El Observador
Periodismo católico para la familia de hoy
9 de septiembre de 2001 No. 322
SUMARIO
Septiembre, mes de la patria
y... en el mes de la Biblia te sugerimos...
¿CÓMO DIJO? La verdad: no estamos
decepcionados
EL CRISTIANISMO ORIENTAL Descubriendo el
valor del sufrimiento y del dolor
REPORTAJE Millones de hombres son
golpeados en sus hogares
Revelación histórica: Hitler ordenó
atacar al Vaticano y deportar a Pío XII
PICADURA LETRÍSTICA Las máscaras
van al cielo
Premiar al Papa, sí o no
DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA Sólo Dios basta
PANTALLA CHICA El destino fatal de vivir sin tele
ORIENTACIÓN FAMILIAR Dejé al padre de mi
hija
PINCELADAS El esclavo y la tempestad
Septiembre, mes de la patria y...
en el mes de la Biblia te sugerimos...
EL OBSERVADOR / Redacción *
«Ignorar las escrituras es ignorar a Cristo»
(San Jerónimo, fiesta 30 de septiembre).
1.
Leer este resumen del Catecismo de la Iglesia Católica (134-141):
Toda
la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, «porque toda la
Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo»
(Hugo de San Víctor).
«La
sagrada Escritura contiene la Palabra de Dios y, en cuanto inspirada, es
realmente Palabra de Dios» (DV 24). Dios es el Autor de la Sagrada Escritura
porque inspira a sus autores humanos: actúa en ellos y por ellos. Da así la
seguridad de que sus escritos enseñan sin error la verdad salvífica (cfr. DV
11).
La
interpretación de las Escrituras inspiradas debe estar sobre todo atenta a lo
que Dios quiere revelar por medio de los autores sagrados para nuestra salvación.
Lo que viene del Espíritu sólo es plenamente percibido por la acción del Espíritu
(cfr. Orígenes, hom. in Ex. 4,5).
La
Iglesia recibe y venera como inspirados los 46 libros del Antiguo Testamento y
los 27 del Nuevo. Los cuatro evangelios ocupan un lugar central, pues su centro
es Cristo Jesús. La unidad de los dos Testamentos se deriva de la unidad del
plan de Dios y de su Revelación. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo
mientras que éste da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente;
los dos son verdadera Palabra de Dios.
2.
Entronizar la Biblia:
Significa
ponerla en un trono. Porque está en la sede de nuestro corazón se le coloca en
lugar escogido de la casa y puede ser el oratorio familiar, ya que la familia es
la iglesia doméstica. Ubica un crucifijo que te recuerda que el criterio católico
para entender toda la Escritura Santa es el misterio pascual de Cristo; ubica
una imagen de la Santísima Virgen, de preferencia la imagen de la Virgen de
Guadalupe, porque ella es modelo de escucha de la Palabra y criterio para poner
en práctica la Palabra del Señor, y para ser dichosos como ella porque creyó
en la Palabra de Dios (cfr. Lc 1,45).
3.
Iniciar la práctica de la “lectura orada” de la Sagrada Escritura a nivel
personal o familiar:
La
oración debe acompañar a la lectura de la Sagrada Escritura, a fin de que se
establezca un coloquio entre Dios y el hombre, puesto que «con él hablamos
cuando oramos, y a él escuchamos cuando leemos los divinos oráculos» (S.
Ambrosio).
a) Ponerse en la presencia de Dios, porque Dios Padre
nos va entregar a su Hijo Palabra en nuestro corazón como hijos de la Iglesia.
b) Invocación al Espíritu Santo, para que sea él
quien nos ilumine y nos conduzca a la plenitud de Revelación en la Iglesia.
c) Invocar la intercesión de la Virgen, Icono de la
Iglesia y modelo de oración.
d) Leer pausadamente un pasaje de la Escritura (te
sugerimos en este mes el Evangelio de San Juan). Qué dice literalmente (te
pueden ayudar las notas explicativas para entenderlo mejor). Confrontar la
Palabra de Dios con mi vida personal, familiar y social
e) Comprometerme con la Palabra escuchada para que así
se cumpla aquello de “Dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la ponen
en práctica”.
f) Responder con una oración de acción de gracias,
de alabanza o de petición según nos inspira la misma lectura, o un salmo.
g) Terminar con la recitación pausada del Gloria
al Padre, del Padre Nuestro y del Ave María.
* Con información del Pbro. Prisciliano Hernández
Ch., ORC.
¿CÓMO DIJO?
La verdad: no estamos decepcionados
(Columna colectiva. Responsable: Jaime Septién)
Hoy en día es lugar común leer sesudas
interpretaciones en los periódicos y las revistas (que siempre incluyen comentarios de Roberto
Blancarte y Alberto Barranco, parece que son los dos únicos que “saben” de
qué va la onda) sobre “la decepción” de los católicos, en especial de los
obispos y sacerdotes, ante las políticas seguidas en el régimen de Vicente Fox.
