IV. LA EDAD DE ORO DE LA PATRÍSTICA
ENTRE LOS CONCILIOS DE NICEA (A. 325) Y CALCEDONIA (A. 451)
(continuación)
TEMA 21: ESCRITORES LATINOS (SIGLO IV Y COMIENZOS DEL V)
a) Características propias de la literatura y de la teología latinas de este período
El renacimiento teológico de Occidente tiene lugar con un siglo de retraso respecto al de Oriente. Después de las grandes figuras del siglo III (Tertuliano, Cipriano e Hipólito) la Iglesia latina no había producido más teólogos de valor, y desde la mitad del siglo III hasta la mitad del siglo IV había registrado una larga fase de estancamiento. Las razones de esta situación son tres principalmente:
La ausencia en Occidente de escuelas teológicas, o sea, de importantes centros culturales como Alejandría o Antioquía;
La ausencia del estímulo de las herejías cristológicas y trinitarias;
La menor difusión del cristianismo en Occidente respecto a Oriente. A esto se añade que el norte de África, donde había sido más viva la teología, se debatía en la contienda donatista, y esta circunstancia era negativa para producir los frutos deseados.
El renacimiento teológico en Occidente, a fines del siglo IV, tiene lugar, sobre todo, por el mérito personal de algunos teólogos sobresalientes como Jerónimo e Hilario de Poitiers que toman contacto directo con la teología griega y se apropian de los métodos y discusiones por ella elaborados. Por otra parte, contribuyó al renacimiento teológico también la aparición a fines del siglo IV y comienzos del V de tres nuevas herejías: el maniqueísmo, el donatismo y el pelagianismo.
—Bibliografía: Mondin, I, 335.
b) Problemas específicos del cristianismo occidental: el donatismo, el priscilianismo, el pelagianismo
DONATISMO
En 310 el obispo de Cartago murió al regresar de Roma, en donde había estado para explicar las razones por las que dio asilo al obispo Felix de Aptunga, autor de un libelo contra el emperador Majencio (280-312).
Los fieles eligen a Ceciliano, consagrado por Felix. Botrus y Celestio aspiraban a esa sede. Lucila, rica patricia, logró quitar de su sede a Ceciliano.
En un Concilio de Numidia fueron depuestos Ceciliano y Felix. Fue elegido, como obispo de Cartago, Mayorino, consagrado por Donato, obispo de Casas Negras. Comenzó el cisma.
A partir del 313, Constantino confió al proconsul Anulino la misión de pacificar Africa.
Se llegó a la conclusión de reunir un Concilio en Roma para dirimir la cuestión, al que asistieron el papa Milcíades, Materno de Colonia, Reticio de Autun y Marino de Arles con otros 15 obispos. También estuvieron presentes Ceciliano y Donato con diez obispos cada uno. El concilio se proclamó a favor de Ceciliano. El Concilio de Arles (314) confirmó las decisiones del de Roma.
Los donatistas se rebelaron. Constantino afirmó su postura en contra de ellos, por consejo de Osio de Córdoba.
Donato, sucede a Mayorino en la sede donatista de Cartago, y se convierte en hereje al proclamar su doctrina:
los donatistas forman la Iglesia de los buenos;
la Iglesia de Roma y las demás que la siguen son falsas; son inválidos sus sacramentos;
es agradable a Dios perseguir con violencia a los malos cristianos (origen de los circumceliones que saqueaban, mataban, etc.). Más de 300 obispos africanos se unieron a Donato.
Los emperadores romanos tuvieron una actitud diferente ante ellos. Valente los persiguió, Juliano (361) los aceptó. Durante el gobierno del conde Gildón, Optato ocupó la sede de Cartago. Ambos eran aliados.
Honorio encarga al tribuno Marcelino la pacificación del territorio. Se reúnen en Cartago 279 obispos donatistas y 286 católicos. Asistió San Agustí. Prevaleció la doctrina católica y Honorio condena a los donatistas en el año 411. El donatismo desapare3ció definitivamente con la invasión de los vándalos en 430.
—Bibliografía: Masson, 124-27.
PRISCILIANISMO
Prisciliano (+375) era un laico rico del sur de España, rigorista (semejante a los montanistas), consagrado obispo de Avila, al que seguían muchas mujeres, que muere ejecutado en Tréveris (primer caso en la historia). Su influencia perduró en Galicia hasta la mitad del s. VI. Su doctrina contiene elementos sabelianos y docetas. Negaba la creación del mundo por Dios y admitía un principio del mal.
PELAGIANISMO
Muchos pensadores coinciden en afirmar que, en la actualidad, el ambiente está saturado por una especie de pelagianismo que ignora las consecuencias del pecado y la necesidad de la gracia.
Pelagio (360-422) era un monje Bretón (inglés) muy austero y de ingenio penetrante que viajó a Roma hacia el año 400 y vivió ahí muchos años durante el siglo IV y V. Tuvo muchos amigos de gran calidad espiritual, como San Paulino de Nola. Entre sus discípulos más sobresalientes se cuentan Celestio, noble romano, y Juliano de Eclana que, según San Agustín, es el arquitecto del sistema pelagiano.
Con Celestio, se traslada en el año 409 (un año antes de la invasión de Alarico) a Cartago y luego a Jerusalén donde conoce a Rufino, un discípulo de Teodoro de Mopsuestia.
San Agustín combate su doctrina. Sin embargo, la moral pelagiana tiene muchos aspectos positivos. Sus temas favoritos son la paciencia ante las tribulaciones, el abandono del mundo, la vanidad de la vida, la inanidad de las riquezas, la belleza de la virtud, etc.
Sin embargo, es curioso constatar en sus escritos la ausencia total de la teología de la Cruz. Para él la santidad es una meta que se consigue con los propios esfuerzos sin necesidad de la gracia.
La gracia de la que habla Pelagio no es una gracia interior, sino sólo la gracia exterior de la enseñanza y del ejemplo. Puede ser una iluminación —de carácter puramente intelectivo—, pero nunca una gracia que mueva la voluntad, que —según Pelagio— es autónoma. Para Pelagio el cristianismo se limita sólo a una enseñanza, a una doctrina, no es el acontecimiento de una presencia que fascina.
En la escuela griega se seguían los principios fundamentales de la pedagogía antigua (paideia), según los cuales basta la capacidad natural (natura), el esfuerzo de la voluntad —aplicada de modo intenso (studium), habitual (usum) y constante (exercitium)—, y las enseñanzas y ejemplos del maestro para alcanzar la virtud.
Tanto el donatismo como el pelagianismo, nacen del desconocimiento de la fragilidad del hombre y de la fuerza del pecado. Ambas pretensiones llevan al orgullo, a la intolerancia y a la división. San Agustín, ante estos errores, hace una llamada a la humildad y a la caridad fraterna, al mismo tiempo que señala la necesidad de que todo los hombres avivemos en nuestro interior la disposición de misericordia con todos los pecadores.
Pelagio dice que es un deber de todo hombre vivir sin pecado (impecancia), como resultado de un esfuerzo constante. Pelagio afirma que no necesitamos más ayuda de Dios que la que nos dio al crearnos. Creado por Dios, el hombre es autónomo y vive con independencia de Dios.
Por eso, también dice que el pecado de Adán no es hereditario. No tenemos una mancha en el alma al nacer. Afirma que las penalidades de est vida son consecuencias de nuestros pecados personales y no de un supuesto pecado original. Adán fue creado mortal y la muerte no es consecuencia del pecado, sino algo previsto por Dios para el hombre desde la creación.
Esta doctrina le lleva a negar el Bautismo de los recién nacidos. Además afirma que Cristo es maestro del mundo y un ejemplo para nuestra vida, pero no es redentor de los hombres ni salvador.
