El Observador
Periodismo
católico para la familia de hoy
29 de abril de 2001 No. 303
SUMARIO
COLUMNA
HUÉSPED ¿Estamos robando la infancia de los niños?
EL
RINCÓN DEL PAPA Contemplar el rostro de
Cristo resucitado
¿Somos laicos o ateos?
AÑO
DE LA VIDA Incierto papel de la familia
El
cardenal Ratzinger critica el nuevo orden mundial
EL
TEMPLO DE BABEL Los símbolos de Cristo
Barrabás, o la tentación del poder
ORIENTACIÓN
FAMILIAR Miedos ante la espera de un bebé
PINCELADAS
Los gritos del profeta
COLUMNA HUÉSPED
¿Estamos
robando la infancia de los niños?
Por
Bruno Ferrari / Para El Observador.
En el año 2000, según un informe de la UNICEF, 11 millones
de niños murieron a causa de enfermedades que era posible evitar; 170 millones
de ellos estaban mal alimentados y más de 100 millones no tuvieron acceso a
servicios educativos. Esta dura realidad, además, se ve agravada por muchas
otras formas de explotación, entre las que destacan la prostitución infantil y
los trabajos forzados.
La primera, lamentablemente, sigue extendiéndose de manera
alarmante en todo el mundo, y la segunda es una práctica cotidiana,
especialmente en los países subdesarrollados. Aquí cabe aclarar, como he dicho
en otras ocasiones: no hay prostitución sin clientes ni corrupción de niños
sin corruptores.
Tampoco debemos olvidar que actualmente miles de niños y niñas
son “carne de cañón” principalmente de grupos guerrilleros y ejércitos
irregulares. En los últimos años más de dos millones de ellos han sido
asesinados y otros seis millones han sufrido lesiones o han quedado
discapacitados como resultado de conflictos armados, de los cuales, sin duda
alguna, no han sido responsables. Recuerdo que, no hace mucho tiempo y de visita
en algunos países centroamericanos, vi como a los niños no se les enseñaba a
contar con peras y manzanas, como aprendimos nosotros sino con balas y rifles.
Pero hay mas de una manera de robarse la infancia y la
adolescencia de los niños. Por ejemplo, en los Estados Unidos cada vez se ponen
más de moda los “USA PreTeen Princess”, concursos de belleza para niñas
menores de 10 años, en los cuales, además de participar completamente
arregladas como adultas con maquillaje incluido, deben recibir clases de
modelaje, algo de actuación, etcétera. También
ya es común ver que en los diferentes medios de comunicación se promueven
concursos y programación de “mayores” adaptados para los niños, como
telenovelas y talkshows.
Todo esto ha hecho que, de forma paulatina pero constante,
los menores cambien la percepción que tienen del mundo, sus preocupaciones y
sus actitudes. Un estudio reciente patrocinado por Coca Cola en ese país, mostró
que niños de 12 años de edad tienen las mismas actitudes o ven a la vida de
forma semejante que los jóvenes de 25 años. Esta encuesta encontró que entre
las principales preocupaciones de los primeros estaban “no tener suficiente
dinero» y “encontrar alguien para casarse para no estar tan solos cuando
crezcan”.
En fin, el agitado ritmo de vida que llevamos en la
actualidad hace que, de manera sutil, vayamos invadiendo el mundo de los niños,
arrebantándoles de esta manera espacios para la alegría, la serenidad y la
inocencia.
Como padres de familia y como sociedad debemos hacer todo lo
posible para cuidar que no se “quemen” etapas en el desarrollo de las
vidas de nuestros hijos.
Por
Mons. Joaquín Antonio Peñalosa
La televisión, este anteojo con que el hombre mira a larga
distancia, atraviesa un intenso período de perfeccionamiento. Los técnicos se
empeñan en entregar al mundo un aparato cada día más perfecto y más rico de
posibilidades, según los usuarios se empeñan en malgastar estos tesoros para
la distracción, la información, la comunicación del mundo. Vaciamos de
grandeza humana un invento lleno de perfección científica. Y abusamos de la
grandeza y hermosura de una técnica paciente y dolorosa. Éste suele ser el trágico
final de los juguetes en manos del niño inconsciente: acaba con ellos, no
importa lo que le hayan costado ni cuánto le hubieran hecho gozar. Y éste
suele ser también el ingrato destino de
los inventos modernos.