Hombre, no es para tanto. Hay, sí, un hecho
objetivo: Vicente Fox propuso un
decálogo por ahí del 6 de mayo de 2000, que, hasta ahora no ha cumplido ni mínimamente.
Pero la propuesta fue de él, no de la Iglesia católica.
Ésta tiene 20 siglos de enfrentarse al poder:
no iba a cambiar por un plato de lentejas su misión que, dicho sea de
paso, nada tiene que ver con la conformación de un poder temporal.
Según los reportes periodísticos, los católicos
mexicanos andamos de capa caída, como
si alguien nos hubiera dado con la bota en el estómago. No es cierto. Primero,
porque la Iglesia —que somos todos los bautizados— exige libertad pero no
espacios de poder, y, segundo, porque su fidelidad está con la Ley de Dios,
nunca con las leyes de los hombres.
A los católicos jamás se nos podrá ver como un
obstáculo para el desarrollo equitativo, antes al contrario, nuestro mandato es
único: saber que todo aquello que hagamos (o no hagamos) por los pobres, es a
Cristo al que se lo hacemos (o se lo dejamos de hacer). Los analistas que tanto
se llenan la boca de ansias por gritar que la Iglesia católica quiere el poder,
¿habrán, alguna vez, meditado sobre la importancia de la misión de la Iglesia
en el mundo?
Nosotros mismos no lo aquilatamos como deberíamos. Envueltos en el ambiente de mediocridad que nos
rodea, dejamos escapar frases pesimistas, como si la Iglesia dependiera del
orden político. La Iglesia tiene por único Señor a Cristo. Lo que haga en su
favor o en su contra el orden político no añade ni resta al mandato de amar a
los pobres, socorrerlos en sus necesidades y evangelizar al mundo.
Ahora bien, si a lo que se refieren los críticos es
a las condiciones sobre las que se desenvuelve la libertad religiosa, tienen razón:
los católicos somos —por obligación— muy ambiciosos.
Queremos lograr que todo a nuestro alrededor (la política, la economía,
la educación) tenga el espacio para reflejar el rostro de Cristo, para hacer de
Cristo el motor de la historia. Quizá eso sea lo que no les gusta.
Ellos han de querer (como antaño muchos líderes políticos) a Cristo
encerrado en la Iglesia, entre inciensos y sacristanes.
Nunca más Cristo así.
Tras el Jubileo del 2000, tras un año santo
de reconciliación, conversión y purificación de la memoria, la Iglesia de
hoy está preparada para renovar la lucha y extender el Mensaje de Cristo vivo
hacia el mundo.
EL
CRISTIANISMO ORIENTAL
Columna
coordinada por el P. Yaacoub Badaoui O.L.M.
Descubriendo el valor del sufrimiento y del dolor
Santa Rafqa ElRayes (1832-1914)
Por Mons. Georges Abi Younes O.L.M., superior de la
Orden Libanesa Maronita en México.
¿Cómo
puede encontrar el hombre moderno aquello que lo impulse a encontrar un estímulo
para superar las difíciles condiciones de su vida?
Una de
las formas será aprendiendo a “respirar con sus dos pulmones”, el oriental
y el occidental, y no sólo con este último, como ha sido la costumbre histórica
del hombre en la Iglesia católica. El mundo católico en particular, y todo
hombre en general, pueden nutrirse del misticismo y la religiosidad viviente de
las Iglesias católicas orientales. En México tenemos la oportunidad de vivirlo
a través de la Iglesia Maronita, cuyo obispo, el P. Wadih Boutros Tayah, tiene
su sede en la Catedral Maronita de la céntrica iglesia de Nuestra Señora de
Balvanera, así como también en el sur de la ciudad, en la parroquia de Nuestra
Señora del Líbano, de la Orden Libanesa Maronita.
El 10
de junio en la plaza de San Pedro tuvo lugar la canonización de la primera
santa de los tiempos modernos
perteneciente a una Iglesia oriental: Rafqa (Rebeca) ElRayes, de la Orden
Libanesa Maronita, beatificada con anterioridad en 1985 por el papa Juan Pablo
II, y que se une a san Charbel Makhlouf y al beato Nemetala Kassab Al-Hardini,
los tres de la Orden Libanesa Maronita (OLM).
Rafqa
nació en Hamlaya, en el corazón del Monte Líbano, el día de san Pedro y san
Pablo, por lo que fue bautizada Boutrosieh (Pedra). Ingresó en la congregación
de las Religiosas de María, siendo Rafqa (Rebeca) el nombre que adopta cuando a
los 39 años de edad entra en el convento de clausura de San Simeón Estilita,
perteneciente a la Orden Libanesa Maronita. Se encuentra en la ciudad de Deir
el-Kamar durante las masacres del Chouf, perpetradas en 1860 por los drusos
contra los cristianos, siendo afectada por las matanzas y padeciendo varias
veces el tormento del éxodo forzado de una región a otra. Siguiendo la
invitación de san Pablo a ofrecer, con el ejemplo de Cristo, nuestros
sufrimientos por la salvación del mundo, Rafqa (Rebeca) acepta con gozo todo
tipo de enfermedades, acompañadas por terribles dolores físicos (ceguera, parálisis,
etc.) después de haber pedido a Cristo Crucificado poder participar de sus
sufrimientos. En 1897 fundó con otras cinco religiosas el convento de clausura
de Jribta, donde permaneció hasta su muerte y donde se encuentra hoy su tumba.
