¿Debemos creer a
Zapatero?
Trabajé
con César Alonso de los Ríos en el fenecido El Independiente. Curioso
nombre para un periódico que tuvo una comienzo glorioso (en especial cuando fue
semanario) y acabó por depender de todos y de todo. En la redacción había
representantes de todas las familias ideológicas democráticas, y a don César
le tocaba el apellido socialista. Socialista fue, y ejerció en la
Administración de Felipe González. Sólo que luego evolucionó y hoy
escribe artículos más que interesantes en el ABC centro reformista.
Interesantes, especialmente por ser poco centro reformistas. Los socialistas,
por supuesto, no le perdonan el cambio. Dicen, los políticos siempre resultan
muy originales, que es un traidor.
Se asombra don César, con cierto agrado, de la evolución de la
izquierda socialista española. Primero aceptaron la propiedad privada (añade
que con mucho entusiasmo, lo cual es una maldad que puede provocar mucho bien),
luego descubrieron que lo del patriotismo no tenía por qué ser necesariamente
malo, y ahora le toca el turno a la familia. El PSOE está preocupado
("cosas veredes, Sancho") por la bajísima natalidad, imagen
misma de una sociedad temerosa y aburrida, y quieren incentivar la maternidad
como siempre ha incentivado la izquierda: con subvenciones. Eso sí, el cambio
es gradual, por lo que existe un socialismo veinteañero o sesentón, (que en
esto y en otras muchas lides coinciden ambas generaciones) que sigue hablando de
los muy diversos tipos de familia existentes. Pero resulta que, de esa panoplia
de presuntos modelos familiares, sólo uno produce hijos: la reaccionaria y
carpetovetónica familia tradicional: es decir, uno con una y para siempre.
Es más, el plan del PSOE para la familia no hace tantos distingos como la Ley
del derechista, o centro reformista, gobierno madrileño, que preside Ruiz
Gallardón, y que reconoce hasta cinco tipos de familia (o sea, avanzamos
hacia los 300 tipos de familia lanzados por el también aznarista Instituto de
la Mujer. Por ahora, tenemos cinco, pero todo se andará). No, los socialistas sólo
dicen que hay que fomentar la natalidad entre las mujeres trabajadoras. Es
decir, que al final, va a resultar que la izquierda defiende más a la familia
que la derecha. Y tiene su razón: Ya dijo Chesterton que el divorcio era
cosa de ricos. Los pobres y la clase media ya tienen bastante con una mujer: la
suya.
Don César se divierte mucho con este regreso de la modernidad a la
tierra del sentido común. Se trata de un regreso a medias, ciertamente, pero
regreso de todas formas.
Y alude don César, también a la obsesión de la izquierda por el orden
social, por el aumento de la delincuencia y por la necesidad de que los
elementos más indeseables de la sociedad no se aprovechen del Estado de Derecho
y de las libertades públicas. Es decir, otra entrada en el predio tradicional
de la derecha.
Podría añadirse otro factor: el equipo de José Luis Rodríguez Zapatero
está empeñado en tender una mano (al parecer, no al cuello) a la Iglesia, y
don Ramón Jáuregui se ha convertido en el enlace entre socialistas y
cristianos. Es decir, que la izquierda está pasando de Cristianos por el
socialismo a socialistas por el Cristianismo, otra novedad del siglo XXI. Y así,
el señor Jáuregui destaca, un día sí y otro también, la cercanía
entre caridad y solidaridad y entre moral y ética.
¿Debemos creer los católicos en la rectitud de intención de Zapatero?
Pues no lo sé. Son demasiados años de bofetadas a cuestas... Pero el caso es
que mientras el centroreformismo de Aznar se dedica a fustigar a la
Iglesia, el PSOE de Zapatero se aproxima a ella. Probablemente busque el
voto católico de forma interesada, pero es que el PP no se molesta ni en
buscarlo.
La verdad es que en este camino de la izquierda comecuras a la comprensión del
hecho cristiano, que no es otra cosa que el alejamiento zapateril del
progresismo felipista, aún queda un largo camino por recorrer. Pues bien, el día
en que el PSOE comience a defender la vida de la persona no nacida, es decir, el
día en que la izquierda se decida por la cultura de la vida, se abrirá una
nueva etapa en la izquierda española. Es una asignatura pendiente que ninguna
izquierda europea ha afrontado. Pero ya se sabe que los partidos son muy miméticos.
Y es que hay algo que la nueva derecha está olvidando: un cristiano no tiene
necesidad de ser ni de izquierdas ni de derechas: le basta con su cosmovisión
del mundo. Pero las izquierdas y las derechas sí necesitan electores que voten
algo más que economía o intereses inmediatos. Más que nada porque tanto la
economía como los intereses son eso: inmediatos y muy fugaces.
Eulogio
López
Hispanidad.com