Por fortuna se va creando una conciencia en las autoridades,
en el sociólogo, en el maestro, en cuantos se interesan por el hombre y su
destino, frente a los problemas que plantea la televisión, cada vez mayores
conforme ensancha sus posibilidades. Son reveladoras las preocupaciones de la
Asociación Sicoanalítica Mexicana. Los programas televisados deforman la
mentalidad y el criterio del adulto, con mayor facilidad la cera suave de la
infancia.
Antiguamente era la madre o la abuelita quienes llevaban al
niño a esos cielos lejanos, jardines y mundos de fantasía, en
el relato delicioso del cuento a la caída de la tarde. A la magia de la
voz que narraba, la imaginación del niño construía sus sueños, trabajaba con
aquellos datos, pequeño obrero de un pequeño paraíso.
Después empezó a leer cuentos. El relato oral quedó
desplazado por la lectura. Surgió entonces toda una literatura infantil, rica
como enseñanza y como entretenimiento. Grandes escritores pusieron su ingenio
al servicio de la niñez, sin que pensaran que ese hecho les restaba celebridad
y nombradía.
El niño de hoy continúa leyendo cuentos, pero cuentos gráficos
donde la imagen sustituye a la palabra; cuentos escritos con criterio comercial,
sin la gracia del arte, sin la preocupación de la pedagogía. La literatura
infantil ha llegado a su ocaso. Al cuento oído, al cuento leído, sucede el
cuento visto en la televisión. El cine de casa.
Cuando la abuelita y la madre han venido a ser sustituidas
por un aparato electrónico, los niños se alejan más rápidamente del seno del
hogar, porque se rompe —en una etapa primordial para el desarrollo plenario de
los niños— la relación afectiva entre padres e hijos.
*Resumido de Minicharlas para papá y mamá, Ediciones Paulinas.
De la opinión de nuestro colaborador Walter Turnbull en
torno a la vergonzosa polémica sobre Carlos Abascal: «Posible
error o mala intención de la maestra. ¿Por qué, si la contratan en una
escuela cristiana, recomienda libros que con toda la destreza de un Premio
Nobel ridiculizan la moral cristiana o presentan como normal lo que para la
doctrina cristiana es pecaminoso? ¿Eran realmente necesarios para la materia
o se quiso lucir de atrevida? No olvidemos que en estos tiempos hacerse el
malo es un camino fácil para ganar popularidad. Si su intención era erotizar
a la sociedad desde una escuela cristiana, mal hecho».
EL RINCÓN DEL PAPA
En reciente catequesis dada en audiencia general por el Papa
en la plaza de San Pedro ante unos 20 mil peregrinos, se habló del tema «Contemplar
el rostro de Cristo resucitado».
«La audiencia de hoy —dijo el Papa— está inundada de la
alegría luminosa de Pascua (...) Es una alegría profunda e inextinguible,
fundada en el don por parte de Cristo resucitado de la alianza nueva y eterna
(...) que se prolonga no solo en la Octava de Pascua (...) sino que se extiende
durante cincuenta días hasta Pentecostés».
«En este marco espléndido de luz y alegría propias del
tiempo pascual —prosiguió— nos detenemos a contemplar juntos el rostro del
Resucitado, resumiendo y actualizando lo que no he vacilado en indicar como ‘núcleo
esencial’ de la gran herencia que nos ha dejado el Jubileo del año 2000».
«Cristo se nos revela —agregó— como hizo con sus discípulos
en el camino a Emaús: a través de las Escrituras y de su Carne y Sangre que
nos da en la Eucaristía. Nos pide que demos testimonio de Él, con nuestras
palabras y el ejemplo de nuestras vidas».
«Él tiene muchas cosas que explicarnos a propósito de su
destino y del nuestro», concluyó el Papa. «Revela, sobre todo, que toda
existencia humana debe pasar a través de su Cruz para entrar en la gloria.