San Agustín lo combate hasta el año 417. La Iglesia condenó esta doctrina en los Concilios de Cartago (411) y Milevi (413). Inocencio I confirmó estas condenas. Ante un titubeo de su sucesor, el papa Zósimo, en 418 se reúne un Concilio en Cartago donde se reafirma la doctrina sobre la gracia de San Agustín. El papa condena a Pelagio. En el Concilio de Éfeso (431) vuelve a ser condenada su doctrina.
Resumen de la doctrina pelagiana:
negación del pecado original;
suficiencia de la voluntad para las obras sobrenaturales;
negación de la gracia; admite una gracia de iluminación que es exigida por las buenas obras, y no gratuita;
el bautismo es sólo para imprimir el sello de la herencia de la vida eterna.
—Bibliografía: Masson, 278-80; L. Arias, voz Pelagio y Pelagianismo, en GER, vol. 18, Rialp, Madrid 1974 p. 190-193; L. Cappelletti, El estupor de la gracia no se puede imponer, en Revista 30 Días, Año X, n. 102 (1996) 36-39.
c) San Ambrosio de Milán
—Vida
339: De antigua familia cristiana, aristócrata y romana, nace en Tréveris, donde su padre era prefecto del pretorio de las Galias.
353: Al fallecer su padre, su madre lo lleva a Roma con sus hermanos Sátiro y Marcelina. Estudio gramática y retórica. Se educa con orientación hacia el derecho (estudios humanísticos y jurídicos): abogacía y administración pública.
370: Es constituido gobernador de la Liguria y la Emilia (sede en Milán).
374: Mueren Ausencio, el obispo pro arriano de Milán, y San Dionisio, el obispo niceno en el destierro. Ambrosio es bautizado (era catecúmeno todavía), ordenado sacerdote y consagrado obispo por aclamación unánime de arrianos y no arrianos, cuando durante uno de sus discursos como gobernador, se elevó de improviso una voz infantil "¡Ambrosio obispo!". Intentó la fuga, pero a lo pocos días acepta la designación. Después, distribuye sus bienes entre los pobres.
Es instruido por el presbítero Simpliciano (que luego le sucede) en base al estudio de la Escritura y la lectura de los Padres griegos, especialmente Orígenes, Atanasio y Cirilo de Jerusalén.
Tuvo intervenciones claras contra el paganismo; por ejemplo, cuando impidió que el Senado restituyera en su lugar la estatua pagana de la Victoria. También luchó contra el arrianismo, como en la ocasión en que se opuso a los deseos de la emperatriz de ceder una iglesia de Milán a los arrianos (385): opuso resistencia pasiva, encerrado en la basílica con los fieles.
378: Desde 378 a 397 tuvo estrecha relación con varios emperadores: Graciano, Valentiniano II y Teodosio. Fue excelente pastor de almas. Luchó contra el arrianismo y el paganismo. Fue valiente ante la autoridad civil, denunciando en ocasiones sus atropellos, como cuando obligó —por medio de una carta muy dura— a Teodosio a rectificar su conducta y a hacer penitencia pública por la matanza que había ordenado llevar a cabo en Tesalónica (siete mil muertos) por un levantamiento sucedido allí (390).
397: Muere.
—Obras y pensamiento
—Obras exegéticas: utiliza el método de Orígenes; da primacía al sentido moral; especulativamente depende de los orientales:
AT: Sobre el paraíso; sobre Abraham; sobre Noé; comentario al Hexamerón, etc.
NT: explicación del Evangelio de San Lucas.
—Obras ascético-morales: sobre las vírgenes; sobre las viudas; sobre los deberes de los ministros sagrados (inspirada en el "De oficiis" de Cicerón.
—Tratados dogmáticos: lucha antiarriana y catequización de los paganos):
De fide (sobre la fe) a petición de Graciano (367-83);
Sobre el Espíritu Santo;
Sobre el misterio de la Encarnación del Señor;
Sobre los misterios;
Sobre los sacramentos;
Sobre la penitencia (contra los rigoristas novacianos);
—Otros escritos:
Discursos fúnebres (Valentiniano y Teodosio);
Cartas al Papa, a los obispos...;
Himnos para la liturgia ambrosiana (Deus creator mnium, Iam surgit hora tertia...).
—Doctrina moral en el "De officiis ministrorum"
Entre sus obras morales se cuentan los tres libros Sobre los deberes de los ministros, dirigidos a sus clérigos; constituyen el primer tratado sistemático de ética cristiana, en el que sigue la pauta y el plan general del De officiis de Cicerón. Es la obra más importante de Ambrosio.
Esta obra es ciertamente posterior al 386, cuando se hallaba en plena posesión de su experiencia pastoral.
El primer libro trata de lo honesto, de las cuatro virtudes cardinales y de los deberes que se derivan de lo honesto.
El segundo libro trata de lo útil y de los deberes que se relacionan con él. Ambrosio desarrolla en estas páginas la noción de summum bonum que Cicerón había tratado en su De finibus.
El libro tercero trata de los conflictos entre lo honesto y lo útil. En las ideas, y hasta a veces en las expresiones, sigue de cerca a su modelo.
Es de gran interés esta obra de Ambrosio para estudiar cómo aprovecha la obra de Cicerón, qué cosas rechaza de la misma y que cosas conserva. Para Ambrosio lo que hay de bueno en la filosofía pagana ha sido tomado de la sabiduría hebrea, y hay que corregirla en casi su totalidad, y reformarla según los principios cristianos.
Desde el mismo fundamento hay que purificar la ética pagana, que no tiene la solidez de la moral cristiana apoyada firmemente en su aspecto religioso, es decir, considerada en cuanto expresión de la voluntad de Dios.
Conceptos de la ética estoica, como la distinción entre razón y pasiones, el deseo del "sumo bien", la clasificación de las virtudes (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), el valor atribuido al juicio de la conciencia, etc., son transformados por Ambrosio. Por ejemplo, incluye en la virtud de la templanza el concepto de modestia, de la verecundia, tan poco familiar al espíritu pagano. De esta manera, cada noción moral adquiere un sentido, una eficacia, un alcance nuevo.
Defectos de composición son: las fluctuaciones en la exposición, la marcha libre de ideas, una falta de claridad deseable. No siempre supo conciliar y unificar las ideas presentes en su pensamiento.
Su valor es grande, sin embargo, porque en ningún otro tratado se percibe mejor hasta qué punto los dogmas capitales del cristianismo (fe en la Providencia y en Jesucristo, esperanza en la inmortalidad del alma y en la remuneración de ultratumba, etc.), han iluminado y solucionado plenamente muchos de los problemas que siempre se ha planteado el hombre.
—Importancia universal de su actividad
Contribuyó a la difusión del cristianismo en todo el valle del Poo.
Sus obras morales y ascéticas han tenido gran importancia en la posteridad.
Clarificó las relaciones entre Iglesia y Estado (independencia de la Iglesia; cooperación del Estado a la Iglesia; reforzar la autoridad del Papa).
La liturgia ambrosiana está aún vigente en Milán.
—Bibliografía: Moliné II, 11-157; Fliché III, 449-452.
d) San Jerónimo: su importancia como traductor y exégeta de la Biblia
—Vida
347: Eusebius Hiernonymus, de temperamento sanguíneo y gran sensibilidad, nace, de padres cristianos y familia acomodada, en la ciudad fortificada de Estridón (actual Lubiana, cerca de Aquilea, en el ángulo nororiental de Italia, no lejos de Trieste, en la frontera con Dalmacia y Panonia). Aprendió a leer, escribir y contar en su ciudad natal.
359: Es enviado por sus padres a Roma donde estudia gramática, retórica, filosofía y derecho. Tuvo como profesor al célebre gramático Donato. Se aficiona a la lectura de Virgilio, Horacio, Quintiliano, Séneca y, sobre todo, de Cicerón. Tuvo una vida frívola y disipada. Recibió el sacramento del Bautismo junto con su compañero de estudios, Bonoso. Otro de sus compañeros era Rufino.
