El Observador
Periodismo
católico para la familia de hoy
5
de agosto de 2001 No. 317
SUMARIO
Un sacerdote celebrando en el
altar tiene una dignidad infinitamente mayor que la de un rey
EN
EL PRINCIPIO, LA PALABRA Los poetas sin Dios
DESDE
EL PERSONALISMO COMUNITARIO El amor
La
simplicidad equivocada de algunos análisis antiglobalización
LOS
OJOS DE ARGOS La «educación» sexual del cine mexicano
DILEMAS
ÉTICOS Lo que él quería
DESDE
EL CENTRO DE AMÉRICA ¿A quién iré, Señor?
MIRADA
CRÍTICA Si sangra, vende
INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Una chica
confundida
PINCELADAS
Yo sigo a mi rey
Un sacerdote celebrando en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor
que la de un rey
Con
ocasión del «Día del Párroco», que en diversas naciones se celebró el día
de ayer, 4 de agosto, presentamos una página poco conocida del famoso novelista
católico Hugo Wast que, bajo el título de «Cuando se piensa...», traza una original y magnífica alabanza del sacerdocio
ministerial.
Cuando
se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote;
Cuando
se piensa que ni los ángeles, ni los arcángeles, ni Miguel, ni Gabriel, ni
Rafael, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo
que un sacerdote;
Cuando
se piensa que Nuestro Señor Jesucristo, en la última Cena, realizó un milagro
más grande que la creación del universo con todos sus esplendores, y fue
convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo; y
que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede
repetirlo cada día un sacerdote;
Cuando
se piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar
los pecados, y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios,
obligado por su propia palabra, lo ata en el Cielo, y lo que él desata, en el
mismo instante lo desata Dios;
Cuando
se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay
hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre
redentora que sólo un sacerdote puede realizar;
Cuando
se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese
poquito de pan y ese poquito de vino;
Cuando
se piensa que eso puede ocurrir porque están faltando las vocaciones
sacerdotales; y que, cuando eso ocurra, se conmoverán los cielos y estallará
la tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes
aullarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los
dé; y pedirán la absolución de sus culpas y no habrá quién las absuelva, y
morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos;
Cuando
se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más
que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede
reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él;
Cuando
se piensa que un sacerdote, cuando celebra en el altar, tiene una dignidad
infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un
embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el
mayor milagro de Dios;
Cuando
se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las
vocaciones sacerdotales;
Uno
comprende el afán con que, en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su
seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal;
Uno
comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que
se reflejaba en las leyes;
Uno
comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar
una vocación;
Uno
comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de
nuevo;
Uno
comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un
hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable;
Uno
comprende que más que una iglesia, y más que una escuela, y más que un
hospital, es un seminario o un noviciado;
Uno
comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es
multiplicar los nacimientos del Redentor;
Uno
comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un
novicio es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre, que
durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la
tierra y que todos los santos del Cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando
su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo.
EN
EL PRINCIPIO, LA PALABRA
Los poetas sin Dios
Por
Jaime Septién Crespo
Es difícil
saber por qué hay tantos poetas modernos cuya indiferencia ante Dios es
patente. Antaño, no hace mucho, los poetas debatían con Dios, se quejaban de
Él, lo alababan, entendían su presencia o sobrevivían duramente a lo que
ellos llamaban «su» silencio; pero estaba ahí, en la esencia del oficio de
poetizar. Eran otros tiempos. Hoy vivimos —a partir de la década de los
cincuenta del siglo pasado— una tremenda crisis. Pero no una crisis producto
de la afirmación o de la negación de Dios, sino de su desaparición en el
horizonte de la palabra poética.
Primero, traeré
a colación una estrofa de César Vallejo, peruano exiliado en París (donde
murió antes de la Segunda Guerra Mundial), poeta extraordinario, ateo y
simpatizante del marxismo, muy poco leído en nuestros países, que demuestra a
las claras que Dios le duele, aunque no crea en Él:
Siento
a Dios que camina
tan
en mí, con la tarde y con el mar.
Con
él nos vamos juntos. Anochece.
Con
él anochecemos. Orfandad...