Pero Cristo hace algo más: parte para nosotros el pan de la división,
ofreciendo esa comida eucarística en la que las Escrituras adquieren su
significado pleno y revelan los rasgos únicos y resplandecientes del rostro
del Redentor». (VIS)
¿Somos
laicos o ateos? *
Por
Luis Miguel Rubín
¡Dios no existe!, le repetían una y otra vez al joven
Sergei Kourdakov, que en su excelente autobiografía narra los «trabajos» que
realizaba al frente de las juventudes comunistas en la ex Unión Soviética,
entre los que destacaban propinar brutales palizas a los enemigos del Estado:
los creyentes. Parecía que para el sistema socialista soviético creer en Dios
ponía en jaque su forma atea de gobierno. El pueblo podía encontrar una verdad
en la Biblia donde descubriría que la libertad es un privilegio del ser humano;
algo que podría derribar la Constitución rusa que, aunque concedía libertad
religiosa, sólo era en apariencia, pues quien la profesara tenía como destino
fundirse en un campo de concentración o la muerte «accidental».
En nuestro país,
quizá en nombre de un laicismo ateo, se ha llegado a acusar a la Iglesia de
entrometerse en asuntos públicos. Tal vez el recuerdo del Benemérito de las Américas
ha inspirado a más de uno a gritar: «¡México no será vendido a la Iglesia!»,
y que la fe no debe sobrepasar los límites del hogar y del templo. Pero, ¿puede
una república democrática, representativa y federal, acabar con la libertad y
la participación religiosa?
El concepto de
laicidad ha sido malinterpretado y distorsionado, como muchos otros conceptos
proclamados originalmente por la Iglesia. Ejemplos hay muchos: cuando Pío XI
enseñó que la paternidad responsable era un término adecuado para enseñar el
compromiso de los padres con sus hijos, nunca se imaginó que se utilizaría
después por grupos ajenos a la Iglesia proclamando el «sexo seguro». La
solidaridad, expresada por Juan Pablo II con fundamento en la Doctrina Social
Cristiana, ahora pretende utilizarse por los perredistas del DF para justificar
la unión de parejas homosexuales «solidarias». El adjetivo laico, que ha sido
utilizado desde la edad media para distinguir a clérigos de fieles, a partir de
la Revolución Francesa se utiliza para perseguir a los cristianos. La persecución
de los cristianos por parte del general Calles en nombre de un laicismo mal
entendido es la mejor imagen de una perversa confusión que ha servido para
cometer los peores atropellos a los derechos humanos. Habrá que diferenciar
estos dos términos: o se es laico y se respetan las manifestaciones religiosas,
o se es ateo y se condena a quien no esté de acuerdo.
*
Artículo resumido.
AÑO DE LA VIDA
Incierto
papel de la familia
(extracto)
+
John J. Myers, obispo de Peoria
Los que nos criamos hace cuarenta o cincuenta años tuvimos una experiencia de familia un poco distinta que la mayoría de las personas de hoy. En mi experiencia personal miro hacia atrás con gratitud mi vida en una modesta granja y como parte de una comunidad rural con tres hermanos y tres hermanas. Ayudábamos a nuestro padre con su pequeño negocio y a nuestra madre con los quehaceres de la casa. Nos pasábamos mucho tiempo con nuestros abuelos, tíos y primos, que vivían cerca. La Iglesia y la oración formaban parte de nuestra rutina habitual. Estábamos lejos de ser perfectos, pero de alguna forma la riqueza de estas relaciones era a la vez un soporte y un desafío. Lo sigue siendo incluso hoy. Pero la nostalgia no nos llevará a donde necesitamos ir. Debemos encontrar la valentía para defender esta «primera y vital célula de sociedad». Quizá en ninguna otra época de nuestra historia hemos enfrentado tal amenaza a la sociedad como en el actual colapso de la familia. Otros tiempos y otras culturas han tenido sus dificultades, pero tal incertidumbre sistemática sobre el papel de la familia, y hasta tal falta de voluntad en preservarla, no tiene precedente.