367: Viaja a Tréveris (actual ciudad de Alemania). Ahí experimenta una primera conversión y comienza a estudiar la teología. Copia obras de San Hilario de Poitiers e intensifica su vida de piedad.
370: Vuelve a su patria con Bonoso. En Aquilea forma parte de un círculo de ascetas en torno a Valeriano, el Obispo. Forman parte de este grupo: Cromacio, Rufino y Heliodoro. Comienza a llevar un ascetísmo rigurosísimo. Es un gran erudito.
374: Después de viajar por Tracia y Asia Menor, se instala en Antioquía, donde recibe clases de Sagrada Escritura con Apolinar de Laodicea.
375: Permanece tres años en el desierto de Calcis -al sur de Alepo, Siria-, llevado por su ideal ascético. Enferma de gravedad. Ahí tuvo su famoso sueño, en el que él decía: "Soy cristiano", y se le respondía: "Mientes, tú eres ciceroniano, y no cristiano: donde está tu tesoro, allí está tu corazón...". Ahí un judío converso le enseña hebreo.
377: Regresa a Antioquía en donde el obispo Paulino le ordena de presbítero.
381: Asiste como observador al Concilio de Constantinopla, y conoce a Gregorio Nacianceno, a Gregorio de Nisa y a otros Padres conciliares. Estudia a Orígenes y lo traduce al latín.
382: Junto con Paulino, se dirige a Roma. San Dámaso, papa, le hace su Secretario. Comienza su labor de traductor al latín y corrector de la Sagrada Escritura. Se encarga de revisar la "Vetus Latina". Hace amistades y enemistades. Comienza a dirigir espiritualmente a un grupo de mujeres piadosas en un palacio del Aventino (Marcela, Paula, Asella, Eustoquio, etc.).
384: Al morir San Dámaso, se traslada a Oriente. Viaja por Fenicia, Palestina, Siria y Egipto. Conoce a Dídimo el Ciego que le pone en contacto con los escritos de Orígenes. Conoce también a los monjes y eremitas del desierto a ambos lados del Nilo.
396: Se instala en Belén, donde compone la mayoría de sus obras. Fundamentalmente se centra en la traducción del Antiguo Testamento. Conocía el griego, el hebreo y el caldeo. Tenía abundantes conocimientos de arqueología bíblica, e íntimo trato con otros exégetas griegos y latinos, antecesores y contemporáneos suyos. Funda un monasterio de hombres y tres de mujeres (dirigidos por Paula). En Belén pasa 34 años traduciendo e investigando la Sagrada Escritura. Recibió muchas consultas, incluso de San Agustín. Tomó parte en dos polémicas: la origenista (aspectos polémicos con su obispos, Juan de Jerusalén) y la pelagiana (compuso algunas obras; los pelagianos incendiaron su convento).
405: Termina su labor de traductor. Escribe otras obras de carácter ascético, histórico, hagiográfico y doctrinal, además de comentarios bíblicos, homilías, sermones y cartas.
420: Muere en Belén el 30 de septiembre.
—Escritos y doctrina
Tiene un estilo de gran belleza.
—Traducciones:
de Orígenes (78 homilías y el "De Principiis");
de Eusebio de Cesarea ("Crónica");
de Dídimo el Ciego ("Sobre el Espíritu Santo").
la Biblia Vulgata (se sirvió de las "Hexaplas" de Orígenes)
Antiguo Testamento: los protocanónicos y algunos deuterocanónicos
Nuevo Testamento: 4 Evangelios; epístolas; se ha hecho en el siglo XX la Neovulgata.
—Obras exegéticas (al principio utiliza la exégesis alegórica; al final, la literal): S. Mateo; 4 epístolas de S. Pablo; Génesis; Salmos; Eclesiastés.
—Obras polémicas: Contra Elvidio, Contra Joviniano (defiende el monaquismo); Disputa entre un luciferario (Lucifer, obispo de Cágliari, era rigorista con los arrianos) y un ortodoxo; Apología contra Rufino (origenista: controversia); Diálogo contra los pelagianos (415).
—Obras históricas y Cartas: De viris illustribus (392-392), 150 Cartas.
—Sus versiones de la Sagrada Escritura:
A finales del siglo IV había ya mucha diferencia entre los diferentes códices latinos de los Evangelios, muchos de ellos muy alterados en su sentido original.
Por encargo del papa Dámaso, durante su segunda estancia romana (384), San Jerónimo comienza la revisión de la traducción latina de los Evangelios. Es el principio de la versión latina de la Biblia, que se ha llamado posteriormente "Vulgata", recomendada, como versión oficial, el Concilio de Trento. Esta traducción eliminó, no del todo aunque sí en buena parte, la antigua versión latina que se designa (con bastante impropiedad) con el nombre de "Itala".
De ciertos libros de la Biblia, San Jerónimo no retocó las traducciones latinas que existían (los deuterocanónicos: Sabiduría, Eclesiastés, Libros I y II de los Macabeos, Baruch) por no hallarse incluidos en el canon hebreo.
Otra serie de libros los revisó sumariamente: los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de San Pablo, el Apocalipsis.
Compuso una triple traducción al Salterio:
El "Salterio Romano" (actualmente desaparecido) según la versión prehexaplar de los Setenta que él llama "Koiné" (durante su estancia romana, en 384);
El "Salterio Galicano" según el texto exaplar griego de Orígenes (en 387); en 1592 es introducido en la Biblia Sixto Clementina, y forma parte de la "Vulgata" a partir de entonces;
El "Salterio Hebreo" según el texto hebreo (395), que nunca fue utilizado por la Iglesia en las funciones litúrgicas.
Además, rehizo el texto de los Evangelios según los manuscritos griegos más antiguos que pudo hallar.
Por último, tradujo por primera vez del hebreo los libros canónicos del Antiguo Testamento (del 390 al 405).
No contento con fijar un mejor texto latino de los libros santos, se esforzó también en facilitar su inteligencia por medio de una serie de comentarios, en los que se sirvió en gran escala de Orígenes, y que contienen elementos inestimables, aunque elaborados con demasiada rapidez.
—Bibliografía: Fliché III, 452-453.
e) Breves noticias sobre otros autores occidentales de esta época
RUFINO DE CONCORDIA (AQUILEYA)
Mientras que Epifanio de Constanza, Juan Crisóstomo, Jerónimo y otros participaron en diversa medida, a finales del siglo IV y comienzos del V, en la disputa en torno a Orígenes y su teología, Orígenes constituyó el principal campo histórico-literario del trabajo de Tirano Rufino porque la mayor parte de la ingente obra de Orígenes se ha conservado sólo por sus traducciones.
Rufino nació en Concordia, al oeste de la ciudad de Aquileya, hacia 345. Recibió en Roma, junto a Jerónimo, su formación gramatical y retórica. Hacia 371 recibió el bautismo en Aquileya y se unió a una comunidad monástica. Estuvo ocho años en Egipto, recibió clases de Dídimo el Ciego y conoció la teología origenista.
En 381 fundo en Jerusalén un monasterio en el Monte de los Olivos, donde vivió dieciséis años. Fue ordenado presbítero hacia 392. Defendió a Orígenes, al estallara la controversia en 393, junto a su obispo Juan y en el bando opuesto de Epifanio y de Jerónimo.
Rufino volvió a Roma en 397. Desde entonces hasta el 402 sostuvo una agria polémica con Jerónimo con motivo de los escritos de Orígenes. Rufino traduce varias obras de Orígenes con bastante libertad y tratando de limar los pasajes de difícil comprensión.
