El Observador
Periodismo católico para la
familia de hoy
19 de agosto de 2001 No. 319
SUMARIO
El
hábito de mirar ha reemplazado al hábito de reflexionar; la TV ocupa el centro
de los hogares
EN
EL PRINCIPIO, LA PALABRA El poder es nuestro
MATRIMONIOS CATÓLICOS DEL s.
XXI ¿Neurótico yo? ... ¡Estás loca!
REPORTAJE
Un desafío para los católicos llamado Harry Potter
LOS
OJOS DE ARGOS A veces los hombres son los más indefensos
DESDE
EL CENTRO DE AMÉRICA Hola, Jesús
PENSAR
EN CRISTIANO Pocas cosas
son tan decisivas
ORIENTACIÓN
FAMILIAR Mi esposo mira a otras mujeres
ORIENTACIÓN
FAMILIAR Los secretos de las parejas felices
PINCELADAS
Los niños nos miran
El
hábito de mirar ha reemplazado al hábito de reflexionar; la TV ocupa el centro
de los hogares
EL
OBSERVADOR (Redacción)
1. El televisor ha gozado de la incorporación
más rápida al medio familiar: tan sólo 20 años (1950-1970). De inmediato
adquirió sus “lógicas de uso”: a) custodia (de los menores), b) recreación
(mujeres), c) informante (hombres) y c) tranquilizador (matrimonios).
2. En promedio, son los niños los que más
consumen televisión en los hogares. Un aparato normal de TV funciona
diariamente por encima de las cuatro horas, y hay al menos un aparato en el 90%
de los hogares del país. Se encuentran instalados
el 70% en la sala, el 15% en la cocina y el 10% en los dormitorios.
3. Algunas investigaciones señalan que el
acto de mirar la televisión y de «estar juntos» viendo el aparato es mucho más
importante para las familias que aquello que se está
viendo. En el último de los casos, la televisión cumple un papel
sustitutorio de la conversación familiar.
4. La familia cumple un papel fundamental
en lo que se ha denominado «el proceso de socialización» del niño, esto es,
el proceso mediante el cual el niño se integra a la visión de su cultura. La
conversación familiar era la base
de la transmisión de la información requerida al nuevo ser, la plataforma de
lanzamiento a la vida, al mundo.
5. También la conversación era
transmisora de los valores. Si se cambia por la transmisión de los valores
televisivos se obtiene —justamente— la formación antivaloral. Socialmente
hablando, el costo de ello es tremendo.
6. «Los siete pecados sociales» que están
inscritos en la tumba de Gandhi son transmitidos cotidianamente por la TV y actúan
en contra de la transmisión de valores tradicionales que los padres quisieran
comunicar a sus hijos. He aquí «los siete pecados sociales» de Gandhi: Política
sin principios, Riqueza sin trabajo, Placer sin conciencia, Sabiduría sin carácter,
Comercio sin moralidad, Ciencia sin humanidad, Culto sin sacrificio.
7. Si la socialización fracasa, es decir,
si el niño no comprende por qué y para qué vive en sociedad, el núcleo
familiar se pone en cuestión. Si la socialización fracasa la soledad triunfa,
la del sujeto que no tiene vínculos con su entorno, su historia, su presente.
8. Los valores de la comunicación familiar
son eso: propiciadores de identidad. Los antivalores de la transmisión
televisiva son lo otro: fundamentos de la ruptura y la desazón. Ya no se sabe,
por lo mismo, estar solo.
9. La soledad contemporánea es más
perniciosa porque no quiere ser soledad, porque no se reconoce soledad. El
individuo no sólo no sabe estar solo sino que, teniendo televisión, le parece
ridículo el simple hecho de creer que está solo. Por lo demás, la soledad es
esencial para el descubrimiento del yo y del sentido de la vida.
10. El hábito de mirar
ha reemplazado al hábito de reflexionar. La observación es distante,
la reflexión es participativa. Y la reflexión, junto con la admiración, son
tanto la base de cualquier proceso comunicativo como creativo. He ahí donde
tenemos que volver a poner énfasis hasta revalorar la situación de las
familias antes de la llegada de la TV.
EN
EL PRINCIPIO, LA PALABRA
El
poder es nuestro
Por
Jaime Septién Crespo
Muchos
padres de familia, sobre todo mamás, se han acercado a quien esto escribe para
expresar sus temores sobre la ola de pornografía y sexo barato que invade hoy
los medios electrónicos e impresos, a los cuales sus hijos están expuestos. La
queja de la mayoría es que se encuentran sin defensa alguna, a merced de la
televisión, el cine o las revistas que sus pequeños, ven, escuchan y leen.