La familia es más fructífera cuando se pone al servicio de la vida, y la clave para entender su importancia está en reconocer la dignidad de la vida humana. La crisis actual de la vida familiar ha sido demasiadas veces abordada con investigaciones que no saben de maneras de ayudar a la familia a efectivamente ser lo que es. En cambio, hemos sido inundados con intentos de «resolver» el problema de la familia redefiniéndola. Esto sólo confunde más nuestra comprensión de la dignidad de la familia, su propósito y su significado. La familia viene de Dios, y su poder y consuelo sólo pueden realizarse siendo fieles al plan del Creador.
El cardenal Ratzinger critica el nuevo orden mundial que
propone la Organización de las Naciones Unidas
Ésta
es la actual propuesta de la ONU: no vale la pena
que los ricos se sacrifiquen por el bienestar de los pobres, ¡la solución
está en eliminarlos!
Tras el fracaso del marxismo y las evidentes limitaciones del
modelo liberal, constata el
cardenal Ratzinger en un artículo que apareció en el diario italiano Avvenire,
surge el nuevo orden mundial, que halla expresión cada vez más evidente
en la ONU y en sus Conferencias internacionales. En los encuentros como los
celebrados sobre la población y sobre la mujer ha quedado clara una
verdadera y propia filosofía del hombre nuevo y del mundo nuevo.
«Una filosofía de este tipo no tiene ya la carga utópica
que caracterizaba el sueño marxista —explica Ratzinger—; por el
contrario, es muy realista en cuanto que fija los límites de los medios
disponibles para alcanzarlo y recomienda, por ejemplo, sin por esto tratar de
justificarse, que no hace falta preocuparse por el cuidado de aquellos que ya no
son productivos o que no pueden ya esperar una determinada calidad de vida». Esta
filosofía no pide a los hombres, habituados a la riqueza y al bienestar, hacer
sacrificios para alcanzar un bienestar general, «sino que propone
estrategias para reducir el número de los comensales en la mesa de la
humanidad, para que no se vea afectada la pretendida felicidad que éstos han
alcanzado».
«La peculiaridad de esta nueva antropología, que debería
constituir la base del nuevo orden mundial, resulta evidente, sobre todo,
en la imagen de la mujer, en la ideología del ‘Women’s empowerment’ (el
poder para las mujeres), nacida de la Conferencia de Pekín. Objetivo de esta
ideología es la autorrealización de la mujer: sin embargo, los principales
obstáculos que se interponen entre ella y su autorrealización son la familia y
la maternidad.Según esto, la mujer debe ser liberada, de modo especial,
de lo que la caracteriza, es decir, de su especificidad femenina»
«En el miedo a la maternidad que se ha apoderado de una
gran parte de nuestros contemporáneos entra seguramente en juego también
algo todavía más profundo: el otro es siempre, a fin de cuentas, un
antagonista que nos priva de una parte de vida, una amenaza para nuestro yo y
para nuestro libre desarrollo. Hoy no existe ya una ‘filosofía del amor’,
sino solamente una ‘filosofía del egoísmo’. Por este motivo, en este
punto del desarrollo de la nueva imagen de un mundo nuevo, el cristiano (no sólo
él, pero de todos modos él antes que los otros) tiene el deber de protestar».
EL TEMPLO DE BABEL
Los
símbolos de Cristo
Por
Diego García Bayardo
La religión católica es seguramente la que más ha desarrollado el uso de símbolos para representar distintas personas, ideas y conceptos. La riqueza simbólica de nuestra fe es evidente en templos, libros, pinturas y toda clase de representaciones artísticas.
Los protestantes eliminaron de su vida todos los símbolos, excepto la cruz vacía, y luego de siglos de desconocer y rechazar ese tipo de representaciones, ahora son incapaces de acercarse con tranquilidad y sensatez a símbolo alguno. No pueden ver un signo sin sospechar que ha de ser malo; hasta piensan que es cosa del diablo. Esta paranoia hacia el lenguaje simbólico es un absurdo patente, pues las palabras son símbolos y las letras y números son símbolos, así que los protestantes, si fueran congruentes, deberían callar para siempre y tirar o quemar la Biblia, la cual pretende hablarnos de Dios a través de signos creados por el hombre (letras).