He aquí unos
versos de un autor muy leído entre los jóvenes mexicanos y en los países de
habla hispana —Mario Benedetti, uruguayo residente en Madrid— en los que se
refleja esa mordacidad de la «ausencia» a la que yo aludía líneas arriba, y
que representa a buena porción del Occidente iberoamericano en tiempos de la
televisión:
Es
imposible estar seguro,
pero
tal vez sea Dios todo el silencio
que
queda de los hombres.
Bien se ve que Benedetti (a diferencia de Vallejo) no es,
justamente, un filósofo poeta, ni un poeta a secas. Su sentido del ritmo y de
la imagen, de la música que toda poesía entraña, es patético. Pero, críticas
aparte, ¿de dónde saca este autor uruguayo la peregrina idea de que Dios es
la parte de silencio incomprendida de los hombres? Se necesita muy escasa
intimidad para no descubrir a Dios en el origen de la palabra. Porque la
palabra es el don máximo de Dios a los hombres, es su fuego abrasador, es la
comunicación que salva. Benedetti condena a Dios a ser «el silencio que
queda de los hombres». Es decir, lo condena a no ser comunicación; por lo
tanto, a no salvar. Lo condena, en pocas palabras, a ser la indiferencia del
mundo ante la razón del hombre. Y con él, con su indolencia, gran cantidad
de sus lectores, de quienes le otorgan premios y del Occidente cristiano,
desde hace 50 años atenazado por la cultura light de las imágenes,
con el moderno dios-tele en el centro de su casa.
DESDE
EL PERSONALISMO COMUNITARIO
El amor
Por
Carlos Díaz
Por
fortuna el amor es multivalente, y sus manifestaciones son casi infinitas: desde
el amor sexual hasta el amor de amistad, desde la simpatía hasta la pasión,
desde el cariño paterno-filial hasta la benevolencia hacia la humanidad.
Compasión, bondad, misericordia, acogida, generosidad, filantropía, dilección,
afectuosidad, cordialidad, cariño, entrega, donación, obsequio, y otros
muchos vocablos1 son sinónimos para expresar el sentimiento más humano y
más divino, más universal y más valioso que existe sobre la faz de la Tierra,
el amor. Cuando ese sentimiento se eleva a la condición de hábito virtuoso, es
decir, de forma permanente de ser, entonces nos encontramos en la cumbre de una
existencia humana excelente.
Una
realidad tan amplia y tan compleja tiene por fuerza que conocer sus más y sus
menos, desde ese fenómeno espontáneo y ciego que realmente tiene algo de
pasivo, que es el «gustarle alguien a uno», hasta la preferencia selectiva y
el juicio discriminatorio. Tampoco es igual amar que hallar algo simpático. Ni
se ama siempre del mismo modo a uno que a los demás, o al menos no resulta tan
fácil encontrar el equilibrio adecuado. El escritor C. S. Lewis dice que
siempre le había parecido un horror eso de que se debe odiar el pecado, pero no
el pecador, hasta que un buen día descubrió que había realmente una persona
en el mundo con la que lo había practicado durante toda su vida, a saber, con
él mismo. Desde luego, no todos los amores son de la misma calidad, ni de la
misma intensidad, ni de la misma duración, pues eso dependerá mucho de cada
persona; por ejemplo, no es de buena ley un amor que quiero sólo para mí y no
quiero para ti, o que quiero para mí a costa de ti, pero hasta el egoísmo, que
es una forma defectiva y desenfocada de amar, al fin y al cabo pertenece a la
familia del amor, y siempre cabe esperar su transformación favorable...