¿En
verdad estamos indefensos? No lo creo. Tenemos nosotros el poder en nuestras
manos. Otra cosa es que lo queramos usar.
Por ejemplo, el telemando o mando a distancia. Sirve para cambiar de canales,
subirle el sonido a la tele, encontrar y escoger el menú y para saltar («zapear»)
de un lado a otro en la oferta que hoy está a la mano de muchos, ya sea por
cable, por satélite o en televisión abierta. Pero... el telemando tiene una
función que muy poco aplicamos, salvo cuando ya nos hemos atiborrado de tonterías:
la de «apagado».
En
cuanto al cine y las revistas, EL OBSERVADOR provee, semana a semana, de una guía
de elección objetiva. No calificamos las películas en torno a sus valores estéticos,
sino en lo que se refiere a sus valores éticos. Decimos lo que pasa, no la
intención del autor de la película o sus características de arte. Cada padre
de familia sabe si deja o no ir a sus hijos al cine. Más aún, cuando ya está
informado del contenido sexual, violento, profano y antisocial del filme. Por lo
que respecta a las revistas: ¿por qué no planteamos una censura al quiosco que
las vende? Tan sencillo como no pararnos frente a él, no comprarle, decir por
qué no lo hacemos, prohibirle a nuestros hijos ir a ese quiosco...
Junto
con la organización «A FAVOR DE LO MEJOR» vamos a ampliar nuestra cobertura
semanal. De hecho, la última entrega de EL OBSERVADOR vino acompañada de un
ejemplar del folleto quincenal que evita
esta asociación, impulsada, como tantas obras buenas en este país, por nuestro
querido amigo el empresario don Lorenzo Servitje Sendra. Vamos a criticar
videojuegos, sitios de internet, programas de televisión, noticiarios de radio
y, por supuesto, películas, publicaciones y todo lo que tenga que ver con la
marea de productos de comunicación que golpean y transforman nuestra vida
cotidiana en un monótono espectáculo de consumo.
Vamos
a a seguir haciendo nuestro trabajo, para el cual, en materia televisiva,
contamos con el GRUPO INTER MIRIFICA, un conjunto de mamás que correspondieron
con trabajo a la preocupación por sus hijos, y que, mes a mes, se reúnen para
expresar en EL OBSERVADOR su visión crítica de la televisión mexicana.
EL
OBSERVADORA es el único periódico que se preocupa porque sus lectores
disciernan, reflexionen sobre el material difundido por los medios, en
especial por el cine y la televisión. Aunque
fuera nada más por eso, estaríamos cumpliendo la misión que nos encomendó
Nuestro Señor: salvar a al gente del pecado, insertarlos en el universo de la
gracia.
MATRIMONIOS
CATÓLICOS DEL s. XXI
¿Neurótico
yo? ... ¡Estás loca!
Por
el Pbro. Ignacio Díaz de León, M. Sp. S.
Recuerdo que hace años me fascino la
lectura del libro La incógnita del hombre, del Dr. Alexis Carrel, Premio
Nobel de medicina. Muchas de las cosas que pronosticaba allá por los años
cincuenta son ahora la pura realidad. Me refiero en concreto a la multiplicación
de personas con desordenes mentales como resultado de los modernos géneros de
vida.
Escribía Carrel: «Desde pequeños, un
mayor número de seres humanos es afectado de diversas maneras en su sistema
nervioso, de tal forma que en la edad adulta se multiplican los desordenes del
sistema nervioso que aparecen después del matrimonio, como neurosis más o
menos severas».
Un papá o mamá neuróticos no pueden ser
buenos padres de familia ni buenas parejas para la vida conyugal, aunque hay
siquiatras que afirman lo contrario, es decir, que los neuróticos se atraen recíprocamente
y con sus desordenes mentales se complementan y se hacen indispensables el uno a
la otra. ¡Misterio!
Veamos la visión un tanto pesimista que
tiene el Dr. Carrel de nuestros ambientes: «La mente no es tan robusta como el
cuerpo. Es notable que las enfermedades mentales son, por sí mismas, más
numerosas que todas las enfermedades juntas». En fin de cuentas, tenemos que
aceptar esta realidad: la debilidad mental y la locura son, tal vez, el precio
de la civilización industrial y de los cambios producidos por nuestros géneros
de vida. Un hecho que corrobora esta tesis es que, entre la gente del campo, en
los medios rurales, los desordenes mentales no son tan frecuentes como en las
grandes ciudades.