Los católicos no hemos llegado al extremo protestante, aunque la ignorancia generalizada del católico y la moda de construir iglesias sin imágenes, símbolos y figuras nos está acercando poco a poco a semejante miseria intelectual y espiritual. Veamos a continuación algunos símbolos que representan a Nuestro Señor Jesucristo. Algunos son muy obvios, pero otros son tan poco conocidos que alguno podría pensar, equivocadamente, que son cosa de esoterismo o de algo así.
La cruz es el más común de los signos cristianos. La cruz nos remite al Crucificado, que es Jesús mismo.
La estrella representa a Cristo en su carácter de “Lucero del Alba” (Cfr. Ap 2, 28 y 22, 16).
Monograma de Jesucristo compuesto por las letras griegas iota (i) y chi (c). Es uno de los signos más antiguos.
El crismón es el signo más antiguo. Está formado por las letras griegas chi (c) y ro (r). Significa: “Cristo”.
El pez es una clave secreta usada en tiempos de persecución. Pez en griego se dice ichthys, y los cristianos tomaron esas letras como iniciales de: Iesos Christos Theou Hyios Soter, que significa: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador.
Monograma de Jesús en latín. Se interpreta usualmente como: Jesus Hominum Salvator (Jesús salvador del hombre).
Las letras griegas alfa (a) y omega (o) son la primera y la última del alfabeto. Representan a Cristo como principio y fin de todas las cosas (Cfr. Ap 1, 8).
Cristo también suele ser simbolizado por distintos animales, como el león, el cordero, el pelícano sangrándose, el ave fénix, el jilguero, la abeja, etc.
P.
Antonio Orozco
Llega un momento en que la persona que trabaja seriamente tiene ganas de divertirse. Es lógico. Dice la Sagrada Escritura que «todo tiene su tiempo, y todo cuanto se hace bajo el sol tiene su hora. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse y tiempo de danzar» (Ecle 3, 1-5). Y un poco más adelante: «Disfruta mientras eres joven y pásalo bien». No está bien visto en la Sagrada Escritura el llamado empollón (que sólo vive para el estudio), porque «el demasiado estudiar desgasta el cuerpo» (Ecle 11, 7-12). Aunque no cabe olvidar este consejo que se da a la vez: «Acuérdate de tu Hacedor ...».
Que nadie imagine la vida cristiana como un luto sin salida. Si Nuestro Señor Jesucristo hubiese sido un hombre triste, teatral —como se le suele representar en las películas—, los niños no se hubieran acercado a Él.
TIEMPO DE DANZAR.- Bien sabido es que la danza puede convertirse en una tumba del espíritu, del honor de la persona, de la pureza del alma y del cuerpo. Pero esto no significa que deba negarse al baile un valor saludable. Basta que no exceda las normas del buen sentido. Y se entiende bien lo que quiere decirse: que no sea sensual, que se guarden las debidas distancias, que no incite a ningún desorden moral, pues entonces ya no es diversión auténtica, sino pérdida de densidad humana y cristiana. Por lo tanto, los padres, primeros educadores, han de velar para que esta faceta normal de la vida, sobre todo cuando se es muy joven y se posee el casi irresistible instinto de danzar, se desarrolle con normalidad, es decir, según las normas de la nobleza, la honestidad y el decoro.
RECUPERAR LAS FIESTAS SALUDABLES.- Habría que recuperar aquellas fiestas de no hace tantos años, aunque ya muchos las desconozcan, que se celebraban en casa de los propios padres o de los de algún amigo o amiga, bajo luces claras y la mirada discreta, pero atenta, de alguna persona mayor. Así era fácil divertirse limpiamente. Siempre es posible, claro es, si se quiere, traspasar los límites de la moral, pero cuando se toman las precauciones debidas, es más difícil incurrir en lo que no estaba en la voluntad.
En las discotecas de estos tiempos que corren pasa lo contrario: quizá alguna persona privilegiada, tal vez muy ingenua o un poco tonta, pueda pasar una noche bailando y bebiendo sin ofender a Dios. Pero lo más fácil y seguro es lo contrario. Las discotecas, donde casi es imposible hablar, propician un tipo de expresión basada únicamente en el contacto físico, en la vibración y en los instintos estimulados por el sonido, la penumbra, cuando no por el alcohol o la droga.