Durante la invasión de los godos, estuvo en Roma, luego en el monasterio de Pinetum (no lejos de Terracina) y más tarde pasa a Roma (410), Silicia y Mesina, donde fallece entre 411 y 412.
Rufino es el testigo principal de la teología de Orígenes.
—Bibliografía: Drobner, 366-369.
OPTATO DE MILEVI (c. 320 - c. 390)
Optato fue obispo de MIlevi, en Numidia (hoy Mila, Algeria). Se conoce muy poco de su vida. Agustín y Jerónimo nos han dejado algunos datos biográficos.
Ocupa un puesto importante en la Historia de la Teología gracias a su obra De schismate donatistarum o Contra Parmenianum, traducida al italiano con el título de La vera Chiesa. Es la primera obra antidonatista. Esta obra tiene importancia como fuente histórica del donatismo y desde el punto de vista eclesiológico.
Se compone de siete libros. Señala que además de las notas de la Iglesia de la unidad, santidad y apostolicidad, está la nota de la catolicidad y la comunión con la Iglesia de Roma. Proporciona la lista completa de los papas que han sido obispos de Roma hasta Siriaco (384-399), contemporánea a él.
Optato se opone a la práctica de volver a bautizar a los que habían caído en la herejía, como afirmaban los donatistas.
—Bibliografía: Mondin, I, 339-341.
TEMA 22: SAN AGUSTÍN DE HIPONA
a) Importancia de San Agustín para la historia del cristianismo y para la teología y la espiritualidad católicas
Entre los Padres de la Iglesia, Agustín merece un capítulo aparte, dada la singular grandeza de su pensamiento. Figuras como Tertuliano, Cipriano, Ambrosio, Hilario y Jerónimo palidecen frente a la grandiosidad de San Agustín. Algunos escritos de Agustín como las Confesiones, la Ciudad de Dios, La Trinidad y La doctrina cristiana, iluminan no solamente la época patrística, sino que también han marcado de modo indeleble el camino de todas las épocas sucesivas de la historia de la teología. Con Agustín la teología ha alcanzado unos de sus hitos más altos, de todos los tiempos, quizá el más alto de modo absoluto.
El doctor de Hipona ha influido poderosamente en toda la civilización occidental. Su influjo abarca no solamente la mística y la política, sino toda la civilización medieval en cuanto tal. Todos los elementos esenciales de su cultura (las doctrinas, las costumbres, los valores, las mismas instituciones políticas) son manifestaciones de la cosmovisión elaborada por Agustín. Solamente cuando al fin de la Edad media comienza a afirmarse la autonomía de la ciudad terrena frente a la ciudad celeste, con el advenimiento de la secularización y el triunfo de lo profano, la civilización cristiana —construida sobre las bases proporcionadas por Agustín— entrará en crisis y se desvanecerá.
—Algunos rasgos de su pensamiento e influjo en la historia de la teología:
Tiene la máxima autoridad del siglo V al XIII.
Sintetiza todo el pensamiento cristiano de la antigüedad.
Funda el pensamiento cristiano posterior.
Hace un sistema completo de filosofía y teología.
Se basa en su lema: "Intellige ut credas, crede ut intelligas".
En filosofía se apoya en los neoplatónicos, con su concepto de Dios y del alma.
En teología propone una adhesión a la fe a través de la SE, la T y el Magisterio de la Iglesia (regula fidei).
Estudia con profundidad la Trinidad, la gracia y el pecado original.
Propone los fundamentos de los medios para alcanzar la santidad en la vida sacramental y de oración.
—Bibliografía: Cfr. J. Morales, Teología IV: Historia de la Teología, en GER 22 (1975) 252-256, Mondin, I, 369 y 419.
b) Vida de San Agustín: centralidad de la conversión; las grandes polémicas contra maniqueos, donatistas y pelagianos
354: Aurelio Agustín, nace en Tagaste el 13 de noviembre. Es teólogo, místico, filósofo, poeta, orador, polemista y pastor. Se caracteriza por su ardiente búsqueda de la verdad. Su padre (+370) era miembro del consejo municipal. Su madre, Santa Mónica. Recibe formación en gramática, aritmética y latín (no griego).
365: Se traslada a Madaura para continuar sus estudios.
371: Va a Cartago a estudiar retórica. Cae en una profunda crisis moral.
374: Lee el Hortensius de Cicerón y comienza a buscar la verdad. No entendía la Biblia y cae con los maniqueos (fue auditor) que pretendían resolver el problema del mal con el dualismo. Da clases de gramática dos años en Tagaste hasta que muere un amigo de la infancia y se traslada nuevamente a Cartago a la escuela de Romaniano. Ahí abre él mismo una escuela.
383: Abandona el maniqueísmo al descubrir la sabiduría aparente del maniqueo Fausto. Había seguido estudiando a Cicerón, Varrón, Celso, los estoicos, el epicureísmo, el pitagorismo, las Categorías, los Tópicos, el Peri hermeneias, el Timeo, el Fedón, la Isagogé, y los Oráculos. Viaja a Roma. Dudaba de todo y cae en el escepticismo.
384: Se instala en Milán. Los domingos asiste a Misa y oye a San Ambrosio. Lee las Eneadas de Plotino y renace en él el antiguo deseo de sabiduría. Lee a San Pablo y descubre a Cristo Redentor (pecado, gracia, redención). Sostiene conversaciones con amigos cristianos.
386: Sólo, oye la voz de un niño que le dice "tolle, lege". Al azar, abrió la SE (Rom 13, 13-14) y decide convertirse. Abandona la cátedra de retórica. Entre octubre y noviembre está en Casiciaco, una casa de campo a las afueras de Milán, para meditar.
387: Lo bautiza San Ambrosio en Milán con Adeodato, su hijo, y su amigo Alipio. Muere Santa Mónica en Ostia. En Roma visita los monasterios.
388: Se reúne en una casa con unos amigos a hacer penitencia y ayunos, y funda un monasterio.
391: Va a Hipona para fundar otro monasterio y el obispo, Valerio, le pide que acepte ser sacerdote; se resiste, pero cede al ver la voluntad de Dios.
396: Obispo auxiliar de Hipona.
397: Muere Valerio y Agustín se convierte en obispo de Hipona. Desde su estancia en Roma hasta el 399 sostiene la polémica antimaniquea.
400: Escribe "La dignidad del matrimonio". Desde entonces hasta el 411 sostiene la polémica antidonatita; el donatismo había comenzado el 313; con el tiempo llegó a contar con 500 obispos que formaban grupos armados, los "circumceliones".
401: Escribe "la santa virginidad"
411: Sostiene un debate público en Cartago. Al final de la vida de San Agustín el donatismo estaba en vías de extinción. A partir del 411 hasta el final de su vida sostiene la polémica sobre la gracia, principalmente contra Celestio, pelagiano del norte de Africa. Por eso se le llama "doctor gratiae".
415: Escribe "Comentario literal al Génesis"
419: Escribe "Las uniones adulterinas"
420: Escribe "Las bodas y la concupiscencia"
429: Los vándalos invaden el norte de Africa.
430: Los vándalos asedian Hipona. Muere en Hipona durante el asedio el 28 de agosto, a los 76 años.
—Bibliografía: Cfr. J. Morales, Teología IV: Historia de la Teología, en GER 22 (1975) 252-256.
c) Obras de San Agustín
Son 93 obras, 232 libros, sermones, y cartas.
Con un estilo de gran calidad y sobriedad clásica.
—Autobiografías
Las Confesiones (397-400): 13 libros.
Retractationes (volver atrás)(427).
—Escritos filosóficos
Contra académicos (386);
De vita beata;
De ordine (problema del mal);
Soliloquia (existencia de Dios e inmortalidad del alma);
De quantitate animae (388);
De magisterio (389).
—Obras apologéticas
De Civitate Dei (413-426);
De vera religione (390);
De utilitate credendi (391).