Es preciso descubrir las causas de las
enfermedades mentales, y de hecho los especialistas están detectando a través
de la genética cosas asombrosas; pero, mientras tanto, tenemos que lidiar con
«nuestro trágico cotidiano», como lo llamaba Bernanos.
Ante la multiplicación de los desordenes
mentales es necesario que el hecho mismo sea aceptado como lo que es,
simplemente como un efecto de nuestros «géneros modernos de vida», y no como
un estigma ni como un baldón que enloda nuestros apellidos familiares. Por otra
parte, conviene saber que los desordenes mentales tienen diversos niveles de
severidad; pueden ser simples o compuestos; por ejemplo, hay casos de una simple
ansiedad debido a la situación económica, y de otros en los que a la vez
aparecen síntomas de inestabilidad, depresión y fobia.
De modo que un adulto que experimenta
algunos de esos síntomas de desorden mental o a quien sus familiares o compañeros
de trabajo le sugieren acudir a un neurólogo o sicólogo, no tiene por que
sentirse ofendido. Esto sucede hasta en las mejores familias, como se dice.
No debemos ofendernos porque, en realidad,
tener un desorden mental es como tener una afección de vías respiratorias o un
dolor muscular persistente; esas cosas le suceden a cualquiera, y para eso están
los médicos y los especialistas. Lo mejor es acudir a uno de ellos y saber qué
es lo que se debe hacer.
El experto ya nos dirá: esto es algo
pasajero; tómese estas pastillas durante ocho días y vuelva a verme... Todo
puede ser tan sencillo como esto. O bien, el medico puede descubrir un estrés
severo causado por la crisis económica y la ansiedad consiguiente, y recomendar
un cambio de alimentación, algún antidepresivo, algunos días de vacaciones.
Podría, por otra parte, detectar algún desorden mental más arraigado y
progresivo. En estos casos, mientras más pronto acudamos al experto, mejor,
porque el mal empieza a combatirse oportunamente.
¿Por que no aceptar con humildad el hecho
de que estoy necesitado de la atención de un experto, y que acudir a él es lo
mejor que puedo hacer por mí y por mi familia?
Si
deseas comunicarte con el P. Díaz de León, lo puedes hacer por medio de la
siguiente dirección de internet: “Ignacio Díaz de León” <rodobooks@yahoo.com>
REPORTAJE
Un
desafío para los católicos llamado Harry Potter
Las
novelas fantásticas de Harry Potter llegaron desde hace buen tiempo al mundo
católico de lengua española y comienzan a impactar las mentes de los lectores.
Pero también cada vez más personas
cuestionan si sólo se trata de un fenómeno comercial. Harry Potter, en efecto,
se ha convertido en un inexplicable y avasallador fenómeno literario en inglés.
En Estados Unidos e Inglaterra la saga que tiene a este personaje figura entre
los libros más vendidos.
Pero no se trata de un fenómeno puramente
comercial. Las historias de Potter han conquistado la imaginación de ingleses y
estadounidenses, al punto de multiplicarse como hongos los clubes, sitios de
discusión en internet y asociaciones literarias dedicadas a discutir este fenómeno.
¿Quién es Harry Potter?
Se trata de un personaje de ficción,
protagonista de dramas humanos y emocionantes aventuras en un mundo imaginario
donde la magia es la fuerza dominante, tanto para el bien como para el mal.
La historia de Potter, un aprendiz de mago
en medio de un complejo mundo, fue creada «casi por casualidad» por Joanne
Rowling, una joven madre soltera y profesora desempleada inglesa que comenzó a
escribir su primera novela dirigida supuestamente a los niños, mientras cuidaba
de su pequeña hija en un café cerca de su casa. Un editor inglés, Bloomsbury
books, decidió correr el riesgo de publicar la obra para niños… y ésta
pronto se convirtió en un fenómeno de ventas, no entre niños, sino entre
adultos.
La editorial, en efecto, pronto debió
cambiar la carátula original —llena de dibujos y colores— por otra más
seria, debido a que a muchos adultos le avergonzaba llevar un «libro de niños»
a lugares públicos.