SALIR, PERO SIN PERDERSE.- Divertirse —lo mismo cabe decir de las vacaciones— es salir un poco de lo habitual, del esfuerzo constante. Cabe decir, es salir un poco de nosotros mismos. Pero la alegría, el sosiego, la paz, la recuperación de energías no se consigue huyendo del verdadero centro de nuestra existencia, que es como nuestro centro de gravedad espiritual. Apartarse de Dios es una violencia profunda en lo más profundo del núcleo personal; y esto no puede proporcionar descanso auténtico. Cuando el Señor dice «Venid a mí los que estáis cansados...», entre otras cosas nos está advirtiendo que fuera de Él no hay descanso verdadero.
(Fuente:
www.cristiandad.org)
Barrabás,
o la tentación del poder *
La figura y personalidad de Barrabás es clave, tanto o más
que la de Judas, durante el proceso que concluye con la sentencia de muerte a
Jesús. Es cierto que Judas vendió y entregó al Maestro, pero existía todavía
el recurso y la decisión de la autoridad competente. Quizá allá, en el fondo
de su corazón, abrigó la esperanza de un juicio absolutorio para Jesús.
Fue una cobarde traición, pero no la condenación definitiva de Jesús.
Barrabás, en cambio, obtuvo su libertad a costa de la sentencia a muerte de Jesús.
No fue culpable en esto, sino beneficiario gratuito.
Pilato parece bien pertrechado en argumentos para soltar a
Jesús. Pero el político no siempre actúa con lógica, y comienza a ceder: «Le
castigaré, pues, y le soltaré» (Lc 23, 16). El pueblo percibe esta debilidad
y se envalentona y reclama lo suyo: «¡A Barrabás!» y, ante el asombro y
embarazo de Pilato, se escucha el clamor unánime e insistente contra Jesús:
«¡Crucifícalo!» (vv. 22 y 23). No
hay duda, pues, de que la libertad de uno condicionó y provocó la condena a
muerte del otro. Es Barrabás el último
eslabón que precipita y determina, sabiéndolo o no, la muerte de Jesús.
Pero aquí ocurre un incidente extraño al gobernador: la
intervención en grado de advertencia de su mujer. Entre las conversaciones de
palacio algo había oído Claudia Prócula acerca de Jesús.
Por monición divina o remordimiento de su conciencia sobre la injusticia
que su esposo estaba a punto de cometer, le advierte: «No te metas con ese
justo, porque he sufrido mucho hoy en sueños con motivo de él». Extraña
advertencia que no tendrá ningún éxito, pues, cuando el juez actúa como político,
se cierran los oídos a la verdad; pero no carece el político, aquí por boca
de una mujer, de la voz de la conciencia que le advierte de la injusticia.
¿Quién era y qué significa para 1a Iglesia y para el
cristiano la persona de Barrabás en el proceso a Jesús? «Barrabás era un
asaltante», leemos en san Juan (Jo 18, 40).
Tanto la palabra griega como el contexto político de la época nos
llevan a pensar en un combatiente de la resistencia, un guerrillero activo diríamos
hoy, «condenado por revuelta y por homicidio», según san Lucas (Lc 23,
19-25). Esto le mereció el título
de «prisionero famoso», que recoge san Mateo (Mt 27, 16).
No se trata, pues, de un simple ladrón ni de un asesino ocasional, sino
de un verdadero cabecilla de la resistencia dispuesto a jugarse la vida contra
el poder romano opresor. Es, por tanto, una figura popular libertaria y mesiánica.
De ahí que el puebio no dude en pedir su liberación.