La
vida de la primera santa libanesa de los tiempos modernos refleja la de la
comunidad maronita, “caracterizada por el sufrimiento y el dolor, que nos
exhorta a superar las dificultades actuales», dijo el cardenal Nasrallah Pierre
Sfeir, patriarca de la Iglesia Maronita.
Matanzas,
éxodos, persecuciones raciales, religiosas y sociales; enfermedades,
sufrimiento y dolor... No cabe duda de que Rafqa es una santa de nuestros
tiempos, una cuya vida nos enseña a aceptar todos estos infortunios con gozo,
descubriendo en ello, de forma increíble, su valor salvífico.
Si deseas ahondar en el conocimiento de la Iglesia
Maronita en particular, o de las Iglesias Católicas Orientales en general, te
puedes comunicar a esta columna en la dirección de internet: “Yaacoub
Badaoui” <rodobooks@yahoo.com>
REPORTAJE
Millones de hombres son golpeados en sus hogares
Por Diego García Bayardo
Un
dogma feminista, ampliamente difundido por los medios, afirma que “los hombres
son responsables del 90% de la violencia familiar”. Los estudios científicos
han demostrado que esto no es cierto, que las mujeres son por lo menos igual de
violentas que los hombres y que, en algunos aspectos, la violencia femenina
puede ser más destructiva y de mayor alcance que la ejercida por el clásico macho
de los mitos.
La
violencia intrafamiliar es un problema mundial de extrema gravedad. Destruye a
las personas, divide a las familias y deja en las víctimas secuelas psicológicas
de consideración. Seguramente para cualquier persona de buena voluntad es de
crucial importancia el combatir y prevenir la violencia doméstica. Pero en todo
el mundo la lucha contra esta forma de violencia está partiendo de bases
equivocadas; de ideas que no salieron de estudio científico alguno, sino de la
propaganda feminista solamente.
Diversos
estudios científicos realizados a partir de los años 70’s han demostrado,
contra toda idea preconcebida, que muchos hombres son golpeados severa y
frecuentemente por sus novias o esposas y que las mujeres son al menos tan
violentas como los hombres. Las investigaciones permitieron descubrir que:
1.-
Las mujeres son tres veces más propensas que los hombres a usar armas al
cometer actos de violencia marital.
2.- En
los casos de violencia marital, las mujeres inician los golpes en la mayoría de
los casos.
3.-
Las mujeres cometen más actos de violencia contra niños y ancianos.
4.-
Las mujeres violentas golpean más seguido y más fuerte a sus hijos varones que
a las niñas.
5.-
Los asesinatos de niños son cometidos en su mayoría por mujeres, y el 64% de
las víctimas son hijos varones.
Estos
resultados difieren enormemente de lo que suelen decir los medios, contradicen
los clásicos slogans feministas y cuestionan todo el aparato anti-masculino
de las organizaciones de defensa de la mujer. La razón de que la verdad sea tan
poco conocida es una combinación de ignorancia y mala fe. Los hombres que han
sido golpeados por sus mujeres rara vez denuncian ante la policía o en los
tribunales a sus agresoras, pues sienten una vergüenza profunda por la debilidad
que eso implica; su imagen masculina se encuentra muy disminuida, la figura del macho
les impide hablar, saben que muchos se burlarán de ellos y además saben que
ningún juez va a creer que ellos puedan ser alguna vez las víctimas de la
violencia marital. Además, los hombres golpeados tienen el mismo problema de
baja autoestima que caracteriza a las mujeres golpeadas, así como la misma
convicción de que si se les golpea es porque “tienen la culpa” de lo que
les pasa. El resultado es que de todos los hombres que ingresan a los hospitales
por heridas causadas por su pareja, sólo el 1% hace la denuncia ante la policía.
Como las feministas usan las estadísticas policiales de denuncias como única
fuente, de ahí sacan la idea de que el hombre es el agresor en más del 90% de
los casos, así como el estereotipo del hombre=villano, mujer=víctima.
La
verdad sobre la violencia femenina es ocultada deliberadamente en muchos casos.
Cuando el Dr. R. L. Mc Neely, de la Universidad de Wisconsin, publicó sus
descubrimientos sobre violencia doméstica, recibió mensajes de feministas que
amenazaron con hacer valer sus influencias en Washington para que Mc Neely
perdiera los fondos que recibía para sus investigaciones. Cuando Suzanne K.
