, la hasta ahora diputada del PP y próxima empresaria le habría indicado a nuestra muy progre escribana que la puerta de salida era la misma que por la que había entrado. Pero no. Guardó la compostura y decidió responder:

-No, absolutamente. Yo el rosario lo puedo rezar todos los días, pero esto es una decisión libre y pensada. (Al parecer, el rosario no es un decisión libre ni pensada, ni lo reza todos los días: sólo podría hacerlo).

Y como no hay dos sin tres, Karmentxu, la periodista de El País, hurgó un poquito más:

-¿Y usted qué le debe al Opus?

Respuesta:

-El haberme acercado a un Dios Padre que me ha llevado a aceptar cosas que no tienen justificación ni explicación humanas, como la muerte de una hija (la hija, de corta edad, de Isabel Tocino, se ahogó en la piscina de su propia casa).

Naturalmente, Karmentxu no podía insistir en un sarcasmo perpetreado sobre el cadáver de una criatura, así que decidió meterse con la madre, con cuestiones tan delicadas como si era la "ministra laca" o qué entendía ella de ordenadores. Ya se sabe que la solidaridad feminista implica eso: o eres feminista o eres idiota.

Por si algún lector hispano no entiende este ejercicio de odio africano, a cargo del diario más serio, ¡oh sí!, y más leído de España, se lo explico en dos patadas: resulta que Isabel Tocino es miembro del Opus Dei, así que comprenderán que para los chicos de Polanco, maestros de la tolerancia, todo el mundo es respetable. Todo el mundo... salvo un cristiano confeso. Y es que estos progres están muy crecidos. A la excelencia cristiana la castigan con el silencio, y al cristiano que no esconde su fe le martirizan como pueden. El País se cuidará muy mucho de defender a ese cristiano paquistaní situado en el Corredor de la Muerte, acusado de blasfemia (o sea, acusado de disputar con un vecino musulmán en defensa de sus ideas). Si el encarcelado fuera musulmán y el acusador cristiano, si se invirtieran los papeles, la progresía del señor Polanco correría ansiosa en socorro de tan odiosa vulneración de los derechos humanos. Y es que, como decía Chesterton:"Lo que produce una perplejidad práctica es el odio sincero y salvaje que sienten muchos europeos por la religión de su propio pasado europeo".

Y, dado que hablamos de una miembro del Opus Dei, El País se cuidará muy mucho de ensalzar que una novedad editorial como "Fuentes para la Historia del Opus Dei", haya vendido la primera edición en cinco días (con uno de huelga general de por medio). Porque los libros más vendidos muchas veces no figuran en la lista de vendidísimos.

Pero en parte tienen razón. Regresemos a nuestra Tocino. ¿Por qué se permite la babosilla (no es un insulto, es una definición) Karmentxu Marín ofenderla de tal forma, faltarle al respeto y dar rienda suelta a todo el odio que lleva dentro? Pues porque la propia Tocino no ha sabido hacerse respetar. Habla de su fe como con un cierto miedo y, por supuesto, ha obedecido la consigna del Partido Popular, donde mencionar a Dios es pecado mortal, y donde manifestarse como cristiano o defender la vida humana del no nacido es un boleto premiado para no obtener ningún cargo público durante el resto de tu vida, para salir de las listas electorales, las municipales incluidas. Así que nuestra babosilla Karmentxu no tiene justificación pero tiene algo de razón: el respeto hay que ganárselo, y hay que ganárselo con coherencia. 

El respeto al Cristianismo, el respeto a Dios, no existe porque los cristianos somos demasiado cobardes para exigirlo. El desfile del Orgullo Gay (del orgullo maricón) presento burlas a la Iglesia, con carrozas que representaban una farsa de la Virgen María y de las procesiones de Semana Santa. Los maricones son así de respetuosos. Delante de aquella injuria al sentir mayoritario de los católicos iban los líderes sindicales y los gerifaltes del PSOE e Izquierda Unida. Nadie protestó por la ofensa a los cristianos, ningún líder del PP se ha atrevido a levantar la voz. Así que, bien pensado, lo de Karmentxu tampoco es para tanto: a fin de cuentas, hay muchos que se lo tienen bien merecido.

Eulogio López
www.hispanidad.com