—Escritos dogmáticos
De Trinitarte (399-419);
De diversis quaestionibus octogintatribus (388-396);
De diversis quaestionibus ad Simplicianum (post 397).
—Obras polémicas
De moribus Ecclesiae Catholicae et de moribus maniquaeorum (387-88);
Contra Faustum manichaeum (397-400);
Contra Secundinum manichaeum (399);
Contra epistulam parmeniani (400);
De baptismo (400-401);
Post collationem contra donatistas (411);
De natura et gratia (414-415);
De gratia Christi et de peccato originali (418);
De nuptiis et concupiscentia (419);
Contra Iulianum (421);
De gratia et de libero arbitrio (426-27);
De correptione et gratia (427);
De praedestinatione sanctorum (428-29);
De dono perseverantiae (428-29);
De haeresibus (428-29).
—Obras morales y pastorales
De mendacio;
De sancta virginitate;
De continentia;
De patientia;
De catequizandis rudibus (400).
—Obras exegéticas
De doctrina christiana;
De Genesi;
Enarrationes in Psalmos;
De sermone Domini in monte;
Tractatus in Evangeliu Iohannis;
Tractatus in Epistulam primam Iohannis.
Sermones (500 conservados y cartas (250 conservadas).
—Bibliografía: Cfr. J. Morales, Teología IV: Historia de la Teología, en GER 22 (1975) 252-256.
d) Las confesiones
Las Confesiones es la obra más famosa de San Agustín, y la única que figura en la literatura universal. Sus trece libros son la fuente principal para el conocimiento de su vida y de su evolución interior hasta su bautismo y hasta la muerte de su madre Mónica (387).
Confesio en latín no significa sólo confesión, sino también reconocimiento de la grandeza y la bondad de Dios. Así entiende Agustín el título de su libro.
Las Confesiones se divide en dos grandes parte, siguiendo ese criterio: los libros 1-9 contienen la confesión de los errores de Agustín hasta su conversión, terminando con la muerte de su madre Mónica en Ostia; y los libros 10-13 alaban a Dios y su creación con el libro 11, famosa y gran filosofía del tiempo.
Agustín comenzó las Confesiones después de la muerte de Ambrosio (4 de abril de 397). La obra competa fue terminada el año 400.
Se han constatado algunas diferencias entre las Confesiones y los diálogos escritos en Casiciaco. La finalidad de las Confesiones no es la de ofrecer un relato biográfico "objetivo", sino las reflexiones del obispo sobre la vida, de modo que nos aproximaremos lo más posible a la verdad si tenemos en cuenta a la vez ambas fuentes, sin perder la distinta época de su escritura y la diferente intención que las motivó.
—Bibliografía: Drobner, 443-444.
e) La Trinidad
San Agustín debió tener muchas dificultades para escribir su obra De Trinitate, como él mismo hace notar en el prólogo. En un trabajo de catorce años (399-412) habían nacido doce libros, pero Agustín no estaba satisfecho con los resultados obtenidos y, por eso, aplazó la publicación. Hasta el año 420 no apareció la obra completa en sus quince libros.
De Trinitate es una de las obras de San Agustín que no nacieron de motivos externos sino internos. Los quince libros se dividen en cinco grandes partes: 1) I-IV: los testimonios de la Escritura respecto a la unidad y consustancialidad de la Trinidad; 2) V-VII: la doctrina de las relaciones como características diferenciadoras de las personas de la Trinidad; 3) VIII: el conocimiento de Dios mediante la verdad, bondad, justicia y amor; 4) IX-XIV: la imagen de la Trinidad en el hombre; 4) XV: resumen y retoques de la obra.
—Bibliografía: Drobner, 450-452.
f) La Ciudad de Dios
Con la conquista de Roma por los visigodos de Alarico (410) se hizo añicos para los romanos un mundo según el cual Roma era la "Ciudad eterna", centro del mundo y quintaesencia de toda cultura. Esta cultura el cristianismo la había hecho suya. Era lógico que ahora se culpara al cristianismo de haber provocado esta catástrofe con la represión de los antiguos dioses romanos.
Agustín suministró una extensa apología en su De Civitate Dei (22 libros). La confeccionó en etapas a lo largo de catorce años (413-426).
Agustín mismo describe en forma insuperable en Retractationes (II 43) la estructura y el contenido de la obra. Se trata de una apología amplia dispuesta en dos partes, y de la exposición de una teología histórica del cristianismo.
—Bibliografía: Drobner, 452-454.
g) El pensamiento filosófico
San Agustín es el máximo exponente de la filosofía cristiana durante el período patrístico y uno de los más geniales pensadores de todos los tiempos. Mejor que ningún otro logra la síntesis armoniosa entre platonismo y cristianismo. Su filosofía religiosa y su doctrina teológica tiene un influjo decisivo en la Edad Media y el Renacimiento, tanto en el aspecto teológico como en el social. Influyó en todos los ámbitos: dogmático, político, místico, de reforma, etc.
—El momento histórico
Político: terminadas las persecuciones, el Estado apoya a los cristianos, pero se entromete en las cuestiones religiosas. Los bárbaros invaden el Imperio romano.
Cultural: Desde Marco Aurelio y Plotino, no surgen grandes pensadores paganos (Libanio, Símaco, Macrobio y Claudio son de segunda categoría). En cambio surgen las grandes figuras de la literatura cristiana: Clemente, Orígenes, los Capadocios, Jerónimo, Hilario, Ambrosio, etc.
Religión: se suceden las grandes herejías (arrianismo, donatismo, pelagianismo, nestorianismo, etc., que influyen en la obtra de Agustín).
—Fuentes del pensamiento filosófico de San Agustín
Conocía muy bien a Cicerón. El "Hortensio" le influye decisivamente.
Sus filósofos preferidos eran Platón y Plotino, aunque conoce mejor a Porfirio, al que también admira.
—Doctrina del conocimiento
—Problemas de epistemología
A la pregunta sobre si conocemos la verdad, responde con su crítica al escepticismo.
A la pregunta sobre cómo la conocemos, responde con su doctrina de la iluminación, que sustituye a la doctrina de la reminiscencia de Platón y a la doctrina aristotélica de la abstracción.
—Critica del escepticismo: el hombre conoce la verdad
Agustín prueba que el hombre no puede dudar de su existencia en el mismo momento en que se plantea esta posibilidad: si soy capaz de preguntarme si existo, es que existo.
También afirma que si el hombre es capaz de dudar, es que la verdad existe, puesto que la duda es una señal de que existe algo que es verdadero, aunque yo ahora no lo conozca como tal.
La discordia entre los filósofos, indica al menos una verdad: que la discordia existe.
Por otra parte, es falso que los sentidos nos engañen. El engaño puede provenir de la enfermedad de los sentidos. Pero cuando están sanos, no engañan.
Además, el escepticismo es sumamente dañino en el terreno moral, porque conduce al relativismo, y a la disolución de la sociedad.
—Mecanismo del conocimiento: doctrina de la iluminación
Según San Agustín existen tres tipos de conocimiento:
el sensitivo: se realiza por el alma a través del cuerpo, de manera, por tanto, mediata.
el conocimiento de las leyes del mundo físico por medio de la razón inferior; esta función de la razón da origen a la ciencia de las cosas temporales.
el conocimiento de las verdades eternas (y sea algunas ideas como la justicia, la bondad, la belleza, etc., o ya sea —Gilson— la misma verdad en el juicio); este proceso se llama iluminación y es un nuevo modo de explicar lo que Platón explicaba por medio de la preexistencia de las almas y la doctrina de la reminiscencia; esta función superior de la razón da origen a la sabiduría de las verdades eternas y a la vida contemplativa.
