El Observador
Periodismo católico para la
familia de hoy
15 de julio de 2001 No. 314
SUMARIO
¿CÓMO DIJO? Lo
privado y lo público; el pecado y Jesús
Decálogo y caminos del veraneante cristiano
EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA Sobre la
salvación y una compañía ferroviaria
DILEMAS ÉTICOS El mercado premia a
las empresas más admiradas
REPORTAJE La «encíclica
escondida» del papa Pío XI contra el racismo
CUÉNTAME UNA ANÉCDOTA
El pescador
FAMILIA No sólo
la mano, el cinturón o algún objeto son capaces de golpear
INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mis
padres creen que soy homosexual
PINCELADAS Ojos y párpados
¿CÓMO DIJO?
Lo
privado y lo público; el pecado y Jesús
(Columna colectiva.
Responsable: Jaime Septién)
* Los cristianos no se casan solos. * Las
leyes son divinas, no las inventa la Iglesia. * Jesús señala el pecado
objetivo, pero también abre la puerta a la misericordia.
La reciente boda civil del presidente Fox y la ex vocera presidencial Martha Sahagún
ha levantado demasiados comentarios tontísimos en contra de la Iglesia católica,
la doctrina de la Iglesia, los católicos como trogloditas y la misericordia de
Jesús, como para que EL OBSERVADOR permanezca cruzado de brazos. Sobresalen dos
críticas, a manera de preguntas lanzadas al rostro de los católicos:
1) ¿Por qué la Iglesia se mete en asuntos de índole
completamente privada?
2) ¿Por qué, si hay amor de por medio, y Cristo lo
perdonó todo, se habla de pecado?
Con la firme intención de formar opinión católica
(lo cual es nuestra misión), y sin el ánimo de poner contra la pared a nadie
(salvo a los tontos, que siguen por ahí babeando romances color de rosa),
invocando al Espíritu Santo, ahí va nuestra respuesta.
¿Asunto privado? No, no y no. La celebración de un matrimonio entre
católicos no es, no puede ser, un asunto privado. Es un asunto público, porque
atañe ala vida de la comunidad. Por eso se exige (y si no están presentes ese
matrimonio es inválido) al menos dos testigos que representan a la comunidad y
dan fe de la celebración de ese sacramento. Hay una expresión latina que lo
subraya: se dice casarse in facie Ecclesiae, casarse «ante la Iglesia»,
ante la comunidad cristiana. Dar la cara ante la comunidad.
Por esa razón manda la ley eclesiástica que el
matrimonio se celebre en la parroquia de uno de los novios, donde se supone son
conocidos porque asisten los domingos a Misa; que se invite y participe la
comunidad, por ejemplo, el coro parroquial, y que el celebrante sea el párroco
o el vicario. Es también el sentido de las proclamas. Es una grande pena que se
anden buscando templos especiales, donde nadie los conoce, se alquilen coros
extraños y hasta se busquen sacerdotes foráneos, al gusto, exponiéndose a la
celebración de matrimonios inválidos, por carecer a veces de la debida
autorización.
Ni siquiera el matrimonio llamado «por lo civil»
es privado, pues se hace ante una autoridad pública y ante la presencia de
testigos. La Iglesia respeta esta institución del matrimonio civil porque
brinda apoyo jurídico a la pareja, especialmente a la mujer y a los niños en
caso de conflicto; pero, evidentemente, nada tiene que ver con el matrimonio del
que habló Jesucristo. Entre católicos todo matrimonio válido es sacramento y
es indisoluble. Es Dios el que une, no el hombre: «Lo que Dios unió, no lo
separe el hombre». Es una ley divina, de Dios, no invento de la Iglesia.
Por eso, atención: la «decisión» de casarse y la
«elección» de la pareja es asunto personal, privado, de cada uno (¡no
faltaba más!); pero la «celebración» del matrimonio es asunto público
porque atañe a toda la comunidad. Ninguna celebración matrimonial puede
llamarse asunto privado.