En pocas semanas, la obra cruzó el Atlántico
y se convirtió en el libro más vendido de los Estados Unidos; y cada una de
las historias de Harry Potter —la primera de ellas titulada «Harry Potter
y la Piedra Filosofal»— ha sido desplazada del tope de la lista de ventas
sólo cuando ha aparecido la siguiente obra.
Hasta ahora, nadie comprende en qué radica
el secreto de esta creación novelística para conquistar tan rápidamente la
mente e imaginación de decenas de millones de lectores; y muchos han intentado
ensayar explicaciones.
Algunos comparan la saga de Potter con los
famosos «Libros de Narnia», del gran autor cristiano protestante inglés
C.S. Lewis, especialmente porque Rowling se reclama cristiana protestante y
admiradora de su connacional. Más aún, Rowling dijo que las historias de
Potter serían siete porque también lo fueron los «Libros de Narnia».
Pero la obra de Lewis jamás alcanzó un éxito
tan amplio. Por ello, la mayoría de críticos literarios sostienen que la obra
de Rowling se parece más al «Señor de los Anillos», de otro
connacional, el novelista católico J.R.R. Tolkien, en el sentido en que ambos
crean lo que en literatura se conoce como «mundo secundario», es decir, un
universo paralelo al mundo real, con sus propias reglas, su propia geografía e
historia y, fundamentalmente, con su propia lógica, distinta a la de la
realidad.
Según Alan Jacobs, uno de los más
destacados críticos literarios del Wheaton College, en Estados Unidos, Rowling
tiene la capacidad de crear este mundo secundario con meticulosa perfección:
Harry Potter se mueve en un mundo donde es la magia, y no la tecnología, la
fuerza principal que domina el mundo y mueve a la humanidad. En este mundo, el
aprendizaje de la magia es la formación más importante, aún más importante
de lo que sería la educación y la formación profesional en el mundo real.
El trasfondo «religioso»
Debido al fuerte despertar de valores que
Harry Potter ha suscitado —ya que sus aventuras se mueven siempre en
coordenadas de lucha entre el bien y el mal—, las comparaciones entre la obra
y los valores religiosos ha sido inevitable. Y así, sin quererlo, la Rowling ha
suscitado un debate al interior de la comunidad católica de habla inglesa: ¿Puede
Potter ser tomado como un héroe para los católicos o, por el contrario es un
peligroso sucedáneo light?
Sus defensores señalan que la obra es una
metáfora clara y atractiva de la lucha entre el bien y el mal en términos
claramente morales. Más aún, Harry Potter enfrenta constantemente situaciones
en las que la visión moral cristiana se hace evidente: no existen buenos y
malos predeterminados, sino que el bien y el mal se expresan en el mundo como
consecuencia de las decisiones de individuos que ceden o no a sus pasiones; o
que son coherentes o no con sus anhelos más elevados y nobles.
Y este misterio del mal en el corazón del
hombre no es abordado con simpleza. Por el contrario, muchas de las
conversaciones entre Harry y su maestro, el noble y bondadoso Dumbledore,
reflejan la fineza de conciencia del discípulo que se siente abrumado por el
misterio del mal en él, hasta el punto de preguntarse si no será que no está
capacitado para militar con las fuerzas del bien.
Una de estas complejas conversaciones entre
discípulo y maestro concluye con una poderosa lección: «Lo que te hace
diferente de Voldemort (el personaje perverso de la saga) son tus opciones»,
dice Dumbledore. Harry descubre así que la pregunta que debe hacerse no es
tanto «¿quién soy en el fondo?» porque en todos existen huellas del mal;
sino más bien «¿Qué debo hacer para convertirme en aquello que debo ser?»,
ya que cada uno tiene un llamado a vivir la plenitud del bien.
Los detractores, en cambio, señalan que
todo el «mundo secundario» de Potter se mueve en parámetros de magia y brujería,
de tal manera que la racionalidad de la ciencia es reemplazada por un cierto
gnosticismo al alcance sólo de los «iniciados», muy en sintonía con la
corriente New Age de hoy en día. Para los críticos, el éxito
inexplicable de Potter y su saga radicaría precisamente en la capacidad de
presentar una moral envuelta en componentes mistéricos e iniciáticos que tocan
las cuerdas más sensibles de los seguidores de la «Nueva Era».