Steinmetz publicó The Battered Husband Syndrome (El síndrome del
esposo golpeado), fue hostilizada por feministas radicales, las cuales la
amenazaron no sólo de lastimarla a ella, sino también a sus hijos. Hay mucho
dinero detrás de la asistencia a mujeres golpeadas, y si se publicara que las
mujeres no son necesariamente las víctimas, las feministas se quedarían
inmediatamente fuera del negocio.
La
solución de este problema está en que la verdad se difunda, que se reconozca
el papel de víctimas tanto a los hombres como a las mujeres y que los programas
de asistencia social, legal y psicológica no sean sólo para mujeres, sino para
la familia como totalidad, sin prejuicios feministas o anti-masculinos. Sólo
entonces cederá el círculo pertinaz de la violencia doméstica.
Descubrimientos sobre la
violencia femenina
Estadísticas
levantadas en Estados Unidos revelaron que:
1.- El 41%
de los asesinatos maritales fueron cometidos por las esposas.
2.- En el 55% de los casos de hijos asesinados por uno
de sus progenitores la madre fue la asesina.
3.- En los matrimonios donde uno de los cónyuges mata
al otro, el 47% de los muertos son hombres y el 53% mujeres.
4.- El 11% de los matrimonios en EU y Canadá reconoce
que se han cometido actos de violencia en su interior; en contraste, el 54% de
parejas de lesbianas ha reportado violencia interna, lo cual parece indicar
mayores tendencias agresivas en la mujer que en el hombre.
5.- Las mujeres inician los golpes en más del 50% de
los casos y además tienden a usar más algún tipo de arma. Los hombres que
golpean usan, mayoritariamente, manos y pies. Las mujeres que golpean usan, por
lo general, manos, implementos de cocina, objetos contundentes, agua hirviendo,
etc.
Varios
investigadores han señalado que las estadísticas en otros países del mundo
son muy similares. Por otra parte, un estudio a gran escala realizado en EU en
los años 70’s y 80’s dio la información, tan difundida por las feministas,
de que en ese país una mujer es víctima de violencia marital cada 15 segundos.
Lo que no se publica nunca es que ese mismo estudio demostró que en EU un
hombre sufre violencia marital cada 14 segundos. También se descubrió que a
partir de los 80’s la violencia masculina ha disminuido, mientras la violencia
femenina ha aumentado.
Para
saber más...
En
Internet, la organización Vida Humana Internacional nos ofrece una síntesis
muy buena del problema de la violencia contra los hombres en:
www.vidahumana.org/vidafam/violence/hombres.html
También
en Internet se puede leer un completísimo tratado sobre este problema en el
sitio:
www.vix.com/menmag/batsewel.htm
Se trata de un texto en inglés, pero vale la pena
porque contiene datos y estadísticas, argumentaciones, testimonios y mucho más.
Revelación histórica: Hitler ordenó atacar al
Vaticano y deportar a Pío XII
Durante la presentación de un revelador libro sobre
la vida del papa Pío XII, el ex presidente italiano Giulio Andreotti reveló un
desconocido episodio histórico producido el 8 de septiembre de 1943: la orden
dada por Adolf Hitler de tomar el Vaticano a sangre y fuego y deportar a Pío
XII.
Andreotti hizo el anuncio en Rimini, durante la
presentación del libro del investigador Andrea Tornielli titulado «Pio XII.
El Papa de los Hebreos», publicado por la editorial italiana Piemme.
La presentación de la obra contó también con la
presencia del rabino de Nueva York, David Dalin, quien señaló que el papa
Pacelli, injustamente fustigado por algunas organizaciones judías, es «un
gentil justo».
«Él fue un gran amigo de los hebreos y merece ser
proclamado Justo entre las Naciones, porque ha salvado a muchos de mis
connacionales, incluso más que Schindler... por lo menos 800 mil según algunas
estadísticas. Y es correcto que también los líderes de la comunidad hebrea
internacional recuerden el gran bien hecho por el Papa», agregó el Rabino.
Durante la presentación de la obra, Andreotti señaló
que las acusaciones contra el papa Pacelli «no sólo son una tontería, sino
una falsedad histórica», y reveló a los presentes el recuento estenográfico
del general Wolff, jefe de las temidas SS en Italia. El oficial nazi relató que
Hitler le dio la orden de «destruir el Vaticano» y de arrestar al Pontífice
para luego desterrarlo.
Tornielli explica en su libro que el «Führer»
montó en cólera tras la firma del armisticio entre el gobierno italiano del
mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre de 1943, y ordenó al cuerpo
de élite de las SS arrasar «a sangre y fuego» la Santa Sede.
El destierro, según el recuento del general Wolff,
se habría producido en el pequeño Liechtenstein, el ducado entonces neutral.
