El
Observador
Periodismo
católico para la familia de hoy
26
de agosto de 2001 No. 320
SUMARIO
Entrevista
exclusiva a Mons. Rogelio Cabrera, sexto obispo de la diócesis de Tapachula,
Chiapas
EN
EL PRINCIPIO, LA PALABRA La magia del pensamiento light
CLONACIÓN Y EUTANASIA
Dos de las caras del “poliedro bioético”
PENSAR
EN CRISTIANO De Acteal a la ley indígena
Los
embriones, Bush y Juan Pablo II
DILEMAS
ÉTICOS Una nueva economía o un vértigo
DESDE
EL CENTRO DE AMÉRICA Te pido
PANTALLA
CHICA
Sí sabemos por dónde
PICADURA
LETRÍSTICA Ginés y los payasos
FAMILIA
Formas de escapar
INTIMIDADES
–LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mi madre me maltrata
Entrevista
exclusiva a Mons. Rogelio Cabrera, sexto obispo de la diócesis de Tapachula,
Chiapas
«La
mejor manera de vivir el ecumenismo es ser buenos católicos»
¿Cuál
es la visión que tiene de la problemática en el sureste mexicano?
En
la diócesis de Tapachula, sin conocerla, asumimos dos retos: uno intereclesial
y otro social. El intereclesial es, sin duda, el afianzar la fe en el gran número
de católicos “indiferentes”. Falta un proceso de integración de las
comunidades y del presbiterio. Es un presbiterio pequeño en número, pero muy
plural en la procedencia de los sacerdotes.
Por
lo que se refiere a la cuestión social, serían
especialmente dos asuntos. Uno es el problema de la migración, el gran número
de personas que vienen de Guatemala, lo cual plantea problemas sociales pero
también problemas para la Iglesia, que es la atención y apoyo de estas
personas. Luego el otro es que, por ser una zona de un gran potencial económico,
el fruto de los recursos no se queda en la zona, tienen que emigrar como todos
los capitales. Es una diócesis que siempre está en la incertidumbre social y
económica, y falta un asentamiento en la vida comunitaria.
El
estado de Chiapas, según el censo del 2000, es la única zona que supera el 35%
de población no católica. ¿Qué reto platea esto, Mons. Cabrera?
El
reto más serio es la inmensa variedad de opciones religiosas. Esto fractura
demasiado a las comunidades, porque si fuera una agrupación definida se podrían
establecer contactos de diálogo, ejercer el ecumenismo; pero en esas
circunstancias es muy complejo y yo creo que en algunos casos, imposible. Como
lo ha dicho siempre la Iglesia, la mejor manera de vivir el ecumenismo es siendo
buenos católicos, y para un obispo la mejor manera de trabajar ecuménicamente
es que ejerza su ministerio tal como debe de ser.
¿Cuál
es el sentido del cambio de la diócesis de Tacámbaro a la diócesis de
Tapachula? ¿Ha habido alguna instrucción de S.S. Juan Pablo II?
Lo
principal es que, siguiendo el deseo de la Ecclesia in America, los
obispos veamos más allá de nuestras fronteras diocesanas, que establezcamos
una comunicación muy colegial entre los obispos de Chiapas.
Ya
ningún obispo puede encerrarse en los límites de su diócesis, la Iglesia
siempre ha sido amplia, abierta, y ahora nos lo exige la situación.
Son
tres obispos jóvenes; se ha reformulado la presencia de la Iglesia en Chiapas.
Desde
luego todo lo que significó el Jubileo y este arranque del nuevo milenio ha
sido muy determinante para nuestra presencia en Chiapas. Todos vamos con gusto,
con incertidumbre siempre, pero con esperanza, sabiendo que está muy clara
nuestra misión y nuestro lugar en las diferentes comunidades de Chiapas.
Tapachula
no es una región zapatista, pero participa de la problemática. Está
recientemente promulgada la nueva ley de derecho y cultura indígena y, por el
otro lado, el silencio del EZLN. ¿Ha tenido contacto con sus homólogos en
Chiapas para enfrentar este fenómeno?
No,
desde luego que no. La Iglesia es muy clara: nosotros no podemos tener ninguna
injerencia antes de la toma de posesión. Sin embargo, creo que en estos temas
tan difíciles debemos ir reflexionando
cada uno en particular.
Por
más que uno trata de meterse a lo de la ley indígena, uno ve que la realidad
rebasa cualquier formulación legal. Aunque es importante una ley es más
importante que la vida de la gente se vaya transformando, porque la ley no puede
ir muy delante de la vida de la gente. Si queremos una ley perfecta, esa ley se
va a quedar en el escritorio y no se va a cumplir. Creo yo que los principales
rubros están contemplados en la ley; sin embargo, yo creo que el problema más
serio detrás de todo es el de la tenencia de la tierra y que esa no se arregla
con un dictamen, sino que tiene que tener un proceso de arreglo para que queden
plenamente satisfechos unos y otros.