Recientemente, un análisis del prestigioso
semanario católico estadounidense Our Sunday Visitor destacaba los
innegables valores de la saga de Rowling, pero advertía también que una
secuencia que presenta la brujería de forma tan positiva y la magia de manera
tan encantadora no puede ser considerada como favorable a la visión cristiana
de la realidad. Más aún, cree que los libros de Potter podrían inducir a una
visión tolerante, si es que no abiertamente favorable, respecto de las
tendencias New Age o el simple esoterismo, que en los últimos tiempos
plantean serios desafíos al cristianismo.
La objeción de los críticos no puede ser
pasada por alto, por lo menos en lo que se refiere a crear un clima positivo
frente a ciertas formas de esoterismo. (ACI)
¿Por qué a los adolescentes les gusta
leer las aventuras de Harry Potter?
La novela de J. K. Rowling
parece responder a los intereses de los chicos de 12 años en adelante. Los
lectores afirman que les gusta porque Harry es valiente, porque es mago, porque
da miedo, porque hace lo que quiere, porque al ser mago te hace desear ser como
él, porque es original, porque es un chico libre...
El primer volumen, Harry
Potter y la piedra filosofal, ha sido traducido a 42 idiomas y publicado en
más de 200 países.
J.
K. Rowling, la multimillonaria autora de la serie de aventuras de Harry Potter,
anunció que en el 2001 no escribiría nuevos libros sobre este personaje,
pero prometió publicar dos textos ficticios de magia y brujería que aparecen
mencionados en sus publicaciones anteriores.
LOS
OJOS DE ARGOS
A
veces los hombres son los más indefensos
Por
Diego García Bayardo
Existen
miles de organizaciones públicas y privadas para ayudar y defender a mujeres,
niños, ancianos, homosexuales, animales, ecosistemas, etc., pero hay varios
rubros donde el hombre adulto está en completa desventaja. Parece una verdad de
sentido común que los hombres tienen el control de la sociedad, mas el complejo
mundo moderno ha desarrollado infinidad de circunstancias problemáticas en las
que los adultos de sexo masculino no cuentan con protección o se encuentran en
desventaja ante los grupos de distinto sexo o edad.
Una
parte de las dificultades masculinas tiene su origen en la ley. Se supone que
todos los individuos son iguales ante ella, pero este supuesto tiene infinidad
de excepciones. Por ejemplo, es bien sabido que en una disputa por la custodia
de los hijos en caso de divorcio siempre gana la mujer, quedando el hombre en un
papel de “padre de fin de semana” y a veces ni eso. La ley sobre las
obligaciones económicas del hombre divorciado fue concebida antes de que las
mujeres entraran plenamente en el mercado de trabajo, por lo que ahora su
contenido resulta poco congruente con la realidad. Estas y otras leyes similares
dan la impresión de que la mujer cuenta con todos los derechos y el hombre con
todas las obligaciones.
Claro
que estas normas tienen amplia justificación, y es un buen principio el de que
el Estado debe velar por las mujeres que se han quedado solas, pero hay muchos
otros puntos donde la desigualdad no tiene excusa. Por ejemplo, ya hemos visto
en las páginas de este semanario cómo en los países donde está permitido el
aborto ilimitado se considera que la mujer embarazada tiene el derecho de
abortar, pero el padre del bebé no tiene derecho a oponerse a que su hijo sea
asesinado. Curiosamente, no se rechaza la opinión del padre si está de acuerdo
con el aborto, y también se considera válida la intervención de expertos
y consejeros abortistas. En estos casos, el hombre que quiere salvar a su
hijo se ve privado por los tribunales de un elemental derecho.
Las
instalaciones y agrupaciones deportivas de gobierno suelen ser sólo para niños,
mujeres y ancianos. Si usted es un hombre adulto tiene que ingresar a un club
privado, de paga, donde pueda practicar su deporte favorito, o conformarse con
lo poco que el Estado ofrece, que en muchos lugares no será sino un espacio
donde pueda correr o trotar. Y algo parecido ocurre con muchas otras actividades
recreativas o educativas.
Existen
infinidad de organizaciones de apoyo y defensa a la mujer y al menor de edad,
pero no las hay para el hombre adulto a pesar de que éste sufre infinidad de
injusticias laborales, de derechos humanos, etc.