¿Es o no es pecado? ¿Es o no es pecado casarse por la ley civil ya
casado por la ley de Dios? Primero conviene recordar lo que dijo Jesús: «Si
uno se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la
primera; y si ella se separa de su marido y se casa con otro, también comete
adulterio» (Mc 10, 11). Cuando alguien está casado por la ley de Dios, y
mientras permanezca esta unión, si se casa con otra o con otro, comete
adulterio. Es Jesús quien lo dice, y la Iglesia así lo enseña y ha sostenido
siempre.
¿Es, pues, pecado el
adulterio? Claro que sí, porque Jesús le dijo a la mujer adúltera y
arrepentida: «Yo tampoco te condeno. Puedes irte, pero no vuelvas a pecar»
(Jn 8, 11). Jesús habló de pecado porque se trata de una violación y
desobediencia a la ley de Dios. Es una situación objetiva irregular, y quien se
encuentre por desgracia en esa situación no puede comulgar. Pero también habló
de misericordia. No está fuera de la comunidad de salvación, porque Cristo
vino por nosotros los pecadores, para salvarnos. Nadie puede desesperar de su
salvación.
No olvide que Jesús también habló de los adúlteros
«de corazón»: «Todo el que mira con malos ojos a una mujer ya cometió
con ella adulterio en su corazón» (Mt 5, 28). Por eso, ándese con
cuidado y mire bien antes de juzgar y condenar a los demás. La Iglesia quiere
tener la misma actitud de Jesús: señalar el pecado objetivo, la situación
irregular, pero no juzgar ni mucho menos condenar al pecador. «Hacer sentir
la caridad de Cristo y la materna cercanía de la Iglesia», dice el Papa. El
último juicio y el que vale es el de Dios, no el de usted. Mejor póngase a
rezar.
Decálogo y caminos del
veraneante cristiano
Por monseñor Javier Salinas Viñals,
obispo de Tortosa
(España)
1.- Vive la naturaleza
En la playa, en la montaña, en la serranía,
descubre la presencia de Dios. Alábale por haberla hecho tan hermosa.
2.- Vive tu nombre y condición de cristiano
No te avergüences en verano de ser cristiano.
Falsearías tu identidad.
3.- Vive el domingo
En vacaciones el domingo sigue siendo el día del Señor,
y Dios no se va de vacaciones. Acude a la Eucaristía dominical. Tienes, además,
más tiempo libre.
4.- Vive la familia
Dialoga, juega, goza con ellos sin prisas. Reza en
familia. Asiste al templo también con ellos.
5.- Vive la vida
La vida es el gran don de Dios.No hagas peligrar tu
propia vida y evita riesgos a la vida de los demás.
6.- Vive la amistad
Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo,
el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas.
7.- Vive la justicia
No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan
para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales
y respeta sus bienes.
8.- Vive la verdad
Evita la hipocresía, la mentira, la crítica, la
presunción engañosa e interesada o la vanagloria.
9.- Vive la limpieza de corazón
Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo.
Vacación no equivale a la permisividad
10.- Vive la solidaridad
No lo quieras todo para ti. Piensa en
quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día.
La caridad tampoco toma vacaciones.
EN
EL PRINCIPIO, LA PALABRA
Sobre la salvación y una
compañía ferroviaria
Por Jaime Septién Crespo
Hoy, todo el mundo quiere una Iglesia personal, casi
se diría, una Iglesia portátil, de bolsillo, para lucirla en las fiestas
(bautizos, bodas, primeras comuniones...) y para tenerla a la mano y que cumpla
caprichos de todos los colores y sabores, a condición de que sean nuestros
caprichos (importantes, impostergables, imperiosos).
No somos santos más por cobardía que por
ignorancia. Sabemos que el llamado es universal, pero tememos, profundamente,
abandonarnos a ese brillo y resplandor de la libertad explosiva que trae
consigo, cosida a su traje, a su cuerpo, la santidad.