Finalmente,
¿cuál es su lectura personal del fenómeno del EZLN?
Lo
complejo del problema está a la vista: se debe insistir en el diálogo porque
alguien que no presenta su propuesta, que no tiene oportunidad de hablar, se
convierte en una persona o en grupo problemático. Hay que tomar la
iniciativa, que no puede quedarse el gobierno con los brazos cruzados ante
este silencio que puede ser peligroso; hay silencios elocuentes pero hay
también silencios riesgosos para el país. No debe frenarse la búsqueda
de solución en una vía política, en una vía de desactivar todo lo que eso
significa.
EN
EL PRINCIPIO, LA PALABRA
La
magia del pensamiento light
Por
Jaime Septién Crespo
El
número pasado EL OBSERVADOR imprimió una crítica proveniente de la Agencia
Católica de Información (ACI), sobre “el fenómeno Harry Potter”.
Numerosos lectores nos piden ser más explícitos ante esta serie de libros que
glorifican la magia, la hechicería y el pensamiento débil como formas
sustitutivas del amor, el perdón y el compromiso con los demás.
Primero
que nada, decir que en Harry Potter se sustituye el misterio por la magia. ¿Qué
quiere decir esto? Algo tan grave como lo siguiente: se anula, se borra la acción
de Dios en el mundo. La acción de Dios se da a través del misterio, no de la
magia. Es misteriosa la presencia
de Cristo en la Eucaristía, no es mágica. La creación es un acto gratuito de
amor, no un trabajo de hechicería sobre los elementos naturales. Si los niños
comienzan a olvidar el misterio (por ejemplo, el misterio de la muerte), y lo
cambian por una acción personal de dominio de la naturaleza, estarán disponiéndose
a aceptar los mensajes de cualquiera que llegue y les venda espejitos (que
reflejan su imagen) a cambio del oro de su alma.
Ahí
está, pues, la primera cuestión que los papás tienen que reflexionar antes de
cumplir con el mandato del niño que quiere leer a Harry Potter, “porque todos
los de su salón de clase lo están leyendo”. La segunda tiene que ver con una
cuestión de fondo, que es de singular importancia:
la cuestión de la obediencia de la autoridad. Cuando se tiene la varita
mágica de cambiar las cosas al gusto de la persona, es decir, cuando se cree
tener esa posibilidad, entonces, ¿para qué se necesita obedecer a los papás,
a los maestros, a las autoridades civiles legítimamente constituidas, en fin, a
la Iglesia? No sé si Harry Potter ha contribuido a esto, pero lo que sí me
queda muy claro es que a la larga la actitud desobediente que hoy contemplamos
en muchos jóvenes viene de considerar que no hay razón ninguna para obedecer
cuando cada quien, si lo desea, puede cambiar a su antojo las cosas, hacerlas
coincidir con sus gustos, sus aficiones, su libertad.
Hay
que mirar al fondo de las cosas. No queremos satanizar a Harry Potter;
simplemente poner en actitud de alerta a los papás y a los niños y jóvenes
que hoy lo compran y lo leen como si fuera la Biblia. No lo es, y puede tener
múltiples consecuencias en la formación de la conciencia de quienes lo toman
como el no va más de la literatura juvenil del momento. Porque confundir la
verdad última con la magia, y al mago con Dios tiene sus bemoles.
Sobre todo en el medio de una sociedad como la nuestra, que cada vez
ocupa menos a Dios y más a lo esotérico para fundar su esperanza.
CLONACIÓN
Y EUTANASIA
Dos
de las caras del “poliedro bioético”
Por
Sarkis Amin, teólogo
Desde
la clonación...
La
procreación artificial abre las puertas a la ingeniería genética a través de
la posibilidad de manipular el embrión o a su patrimonio cromosómico. Es a la
tecnología y a las consecuencias que se siguen de su aplicación a lo que el
hombre debe prestar una mayor atención. Nuestra época se encuentra surcada por
profundas contradicciones cuyo punto de partida resulta de la confrontación
entre el progreso científico y técnico y el hecho moral. La biotecnología
aplicada al hombre es el punto extremo que puede alcanzar la globalización de
la ciencia moderna. Es reduccionista en el sentido preciso de tender a reducir
los niveles más altos y menos cercanos de la realidad, como aquellos psicológicos
y espirituales, a los niveles más bajos y completamente controlables.
Si
lo humano tiene como componente esencial su corporeidad, entonces comienza a «ser»
cuando ha iniciado el desarrollo de su propio cuerpo. Ahora bien, ¿cuándo ha
comenzado el desarrollo de su propio cuerpo? Resulta indiscutible en la
actualidad que el cuerpo se inicia en el momento de la fusión de los gametos,
uno del padre y otro de la madre, dando como resultado un nuevo ser, es decir un
hijo. Reiterando lo dicho, la vida comienza en el momento de la concepción.