La
oferta de trabajo también es desigual por sexo: aunque suele decirse que los
hombres tienen los mejores empleos, esto ya no es real. Las mujeres tienen
acceso a cada vez mejores puestos (lo cual está muy bien) y hasta hay empresas
que tienen una clara preferencia por contratar mujeres. Además, en lo
cuantitativo, hay más empleos para ellas que para los hombres, al grado de que
ha aumentado mucho el número de hogares donde es la mujer la que debe asumir la
manutención de la familia. Hoy en día, cuando un hombre pierde su empleo,
tarda más tiempo y necesita más esfuerzo para conseguir otro. No son raros los
profesionistas que llevan más de un año tratando infructuosamente de conseguir
trabajo, ni los esposos desempleados que son mantenidos por su mujer por largos
periodos.
Basta
hurgar un poco en la legislación, en las prácticas comunes y en las formas
de conducta que imponen los medios para encontrar muchos rubros más donde el
hombre adulto ha sido marginado, dejado sin atención y hasta sin defensa. Los
programas sociales, privados o de gobierno, deberán abandonar la perspectiva de
género y tener un carácter integral si han de ser verdaderamente útiles
para crear una sociedad en la que haya un lugar para todos.
DESDE
EL CENTRO DE AMÉRICA
Hola,
Jesús
Por
Claudio de Castro S.
Jesús suele ser muy especial.
Y a mí me encantan las ocurrencias que tiene con uno. He descubierto que es muy
tierno, pero también es celoso de sus almas. Nos quiere para Él. Esta mañana
conducía mi automóvil y me detuve en una frutería para realizar unas compras.
Iba un poco distraído, pensando en
los problemas cotidianos. No más me bajé del auto sentí en lo profundo del
corazón una voz que, con ternura, me reprochaba:
— ¿Te acuerdas de Mí?
— ¡Eres Tú! —le dije sorprendido—
Pero, ¿dónde estás?
Me volví buscándolo, y
detrás de mí encontré una iglesia. Allí estaba Jesús Sacramentado.
— Lo sé —pensé—, ya
poco te visito.
Crucé la calle y lo saludé.
¿Te ha ocurrido alguna vez?
Sales de la iglesia y sientes que algo te detiene. Es Jesús. Te pide que no lo
dejes solo. ¿Por qué no le dedicas unos minutos? Te preocupas demasiado
por las cosas del mundo, deja tus apuros, te lo aseguro: nada más
importante encontrarás.
Aunque todos se vayan al
terminar la Misa, tú quédate unos minutos. Hazle compañía. Dile que lo amas.
Él sabrá corresponderte. Ya lo verás. Será una experiencia que desearás
repetir.
Una conocida me contó que le
ocurrió algo similar. Ahora saluda a Jesús al menos una vez al día.
Y, si está apurada, se asoma
desde la puerta de la iglesia y le regala un cariñoso: «Hola, Jesús».
Luego sigue hacia su trabajo.
PENSAR
EN CRISTIANO
Pocas
cosas son tan decisivas
Por
Rodrigo Guerra López
Juan Pablo II en diversas
ocasiones ha expresado la visión que posee la Iglesia respecto del servicio
del pensamiento. En cierto modo la Encíclica Fides et Ratio es una
amplia meditación sobre éste tema. Sin embargo, el 9 de septiembre de 1993 el
Papa quiso enfatizar un aspecto a veces poco desarrollado de la comprensión
cristiana de este servicio: “Pocas cosas son tan decisivas en la vida
de la humanidad como el servicio del pensamiento. Hablo de servicio
en el sentido más elevado de este término, consciente de que se repite con
frecuencia en la historia el intento del poder de avasallar a los
intelectuales y de que para éstos es insidiosa la tentación de ceder a formas
de cómodo servilismo. El servicio del pensamiento al que me
refiero es esencialmente servicio a la verdad. En virtud de este ideal
altísimo y exigente, el intelectual auténtico, verdadero peregrino de la
verdad, está llamado a desempeñar la función de conciencia crítica con
respecto a todo totalitarismo o conformismo.”
Este pequeño texto nos dice
varias cosas. En primer lugar, aun cuando el servicio del pensamiento pudiera
parecer alejado de las actividades decisivas del mundo contemporáneo, esto no
es otra cosa más que un espejismo. La historia de las ideas en todas las épocas
explica en buena medida la historia social y política de los pueblos. Y nuestra
época no es la excepción. El pensamiento influye y construye, legitima y
sostiene lo que en una sociedad es vivido y aceptado. Y esto sucede aun cuando
la sociedad no sea conciente del origen y raíz de lo que piensa y practica.
En segundo término el Papa
menciona una realidad de facto: el poder tiende a avasallar al pensamiento.