Pero la Iglesia no cesa en reclamarnos perfección.
Nadie llega a ésta si no es a través de la obediencia, el sacrificio y la
renuncia. Tres virtudes muy peculiares y muy poco en boga. Peculiares porque
exigen romper la densa costra de egoísmo con que recubrimos, invisible pero
inexpugnablemente, nuestra epidermis. Poco en boga, porque hoy lo estimado es la
ausencia total de mansedumbre, de docilidad, es el goce inmediato y la posesión
absoluta de bienes y personas.
George Bernanos, en una conferencia en Túnez hacia
1947, hablaba de la Iglesia católica en términos ferroviarios: es la empresa
de transportes al Paraíso con los santos como oficiales reguladores del tráfico.
La tarea de la Iglesia es trasportar gente hacia la salvación; la de los
santos, evitar los descarrilamientos.
Todo viaje tiene reglas. Asumirlas no significa
credulidad babosa —como dicen cientos de columnistas anticatólicos que
pululan en los periódicos del segundo país, México, con mayor número de católicos
del mundo— sino humildad racional: finalmente de lo que se trata es de abrazar
la vida eterna desde la temporalidad presente. Y eso no es un juego de quitar y
poner a mi antojo: en la sencillez del creyente que obedece a su Iglesia se
cocina la mayor aventura de la vida humana, la más intensa versión original
(sin subtítulos) de la película del alma.
Bajo el criterio de «úsese y tírese»,
propio de esta cultura, la que sólo ocupa el ojo y los sentidos para
encontrar el camino hacia la «felicidad», la firme posición de la Iglesia
en torno a la defensa de la vida, la condición indisoluble del matrimonio o
el llamado universal a la santidad es un estorbo para los que vemos con
impaciencia el día en que la veda se levante y cada cazador pueda, sin caer
en pecado, cobrar su mejor pieza. Podemos estar seguros de que la Iglesia
seguirá cumpliendo el mandato de Cristo: hacer santos de gente con miedos
ordinarios; pasajeros al Infinito a quienes son capaces de aceptar el milagro
de la Redención; que la Iglesia seguirá tocando sus campanas al caer la
tarde...
DILEMAS
ÉTICOS
El mercado premia a las
empresas más admiradas
Por Sergio Ibarra
El equilibrio de los valores que impulsa una
organización, visto esto desde la perspectiva de que lo que se busca es estar
en armonía con los intereses de quienes tratan con ella directa o
indirectamente, constituye el fundamento de su reputación.
Desde 1983 la revista Fortune pregunta
anualmente a miles de ejecutivos de todo el mundo cuál es su opinión acerca de
las principales compañías en el mundo; y lo hace valorando ocho aspectos que
vienen a constituir las bases del liderazgo de la organización.
Sin embargo, lo que da lugar al presente dilema ético
es la responsabilidad social. Se entiende por responsabilidad social no únicamente
que la gerencia vele por los intereses económicos, sino que procure el
mejoramiento del bienestar social. Pues bien, en relación a la reputación lo
que se busca es detectar el nivel de responsabilidad social.
Por ejemplo, EXXON cayó en picada en 1989 cuando
vertió 250 mil barriles de petróleo en Alaska. Pasó en un año del sexto
puesto al décimo.
Es cierto que un accidente le ocurre a cualquiera;
pero en esas circunstancias lo que la opinión pública valora es la capacidad
de reacción. A Johnson and Johnson le ocurrió también un lamentable evento:
siete personas fallecieron por ingerir cápsulas Tylenol. Sin embargo, en estas
puntuaciones del Fortune, Johnson and Johnson bajó solamante del tercer lugar al quinto sitio.
¿Dónde estuvo la diferencia? El accidente de
Alaska se vio agravado por una capacidad de reacción lenta e insuficiente. A
las dudas del estado en que se encontraba el capitán se añadieron la falta de
medios disponibles para controlar los daños, los trámites burocráticos
incapaces de ser solventados en un fin de semana, el envío de ejecutivos de
rango inferior ante un evento de esta magnitud. Johnson and Johnson, sin
embargo, destruyó rápidamente más de 20 millones de frascos de Tylenol y
estableció un comité ante esta crisis, encabezado nada menos que por su
presidente, James Burke.