Su mismo nombre apunta en esa dirección. Barrabás significa
«hijo del padre» (bar-abbá), nombre que coincide con los nombres de
militancia de otros guerrilleros, como Bar-kokeba, «hijo de la estrella», y
Teudas (Hech 5, 36), que incluye el nombre de Dios. Algunos manuscritos evangélicos
traen el nombre completo, le llaman Jesús Barrabás, es decir, «Jesús, hijo
del padre», lo cual contrapondría, hasta en el nombre, a dos mesianismos: el
político y violento de Barrabás, y el pacífico y religioso de Jesús. Barrabás
sería la contrafigura mesiánica y teológica de Jesús de Nazaret, que decía
tener por Padre a Dios (cfr. Jo 19,
7). No es, pues, un prisionero
tomado al acaso y por suerte liberado, sino un personaje símbolo que representa
el mesianismo opuesto y contrario al inaugurado por Cristo. Es antagonista en el
drama.
Todos se confabulan contra el Justo, y cada uno saca partido
a su manera y según sus intereses: los jefes religiosos y civiles, en
contubernio, obtienen la venganza largamente esperada; el populacho logra su
espectáculo; el líder demagogo y violento se sale con la suya y recobra su
libertad, la autoridad se lava las manos y logra conservar el poder. El precio
de todo esto es la muerte del inocente; todos sacan provecho a costa de Jesús.
Esto es lo que ahora se llama «el realismo político». Este esquema se repite
constantemente a lo largo de los siglos en la historia de las relaciones de la
comunidad cristiana con el poder. Pertenece a la sustancia miserable de la
condición humana, y revive con variantes en cada tramo de su triste historia.
Jesucristo sigue siendo la víctima inocente de las intrigas palaciegas y
de los grupos de poder hasta el fin de los siglos.
Lo que llevó, en último término y según el proceder
humano a la muerte a Jesús, fue el haber escogido un mesianismo distinto y
opuesto al que el juego del poder político y demagógico le ofrecían. Jesús
no pacta ni se alía con los poderosos, sino que sufre las consecuencia del
poder: «Padeció bajo el poder de Poncio Pilato» (Credo), pues «era necesario
que el Mesías padeciese y así entrara en su gloria» (Lc 24,26). En la Pasión se cumple en plenitud la prueba a que Jesús
fue sometido por Satanás desde el comienzo de su misión, cuando el diablo le
ofreció «todos los reinos del mundo con su gloria» si, postrado en tierra, lo
adoraba (cfr. Mt 4, 9). Estas pruebas las sufre Jesús en momentos de mayor
debilidad: después de un prolongado ayuno, y cuando es juzgado por un
gobernante cobarde y ante un populacho enardecido.
Como bien podemos observar, esta misma tentación es la que
ha sufrido la comunidad cristiana a lo largo de su historia, siempre que el
Estado ha querido cobijar su debilidad con el abrazo del poder. Es la tentación
que suele presentarse a la Iglesia, y cada vez que ha cedido a ella se ha visto
asfixiada en su espíritu y disminuida en su empuje misionero. Ante ningún régimen,
sea del signo que sea, la Iglesia no puede ceder ni pactar. Con el Concilio
debemos creer y profesar que, «así como Cristo realizó la obra de la redención
en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está destinada a recorrer
el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvación a los hombres» (LG
8)
La tentación de apropiarse del poder para beneficio
personal, la de mezclar lo político con lo religioso para afianzarse o
legitimar el poder, o la de avergonzarse de la fe para evadir compromisos
morales, tendrán siempre el signo de una preferencia de Barrabás y el
consiguiente rechazo y condena de Jesús.
+
Mano De Gasperin G.
Obispo
de Querétaro
*Artículo resumido.
ORIENTACIÓN FAMILIAR
Yusi
Cervantes Leyzaola
Mi esposa y yo estamos esperando un bebé. Ahora siento la responsabilidad de todo lo que esto significa, y aquí no hay marcha atrás, ya no valen las dependencias de ningún tipo. Me pregunto si podré hacerlo, si podré no proyectar en mis hijos la violencia y la hipocresía de mi padre, no repetir las cosas desagradables que viví con él. No quiero que aflore toda la basura de mi pasado. Tengo miedo, pero al mismo tiempo siento que éste es el mejor desafío hasta ahora que me va a dar la vida.
Ser padre es una responsabilidad y una bendición.
Si lo vemos por el lado de la responsabilidad, puede adquirir dimensiones terribles. Lo que está en las manos de los padres es nada menos que la vida del hijo, su felicidad, su equilibrio emocional, su salud física, su bienestar material... todo, en unas ineptas manos.
Si lo experimentamos por el lado de la bendición, es un gozo indescriptible que nos llena de gratitud, una magnifica oportunidad de crecer y una clara conciencia de que nuestra vida tiene contenido.
Es una responsabilidad, sí, pero quedarse en el miedo que ésta provoca es perder lo que de más humano, es decir, trascendente, tiene el ser padre.
Entiendo que tengas miedo. Con una historia donde tú a tu vez recibiste heridas de parte de tus padres, y sabiendo, como sabes, que tendemos a repetir los modelos que aprendimos en nuestra infancia, temes no ser un buen padre. Pero tienes el primer requisito para romper esa cadena que daña a generación tras generación: la conciencia. Y también el segundo, igualmente importante: la decisión de cambiar lo que haya que cambiar y de hacer las cosas del mejor modo posible.
Tú sabes el camino: sacar a la luz las heridas y sanarlas. Perdonar y perdonarte. Reconstruir en ti lo que haya podido ser dañado. Crecer, día a día, como ser humano. Podrás decir que te falta mucho y el bebé ya está aquí. Y bien, esta es una magnifica oportunidad de sanar tus propias heridas a través del amor que des a ese hijo. Cuando tú abraces a ese niño estarás también abrazando al niño que vive en tu interior; cuando escuches a ese hijo, estarás escuchando también a tu niño interno y sanando las heridas de no haber sido escuchado... En la medida en que hagas bien las cosas, estarás dejando de ser la víctima para ser una persona ejerciendo su poder de amar. Y eso transforma al ser humano.
Cometerás errores, claro. Y esos errores volverán a ubicarte en el piso: eres falible, imperfecto; necesitas constantemente examinar y enmendar el camino. En cuanto a los daños irreparables que se pueden hacer a los hijos, estos ocurren cuando los errores son constantes. Un hijo que a lo largo de su infancia es tratado injustamente o maltratado de alguna manera, cargará con una serie de problemas internos de los que no vamos a hablar ahora. Pero si de cuando en cuando el padre le grita sin razón, lo ignora o no lo toma en cuenta; pero luego se arrepiente, pide perdón al hijo y repara el daño, lo que el hijo aprenderá es que su padre también puede equivocarse, que siempre es posible pedir perdón, reconciliarse, reafirmar el amor.
Un hijo necesita un ambiente de seguridad, donde pueda ser él mismo, expresarse, ser tomado seriamente en cuenta —con sus necesidades, sus gustos, sus decisiones—. Necesita ser escuchado, tocado, acariciado, protegido... Y para eso no hace falta más que un auténtico amor —incondicional— y un profundo respeto. Y tú eres capaz de dar esto.
Está bien —es necesario— educar a los hijos, tener objetivos claros, disciplina, normas, responsabilidad. Usa la inteligencia, pero también, siempre, escucha al corazón. Disfruta a tu hijo, gózate en el amor: esto es lo más importante.
PINCELADAS
Los
gritos del profeta
Justo
López Melús *
Cuando el ambiente es adverso hay que andarse con mucho tiento, pues quizá intentamos elevarlo y es él el que nos rebaja a nosotros. Un sacerdote fue destinado a un pueblo rural, abandonado a sus instintos. Fue a quejarse ante el obispo por el nivel tan bajo en educación, en cultura e higiene. El obispo le pidió que tuviera paciencia. Años más tarde fue el obispo a visitarle, y el sacerdote le dijo que todo había cambiado... Era él el que se había hecho uno más.
Un profeta gritaba por la ciudad: «El país debe cambiar». Y todos le seguían. Pero, poco a poco, empezó a gritar que ellos también debían cambiar. Y ya no lo seguían tantos. Siguió gritando hasta quedarse solo. Y seguía gritando por la ciudad. Entonces uno se le acercó: «¿Para qué tantas voces si nadie te escucha?». Y su voz sonó más fuerte todavía: «Si yo me hubiera callado, ellos me habrían cambiado a mí».
* El autor es
Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)
EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
es una publicación semanal de Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V.
Esta versión de EL OBSERVADOR es una selección del total de artículos de la edición impresa.
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