Parte fundamental de la historia política del mundo ha sido el papel de los
pensadores e intelectuales en las cortes de los reyes y gobernantes. Este papel
en ocasiones ha sido sobresaliente y heroico. Es el caso de Tomás Moro. En
otras, ha sido cobarde y pusilánime. Es el caso de tantos académicos “orgánicos”
—diría Gramsci—, es decir, tan integrados a los aparatos del poder
que pierden la necesaria distancia crítica para cumplir con su misión
de servicio.
En
tercer término, Juan Pablo II afirma que el servicio del pensamiento es
esencialmente servicio a la verdad, y desde esta simplísima idea señala que
entonces la función del auténtico intelectual es fungir como conciencia crítica
respecto de todo abuso por parte del poder y respecto de todo conformismo
anodino. El servicio a la verdad a través del pensamiento pasa, entonces, a través
del riesgo y de la lucha. Es evidente que la “conciencia crítica” no
siempre resulta cómoda para quien manda. Más aún, la “conciencia crítica”
tiende a argumentar dentro de una lógica que en muchas ocasiones resulta
incomprensible para quien posee poder o para quien está cómodamente
instalado. Sin embargo, este servicio es esencial: “Pocas cosas hay tan
decisivas…”, dice el Papa. ¿Por qué? Porque el corazón humano está
hecho para la verdad. Porque nadie puede encontrar el sentido definitivo de la
vida sin la verdad. Porque toda realidad adquiere proporción en la Verdad. Y,
finalmente, porque a la luz de la fe sabemos que la Verdad y Cristo se
identifican.
ORIENTACIÓN
FAMILIAR
Mi
esposo mira a otras mujeres
Por
Yusi Cervantes Leyzaola
Mi esposo tiene la costumbre de
voltear a ver a las mujeres en la calle y otros lugares públicos. Yo me siento
muy humillada, ofendida, incómoda. Pero no le digo nada. Una vez si se dio
cuenta de que me di cuenta; en esa ocasión me enojé y no le hablé el resto
del día y él cambió en algo su actitud. Él, en una ocasión, me fue infiel.
Eso lo superamos, pero yo me siento de nuevo insegura cuando se queda mirando a
otras mujeres que, seguramente, le gustan más que yo. Por lo demás, es buen
esposo, cumplido, hogareño, buen padre… pero yo me siento mal.
La
psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen
a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P.
76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68
Correo electrónico: yusicervantes@terra.com.mx
ORIENTACIÓN
FAMILIAR
Los
secretos de las parejas felices
Por
Yusi Cervantes Leyzaola
¿Cuál
es el secreto de un matrimonio feliz? Los expertos opinan que las parejas que
continúan nutriendo su compromiso mutuo son las más felices.
Esto es día a día, pero especialmente en los momentos difíciles y en
las fechas significativas.
Las
diferencias de raza o de religión no importan tanto como, por ejemplo, tener
valores similares. Tal vez los valores que más fuerza de cohesión tienen son
los religiosos, pero aun personas de diferentes religiones tienen valores en común.
El
sentido del humor es algo que las parejas felices utilizan con frecuencia,
especialmente en momentos difíciles, cuando tienen desacuerdos, cuando
cometen errores. El sentido del humor aligera el ambiente y facilita que
resuelvan sus problemas.
PINCELADAS
Los
niños nos miran
Justo
López Melús *
Hace años me impactó una película: Los
niños nos miran. Cuando la madre estaba sola en casa, llegaba un hombre, y
el niño veía cosas que le desconcertaban. Cuando el padre estaba solo, llegaba
una mujer, y el niño veía cosas que no le gustaban nada. Ellos, ingenuos, creían
que el niño no se daba cuenta, que no lo veía; pero veía más que suficiente
para quedarse triste y escandalizado. De nada servía que le dieran sus padres
buenos consejos. Él intuía que algo olía a podrido, como en Dinamarca.
Un escritor recuerda que, siendo
adolescente, su padre le dijo que no fuera nunca a un club nocturno.
— ¿Por qué? —le preguntó.
— Porque verías cosas que no debes ver.
«Esto —cuenta el escritor, despertó mi
curiosidad, y , apenas tuve ocasión, fui».
— ¿Y viste algo que no deberías haber
visto? —le preguntaron.
— Sí, ciertamente. Vi a mi padre.
Entonces decidí no seguir nunca ninguno de sus consejos.