La evaluación de criterios para tener o no
tener responsabilidad social está teniendo un impacto creciente en las
decisiones de inversión. No extrañará ver que aparezcan fondos de inversión
éticos en un futuro no muy lejano que quizá pueda servir como un primer
indicador del impacto social de las empresas.
REPORTAJE
La «encíclica
escondida» del papa Pío XI contra el racismo
¿Que el Papa estaba
feliz con el exterminio de los judíos? ¿Que jamás le pasó por la mente la
posibilidad de denunciar las atrocidades del nazismo? Las recientes revelaciones
de la encíclica contra el racismo callan la boca de sus enemigos.
Acusaciones a montones ha recibido este pontífice;
pero también han hablado en su defensa muchos judíos: aquellos que fueron
salvados por Pío XI, y aquellos que lograron comprender la importancia de que
la Iglesia guardara prudente silencio para no agravar todavía más la situación
de los perseguidos por Alemania
Lo que más se le reprocha a este vicario de Cristo
es no haber escrito nada, no haber emitido una encíclica para denunciar
concretamente el pecado del racismo hitleriano.
Sin embargo, recientes revelaciones han demostrado
todo lo contrario: Pío XI ordenó la elaboración de tres documentos para la
emisión de una encíclica que, por razones históricas, nunca pudo ser
publicada.
En las tres obras se constata inequívocamente la
postura de la Iglesia católica contra el racismo y, en particular, contra el
antisemitismo, en aquellos
convulsos años previos al inicio de la segunda guerra mundial.
Así comienza esta historia
En el verano de 1938 se reunieron en París, por
orden del pontífice, los padres jesuitas David Desbuquois, Gustav Gundlach y
John LaFarge. El objetivo era claro: redactar el borrador de un documento en el
que debía exponerse la doctrina cristiana sobre la unidad del género humano
contra todas las ideologías racistas de la época.
Cada uno de los tres jesuitas redactó un documento
de unas cien páginas. Uno estaba en francés, otro en inglés y otro en alemán.
Los borradores fueron entregados al papa Pío XI, en
enero de 1939, por el entonces prepósito general de la Compañía de Jesús, el
padre Ledóchowski. Obviamente no pueden ser considerados como documentos
pontificios, sino simplemente como textos base que debían ser sometidos a
retoques y correcciones para poder llegar a convertirse en una encíclica.
El contenido de las tres «pre-encíclicas»
Los tres documentos denunciaban al racismo; pero de
los tres el más consistente e influyente (ante el Papa) fue el redactado en
alemán por Gustav Gundlach (1892-1963), profesor de la Universidad Pontificia
Gregoriana. Era, sin duda, el texto más contundente y mucho más favorable al
pueblo judío.
El nombre que Gunlach propuso a Pío XI como título
de la encíclica era Societatis unio.
Ninguna de las tres propuestas era un texto
completo. Varias partes requerían ser profundizadas. Hacía falta hacer nuevos
estudios. Y en realidad tampoco estaba claro si convenía utilizar
la versión francesa o la alemana. Pero la situación política y social
decidió todo.
Los riesgos de publicar la encíclica
En 1938 se promulgó en Italia la legislación
racista, y las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno fascista eran muy
tensas, lo que condenó a los borradores de la posible encíclica sobre el
racismo a que acabaran en los archivos.
Gundlach escribió en noviembre de 1938 una carta al
jesuita LaFarge, autor del documento en francés, para decirle que el Papa tenía
tantos problemas de salud que no podía decidir la publicación de un documento
que pondría en choque frontal a la Iglesia con los nazis.