La
Iglesia, a través de la Pontificia Academia para la Vida, afirma que «la
manipulación del ovocito fecundado es contraria a la dignidad humana, como lo
son la selección, el congelamiento y la fabricación de embriones a partir de
gametas humanas». Frenar el proyecto de la clonación humana es un
compromiso moral que debe traducirse también en términos culturales, sociales
y legislativos. Ciencia y técnica médica, estando ordenadas al hombre, que es
el artífice, o se alimentan en los valores de fondo y se ponen a su servicio o,
de lo contrario se colocan contra el hombre.
...hasta
la eutanasia
¿Qué
entendemos por eutanasia? Una definición puede ser: “una acción o una omisión
que por su naturaleza o en la intención, procura la muerte, con el fin de
aliviar todo dolor”.
La
Declaración acerca de la Eutanasia, de la Congregación para la Doctrina
de la Fe, toma una postura en lo que se refiere a la supresión de los medios
terapéuticos que no son útiles. Mientras sostiene que, a falta de otros
remedios, es lícito recurrir, con el consentimiento del enfermo, a los medios
puestos a disposición por la medicina más avanzada, aunque estén todavía en
fase de experimentación y no exentos de riesgos, no duda en afirmar que, ante
la inminencia de una muerte inevitable no obstante los medios utilizados, es lícito
en conciencia tomar la decisión de renunciar a tratamientos que sólo
proporcionarían una prolongación precaria y penosa de la vida, pero sin
interrumpir los cuidados normales debidos al enfermo. Se sanciona así la
licitud de no someterse a tratamientos penosos, caros o de dudosa eficacia. Pero
va más allá cuando declara que es lícito interrumpir tales medios cuando los
resultados no son conformes con las esperanzas que se han puesto en esos medios.
Pero en la toma de esta decisión se debe tener en cuenta el justo deseo del
enfermo y de sus familiares.
La
distinción entre eutanasia activa o eutanasia pasiva no tiene fundamento ético,
es confusa y carente de base científica. Podría decirse que no es lo mismo «dejar
morir» que «matar», pero, en cuanto que la verdadera eutanasia busca
intencionalmente la muerte, no es un mero «dejar morir», sino «dejar morir a
quien podría vivir si se le proporcionaran los medios adecuados». El paciente
tiene derechos irrenunciables a aquellos cuidados mínimos, aquellos que se
deben a toda persona por el hecho de serlo, por lo que nunca pueden abandonarse,
ya que responden a la consideración debida a la dignidad de la persona humana.
Es necesario decir que tenemos derecho a «vivir con dignidad no sólo desde el
momento de la concepción, sino inclusive hasta el momento de la muerte», en
lugar de un «derecho a una muerte digna», que la eutanasia no proporciona.
¿Tienes
preguntas en el campo de la bioética a la luz del Magisterio de la Iglesia?
Contáctanos en nuestra dirección de Internet: “Sarkis Amin” <rodobooks@yahoo.com>
PENSAR EN CRISTIANO
De
Acteal a la ley indígena
Por
Rodrigo Guerra López
El
asesinato de un grupo de indígenas indefensos que hacían oración en Acteal
hace algunos años conmovió a la nación entera. Fueron acribillados por la
espalda. No era población armada, había mujeres embarazadas, eran inocentes.
Los grupos paramilitares que, con toda impunidad, preservan los intereses
caciquiles en Chiapas fueron los responsables.
La
conmoción pasó pronto. El efectismo de algunos medios de comunicación más o
menos cauteriza cualquier posibilidad que exista de descubrir un significado
mayor al que provee la nota del día, la emoción inmediata, el desastre de
moda. Sin embargo, derrotados en el terreno de la fuerza, los muertos de Acteal
providencialmente mostraron que, si bien el inocente puede morir a manos de
quienes poseen poder, la dimensión más importante de la existencia no se puede
cancelar ni siquiera a través de la violencia extrema.
En
un universo en el que Dios ha sido eliminado existencialmente, desaparece también
el motivo para respetar al ser humano. El hombre es simplemente un objeto,
similar a otros objetos naturales sobre los que se ejerce el proyecto de dominio
de otro hombre. Cada hombre trata a los otros hombres como instrumentos que la lógica
del poder debe hacer dóciles y disponibles. Naturalmente cada hombre entra como
objeto en los proyectos de los otros hombres, y la vida social se convierte en
el lugar de recíproca instrumentalización en el que triunfa el principio pragmático-darwiniano
de la “supervivencia del más fuerte”, que Spencer transfirió al mundo
humano.