Es claro que el hombre debe dar preferencia a la segunda función, como María, a riesgo de caer en la avaricia (radix omnium malorum) y en el orgullo (initium peccati), si sigue el camino de Marta que conduce al egoísmo, el individualismo y la anarquía de la civitas diaboli.
—Fe y Razón
Antes de su conversión Agustín era un racionalista convencido. Despreciaba la Sagrada Escritura, con su lenguaje infantil, decía, y antropomórfico. Despreciaba las enseñanzas de la Iglesia y toda autoridad que no fuera la razón. Por eso se adhirió al gnosticismo de los maniqueos.
Después, admitió plenamente el papel de la fe que conduce a la verdad plena que no podemos obtener con la sola razón. El cristianismo es la verdadera filosofía. Razón y Religión deben ir siempre unidas. Cfr. De utilitate cedendi y De vera Religione.
—La filosofía del lenguaje
San Agustín trata del problema del lenguaje en el De Magistro y en De Doctrina christiana. En estas dos obras explica que las palabras no son fuente de conocimiento, porque las cosas naturales las conocemos por la visión y las sobrenaturales es Cristo mismo el que nos las da a conocer. Las palabras son un instrumento para recordarnos lo que ya hemos conocido. Son un signo convencional (también hay signos naturales).
La Sagrada Escritura es Palabra de Dios y está en el marco de los signos. El sentido de la Escritura puede ser literal (inmediato) o alegórico (nos da a conocer una realidad más allá de lo que las palabras quieren significar inmediatamente).
San Agustín afirma que las palabras son signo de las cosas, pero también en ocasiones dice que son signo del pensamiento.
Respecto al lenguaje teológico, San Agustín dice que podemos hablar de Dios con nuestro lenguaje humano porque Él es el que ha creado todas las cosas, pero sobre todo porque ha creado al hombre a su imagen y semejanza. Nuestro lenguaje es apto, por tanto, para hablar de lo divino (las ideas no tienen subsistencia en sí mismos sino en Dios), aunque no es posible hablar de Dios de manera plenamente adecuada, porque es inefable.
—Problemas de cosmología: origen del mundo, del tiempo y del mal
—El fundamento de la filosofía agustiniana: la interioridad
Para Agustín sólo dos cosas tiene que conocer el hombre: el alma y Dos. A partir de ahí conocerá toda la realidad. Aristóteles había buscado la verdad en la realidad. Agustín la busca en la interioridad. "Ubi Deus ibi homo" decía Agustín. Pero podría haber dicho también "ubi homo ibi Deus". Es la filosofía de la interioridad.
La existencia de Dios la prueba por la presencia de verdades eternas en el alma humana, que requieren la existencia de una razón suficiente: Dios. Y la naturaleza trinitaria de Dios también la explica mediante la analogía con el alma humana que tiene mens, amor, notitia.
—Origen del mundo
Al principio, Agustín pensaba que el mundo era una emanación de Dios. Después de su conversión, comprende que ha sido creado por Dios. La expresión "in principio" la interpreta como "en el Logos" (según las ideas arquetípicas que se encuentran en el Hijo), de la nada y por su bondad.
—El problema del tiempo
Platón concebía el tiempo como la imagen móvil de la eternidad. Aristóteles como la medida del movimiento. Agustín como la duración de una naturaleza finita que no puede existir toda contemporaneamente. El pasado y el futuro existen porque el presente no puede ser un presente siempre: es un presente que pasa. El presente se distingue en esto de la eternidad: es un nunc transiens; en cambio la eternidad es un presente que no pasa: es un nunc stans.
Sólo en nuestra mente se encuentran presente pasado y futuro: la memoria (presente del pasado), la intuición (presente del presente) y la espera (presente del futuro). En el alma es donde se mide el tiempo.
El universo es finito y sucesivo. Por lo tanto tuvo que tener un origen en el tiempo y no en la eternidad.
—Las razones seminales
Son las virtualidades puestas por Dios en la creación, que se van desarrollando en el tiempo. Son las semillas de todas las cosas futuras, que son desveladas y puestas por obra gracias a la actividad de las creaturas.
El porqué de las razones seminales es el mantener la simultaneidad de la creación (como dice la Biblia) y que sólo Dios puede crear.
—El problema del mal
Lo trata San Agustín en su polémica con los maniqueos que sostenían un principio del mal junto a un principio del bien. Agustín afirma que sólo hay un Dios bueno, creador del Cielo y de la Tierra, y que el mal viene al mundo por la misma limitación de la creación y, sobre todo, por el pecado (mal moral).
—Bibliografía: B. Mondin, Storia della Filosofia Medievale, Pontificia Università Urbaniana, Roma 1991.
h) Principales aportaciones agustinianas para la teología católica: teología trinitaria; antropología sobrenatural; eclesiología; sacramentaria; moral; espiritualidad
A partir de Sócrates la tarea filosófica se presenta con una entraña ética y religiosa. Las filosofías griegas en época de los primeros cristianos se presentan como escuelas de salvación (epicureísmo, estoicismo, neoplatonismo).
Ante el ambiente paganizante, los primeros autores cristianos coinciden en dos puntos:
poner el acento en el dogma de la creación (distinguir paganismo de cristianismo);
asumir el lenguaje grecorromano, presentando la fe cristiana como la sabiduría plena sobre Dios, el hombre y el mundo.
S. Agustín experimenta con fuerza la aporía que amenazaba el pensamiento griego, a saber, la tensión entre:
las ansias de verdad (eudomonismo de la ética platónica y aristotélica que identifica sabiduría y felicidad);
la experiencia de la limitación y fracaso de los intentos humanos para alcanzarla (escepticismo que hace consistir la felicidad en la aceptación de una situación de indigencia, y la sabiduría en una continua búsqueda de la verdad que perennemente se nos escapa).
S. Agustín supera esa aporía en el reconocimiento de Dios y en la confianza en Él. Sin embargo, la filosofía sigue siendo para él la búsqueda de la verdad que salva y hace feliz.
"Para S. Agustín la filosofía es salvífica no porque produzca la salvación, sino porque nos sitúa frente a ella. La filosofía alcanza en efecto su culmen cuando conduce al hombre al reconocimiento de Dios como principio de todo bien y de toda bondad y, por consiguiente, a la confesión de que sólo en El está la solución del problema de la existencia. (...). El filósofo debe ir más allá de su filosofía, so pena de traicionar ese amor a la verdad que sustenta la filosofía misma".
Por eso, para S. Agustín, la laguna fundamental de la filosofía grecorromana ha sido su desconocimiento de Cristo. El conocimiento de Dios no es pleno si no va acompañado de la confesión de nuestra dependencia con respecto a Él. De otra manera se corre el riesgo de desembocar en el equívoco intelectual, en el orgullo y en la soberbia. La revelación cristiana y la fe son así absoluta y plenamente salvíficas, ya que liberan al hombre de confiar en sí mismo. La revelación no es una mera palabra, sino Palabra de Dios que produce y causa lo que anuncia (relación entre predicación y gracia, Palabra y sacramentos).
S. Agustín, en este contexto, afirma: "intellige ut credas, crede ut intelligas". Es necesario ir profundizando en el conocimiento de Dios (noverim Te), para así reconocerse cada vez como creatura hecha a imagen suya (noverim me) con más claridad y entregarse a Dios con todo el corazón.
En resumen, la teología en la escuela de S. Agustín es "la progresiva conformación de la mente con la verdad divina, el acto de una inteligencia amante que, usando de todos los recursos de que dispone, se mueve hacia la plena identificación con el Amado".