Por lo que se refiere a la denuncia del racismo, el
Vaticano no tenía dudas. Lo que no estaba
claro era si la publicación de una encíclica favorecería o empeoraría la
situación. De hecho, tras la publicación, el 14 de marzo de 1937, de una encíclica
de Pío XI, la Mitt brennender
Sorge, donde denunciaba la incompatibilidad del catolicismo con los
presupuestos racistas y paganos del nazismo, ya había empeorado la situación
de los católicos y de los judíos en Alemania.
Pío XII también decidió no publicar
El entonces secretario de Estado del Vaticano,
Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, a quien se le ha acusado despiadadamente de
ser el «Papa de Hitler», estaba bien enterado de lo que pasaba.
Al ser elegido como vicario de Cristo concentró
todas sus energías en el intento de evitar el conflicto mundial, razón por la
que también se abstuvo de publicar la Societatis unio. Sin embargo, más
adelante utilizó gran parte del borrador del documento para publicar en 1939
otra encíclica: la Summi Pontificatus. Luego también se utilizó parte
de este material en 1941, con
motivo del quincuagésimo aniversario de la Rerum novarum, y en otros
discursos y cartas.
Se revela la exitencia de la «encíclica escondida»
Estrictamente habando no existió ninguna «encíclica
escondida», sino sólo textos base para elaborar una encíclica que jamás se
publicó.
No fue hasta 1995 cuando aparecía un libro en francés
con el título La encíclica escondida de Pío XI, firmado por George
Passelecq y Bernard Suchecky, basado en la edición francesa, en la que se exponían
las ideas del padre John LaFarge. El libro presentaba aquel borrador como
representativo de las ideas del Papa para la encíclica, aunque, como se dijo
antes, era en realidad el borrador alemán, el preferido de Pío XI.
Y recientemente se publicó en Alemania el libro Contra
el racismo («Wider den Rassismus», editorial Schöningh Verlag), en el que
el profesor Anton Rauscher, director de la Katholische Socialwissenschaftliche
Zentralstelle (instituto de la Conferencia Episcopal Alemana sobre doctrina
social), ofrece los inéditos documentos.
¿Y cuál es la defensa
de Pío XII?
Si los documentos
atestiguan que Pío XI, como
persona razonable y buen cristiano, se oponía a las acciones racistas, Pío
XII, su sucesor, el malévolamente apodado «el Papa de Hitler», también tiene
una defensa legítima: la de los propios judíos. Muchos de ellos han contado
sus historia, y agradecen la labor del vicario de Cristo, que ayudó a que
pudieran salvar su vida.
Mieli es judío,
implacable ante la terrible tragedia del Holocausto. «Vengo de una familia de
origen judío y he tenido parientes que murieron en los campos de concentración
durante la segunda guerra mundial. Por tanto, hablo de todo esto con mucha
dificultad» dijo al intervenir en Roma, el 6 de junio pasado, en la presentación
del libro Pío XII. El Papa de los judíos, escrito por Andrea Tornielli,
experto en asuntos vaticanos del diario milanés Il Giornale. Y añade:
«Durante un largo período de tiempo fueron precisamente los judíos
quienes dieron las gracias a ese pontífice por lo que había hecho», pero en
los años 70 algunos grupos con intereses políticos comenzaron a poner en duda
la labor de este Papa. Así que finaliza: «Quiero decirlo con la máxima
claridad: poner las responsabilidades sobre las espaldas de Pío XII es una auténtica
sinvergüencería».
Según el cálculo del judío Pinchas Lapide, algo
menos de un millón, entre 700 y 800 mil judíos, fueron salvados por la
Iglesia y por este pontífice.
CUÉNTAME UNA ANÉCDOTA
El
pescador
Un banquero de inversión estaba en el
muelle de un pueblito caribeño cuando llegó un botecito con un solo pescador.
Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño.
El banquero elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó
cuánto tiempo le había tomado pescarlos.
El pescador respondió que sólo un poco tiempo. El
banquero luego le preguntó por qué no permanecía más tiempo y sacaba más
pescado. El pescador dijo que él
tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.