El
horror de la masacre de Acteal es tan grande que no puede no tener un
significado filosófico: no se trata sólo del número de víctimas y del carácter
terrible de su asesinato. Acteal se ha convertido en el símbolo de una
humillación del ser humano que, bajo formas diferentes, no cesa de repetirse y
que extrae su propia fuerza de una profunda desviación espiritual que debe ser
comprendida en su raíz si se quiere poner fin a la barbarie. ¿Cuál es la idea
sobre el hombre que gravita en los asesinos? ¿Cuál es la idea sobre la
dignidad que sostienen quienes no reconocen el derecho de los pueblos indígenas
a su autodeterminación? ¿Qué filosofía justifica la exclusión sistemática
de los más pobres? Cuando la fuerza se separa de la verdad y de la justicia
aplasta la dignidad y crea una cosmovisión contraria a la vida, contraria al
sentido profundo de la existencia, contraria al valor ontológico de los más débiles.
Crea un utilitarismo que se legitima simplemente de acuerdo con las exigencias
prácticas de la conveniencia, del mayor rendimiento, del “menor costo” político…
Acteal
pasó y la reforma constitucional sobre derechos y cultura indígenas llegó. No
deja de sorprender que los argumentos esgrimidos por una gran cantidad de
organismos civiles y por diversos representantes eclesiásticos a favor del
rechazo de esta reforma no fueran discutidos en sí mismos sino desviados hacia
reflexiones de índole pragmática en el sentido de “hay que aceptar lo que
venga”. El consecuencialismo ético de esta discusión debería despertar al
menos alguna sospecha de las deficiencias en las que fue planteado el debate. La
misma lógica pragmática que suprimió a los indígenas en Acteal condujo en
buena medida la discusión sobre la reforma constitucional. De nada sirvió que
México, al ratificar el Convenio 169 de la OIT, estuviera obligado a promover
una reforma más integral, más amplia y más acorde con el derecho
internacional en materia de derechos humanos. De nada sirvió que el debate
sobre esta reforma tuviera la concreción de las vidas perdidas aquel día en
Acteal. La prisa de quienes ya no desean que el tema indígena continúe
punzando la conciencia de los mexicanos nos ha invitado a decir “ya fue mucha
discusión”, “ya estamos saturados de este tema”. Esta prisa, este
hartazgo en algunos sectores sociales manifiesta el aparente triunfo de la razón
instrumental, del pragmatismo utilitarista, sobre el valor y la dignidad de
quienes se encuentran en estado —muchas veces— de indefensión. Sin embargo,
el triunfo es sólo aparente. La verdadera victoria ha sido la de aquellos
hombres, mujeres y niños que, orando a su Señor y pidiendo la paz con los
medios de la paz, murieron con inocencia.
Quienes
hoy todavía vivimos y nos cansamos del reclamo de los indígenas, quienes
instrumentalizan esta causa para lucrar políticamente,
quienes estamos entretenidos en mil y un cosas “importantes” y
“serias”, ¿podremos morir así?
Rocco
Buttiglione alguna vez escribía: «El oprimido puede y debe combatir por la
justicia con las armas de esta tierra, pero la verdadera victoria es la victoria
espiritual, la que recobra y reconstruye la verdad del hombre en sí y en los
otros. Sólo manteniendo la mirada fija en esta victoria es posible evitar, en
los enfrentamientos del mundo, el pasarse insensiblemente al lado de la
injusticia».
-
- - - -
Hasta
ahora en el escenario del conflicto chiapaneco habíamos visto actuando al ejército
mexicano, al EZLN y a los grupos paramilitares (...). Ante la promulgación de
la ley indígena, opiniones de legisladores chiapanecos, como la del diputado
[del PRD] Ulloa Pérez, contemplan la entrada en escena de otros grupos que
vendrían a incrementar la violencia.
Hoy
por hoy, los pueblos indios, no solamente de Chiapas sino de todo México,
siguen siendo un punto de referencia para construir un México incluyente, con
estructuras justas, que nos conduzcan a una paz duradera y auténtico
desarrollo. Es urgente que se abra el camino de reanudación del diálogo en
Chiapas con una ley que refleje lo pactado con ellos por el gobierno federal en
San Andrés Larráinzar.
Raúl
Vera López.
Los
embriones, Bush y Juan Pablo II
Por
Emilio Palafox Marqués
Estos
días comentó la prensa mundial el encuentro de Bush con Juan Pablo II en
Castelgandolfo, regresando el Papa de su descanso en Les Combes. «En presencia
del Papa Juan Pablo II, el jefe de la superpotencia
mundial parecía cargado de humildad. En la residencia pontificia de
verano de Castelgandolfo, como si fuera un colegial, George W. Bush siguió
atentamente las palabras del jefe de la Iglesia católica. La lección, con voz
baja, pero de contenido inconfundible, duró 25 minutos». Así susurraban,
temerosas, algunas agencias.