—Teología trinitaria
La intervención de San Agustín en la clarificación del misterio de la Trinidad ha sido decisiva. Fijó con precisión el significado de los términos clave. Mientras que las Personas divinas son perfectamente idénticas al nivel de esencia y de perfección absoluta, se distinguen al nivel de las relaciones. San Agustín aclara que la identidad del Padre procede de la relación de Paternidad, que solamente él poseé; la identidad del Hijo, de la Filiación, y la identidad del Espíritu Santo de la donación pasiva (el Don que el Padre y el Hijo se hacen recíprocamente).
—Antropología sobrenatural
En la controversia pelagiana desarrolló la teología de la redención, la justificación y gracia auxiliar, as{i como la de la muerte, la concupiscencia, el bautismo de los niños, la solidaridad humana (con Adán y con Cristo). La clave para comprender su doctrina es la Cruz de Cristo, cuyo significado y eficacia defendió con energía: "ne evacuetur crux Christi". La redención es necesaria, objetiva y universal. Todos los hombres tienen necesidad de ser justificados en Cristo. La justificación lleva consigo la remisión de los pecados y la renovación interior que comienza aquí en la tierra y llega a su perfección después de la resurrección. Para llegar a la justificación y perseverar en ella se necesita la gracia divina que consiste en la inspiración de la caridad para que hagamos con amor lo que conocemos que hay que hacer. Agustín defiende la necesidad, la eficacia y la gratuidad de la gracia. Sobre el misterio de la predestinación que sintió muy profundamente, pone de relieve la gratuidad de la salvación; tanto el comienzo de la fe como la perseverancia final son dones de Dios.
—Eclesiología
En la controversia donatista y en la Ciudad de Dios desarrolló la noción de la Iglesia como: 1) comunidad de fieles edificada sobre el fundamento de los apóstoles; 2) comunidad de justos que peregrinan por el mundo desde Abel hasta el final de los tiempos; 3) comunidad de predestinados que viven en la inmortalidad dichosa. La primera es la communio sacramentorum, en la que bajo la guía de los obispos, de los concilios, y de la Sedes Petri, están unidos buenos y malos sin que la santidad de los primeros se vea contaminada por los segundos, aunque los sacramentos por su naturaleza cristológica son válidos —pero no fructuosos— fuera de la verdadera Iglesia. La segunda es la communio iustorum, presente ya antes de Cristo, pero no sin Cristo, en tensión a la escatología. La tercera es la communio praedestinatorum, constituida por los que componen el reino de Dios glorioso, pero "ya en el presene la Iglesia es el reino de Dios y el reino de los cielos".
—Sacramentaria
San Agustín elabora toda la teología de los sacramentos como signos instituidos por Jesucristo para dar la gracia. Defiende la eficacia "ex opere operato" de los sacramentos.
—Moral
La doctrina moral de San Agustín está en estrecha dependencia con su antropología sobrenatural y su teología de la gracia. Cfr. introducción a este apartado.
—Espiritualidad
El contenido de la espiritualidad de San Agustín puede resumirse en estos temas: vocación universal a la santidad; la caridad: alma, centro y medida de la perfección; la humildad: condición indispensable para desarrollara la caridad; la purificación interior o el ascetismo: ley de ascensiones interiores; la oración; deber y necesidad, medio y fin de la vida espiritual; los dones del Espíritu Santo; la imitación de Cristo; amor y meditación de la Escritura.
—Bibliografía: J.L., Illanes, Sobre el saber teológico, pp. 27-31; Di Bernardino, I, 59-61.
i) Discípulos y adversarios de San Agustín
—Discípulos de San Agustín:
Próspero de Aquitania.
Cesareo de Arles.
—Adversarios de San Agustín:
Julián de Eclana
Los monjes de Hadrumeto
Los monjes de las Galias (Marsella)
Juan Casiano
Vicente de Lerins
—Bibliografía: Drobner, 438-439.
Excursus: Los arquetipos de la no creencia en San Agustín
1. ¿La historia se repite?
Aunque la historia no se repite, también es verdad que los sucesos históricos son eadem sed aliter, es decir, los mismos, pero ocurren de otro modo.
Dice Spengler que el budismo del siglo VI a.C., el estoicismo del siglo I y el socialismo del siglo XX tienen en común lo de todas las ideologías del final de una civilización, cuando comienza la decadencia: se busca organizar la naturaleza en modo útil y racional, en base a principios intelectualísticos, porque reina el cerebro y el alma ha abdicado.
—Lo que sucedió en la época helenística sucede ahora en la época postmoderna:
cansancio intelectual y repetitividad artística;
poca creatividad y difuso enciclopedismo;
incerteza existencial y costumbres morales laxas;
abandono de las viejas creencias y espera mágica de una nueva revelación;
desconfianza en la res publica y cerrazón individualista en la propia subjetividad;
crisis de la identidad personal y de la solidaridad social.
En este sentido podemos mostrar cómo los cuatro enemigos a los que combatió San Agustín se vuelven a presentar en nuestra sociedad postmoderna:
el escepticismo (384-386);
el maniqueísmo (387-400);
el donatismo (400-412);
el pelagianismo (412-430).
2. La lucha de San Agustín contra cuatro grandes enemigos
a) Agustín escéptico
San Agustín es primero maniqueo. Los académicos son los que lo alejan de este error. Más tarde, el neoplatonismo filosófico y teológico es el que le hace abandonar el escepticismo.
Hay un sano escepticismo: el de no dejarse llevar por cualquier apariencia de verdad. El peligroso es el que se convierte en sistema de pensamiento.
El escepticismo de Agustín en su periodo de profesor en Roma, era el de la Academia: el de Carneades, que Cicerón hace suyo. Pronto supera Agustín esta doctrina, haciendo ver lo absurda que es. El verdadero escéptico no podría ni decir, ni hacer nada. El utilizar el pensamiento para afirmar el escepticismo es ya una contradicción. Agustín sostiene, contra el escepticismo, la capacidad del hombre para conocer la verdad con certeza. Por ejemplo en el si fallor, sum.
b) Agustín maniqueo
Ya antes que Manes difundiera su doctrina dualista en el siglo III, el gnosticismo —fundamento del maniqueísmo— se había introducido desde el siglo II en la vida de la Iglesia con su triple dualismo:
cosmológico o teológico: existen dos divinidades, una del bien y otra del mal (Hegel decía que el bien tienen necesidad del mal para existir);
antropológico: en el hombre hay un principio del bien (el espíritu) y otro del mal (la materia) en continua lucha; sólo se puede superar el mal con la gnosis, es decir, el conocimiento que tienen unos pocos iniciados; en definitiva, se niega la libertad humana;
ético: por una parte se afirma la necesidad de un ascetismo riguroso (contra todo lo que tiene que ver con los tria signacula morum: la boca —mentiras y alimentos impuros—, la mano —los homicidios— y el seno —los placeres sensuales, el matrimonio—), y por otra se desprecia toda ley y se pretende actuar por encima del bien y del mal [¿opción fundamental?], lo que conduce en ocasiones a una laxitud moral completa.
Agustín ataca al pesimismo maniqueo, apoyándose en Plotino, sobre todo en la doctrina del único Dios Espíritu Creador y de la bondad de la Creación (comentarios al Génesis).
c) El autonomismo pelagiano
Al final de su vida, San Agustín escribe su Opus imperfectum contra Iulianum. En esta obra explica cómo el maniqueísmo es contrario al pelagianismo. El primero niega la libertad humana y el segundo minimiza la gracia divina.
Pelagio afirmaba que no se trasmite el pecado original y que la gracia es dada al hombre como consecuencia de sus obras meritorias. Negaba así la donación gratuita de Dios, y hacía inútil el mismo sacrificio de Cristo ("Crux Christi evacuator").
Influido por el estoicismo romano, Pelagio consideraba al hombre autónomo y capaz de conseguir la salvación con su sola libertad.