Decimos
que existen distintas formas de amor, claro está, ¡y sin embargo hasta las
formas más débiles de amor, hasta las más desvirtuadas pueden ser
recuperadas por el amor para el amor, porque en toda energía existe su
posibilidad de recuperación y mejora. Verdad es que quien sólo vive para sí
está muerto para los demás, e incluso para sí, pero no menos verdad es que
una energía egocéntrica y centrípeta, aunque mal orientada, no deja sin
embargo por ello de ser una energía de intensa vibración, y ese es él
motivo por el cual siempre cabrá reorganizar el sesgo de su orientación sin
perder al respecto la esperanza. Sabemos que «la voluntad recta es un amor
bien dirigido, y la voluntad torcida es un amor mal dirigido. Amor, alegría,
temor y tristeza son malas si el amor es malo; buenas, si es bueno». Sabemos
también que «la defección de la voluntad es mala porque resulta contraria
al orden de la naturaleza y es un abandono de lo que tiene ser supremo en
favor de lo que tiene menos ser. Pues, por ejemplo, la avaricia no es una
falta inherente al oro, sino que se halla en el hombre que ama el oro
excesivamente en detrimento de la justicia, la cual debería ser tenida en
mucha mayor estima que el oro». Sí, podemos hablar de amores mejores y
amores peores; incluso del amor al odio y del odio al amor hay un paso, pero
esto no prueba sino lo que precisamente habíamos comenzado a decir, a saber,
que si un amor bueno vale más que uno malo, hasta el malo puede llegar a
valer. El secreto de este cambio no es, valga la paradoja, un secreto, o -si
se prefiere- es un secreto a voces: ningún desamor puede ser recuperado para
la salud fílica sino por medio de un amor mejor. Digámoslo por última vez:
si hubiera algo capaz de llevar a los seres humanos a reconocerse miembros de
la misma familia humana y a vivir en consecuencia, eso sería -y sólo podría
ser- el amor con que hayan amado y con que se hayan dejado amar.
La simplicidad equivocada de algunos análisis antiglobalización
Jesús
Colina / Roma
La
apertura del vértice del G8 en Génova y las manifestaciones anti-G8 crearon
una violencia inaudita que superó los cálculos más pesimistas. Un joven,
Carlo Giuliani, de 23 años, murió a manos de otro joven, carabinero de 20 años.
Acerca de estos dolorosos hechos hemos preguntado al padre Piero Gheddo,
misionero del PIME, presente en la ciudad ligur.
Dice el
padre Gheddo: «Ante el pobre muchacho, muerto sobre el asfalto, hoy todos están
dispuestos a expresar sentimientos de condolencia; todos se declaran contrarios
a la violencia. Los contestatarios al G-8 se dividen en pacíficos y violentos,
pero ésta es una división artificial. Es cierto que la gran mayoría son pacíficos,
pero la ideología de la que están empapados conduce casi necesariamente a la
violencia».
Las causas
que llevan a esta violencia, afirma, son, en primer lugar, «la ideología del
‘todo y ya’, originada en el 68. El G-8 tenía en su agenda, desde hacía
muchos meses la intención de discutir y decidir acerca de cómo reducir la
miseria de los pueblos pobres. ¿Qué sentido tiene protestar contra los jefes
de los países ricos y no hacerlo contra nuestra sociedad del despilfarro, de lo
superfluo, del desinterés por los pobres del mundo? Los del G-8 han sido
elegidos democráticamente y dependen del voto de sus electores: si no cambia
nuestro ‘modelo de vida y desarrollo’, ni siquiera el que es jefe puede
hacer gran cosa».
En segundo
lugar señala como causa «el análisis sobre la pobreza de los pueblos pobres,
de origen marxista (el mundo dividido entre explotados y explotadores). Entre
los contestatarios del G-8 no he encontrado a ninguno que no crea ciegamente en
el angosto esquema ideológico según el cual nosotros somos ricos porque los
otros son pobres, y viceversa».
«Si
este análisis es verdadero, como creen los anti G-8, inevitablemente se llega
a la condena, al rechazo del mundo rico. Pero este análisis está
radicalmente equivocado. Si no, ¿por qué van los misioneros a África, a
educar con el Evangelio? Educar no es necesario, dicen los anti G-8, las
culturas son todas equivalentes y la pobreza proviene de la rapiña de los
ricos a los pobres. Pero las causas de la pobreza en el Tercer Mundo son mucho
más profundas: históricas, culturales y religiosas. El Evangelio sirve
justamente para hacer del hombre agente de desarrollo».
LOS
OJOS DE ARGOS
La «educación» sexual del cine mexicano
Por
Diego García Bayardo
El
llamado nuevo cine mexicano es prácticamente monotemático: desde Como
agua para chocolate, De tripas corazón o Sólo con tu pareja
hasta las recientes películas Y tu mamá también y Perfume de
Violetas el erotismo es el motivo conductor de todas las historias fílmicas
contemporáneas. Esto no tiene nada de nuevo, por supuesto, y los actores
veteranos son los primeros en decir que se está hablando de nuevo cine
desde hace casi treinta años, con el cine de ficheras y afines de los años
setentas.