Concretamente,
Juan Pablo II pidió al presidente Bush que rechazara cualquier apoyo a la
investigación con embriones humanos por la sencilla razón de que se trata de
experimentar en personas, atropellando los derechos humanos. Bush debía decidir
en las siguientes semanas sobre el financiamiento con fondos públicos a los
proyectos de investigación con células madre de embriones humanos. Y decidió,
negando ese apoyo.
Mal
presentado por cierta «ingenua» prensa, parecería un dilema entre católicos
y republicanos juntos —los «malos» de siempre, por un lado, rechazando la
investigación en «embriones destinados a la destrucción»—, «mientras que
el mundo científico y la industria están a favor», dicen. Pero no son así
de simples las cosas.
Empezando
porque se trata de embriones humanos —no embriones de cualquier especie
animal— y, por tanto, de seres humanos con todos sus derechos. Pero en el
mundo científico hay investigadores cualificados, católicos o no —siempre
los ha habido— que se oponen racionalmente a toda experimentación en humanos.
El
genetista Axel Kahn, por ejemplo, miembro del Comité de Ética francés,
insiste en que la clonación terapéutica supone el riesgo de ver surgir un «mercado
de mujeres transformadas en productoras de óvulos». Igualmente contrario a
toda investigación en células madre de embriones humanos, pero por razones técnicas,
es el autor de la clonación que trajo a la vida a la oveja Dolly, que —según
informa— envejece alarmantemente. ¿A dónde iríamos con la experimentación
y clonación en humanos?
Juan
Pablo II es transparente: «Cada vez más insistentemente se perfilan
proyectos que colocan los comienzos de la vida humana en contextos diversos de
la unión matrimonial entre el hombre y la mujer; son proyectos a menudo
sostenidos por supuestas justificaciones médicas y científicas». Y
aclara: «El contexto del amor matrimonial y la mediación corporal del
acto conyugal son el único lugar en el que es plenamente reconocido y
respetado el valor singular del nuevo ser humano llamado a la vida», dado
que «el hombre no es reductible a sus componentes genéticos y biológicos,
que participan de su dignidad humana».
DILEMAS ÉTICOS
Una
nueva economía o un vértigo
Por
Sergio Ibarra
Hace
unos días se lanzó a circulación una nueva revista con un trabajo
editorial-comercial orientado hacia una serie de interpretaciones y conceptos
que, lejos de orientar, lo que buscan es descalificar, con razón, o sin ella,
la gestión del gobierno federal, del nuevo. El dilema al que me deseo referir
es el trasfondo que tiene la descalificación de la situación actual de la
economía.
El
2 de julio del 2000 el pueblo de México expresó su voluntad durante las
votaciones federales. Aquel día se inició un cambio político. Una nación no
funciona con variables sueltas y dispuestas al azar. La política, la economía,
la educación, la tecnología, la ética y la sociedad misma son elementos
interdependientes; lo que le ocurre a una variable le afecta a las otras.
No
era posible esperar que el manejo de la economía siguiese siendo el mismo, no
al menos el de los seis fatales sexenios que antecedieron al presente.
Pero
parece que no queremos aceptar que las reglas han cambiado, que es un requisito
el hacer las cosas con calidad. Aun cuando es grande la tentación de devaluar
el peso, vivir con una mano de obra barata y una moneda barata, como los países
asiáticos lo han hecho durante las últimas cuatro décadas, es una salida
falsa.
Y
no únicamente se requiere baja inflación. Se requiere de liderazgo y de un
cambio radical en las estructuras productivas de bienes y servicios, se
requiere de un cambio en la cultura de las organizaciones mas orientada al
desarrollo del talento humano, más allá de la calidad, más allá de las
practicas gerenciales que se han importado como panaceas, más allá del ISO
9000 y 40000 y de todos lo que quieran inventar. La cultura no se certifica,
la cultura se transforma con la inteligencia y la unión de voluntades. No con
códigos o nuevas constituciones. Se requiere de hacer frente a un dilema ético
que subyace en la agenda gerencial: compartir y difundir conocimientos, enseñar
y dar formación a los miembros de la organización. Aventurarse a ser más
productivo, pero no con enunciados espectaculares; a tener a la productividad
como un valor que hay que poner en acción. Igual en Bimbo que en la tienda de
abarrotes, en General Motors que en el taller mécanico de la vuelta, en los
VIPs que en las garnachas de la esquina, en el gobierno federal que en el
municipio más alejado.. Ya lo dice la Biblia: Enseñales a pescar para que
coman toda la vida.
DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Te
pido
Por
Claudio de Castro S.