El General, opuesto a aplicar la orden de Hitler, solicitó un encuentro
reservado con el Papa, a quien le reveló las intenciones de su líder. Luego
Wolff logró disuadir a su superior para que la orden no tuviera que cumplirse.
El rabino Dalin dice: «Nunca un Papa ha sido más
felicitado por los hebreos. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial
y en los años sucesivos, cientos de manifestaciones de estima por Pío XII
llegaron de las máximas autoridades de Israel, desde Golda Meyr al Gran Rabino
de Jerusalén, Isaac Herzog, del Secretario del Congreso Mundial Hebreo, que donó
al Pontífice 20 mil dólares en signo de gratitud, hasta el rabino de Roma Elio
Toaff».
Acabar la leyenda negra contra Pío XII
El libro El Papa de los Hebreos sale a la luz
cuando está en marcha el proceso de beatificación de Pío XII, rechazado por
algunos sectores de la comunidad judía.
El Vaticano, para que el pueblo judío pudiera
examinar el papel de la Iglesia durante el Holocausto, inició una comisión
investigadora judeo-católica. Sin embargo, a fnales del mes de julio dicha
comisión fracasó por disputas internas. Algunos judíos de la comisión
estuvieron infiltrando comentarios distorsionados a los medios de comunicación.
Los miembros debían analizar los 12 volúmenes de
la obra Actes et Documents du Saint Siège relatifs à la seconde guerre
mondiale, en la que se recogen todos los documentos del archivo de la Santa
Sede durante la Segunda Guerra Mundial, pero la parte judía no cumplió con lo
que se le encomendó. Prefirió mentir diciendo que la Santa Sede tenía
documentos comprometedores en los archivos vaticanos, y que no le permitía el
acceso a ellos.
Fuentes: ACI y ZENIT.
PICADURA LETRÍSTICA
Las máscaras van al cielo
Por J. Jesús García y García
«...por lo menos habría que demostrar que el arte
y la religión son incompatibles,
cuando en realidad están llamados a entenderse y
armonizarse».
M. S. GILLET
El título de hoy es plagio del de una obra de Juan
Guerrero Zamora, publicada allí por el lejano 1954, cuyo enfoque es hacia el
acontecimiento teatral en general, con predilección de la autoría, en tanto
que el mío es completamente hacia ese ser extraño, a menudo ridículo, que es
el actor.
Nunca fue más grave que hoy el conflicto moral de
los artistas y, para particularizar, el de los actores. Muy criticados fueron éstos,
desde antiguo, con argumentos que hoy son casi leves sutilezas, como el de que
no tendrían derecho a fingir, ya que fingir es una forma de la mentira, y que,
por lo tanto, es intrínsecamente malo el hacerse pasar por otro. Y los llamaron
hypocrités, concepto que, debidamente castellanizado (hipócrita), es
hoy completamente peyorativo.
Es un trágico ser el actor. No sabe cuándo la
sociedad lo va a vilipendiar. Cuentan que a Molière se le negó sepultura en
sagrado y que en la España del siglo XVIII las autoridades eclesiásticas se
oponían a administrar los sacramentos a los actores, al paso que la autoridad
civil, además, privaba a los histriones del goce de otros derechos, quitándoles
la facultad de recibir legados, mandas, etc. Bossuet, La Bruyère y Leon Bloy
los pusieron como lazo de cochino: para éste último, la condición de actor es
«la vergüenza de las vergüenzas» y la vocación teatral «la más baja de
las miserias». A Louis Jouvet le dijeron en su casa, tratando de disuadirlo del
arte escénico: «el teatro es un oficio vergonzoso», pero al teatro fue a dar
finalmente con una vaga obstinación. «La vergüenza del teatro y su indignidad
—concluye él mismo— no van más allá que las vergüenzas e indignidades
que se pueden encontrar en otras profesiones. Yo desafiaría el deshonor y
probaría a toda mi familia que no hay vergüenza alguna en recitar versos, ni
la menor indignidad en permitir circular dentro de uno los sentimientos y las
ideas nacidas del corazón de Shakespeare, Racine, Molière o de Musset».
Pero también al actor lo pueden poner por las
nubes, o incluso, condecorarlo (por ejemplo,entre otros, Laurence Olivier y Alec
Guinness fueron sires, es decir, caballeros de la élite británica, y el
francés Louis Jouvet fue designado caballero de la Legión de Honor).
Pero los tiempos han empeorado. El arte —y
particularmente el arte escénico— se ha convertido, por empeño de los
empresarios y de agentes diversos de la amoralidad, en el más temible enemigo
de la religión, en el disolvente más eficaz de las conciencias. La industria
cinematográfica-televisiva-teatral, por motivos de interés monetario, explota
todos los apetitos individuales, halaga todas las pasiones y en todo el mundo
quiere encender deseos sensuales. Dominan el encueratismo (perdón por el
horrible vocablo), la procacidad y la irreverencia, excitando peligrosamente
pasiones viciosas.