El banquero luego preguntó:
«Pero, ¿qué haces con el resto de tu tiempo?».
El pescador dijo:
«Duermo hasta tarde; pesco un poco; juego con mis hijos; hago siesta con
mi señora, María; caigo todas las noches al pueblo, donde tomo vino y toco
guitarra con mis amigos. Tengo una
vida placentera y ocupada».
El banquero replicó: «Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte.
Deberías gastar más tiempo en la pesca y, con los ingresos, comprar un
bote más grande. Con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios
botes; eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros.
En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer
directamente a un procesador; eventualmente abrir tu propia procesadora.
Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución.
Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a la capital, donde manejarías
tu empresa en expansión.»
El pescador preguntó: «Pero, ¿cuánto tiempo tarda todo eso?», A lo cual respondió el banquero:
«Entre 15 y 20 años».
«¿Y luego qué?». El banquero se rió y dijo que
ésa era la mejor parte: «Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO
(oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te
volverás rico, tendrás millones».
«Millones... y ¿luego qué?».
Dijo el banquero: «Luego te puedes retirar.
Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde,
pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las
noches al pueblo donde tomas vino y tocas guitarra con tus amigos». El pescador
respondió: «¿Acaso eso no es lo
que tengo ya?».
Cuántas vidas desperdiciadas buscando
lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos.
FAMILIA
No sólo la mano, el
cinturón o algún objeto son capaces de golpear
Por Jesús Escamilla González
En muchos momentos los padres de familia,
abrumados por nuestras presiones familiares o emocionales, buscamos la manera de
que nuestros hijos puedan “entender mejor” y hagan lo que se les indique.
Estamos preocupados por saber cuál es la mejor manera de corregir: “tiene que
ser una forma que funcione y que en verdad sientan ellos que deben hacer lo que
uno les pide”. Es entonces cuando nos damos a la tarea de buscar. Quizá
comencemos con el manazo; después, si no funciona, con la chancla, o bien con
el cinturón (métodos y medios que fomentan y dan un claro ejemplo de
violencia, desesperación y
coraje). No obstante, esas no son las únicas formas de “violencia”: tenemos
también la mirada, la palabra hiriente y la indiferencia. Éstas no
dejan marcas aparentes en el cuerpo, no hacen moretones, e inclusive en muchos
momentos ni siquiera provocan llanto. Lo que sí es un hecho es que prevalecen
por mucho más tiempo y son más difíciles de “curar”.
¡Cuántas veces no hemos visto niños que
buscan la mirada de aceptación o rechazo de sus actos, volteando a ver la
mirada de sus padres! Estas miradas profundas y penetrantes que pueden ser desde
dulzura, amor y compasión, hasta fuertes golpes y latigazos que van a lo más
profundo del ser, el alma, convirtiéndolos en seres inseguros y temerosos en
busca de nuevas miradas que reemplacen a la de sus progenitores.
Otros golpes que van directo al alma son los
generados por la palabra, esa palabra aniquilante, humillante y tajante que
habla “de lo que somos y de cómo somos”. Que pueden ir desde un “eres un
tonto, flojo, estúpido…”, hasta un “cállate, no debes llorar”. En
verdad creo que si fuéramos más conscientes de lo que pueden generar esas
frases, nos abstendríamos de decirlas.
Por su parte, la indiferencia hace lo suyo
cuando se toma como una revancha, como un “ojo por ojo”, cuando reforzamos
conductas que reprobamos, o bien, cuando inconscientemente, orillados por
nuestra propia situación emocional, nos encontramos ausentes aun cuando físicamente
puedan vernos.
Y ante
todo esto quizá surja la pregunta: «¿Y
entonces cómo puedo hacer para que mi hijo me obedezca y me haga caso?».