Te
pido, si eres sacerdote, que nos ayudes a ser santos con tu ejemplo y tu
santidad. Que al administrar los sacramentos lo hagas dignamente y con amor. Que
vivas ilusionado por Jesús. Y que al dar la Comunión te cuides mucho de no
dejarlo caer. Usa siempre una bandeja de comunión, o una patena. Cuida
mucho a Jesús, quiérele más.
Tenlo
presente en tu corazón y tu alma y tu vida. Tu fortaleza será nuestra
fortaleza. Tus consejos nos guiarán por la vida. Por eso necesitamos tanto de
ti. Eres nuestro pastor, nosotros tus ovejas. Y muchas veces estamos
descarriadas.
Por
favor, hermano sacerdote, no calles
cuando debes hablar.
Cristo
habita en ti. Por eso hazte siempre esta pregunta que solía hacerse un santo
sacerdote: ¿qué haría Cristo en mi lugar? Ten más intimidad con el Señor.
No dejes que el mundo te absorba con sus problemas. Lleva una vida interior
rica, plena, llena de Dios. Una amiga me dijo una vez: «Usted viva en la
presencia de Dios. Él se encargará de lo demás».
Te
pido, si eres sacerdote, que enciendas nuestros corazones con el amor de Jesús
Sacramentado. Hemos perdido tanto
en el camino... Nunca te desanimes a pesar de los desaires que los laicos
podamos darte. Ten presente que Jesús nunca se desanima.
Te
pido, si eres laico, que reces mucho por los sacerdotes. Que los apoyes
siempre que puedas. Que seas un amigo sincero y generoso. Ya ves, un sacerdote
es otro Cristo. Un Cristo de verdad.
PANTALLA
CHICA
Sí
sabemos por dónde
Grupo
Inter Mirifica
Conversaban
dos hombres del campo mientras caminaban de Zonactoplatencan a Zaloponocteapan:
—
Me dicen que andar a caballo es malo. Yo ya no sé ni qué pensar...
—
No, Remigio, montar a caballo no es malo, te ayuda a llegar a donde quieres ir.
Lo malo es que lo andes cargando o que te lleve pa’ donde se le dé la
gana; que se coma lo mejor del maíz que tienes para ti y que no reconozca tu autoridá.
Eso es lo malo, Remigio.
—
Pos sí; pero a veces me canso de decile pa’ dónde quiero ir, y
a luego más mejor dejo que me lleve onde sea.
—
Acuérdate, Remigio, que tú eres el que lo comprates pa’ tu beneficio.
Si no te da buen servicio, véndelo o cómetelo asado, pero no dejes que abuse
de ti... ¿Cómo te ha de llevar a donde él quera? ¿Y qué tal que te
lleva a un lado donde te pierdas y ya no jalles camino? ¿Qué tal si es
un lugar peligroso pa’ tu pellejo?
—
Tienes razón, Clariso, le voy a jalar la rienda, pos si yo tengo cabeza.
Y si él no sabe pa’ dónde, ¡yo se lo haré saber!
No
es posible que los programadores de las televisoras avienten programas sin
sentido, ignorando el rumbo que buscamos la mayoría de los mexicanos: el rumbo
es hacia el bien común, hacia el bien del hombre, hacia todo lo que le es útil
y le humaniza, no hacia lo que degrada y «animaliza».
Llama
por teléfono a las televisoras o escribe una carta recordándoles que sí sabemos
por dónde queremos que trabajen. Por supuesto, si tienes algo que
elogiarles, dilo también.
PICADURA
LETRÍSTICA
Ginés
y los payasos
Por
J. Jesús García y García
Cuando
un hombre se transforma en payaso hace al auditorio el don de sí mismo. Con el
fin de poder regalar a los demás la salvadora gracia de la risa, acepta ser
objeto de burlas, ser empapado, clavado, traicionado en el amor.
MORRIS
WEST.
Con
sobra de razón me han dicho eventualmente: ¡no sea payaso! Porque en más
ocasiones de lo tolerable he sido payaso en el mal sentido de la palabra, es
decir, comportándome poco serio en mis acciones o palabras y propenso, por lo
mismo, a hacer reír a los demás (con una risa de pena, nerviosa o forzada,
como es de esperar). En ese sentido he cumplido como los buenos. La otra acepción
—la principal— del término es: «artista de circo que hace de gracioso con
una vestimenta y un maquillaje muy llamativos». El payaso que responde a esta
última descripción practica un oficio digno, mientras que el primero es, de
suyo, detestable. Por ello no me da vergüenza confesar que en algún momento
seriamente quise ser payaso y que me hubiera gustado recorrer la legua adscrito
a una empresa circense, desempeñándome dentro de una carpa. No me tocó serlo
pero anduve cerca: fui actor. En una u otra actividad el santo patrono que me
correspondía era el mismo: san Ginés (ya saben ustedes que hay santos patronos
para todos, ahora hasta para los políticos, rama en la que a veces cree uno que
no pueden existir más que «transas» y negativos).