Por otra parte, la fama afecta la psiquis de muchos
actores que se lanzan al escándalo social, a la incurrencia en los antivalores,
desde meras extravagancias hasta verdaderas canalladas. Su egolatría lleva a
esos tales a repudiar la decencia como cosa irrisoria o, más aún, como incómoda
retrogradación, escudados en un real o aparente indiferentismo religioso.
En estas circunstancias, ¿puede el Espíritu Santo
soplar en el alma de los artistas? ¿Puede ayudar san Ginés, patrono de los
actores y de los payasos?
Evidentemente los actores tienen perfecto derecho, puesto que es su
deber, de tener una vida espiritual y de cuidar de ella. Pueden vivir
cristianamente, a condición de que también ellos se dediquen a cooperar en la
acción de la gracia sobre sí mismos, por la práctica de las virtudes propias
de nuestra fe. Hay que devolverles un poco de la confianza en Dios y en sí
mismos que perdieron en otros tiempos en que se les trataba con desconfianza
como a ciudadanos y cristianos de segunda clase, cercenados a un tiempo del
mundo y de la comunión de los santos, desconfianza que, sin quererlo nosotros,
parece retornar en estos calamitosos días por culpa de los que hacen una atmósfera
envenenada.
Por su lejanía en el tiempo ya no se le recuerda
como antecedente, pero en 1927, con asistencia semanal a Misa y con
supervivencia de por lo menos dos años, funcionó en París una Asociación Católica
del Teatro, que se definía como «una asociación que agrupa a los
profesionales del teatro o de otros espectáculos, con el fin de afianzar su
vida espiritual». Y se editó un libro, El credo de los artistas, con
las interesantes al par que amenas pláticas dominicales que estuvo dirigiendo a
los asociados el padre M.S. Gillet, O.P. Aquello es digno de que hoy fuera
imitado, porque las máscaras, ciertamente, pueden ir al cielo si se lo
proponen.
Vale en el caso lo que
Cristo afirmó: «Yo no he venido por los justos sino por los pecadores».
Premiar al Papa, sí o no
Por Diana R. García Bayardo
Todos los años —desde hace algunos— aparece el
nombre de Juan Pablo II entre la lista de los candidatos al Premio Nobel de la
Paz. Sus acciones en pro de la paz mundial son muchas y conocidas, y le han
valido numerosos premios. El mes pasado, por mencionar un caso, la institución
italiana «Perdonanza Celestiniana» decidió concederle la primera versión de
su premio por la paz.
El caso del Papa no es el primero de un católico al
que se le reconoce su lucha por las causas justas. Recordemos que la madre
Teresa de Calcuta se hizo merecedora al Premio Nobel de la Paz en 1979, y que
monseñor Carlos Felipe Ximenes Belo lo obtuvo en 1996 por su trabajo orientador
para alcanzar una solución pacífica en el conflicto de Timor Oriental.
También a muchos otros católicos, cargados de méritos,
se les ha nominado para el prestigioso Premio Nobel. Hay quien dice, sin
embargo, y creo que con mucha razón, que las nominaciones al Nobel están cada
vez más cargadas de maña y de
tintes políticos. Y, ciertamente, algunas se ven muy turbias. Aquí, en México,
por ejemplo, el PRD, uno de los grandes promotores de los valores
anticristianos, muy presto impulsó en varias ocasiones la candidatura de monseñor
Samuel Ruiz al Premio Nobel de la Paz, quizá porque percibía simpatías con la
izquierda en sus actividades pastorales.
Es difícil ser totalmente imparciales. Todo lo que
hacemos va acompañado en algún grado de nuestros intereses, de nuestra ideología.
Y es por eso que el obispo luterano de Oslo, Gunnar Staalseth, ve difícil que
algún día Juan Pablo II reciba el Nobel de la Paz. Él es uno de los jueces
del comité encargado de otorgar el galardón, y sabe bien que el Papa ha sido
una de las figuras decisivas para el final de la Guerra Fría, y que ha sido
mediador para alcanzar la paz entre varios países; pero tiene un «defecto»:
se opone a la promiscuidad sexual y propone el amor y la fidelidad
matrimonial como mejor preservativo contra el SIDA. Eso, según las tendencias
del nuevo orden mundial impulsado por organismos internacionales tales como la
ONU, convierte al Papa en un ser repudiable.
Staalseth dijo el 21 de agosto ante Kofi Annan, el
secretario general de la ONU: «La actual teología romana católica está más
a favor de la muerte que de la vida (...).Desafío al Vaticano a que replantee
su posición sobre los preservativos».
El nombre del ganador del
Premio Nobel de la Paz 2001 será hecho público el próximo mes de octubre. Y
adivine qué: no será Juan Pablo
II.
DESDE
EL CENTRO DE AMÉRICA
Sólo Dios basta
Por Claudio de Castro S.