Las
fijaciones sexuales de tantos cineastas mexicanos, plasmadas en sus obras, son
ciertamente un mal que hemos tenido que aguantar en honor a la tan manida
libertad de expresión y libertad de creación de los «artistas»; por otra
parte, atrás de ellas a veces se gesta algún trabajo de calidad, como la
arriba mencionada versión fílmica de Como agua para chocolate. Pero en
la mayoría de los casos, estos cineastas acaban haciendo productos sin más
contenido que el de los modernos clichés sexuales liberales: los adolescentes
son sexo y nada más, el amor (entendido en sentido estrictamente erótico) no
debe tener límites de ningún tipo, basta que uses condón para que puedas
hacer lo que quieras, la homosexualidad es a todo dar, etc.
Como
en México es imposible hacer que la mayoría católica se mueva un milímetro y
exija a los medios que le den productos con calidad moral, la única defensa con
que uno contaba era el abstenerse de ver tales películas. Los cineastas podían
quedarse con sus películas y los católicos con su conciencia. Pero quizá las
cosas no serán tan fáciles en el futuro. Un grupo de actores y cineastas que
participaron en los filmes Y tu mamá también y Perfume de violetas
protestaron porque IMCINE clasificó con “C” tales bodrios y lanzaron como
novísimo derecho el que la gente de todas las edades, hasta de las más
tiernas, puede entrar al cine a ver sus revolcones hetero y homosexuales con
toda tranquilidad. Apoyados por una de esas asociaciones civiles defeñas que
luchan por los «derechos sexuales» de la gente (usted sabe: aborto, relaciones
prematrimoniales, gay power y todo eso), los preocupados cineastas
afirman que un burócrata anónimo no tiene derecho a decir qué pueden ver los
adolescentes y qué no, y aseveran que sus películas tienen tan buena información
sobre los jóvenes y su sexualidad que debería bastar con el permiso de los papás
para que los chicos pudieran acudir al cine a contemplar semejante cátedra.
Por
supuesto que lo del permiso de los papás es un decir nada más; ¿cómo
comprueba un adolescente que tiene tal permiso? ¿Con un justificante firmado
o qué? De lo que se trata es de que todo adolescente pueda entrar con su
boleto pagado a ver esas películas, pues si este gigantesco sector del público
no puede consumir tales productos fílmicos es imposible que los cineastas
puedan ganar todo el dinero que quisieran. Por lo tanto, que pasen todos, ¿no?
Y lo de la educación sexual que puedan dar esos churros fílmicos, la verdad,
todos sabemos que no es sino una vacilada. Información, en los libros. Además,
los actores de las películas mencionadas agregaron que se opondrán con todas
sus fuerzas a la campaña de abstinencia sexual que desde hace mucho se dice
que implementará la hija del presidente Vicente Fox. Dejando de lado el
asunto de si tal campaña llegará a hacerse realidad algún día, cosa dudosa
si depende de Fox y su partido, que de fidelidad a la ortodoxia católica no
pueden presumir, uno se pregunta qué clase de educación sexual pueden
proponer unos cineastas que rechazan la sana abstinencia y la tildan de
atentado contra la libertad, como si la libertad no fuera precisamente el
elegir bien. Al rechazar la clasificación de las películas (que no es muy
estricta que digamos) y la educación en la abstinencia sexual de los
adolescentes, a los «artistas» del cine mexicano se les cae el tinglado y se
les ve a las claras que no tienen en mente más que el dinero, el exceso, la
diversión y el despapaye. No hay Dios para los cineastas.
DILEMAS
ÉTICOS
Lo que él quería
Por
Sergio Ibarra
Nos
encontramos a Juanito que, en una de sus andanzas, se topó con una mujer que
recientemente había enviudado. La viuda de un famoso hombre de negocios hereda
una cantidad de dinero difícilmente calculable. O sea que Juanito se encontró
con una minita de oro. Pero la viuda tiene dos hijos pequeños. No importándole
a Juanito el asunto, asume, pues, el rol de galán. Luego de unos meses deciden
casarse. A Juanito las cosas no le van muy bien con estos pequeños, y empieza
una guerra fría contra ellos.