La respuesta podríamos encontrarla en nosotros mismos, al hacer un
autoanálisis y poder observar cómo estoy repitiendo y trasladando la forma
en que yo fui “maltratado” (probablemente inconscientemente por parte de
mis padres o tutores ), y cómo lo
estoy haciendo con mis hijos. Entonces
podremos encontrar alternativas sanas. La
autoridad con los hijos es muy conveniente que sea ganada. ¿Cómo? Con base
en el respeto, el diálogo, en el jugar, en el reír, en todo aquello que
pareciera superfluo y a lo que cada vez hacemos menos caso. Es importante
arriesgar, darse la oportunidad de ser auténticos y de expresar al hijo el
amor incondicional que hay de nuestra parte hacia él.
INTIMIDADES
–LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Mis padres creen que soy
homosexual
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Tengo 22 años, estudio una carrera y llevo una vida
normal como cualquier joven. El consejo que le pido es porque mis padres creen
que soy homosexual, ya que no tengo novia y a mi casa sólo me visitan puros
hombres (además de que casi no tengo amigas).
La verdad es que no soy lo que ellos piensan, y esto se ha desatado
porque no tenemos una buena comunicación y es que no tengo la confianza de
hablar con ellos... Bueno lo cierto es que soy hombre y sí me gustan las
mujeres; de hecho, quisiera tener novia pero, al imaginarlo, creo que es
demasiada la responsabilidad.
Me parece que has estado demasiado encerrado en ti
mismo. Me refiero a tu ser más íntimo. Bueno,
en realidad no sé que tan profunda sea tu relación con tus amigos, pero el no
tener comunicación con tus padres y el casi no tener amigas me hace pensar que
te resulta difícil hablar de tus asuntos personales, tus sentimientos, tus
miedos, tus anhelos…
Tal vez seas muy tímido. En todo caso, es necesario
que adquieras más seguridad en ti mismo, que estés convencido de que vales
mucho y de que tus opiniones y tu presencia son importantes.
Qué bueno que consideres que el noviazgo es una
responsabilidad, porque sí lo es; pero las responsabilidades hay que
enfrentarlas, no evitarlas. Esto no significa que forzosamente debas tener novia
en estos momentos; pero sí que si se da el caso de que conozcas a una chica que
te atraiga, corras el riesgo de acercarte a ella, y, si te acepta como novio,
que asumas la responsabilidad del noviazgo. Es decir, que no sea el miedo lo que
te detenga.
Por otro lado, habla con tus padres. Si la
comunicación es mala, da tú el primer paso para mejorarla. Ya eres adulto y
no puedes seguir dependiendo, como un niño, de que los padres resuelvan todos
los problemas. No hace falta que insistas en el asunto. Diles que has notado
su preocupación y que quieres que sepan cómo eres en realidad.
Y, de ahí en adelante, mantén abierta la comunicación. Aun si ellos
no respondieran como tú quieres, tú continúa comunicándote. Tienes derecho
a expresarte, y eso es bueno para ti.
PINCELADAS
Ojos y párpados
Justo López Melús *
La de juez es quizá la acción más practicada por
el hombre. Nos pasamos la vida fallando, en el doble sentido de la
palabra: emitiendo juicios y equivocándonos. Nos pasamos la vida juzgando. Y
eso que Jesús lo prohibe expresamente en el Evangelio: «No juzguéis y no
seréis juzgados». Hay un defecto que es común al juez bueno y al juez
malo: que tanto el uno como el otro juzgan. Y eso siempre es muy peligroso.
Cuando uno de los discípulos cometió una grave
equivocación, todos esperaban que el maestro le aplicara un castigo ejemplar,
Pero cuando, transcurrido un mes, vieron que no pasaba nada, uno de los discípulos
manifestó al maestro su descontento: «No podemos ignorar lo sucedido. A fin de
cuentas, Dios nos ha dado ojos». «Sí —replicó el maestro—, pero también
nos ha dado párpados». Aquel día el maestro estaba inspirado, como siempre
que se trataba de defender al prójimo.
* El autor
es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)
EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
es una publicación semanal de Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de
C.V.
Esta versión de EL OBSERVADOR es una selección del
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