¿Quién
podrá comprender el valor del misterio eucarístico y las gracias
innumerables que recibimos al participar dignamente y con devoción de la santa
Misa? Alguien escribió una vez que si las personas entendieran esto tendríamos
que poner guardias a los costados de las puertas de los templos, pues las
personas asistirían masivamente y los abarrotarían.
En las
iglesias se encuentra el gran tesoro de Dios: Su Hijo unigénito. Habitando
silencioso en el sagrario, en espera por nosotros. Nada, salvo una lucecita
roja, da a entender que Él se encuentra allí.
Verdaderamente
es un misterio, algo incomprensible para nosotros, saber que cada vez que
comemos ese pedacito de pan en verdad recibimos a Jesús de Nazaret. Al
amigo tierno y bueno.
Oh, si
tan sólo lo supiéramos. Jesús, el Humilde, el Bueno, el Amigo, el que dio su
vida por nosotros, el que resucitó, el que es Rey y Todopoderoso, el Hijo de
Dios, nos espera en la Eucaristía. La búsqueda para muchos terminaría al
reconocerlo... Jesús estaba tan cercano y nosotros le buscábamos sin
encontrarlo; porque buscábamos mal. Queríamos llenar nuestras vidas con tantas
cosas. y ninguna nos llenaba.
Ya lo
decía santa Teresa: «Dios es y basta». No necesitamos más. Dios todo
lo suple y todo lo da en abundancia. Hace falta tener un encuentro
profundo con Dios. Dejar a un lado el orgullo, los odios, la violencia,
el temor, la avaricia, la inseguridad. y seguir la senda que conduce a
la casa del Padre. Cuando sigas el camino correcto la luz del creador inundará
tu alma para que no te vuelvas a
perder.
PANTALLA CHICA
El destino fatal de vivir sin tele
Grupo Inter Mirifica
Si por algún siniestro motivo
tuviera que vivir sin mi tele...
¿Qué haría yo? ¿En qué podría
gastar las horas sobrantes de mi larga vida? ¿Qué pensaría yo?
Tal vez tendría que pensar
pensamientos reales, encontrarme conmigo mismo, con lo que soy, ¡y eso sería
terrible!
Tal vez observaría lo que me
rodea y posiblemente tendría que modificarlo o mejorarlo; eso implicaría un
gigantesco esfuerzo.
SI no pudiera ver más mis
telenovelas, mis programas... ¿qué otro pretexto podría inventar para
desatender a mi familia? ¿Qué otro invento ocultaría mi pereza y mi pérdida
de tiempo?
Necesito
mi tele porque ella me resguarda de la realidad, me enseña un mundo fácil y
ligero; aquí se tiene que trabajar. Necesito mi tele para mirarla; sin ella
no tengo conversación. No me gusta leer porque el libro me pesa en las manos
y las pestañas se me debilitan; prefiero ver la tele. Necesito mirarla porque
ella no me mira. Sin ella tendría que mirar de nuevo a los ojos de mi cónyuge,
y ya he olvidado de qué color son. Sin ella tendría que voltear a ver a mis
hijos, apurarme para abrazarlos, porque recordaría que están creciendo y que
muy pronto se irán.
ORIENTACIÓN
FAMILIAR
Dejé al padre de mi hija
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Soy
madre soltera. El papá de mi hija es divorciado. Teníamos muchos años de
relación, incluso vivíamos juntos; pero cuando quedé embarazada, al ver que
él seguía sin querer comprometerse ni conmigo ni con el bebé por venir, decidí
dejarlo. Afortunadamente cuento con el apoyo de mi familia. Él no me apoyó ni
durante el embarazo ni en el parto, ni moral ni económicamente. No conoce a su
hija. Hace poco habló, dijo que iba a venir a esta ciudad (él vive en una
ciudad cercana) y que quería conocerla. Pero a la mera hora habló diciendo que
tenía un encuentro con su familia —al que, por cierto, asistió su ex-esposa,
a quien los papás y hermanos de él siguen considerando su esposa—. Me dolió
mucho otra vez. Uno de nuestros constantes problemas era que a mí no me daba el
lugar de su pareja, no me presentaba como tal, no me llevaba con su familia; en
cambio, su ex-esposa siempre estaba presente. Él decía que yo tenía que
comprender que ella es la madre de sus hijos.
Pero ahora que soy la madre de su otra hija la situación es la misma.
Estoy triste, cansada de esto. A él le duele que le haya puesto a la niña sólo
mis apellidos, pero yo quise evitarle daños a la niña por si él alguna vez
quería pelear por ella. Pero a veces pienso que hago mal quitándole al padre.
Desgraciadamente,
aceptaste una situación de desventaja desde un principio. Un hombre divorciado
y con hijos siempre es un hombre que no es completamente libre. Y, en este caso,
parece ser que él no rompió del todo los vínculos con su esposa en lo que a
la relación de la pareja se refiere. O
tal vez sea la presión de la familia, para quien no hay y no puede haber otra
esposa que la que recibió el sacramento con él.