A los dos años
de casados una enfermedad fulminante acaba con la vida de su amada. Así que
Juanito pasa a ser el tutor de estas criaturas. Pero resulta que la viuda deja a
este odioso padrastro la administración de la fortuna con la única obligación
de dar a sus hijos “lo que él quiera”. Como es fácil de
imaginar y conociendo, como conocemos, a Juanito, deshereda a los niños.
Aparece en la
escena un juicio, en el que le es asignado este atribulante caso a un abogado a
quien Cervantes llamaría un tinterillo. ¿Lo recuerda usted? Una de las novelas
ejemplares, “El Tinterillo Vidriera”. El abogado se aboca a
establecer una estrategia para detener lo que a todas luces se trata
de un abuso por parte de Juanito. Para ello retoma lo que literalmente la
última voluntad de la madre estipulaba. Así que este aprendiz de abogado
plantea a los tribunales lo siguiente:
— Dado que
lo que Juanito quiere o, mejor dicho, “quisiera”, es
justamente la riqueza de la difunta, me permito ante usted, señor Juez, pedir
que eso que quiere o quisiera Juanito, como lo indica la última
voluntad de la difunta, sea lo que le entregue a los niños.
Jurídicamente
esta anécdota tendría cosas discutibles. Más lo que interesa de esta historia
es el dilema ético al que se
enfrenta cada personaje. Juanito: «Me quedo con la lana, al fin los niños
estos son unos odiosos». El tinterillo: «¿Vale la pena poner un argumento
cuestionable y, de paso, mi incipiente reputación?». El juez: «Y ahora, ¿quién
tiene la razón?, ¿la ética o el derecho?».
¡Cuánto
cuesta querer! Y más si lo que quiero es lo que pierdo: lo quiero porque lo
pierdo, lo pierdo porque lo quiero. El querer consiste en ser lo que no es.
¿Y a qué nos invita Jesús? Lo dice el Evangelio: «Si
alguno ha de venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y
sígame».
DESDE
EL CENTRO DE AMÉRICA
¿A quién iré, Señor?
Por
Claudio de Castro S.
La
vida es irrepetible y hermosa. Un sacerdote me dijo una vez: «Lo más valioso
que posees es tu vida, el tiempo que Dios te ha dado».
Realmente es lo único que poseemos, el tiempo para vivir y hacer las
buenas obras que Dios espera de nosotros. Cuando Dios nos llama ya no podremos
decir: «Regálame unas horas más, mira que aún no he podido confesarme, ni
arrepentirme, ni decirle a mis seres queridos que los amo». El momento llega «como
un ladrón, en medio de la noche».
¿Has
hecho las paces con Dios? ¿Cómo se encuentra tu alma?
¿Has pensado en ello?
Ayer
me ocurrió algo que me hizo reflexionar en estas cosas. Veníamos subiendo la
pendiente peligrosa de una montaña cuando nos atrapó la neblina. En cuestión
de segundos la visibilidad se redujo a menos de medio metro. No podía regresar,
ni detenerme. Sólo quedaba avanzar. ¿Qué hacer en una situación cómo ésta? Precipicios al costado del camino; del otro lado, camiones
enormes que bajan a toda velocidad. Conduces tu auto lentamente, pero apenas
puedes ver pequeños fragmentos de la carretera. Agudicé los sentidos y rezamos.
Al rato se fue aclarando el camino y regresó la visibilidad.
Mi
esposa exclamó: «Qué hermosa es la luz».
Y luego completó la frase: «Por algo Jesús dijo que Él era la luz del
mundo».
Sin
Jesús andamos ciegos, no podemos ver el camino,
vamos errantes por la vida. Nos falta lo más importante. Él es nuestro
guía. Lo he comprobado. Por eso me encanta andar con Jesús. Por eso escribo
sobre Él. Su amor me ha seducido, le ha dado valor a mi vida.
Ya
ves, amigo, la vida con Jesús es una vida plena. Créeme, al salir de
aquella terrible neblina y ver el camino nuevamente me puse tan feliz. Una nueva
oportunidad para vivir. Qué bueno es Jesús!
Sentir
que Jesús nos cuida. Y guía nuestros pasos. «Señor, a quién iré. Sólo tú
tienes Palabras de vida eterna».
Haz
la prueba, Jesús no te defraudará.
MIRADA
CRÍTICA
Si sangra, vende
Por
Santiago Norte
Traduzco
libremente —para el título de esta colaboración— el dicho que circula en
las televisoras estadounidenses: «If it bleeds, it leads». Por
desgracia, un dicho muy popular y aceptado, poco a poco, en las televisoras
comerciales de todo el mundo, cuando de información se trata.
Lo cotidiano,
apacible, esperanzador no vende. Tiene que haber sangre, violencia; tiene que
ser mostrada la parte afectada de la humanidad para ser noticia. Otro dicho de
las televisoras gringas es «good news, no news»; o sea que las buenas
noticias no son noticias. Olvidan la carga social de violencia que tanta sangre
genera. No se puede medir la desesperanza que siembran, pero sí es muy medible
la opinión al respecto de los teleespectadores.
Un estudio de
la revista Newsweek, finalizando el milenio pasado, demostró que 9 de
cada 10 padres de familia de la Unión Americana consideraba que limitar la
violencia en los medios audiovisuales es un factor importante para reducir el
crimen en su país. Estamos hablando de 90% de los padres de familia del otro
lado del Río Bravo. Estoy seguro de que los de este lado opinaríamos de manera
similar si alguien nos preguntara sobre este mismo tema.
Hay más: un estudio de la prestigiada agencia de encuestas
Gallup, en 1999, dejaba en claro que 81% de los adultos occidentales tenían
por certeza que la violencia en los medios fomentaba la violencia en la
sociedad. De nueva cuenta estamos ante un porcentaje significativo que nadie,
pero nadie, toma en cuenta. ¿Por qué? Por el extraño (y, por lo demás, muy
explicable) contubernio que mantienen los gobiernos con los grandes operadores
de cadenas audiovisuales, contubernio que se traduce en el siguiente apotegma:
tú, televisora, puedes transmitir la violencia que creas necesaria para
garantizar tus utilidades, mientras permanezcas fiel soldado del sistema, y
hagas el menor número posible de olas a la gestión gubernamental. Cuando
menos así ha pasado en México.
INTIMIDADES
–LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Una chica confundida
Por
Yusi Cervantes Leyzaola
Soy
una chica de 21 años que, la verdad, hay veces que no le ve sentido a su
vida. Soy hija de madre soltera y vivíamos con mis abuelitos maternos, quienes
son los que verdaderamente me han cuidado toda la vida, aunque mi abuelito no me
aceptaba mucho que digamos. No sé
cuándo se fue mi mamá, solo sé que un día ya no la veía: se fue con un señor
con el cual vive ahora. En la
escuela siempre decía mentiras acerca de mi familia; más que nada era por
miedo al rechazo: tenía miedo de que me dejaran de hablar por no tener papá.
Estando en la preparatoria fue cuando mi mama me empezó a hacer más
falta. No sé, todas mis compañeras hablaban de sus cosas con ellas, les
contaban de sus sueños, todo, cosa que yo no podía hacer con mi abuelita.
Desde entonces tengo
resentimientos, mucho coraje de que mi mamá me haya dejado con mis abuelitos.
Un día me entregó una carta donde decía que ella en su juventud anduvo con
varios hombres y que, para su mala
suerte, no tenía mucha información sobre los anticonceptivos y
nací yo. Según ella no me ve como un error, pero yo lo siento así.
En la
escuela me gustó uno de mis amigos, pero me decepcioné de él porque en una de
sus borracheras tuvo que ver con una muchacha que supuestamente era su amiga.
Luego, en el internet, conocí a un chavo de mi ciudad. Nos conocimos y
al principio todo fue súper. A las dos semanas lo encontré en un restaurante
con una chica agarrados de la mano y besándose.
Tuvo el descaro de saludarme y de preguntarme que cómo estaba. Me dio
mucho coraje, no fui lo que el quería, llegué a la conclusión de que lo que
quería era sólo sexo. Conmigo no llegó a nada, sólo a un beso en la mejilla.
Conocí
ahora en internet a un chavo de otra ciudad. Le conté parte de mi vida, y pues
al día siguiente ya éramos novios, bueno ciber-novios. Hay veces que me habla
por teléfono y pues todo va muy bien, sólo que tengo miedo de que la magia que
hay ahorita, esas ganas de estar platicando, de “vernos” todas las noches,
de platicar horas y horas termine. Tengo miedo de volverme a enamorar y que me
pase lo mismo. Pienso que sí es sincero; dice que me ama, que llegué en un
momento donde le hacía falta sentirse amado por alguien. Dice que va a venir el
mes próximo. Me hizo una promesa: que no vamos a llegar a más de un par de
besos o caricias. Me da miedo, la verdad no quiero tener relaciones, me da asco;
no quiero que nadie me toque, que nadie me bese; tengo miedo de ser como mi mamá.
Creo que estarás
de acuerdo conmigo en que es muy poco lo que puedo decirte en unas cuantas líneas
cuando hay tantos asuntos que revisar en tu vida: la falta de un padre; el
abandono de tu madre; el complejo vínculo con tus abuelos, que funcionan como
padres sin serlo; la relación de ellos con tu madre; la inmadurez y la baja
autoestima de ella… Para luego pasar a tus problemas: tu inestabilidad, tu
inseguridad, tu ansiedad, tus miedos, tus resentimientos, el sentirte un
error...
Llama la
atención la facilidad con que depositas en los muchachos tus sentimientos.
Con el amigo de la escuela y el primer chico del internet tú ya estabas
construyendo enormes fantasías románticas cuando ellos estaban muy lejos de
eso. ¿Por qué pensar que éste último sólo quería relaciones sexuales
contigo? Creo que, de haber sido así,
habría tratado de seducirte y engañarte de otro modo. Puede haber muchas otras
explicaciones para lo que ocurrió. En todo caso, él jamás prometió nada ni se te declaró.
En cuanto al
novio que tienes por internet, debes tener mucho cuidado.
Probablemente él es sincero, como lo eres tú; pero no es suficiente con
lo que se puede conocer a través de una pantalla y un teléfono para construir
una pareja. El enamoramiento por
internet es real, pero está construido sobre muy pocas bases. Falta la
convivencia, el poder mirarse, el contacto físico, el compartir cada día... Él
va a venir, y será una buena oportunidad para conocerse mejor. Pero luego se irá
de nuevo. A la relación que pueden
establecer le faltan muchos elementos.
Y luego está
el asunto de tu sexualidad. Tú misma te das cuenta de que no es normal esto que
sientes. Porque una cosa es cuidarse, respetarse y tener principios morales, y
otra muy distinta es sentir miedo y asco ante el acercamiento físico. Si
anhelas tener en un futuro más o menos cercano una buena relación matrimonial,
necesitas sanar este aspecto fundamental de la relación conyugal.
Mi consejo es que busques ayuda profesional. Me parece que,
en tu caso, la terapia psicológica que necesitas va a ser larga, no porque el
caso sea grave, sino porque es complejo, con muchos hilos sueltos, con muchos
nudos aquí y allá. Hay que ir poco a poco, desenredando, descubriendo,
desaprendiendo y aprendiendo... Pero
vas a salir adelante, vas a encontrar el sentido de tu vida, ten la seguridad
de que vas a lograrlo. Busca la ayuda necesaria, haz lo que te corresponde y
el resto déjalo en manos de Dios.
PINCELADAS
Yo sigo a mi rey
Justo López Melús *
La lealtad es
una de las cualidades más nobles del alma humana. Es algo de lo que no puede
prescindir quien se considera un digno caballero. San Ignacio afirmaba que «los
que más se quieran afectar y señalar en todo servicio de su rey... harán
oblaciones de mayor estima y mayor momento... Y si alguno no aceptase la petición
de tal rey, cuánto sería digno de ser vituperado por todo el mundo y tenido
por perverso caballero».
La caravana
del sultán transportaba por el desierto una gran carga de oro y piedras
preciosas. Un camello se cayó y se desparramaron joyas y brillantes. El sultán
no podía recogerlo todo e invitó a sus criados a que se quedaran con todo lo
que pudieran. Mientras, el príncipe siguió su camino y oyó que alguien
caminaba a sus espaldas. Se volvió y dijo:
— Y tú, ¿no
te quedas a recoger nada?
El joven
respondió:
— Yo sigo a
mi rey. Lo demás, en comparación, no vale nada para mí.
*
El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)
EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
es una publicación semanal de Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V.
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