San Agustín explica la relación entre gracia y libertad haciendo ver que ambos aspectos se comprenden perfectamente cuando consideramos que son dones de Dios y se someten a su verdad. La gracia precede a la voluntad, pero no la anula, sino que la convierte en poderosa para el bien.
d) El integralismo donatista
Al escepticismo se enfrenta Agustín como filósofo, al maniqueísmo y pelagianismo como teólogo, y al donatismo como obispo.
Los donatistas rechazaban a los sacerdotes y obispos que habían caído en la persecución y los consideraban indignos de poder administrar los sacramentos, que sólo serían válidos si eran conferidos por ministros dignos. Su moralismo pretencioso les llevaba a acusar, injuriar y matar (los circumceliones).
San Agustín explica una eclesiología realista. En la Iglesia in via caben los hombres ejemplares y los pecadores que luchan y se purifican. Solamente todos serán santos en la Iglesia in patria. La Iglesia, en esta vida, está conformada por las dos ciudades: la ciudad de Dios y la ciudad del pecado (De Civitate Dei).
3. Los mismos peligros en la sociedad postmoderna
a) Escepticismo moderno
proviene de la negación de la metafísica;
aparece en el cientifismo (sólo dar valor a los juicios de hecho) y en el historicismo (cada época histórica tiene su verdad);
la hermenéutica —que sostiene muchas tesis a la vez— se convierte en la metodología del escepticismo historiográfico;
la filosofía analítica y del lenguaje, que se conforman con estudiar lo llamado verdadero o bueno en lugar de la verdad y la bondad, son claras muestras del escepticismo actual que se convierte en sociologismo relativístico;
Popper afirma, por ejemplo, que todo se puede falsificar y por lo tanto, nada se puede verificar;
hoy sucede lo que decía Chesterton: que quien no cree en nada, acaba creyéndolo todo (lo que dicen los periódicos, las promesas de los políticos, etc.);
el homo debilis de nuestra época está continuamente sometido a una intensificación de la agitación neurótica en el continuo y rápido sucederse de estímulos externos, cada uno de los cuales se deshace del anterior antes de que pueda saberse si era verdadero o falso; el tecnopolitano actual es escéptico sin tener tiempo para darse cuenta de ello.
b) Maniqueísmo moderno
el gnosticismo permea gran parte de la filosofía moderna;
el sistema copernicano quita al hombre del centro y acaba quitando el centro del hombre;
el hombre en el cosmos se encuentra frente a dos extraños: el mundo y Dios, que ha desaparecido sin dejar ni rastro; esta extrañeza maniquea de Dios y del mundo hace imposible una respuesta al absurdo del mal; el mal se convierte en la prueba de la no existencia de Dios (por ejemplo, para Schopenhauer, en el terremoto de Ginebra); se pasa de la fórmula tomística si Deus est, unde malum? a esta otra: malum est, ergo Deus non est;
el dualismo maniqueo está en la base del nihilismo contemporáneo;
la temática gnóstica se convierte en un melting-pot en la conciencia contemporánea: el hombre rompe el cordón umbilical con la naturaleza y con Dios, y las consecuencias son el antinatalismo, el aborto, los anticonceptivos, la ingeniería genética, el terror ecológico de frente a la naturaleza contaminada que muere;
como el gnóstico, el hombre actual desea anularse lo antes posible: aborto, eutanasia, suicidio, cremación.
c) Pelagianismo moderno
toda la filosofía moderna constituye un crescendo de autonomismo y de antropocentrismo (sapere aude);
se sustituye Dios por el Yo (idealismo alemán);
en la teología se da el giro antropológico; debe matarse a Dios para que el Superhombre pueda inventar los valores;
los intentos religiosos del neopelagianismo carecen del dato esencial de la experiencia religiosa: el primado de la iniciativa de Dios en la salvación; la forma más banal es reducir la religión a moralidad (moralismo): lo importante es la conducta, por eso hay muchos cristianos anónimos; cada uno se salva en la religión en que está (mito del hombre bueno con las solas fuerzas de la naturaleza);
la conciencia de la creaturalidad humana y la experiencia del pecado original en la propia vida lleva al pelagianismo a adoptar posturas seudo religiosas y mágicas: éste es el origen del despertar religioso que se observa en la actualidad.
d) Donatismo moderno: la Iglesia de los puros
El integrismo donatista se manifiesta en la actualidad en el ataque a la Iglesia como "instrumento de poder, dominio y privilegio", y a la religión como una superestructura clerical de la vida religiosa contra los "pobres" y los "humildes".
Se pueden señalar diversas manifestaciones de neodonatismo que llevan al arquetipo donatista de la no creencia:
la invención de la "era constantiniana";
las comunidades de base;
los sacerdotes obreros;
las marchas pacifistas;
el primado de la ortopraxis sobre la ortodoxia;
la teología de la liberación;
la opción preferencial por los pobres;
la religión se convierte en ancilla revolutionis: se subordina toda afirmación de fe o de teología a la política;
el neodonatismo actual puede presentarse atenuado: la Iglesia se considera como una sucursal de la cruz roja en su labor puramente filantrópica y social;
se ve a la Iglesia no como una madre que debe ser amada, sino como una prostituta que debe ser redimida (cfr. el meaculpismo actual).
Existe la esperanza, como señala T.S. Eliot, de que en el tercer milenio aparezca una sociedad verdaderamente cristiana.
4. Conclusión
Agustín combate cuatro peligros siempre presentes en la vida de todo hombre:
la relativización de la verdad, el pasotismo y la falta de compromiso vital;
el pesimismo y la falta de fe en la bondad de la Creación y en la acción de la Providencia;
la falta de sentido religioso y el naturalismo paganizante;
la soberbia y la falta de comprensión de los errores humanos.
Pero, en concreto, podrían resumirse en estas cuatro actitudes que experimentamos todos:
falta de convicciones y falta de compromiso por falta de una fe operativa;
pesimismo y falta de esperanza por falta de esperanza y confianza en la propia libertad;
naturalismo por falta de sentido sobrenatural y sentido del misterio;
integrismo por soberbia y falta de caridad.
Todavía podríamos concluir de manera más sintética, diciendo que lo que cada una de estas cuatro herejías represente en la vida de cada hombre es:
el escepticismo: una falta de la virtud de la fe; (Prioridad de la verdad de fe que ilumina la razón)
el maniqueísmo: una falta de la virtud de la esperanza; (Confianza en Dios, el hombre y el mundo)
el pelagianismo: una falta de la virtud de la religión; (Sentido del misterio y de la sujeción a Dios)
el donatismo: una falta de la virtudes de la humildad y de la caridad (Actitud pastoral, llena de misericordia).
En este sentido, cabe señalar estos cuatro estilos de afrontar el problema de Dios, del hombre y del mundo, como los arquetipos de la no creencia, porque realmente se trata de cuatro modos de arrancar algún aspecto central del modo teologal de comprender la realidad.
En el mundo postmoderno en que vivimos —muy parecido a la sociedad helenística en que vivió San Agustín— habría que reforzar cuatro cosas principalmente:
la búsqueda de una fe fuerte mediante una sólida formación doctrinal;
el clima de libertad y confianza que tiene que estar presente en todos los ámbitos de la vida humana;
el sentido del misterio o sentido religioso de lo sacro y la dependencia de Dios mediante una vida de piedad intensa;
la formación de hombres con un hondo sentido de la misericordia fruto de la humildad (reconocerse pecador para saber perdonar).
—Bibliografía: Gianfranco Morra, Gli archetipi de la non credenza, en Studi Cattolici, n. 441, pp. 741-750.
TEMA 23: LAS CONTROVERSIAS CRISTOLÓGICAS DESDE EL FINAL DEL SIGLO IV HASTA EL CONCILIO DE CALCEDONIA
a) Visión de conjunto sobre la historia de las controversias cristológicas de esta época y sobre los acontecimientos alrededor de los Concilios de Éfeso y Calcedonia