Refieren
del romano Ginés, Genés o Genest (ayer fue su día) que, reinando todavía
Diocleciano, le tocó en una comedia representar el papel de un pagano que recibía
el bautismo y se convertía, por ello, en la burla de todos. Cayó el actor en
su propio juego, recibió la gracia de la fe y, una vez terminada la
representación, se declaró cristiano. Era tiempo de persecución y aquella
confesión le condujo al martirio: fue decapitado.
«Dos
situaciones peculiares —dice Sergio Golwarz— rodean al ser humano y producen
en su espíritu dos reacciones correlacionadas de carácter distinto, aunque no
pueda probarse que sean contrarias: lo serio y lo cómico. La parte medular de
la vida constituye lo serio, y lo cómico —que puede desprenderse de muchas
situaciones o intervenir en ellas—, la evasión, el descanso, la diversión».
En
efecto, la risa es demostración de alegría y, si mucho me apuran, también de
placer. De provocar la risa se ocupa, básicamente, lo cómico. Y está por
verse «quién goza más de lo cómico, si el que lo descubre y lo celebra o
quien lo inventa y lo provoca», afirma el mismo autor citado. Por ejemplo, «el
niño, apenas comprende o intuye que es capaz de provocar la risa en los
aduladores y esclavos que lo rodean, se convierte en un pequeño bufón y goza
con ello desde que descubre que puede divertir».
Desde
antiguo viene afirmándose que la risa es patrimonio exclusivo del hombre, y
hasta se ha exagerado atribuyendo a ese gesto una parte más que grande en la
pretendida superioridad humana. Pero también está, como señal inconfudible de
humanidad, el conmoverse y llorar...
En
Pierrot, Garrick, Calvero, Pirrín, Yoyito y en tantos clowns
amorosamente exhibidos por Federico Fellini tenemos genuinos
productores de risa, productores de humanidad...
Nada denigrante había, pues, en mi deseo de hacer reír. Pero, bueno,
también a los actores se les dice «cómicos», no porque se limiten a
extraer la risa ni porque el teatro sea esencialmente «de comedia», sino
porque, sobre todo en ciertas épocas, la facha y las actitudes de los actores
son verdaderamente cómicas, de hecho «payasas» en el sentido peyorativo del
término, de tan extravagantes y dizque «originales». ¿Se puede estar a
salvo de esto y de la inmoralidad que impera en el medio? Y todavía más, ¿es
imposible dar el testimonio de fe que dio Ginés?
FAMILIA
Formas
de escapar
En
muchos sitios y de muchas maneras hemos escuchado que nuestra sociedad de
consumo es escapista. Ahí están
los que huyen por medio de las drogas y el alcohol; los que se divorcian; los
adictos al trabajo; los que corren sus autos a toda velocidad; los que escuchan
“esa” música a un volumen ensordecedor.
Pero
nosotros somos personas normales, ¿no? Afrontamos
nuestras responsabilidades, no escapamos...
¿Y no será éste nuestro primer escape, creer que estamos bien y no
escapamos de nada?
Hay
aspectos de nuestra vida de la que nosotros, la gente común y corriente, huímos
con frecuencia, que, por cierto, son situaciones profundas y vitales de nuestra
realidad.
La
cuestión social.-
Vivimos como si la crisis que en todos los niveles padece la civilización
fuera algo ajeno a nosotros. Nos
afecta, claro, pero no nos parece que seamos parte de la causa ni de la solución;
no procuramos un cambio. Mientras
no toquen a la puerta de nuestra casa, es como si no existieran la miseria, las
familias desintegradas, la violencia, las drogas, el abandono, la soledad, las
lacras de la humanidad. En suma: no
nos comprometemos.
Sentimientos.-
Parece como si en “bien” y en
“mal” se agotaran las respuestas que tenemos a la pregunta: “¿Cómo te
sientes?”. Si presionamos
un poco, salen no más de una decena de sentimientos, como alegría, tristeza,
mal humor, entusiasmo, cansancio y angustia.
Eso ya es un avance, pero las posibilidades son muchas más.
No vemos la riqueza y profundidad de nuestros sentimientos porque esto
nos obligaría a conocernos tal cual somos, incluso con nuestras debilidades y
limitaciones. A fuerza de descubrir
nuestros sentimientos tendríamos que destruir barreras y engaños que hemos
construido para protegernos. Por
otro lado, no expresamos nuestros sentimientos porque eso significaría
mostrarnos a los demás.
