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El mundo visto desde Roma

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Servicio semanal -
24 de Marzo de 2002



Santa Sede
Abrazo del Papa a dos huérfanos canadienses del 11 de septiembre
La auténtica fuerza del hombre es la fidelidad a la verdad, asegura el Papa
El Papa confiesa su íntima conmoción por los escándalos de sacerdotes
El Papa pide a los sacerdotes evitar en la confesión «rigorismo» y «laxismo»
Las novedades de la tercera edición del «Misal Romano»
El Papa rinde tributo a los misioneros y misioneras mártires
Santa Sede en Monterrey: La dignidad humana, objetivo del desarrollo
El Papa ofrece una visión del amor de Dios, visto con ojos de mujer
El Vaticano denuncia: Un millón de niños con explotados sexualmente
Primer Congreso en América sobre Iglesia e Informática

Análisis
La Santa Sede y los escándalos de sacerdotes

Mundo
Patriarca de Jerusalén: «Peregrinos, volved a Tierra Santa»
50.000 misioneros laicos evangelizan en Semana Santa pueblos de México
Obispos argentinos consideran que no se responde a la «crisis terminal»
Giotto vuelve a presentar a todo color la Redención
Francia: Oleada de bautismos de adultos
Nigeria declara inconstitucional la Ley Islámica

Entrevista
Posición vaticana en la ONU sobre lucha al terrorismo y derechos humanos

En memoria de monseñor Duarte
Colombia se despide de su arzobispo asesinado
Isaías Duarte, el apóstol que hablaba duro
Palabras que costaron la vida a monseñor Duarte



Santa Sede


Abrazo del Papa a dos huérfanos canadienses del 11 de septiembre
Encuentro con los jóvenes de Roma en preparación de Toronto 2002

CIUDAD DEL VATICANO, 22 marzo 2002 (ZENIT.org).- La imagen de Juan Pablo II consolando a dos jóvenes canadienses, cuyo padre perdió la vida en los atentados contra las Torres Gemelas, se convirtió en el momento culminante de su encuentro con los chicos y chicas de Roma.

El evento, que reunió en la plaza de San Pedro del Vaticano a más de 20 mil jóvenes, sirvió para que el obispo de Roma preparara al anochecer del jueves entre sus diocesanos la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará del 23 al 28 de julio en Toronto.

El pontífice volvió a disfrutar del encuentro, como suele suceder cada vez que se encuentra con los muchachos. Llegó en «papamóvil» saludando a todos los presentes y demostró estar en buena forma física.

Se trataba de una fiesta de música (participaron algunos de los cantantes más famosos de Italia), fe y testimonios, en la que el pontífice dejó un mensaje muy claro: «Jóvenes del tercer milenio, no uséis mal vuestra libertad».

Varios jóvenes se acercaron al micrófono, como Daniele Mazza, de 24 años, alumno en un seminario del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras de Filipinas, donde se prepara para ser misionero; o Miriam di Grande, de 24 años, quien hace cuatro años entró a formar parte de las Religiosas de Santa Ana.

Cuando Brennan y Erika Basnicki tomaron la palabra, el silencio se hizo denso. El padre de estos dos universitarios murió el 11 de septiembre, poco después de haber sido contratado como director de márketing de una empresa de informática, cuyas oficinas estaban en el World Trade Center.

Tras comprender que había perdido a su padre, Brennan confesó ante el Papa y los presentes que en un primer momento sintió «rabia y cólera hacia quienes le habían asesinado tan bellacamente. Quería venganza».

En los días siguientes se refugió en la oración, en la eucaristía. Brennan meditó en la muerte de Cristo y pensaba en el dolor de sus discípulos. Pero allí descubrió la fuerza que hoy sigue imprimiendo su resurrección.

«Aquel acontecimiento nos muestra que más allá de todo mal actúa un bien más grande. ¡En momentos como éste debemos seguir teniendo esperanza!», añadió.

Su hermana Erika tomó a continuación la palabra para añadir: «El 11 de septiembre una oscura nube descendió sobre el mundo. Quería apagar la luz en el corazón de todos nosotros y llenarnos de miedo. