El profesor judío Joseph H. H. Weiler presenta en Madrid el libro «Una Europa cristiana»
La razón
Nacido en Johannesburgo hace 50 años, Joseph Weiler ha vivido en
Jerusalén, Londres y Florencia. Actualmente es profesor de la New York
University en la cátedra Jean Monnet sobre la Unión Europea.
«Es absurdo que en la futura Constitución Europea no se citen las raíces
cristianas de Europa», sostiene. «Yo soy un judío practicante, pero también un
constitucionalista practicante, y como tal, debo recordar que la elección
constitucional de la mitad de los países miembros de la Unión Europea es la de
tener en cuenta y mencionar el cristianismo». Y aclara: «una Europa cristiana no
es una Europa exclusivista o necesariamente confesional, sino que respeta por
igual a todos sus ciudadanos, creyentes y laicos, cristianos y no cristianos».
«No tener miedo a la religión»
«Europa ¬continúa¬ tiene países orgullosamente laicos, como
Francia, pero también países como Gran Bretaña, donde hay una iglesia
protestante oficial, o Grecia, donde hay una iglesia ortodoxa oficial, o
Dinamarca, con su iglesia luterana, o Irlanda. No es posible que se adopte sólo
la sensibilidad constitucional francesa. Estoy en contra de un imperialismo
constitucional y cultural, que favorece una opción y excluye la otra. Es
importante el factor laico, es importante la Ilustración, es importante el
reconocimiento del papel que ambos han desarrollado en la historia de Europa,
pero también es importante reconocer la presencia y la importancia del
cristianismo.»
Para Weiler, «el mensaje del verdadero modelo europeo debe ser que no existe
contradicción entre democracia y religión. La democracia no debe de tener miedo
a la religión, y la religión no debe temer a la democracia. Y esta es una
actitud muy europea, ¿por qué excluirla?»
Weiler desmonta la teoría laicista partiendo de la premisa: «Es
curioso¬señala¬ lo que dijo Giscard D Estaign fue lo siguiente: yo soy
partidario de que se haga referencia a las raíces cristianas de Europa en el
preámbulo. Pero no ha habido consenso, así que no figurará . Y yo me pregunto:
¿por qué la premisa inicial es que Europa es laica, y por tanto Dios no entra?
¿Por qué la premisa no es la contraria? ¿Por qué no podemos decir: «Miren,
alguien ha propuesto que el cristianismo no figure, pero como no ha habido
consenso, finalmente lo mencionamos?» Y continúa: «Hay algo que se enseña con
demasiada frecuencia en nuestra sociedad de hoy en día, especialmente en las
universidades, a nuestros jóvenes, y es lo siguiente: «laicismo es igual a
neutralidad». Es decir, que el laico es neutral. ¿Esto es falso! ¿Por qué decir
No es neutral? El laicismo es una opción exactamente igual que la creencia. No
es neutra. Neutral es, por ejemplo, la constitución polaca, cuando dice:
«nosotros, ciudadanos polacos, tanto aquellos que creen en Dios como fuente de
verdad, justicia, bien y belleza como aquellos que no comparten esta fe pero
respetan estos valores como provenientes de otras fuentes...» ¿Esto sí es ser
neutral! ¿Por qué la constitución europea no puede tener algo parecido?»
Cristofobia
«Algunos ¬se lamenta¬ se han molestado conmigo porque digo que en
Europa existe cierta cristofobia , o que existe un ghetto cristiano:
evidentemente, no lo digo en un sentido comparativo, está claro que los
cristianos no viven como los judíos en la segunda guerra mundial. Lo digo en un
sentido provocador, para hacer pensar. El ghetto cristiano existe, pero por los
muros que ellos mismos se construyen. En cuanto a la cristofobia, hablo sobre
todo de un sentido cultural, de una tendencia que existe, y es la del progreso
identificado con el laicismo. Hay quien lee a Habermas o Derrida con auténtica
devoción, pero no lee una encíclica del Papa, que es igual de profunda y
enriquecedora».
Cuando se le pregunta sobre la prohibición del velo islámico en Francia o la
dignidad de la mujer en los países islámicos, apunta: «es una cuestión muy
delicada. Un país no puede prohibir el velo islámico por principio, porque esto
negaría la libertad religiosa. Se podría hacer, de buena fe, en caso de que
peligrara el orden público. Es cierto, hay que ser tolerantes y pluralistas,
pero siempre que la religión no sea coercitiva, sino voluntaria. Si la religión
se convierte en una obligación o implica violencia, entonces hay que saber decir
no . Y concluye: « A fin de cuentas, la nuestra es una buena civilización. Tiene
sus defectos, pero mantiene cierto equilibrio y hasta un cierto refinamiento que
hay que salvaguardar».