Este
huir de los sentimientos se traduce, entre otras cosas, en relaciones pobres,
superficiales y rutinarias con nuestros seres queridos; en poco conocimiento de
nosotros mismos y de los demás; en falta de intimidad con el cónyuge y en una
serie de malos entendidos y situaciones difíciles, producto de transformar en
uno distintos sentimientos. Por
ejemplo, incapaces de aceptar sentirnos frustrados, impotentes, ridículos,
fracasados o confundidos, expresamos estos sentimientos con ira que se dirige a
los demás.
El
yo interior.-
Una vida interior nos obligaría a dar sentido a nuestra existencia, nos
forzaría a definirnos y a ser fieles con hechos reales y cotidianos a aquello
en lo que creemos. Tendríamos que
crecer y madurar y dar cuenta de nosotros mismos.
Todo esto es muy difícil, por lo que preferimos huir y escondernos en la
rutina de todos los días, cumpliendo los deberes a los que nos obliga el buen
desempeño de los papeles que nos ha tocado representar.
Dios.-
Huímos de Dios haciéndonos un
Dios a nuestro modo, que no nos comprometa demasiado, que no nos conozca tanto.
Huimos de la relación personal con Él que nos darían la oración y la
conciencia de que Él nos ama.
Tal
vez usted no toma constantemente pastillas, ni es alcohólico, ni tiene un
ritmo agitado lleno de actividades. Tal
vez no tiene esas formas de huida obvias.
Pero, ¿tiene una vida plena? ¿Está fuertemente arraigado a la
existencia? ¿Conoce la paz y el gozo en su vida interior?
¿Ama en verdad? Si
contestó no a alguna de estas preguntas, tal vez sea porque esta
huyendo de algo profundo y vital en usted mismo. Y huir sólo conduce a una
vida mediocre y, en buena medida, ajena a nosotros mismos.
Para encontrar plenitud y verdadera satisfacción, gozo y paz, un
sentido y una trascendencia, hay que vivir sin trampas, mirando de frente cada
momento, cada situación y cada problema.
Hay que vivir sin dar la vuelta. (Y.C.)
INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Mi
madre me maltrata
Por
Yusi Cervantes Leyzaola
Yo
tengo el problema de que mi mamá no me quiere y que siempre me ha hecho menos.
Cuando yo era chiquita mi mamá me pegaba mucho por cualquier cosita, por mínima
que fuera. Cuando era Día de las Madres le decía que fuera a mi escuela y
prefería ir a la de mi hermano. Cuando yo le hacía su regalo en la escuela mis
regalos los guardaba y me decía que no le gustaban; en cambio, los de mi
hermano hasta los colgaba en la pared, y desde entonces dejé de darle regalos.
Ahora ya tengo 15 años y todavía me sigue maltratando, me avienta vasos de
vidrio, ceniceros; me avienta lo que tiene a la mano sin medir consecuencias.
Ella vive con un señor a quien yo no le tengo confianza, es un señor muy
morboso. Ella trabajaba en bares, y con cualquier persona con quien salía,
siempre nos llevaba con ella. No quiero vivir
con ella por los maltratos que ella me ha dado, porque habla mucho de mí, me
maldice y me corre y me odia y dice que toda su desgracia he sido yo. Por eso no
me quiero ir con ella; yo quiero vivir una vida tranquila y mi papá me ha dado
esa tranquilidad; pero a ella le dio coraje que me fuera con mi papá y me quitó
mis papeles de la escuela y ahora no me deja estudiar por el solo hecho de que
no me quise ir a vivir con ella.
Leyendo
tu relato tenemos la tentación de no creerlo, de decir: es imposible que una
madre trate así a una hija. Sin embargo, desgraciadamente, hay mujeres tan
enfermas emocionalmente que sí lo hacen. Esto
es lo que tienes que tener siempre muy claro: tu madre está emocionalmente
enferma. Entenderlo y aceptarlo te
va a ayudar a darte cuenta de que no merecías ese trato, de que puedes dar y
recibir amor en tu vida, aunque ella no te haya dado suficiente. También te va
a permitir algún día perdonarla y liberar tu corazón de todo resentimiento.
Tienes que saber que eres una persona sumamente valiosa y aprender a buscar lo
mejor para ti.
Me
alegra saber que cuentas con tu padre. Es muy importante que te mantengas cerca
de él. Creo que este asunto deben solucionarlo por la vía legal. Un juez debe
ser quien decida que tu madre no tenga derechos sobre ti y que sea tu padre
quien se haga cargo. Vayan al DIF para que los ayuden y los asesoren. En cuanto
a los papeles de la escuela, tú puedes obtener copias. Tu madre no puede
impedir que sigas estudiando.
No
va a ser agradable, para nada, enfrentarse a tu madre por la vía legal, pero es
necesario. Recuerda que estás
buscando tu bien, y ella no puede darte lo que necesitas para crecer sanamente.
Pon
todos tus problemas en manos de Dios y acude a Él para que sane con su amor la
falta de amor de tu mamá. Voy a pedirle a Él por ti.