Desde
una perspectiva católica, así es. Para nosotros el vínculo del sacramento del
matrimonio es indisoluble, y sólo la muerte puede romperlo. Por otro lado,
desde un punto de vista meramente humano es muy probable que esa mujer —la
ex-esposa de este hombre en tu vida— tenga cualidades y una forma de
relacionarse tales que se haya granjeado el cariño y el respeto de su familia
política. Y cuando él decide romper con ella la familia decide, a su vez, no
hacerlo.
Como
te digo, desde un punto de vista católico tú te pusiste en una posición de
clara desventaja. Aun casándote con él por el civil, la Iglesia dice que los
divorciados vueltos a casar y sus cónyuges siguen siendo parte de la Iglesia, y
los exhorta a practicar la oración, asistir a Misa y educar a sus hijos en la
fe; pero es firme al subrayar que están en una situación que contradice la ley
de Dios y, por lo tanto, les impide recibir el sacramento de la Eucaristía.
¿Qué necesidad tienes de ponerte en esa situación?
Tú eres libre y es posible que encuentres un hombre con quien puedas
unirte a través del sacramento del Matrimonio, con la bendición de Dios y de
la comunidad cristiana.
Pero
vayamos a una perspectiva humana y psicológica. Acá también aceptaste una situación de desventaja. Él no
rompió del todo el vínculo con su ex-esposa ni defendió tu lugar como su
pareja frente a su familia. Durante años, no quiso comprometerse. ¿Tal vez
pensaste que un hijo lo iba a hacer cambiar de opinión? Desgraciadamente, no
ocurre así; algunas personas sí
lo hacen, pero para la mayoría no son suficientes acontecimientos como casarse,
o tener un hijo para cambiar y madurar. Esto
tiene que venir de una convicción interna, de una decisión personal que él no
ha tomado. Fíjate, ni siquiera
asumió la mínima responsabilidad de hacerse cargo de los gastos del embarazo y
el parto. Hiciste bien en dejarlo, aunque estuvieras embarazada.
Mantén esta ruptura. Te libraste de una mala relación.
Dedícate ahora a reconstruir tu vida, a recuperar tu dignidad, a ser
libre, a amar a tu hija. Tal vez más adelante encuentres a un hombre que te ame
verdaderamente a ti y que ame también a tu hija. Tal vez no lo encuentres. Pero
tú puedes sacar adelante a tu hija y ayudarle a ser una mujer de bien, fuerte y
feliz. No tengas miedo.
En
cuanto a su padre, tienes que valorar bien que cercanía le permites. Si él da
muestras de un genuino interés por su hija, y en verdad la apoya, creo que es
bueno permitir esta cercanía entre ellos.
Pero si no es genuino su interés, si la usa para acercarse a ti, o si
para la niña es fuente de inestabilidad o confusión, quizá sea mejor que no
la vea. Creo que el tiempo te irá
indicando qué hacer. Por lo pronto, plantea con claridad las cosas. Si decides
que la vea, que él sepa sin lugar a dudas que es por la niña y que entre
ustedes ya no hay nada.
En
verdad tú mereces una mejor relación de pareja y un mejor trato. Vas a estar
triste, claro. Eso es inevitable. Perdiste algo valioso, como quiera que sea,
algo que te tuvo internamente atada muchos años. Llora todo lo necesario.
Acepta esta tristeza, vívela. Poco a poco se irá agotando. Descubrirás que la
vida de todos modos es bella. Y, además, tienes la bendición de una hija. Es
una responsabilidad, claro, pero también un gozo. Disfrútala y dale gracias a
Dios por ella. Entiéndeme: no te estoy diciendo que agradezcas esa mala relación.
Pero sí puedes agradecer el privilegio de ser madre y la vida que tienes
en las manos.
La psicóloga
Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a El Observador.
PINCELADAS
El esclavo y la tempestad
Justo López Melús *
Un
rico marajá de la India se embarcó y se desató una gran tormenta. Uno de sus
esclavos empezó a llorar de miedo, tanto que la tripulación empezó a
irritarse, y poco faltó para que el marajá lo arrojase al mar. Pero su
consejero le dijo:
— Yo
lo arreglaré.
Entonces
ordenó arrojarle al mar atado con una cuerda.
El
pobre esclavo empezó a gritar, sacudido por las olas que lo zarandeaban en
todas direcciones. Luego lo sacaron.
Una
vez en cubierta, el esclavo se tendió en un rincón, silencioso y tranquilo.
El
consejero explicó al marajá a qué se debía semejante cambio de actitud:
—
Los seres humanos nunca nos damos cuenta de lo afortunados que somos hasta que
nuestra situación empeora.
Nadie
aprecia tanto la salud como el que ha estado gravemente enfermo. Cristina
lloraba porque no tenía zapatos, hasta que vio a una niña que no tenía pies.
* El autor es Operario Diocesano en San José de
Gracia de Querétaro.
(FIN)
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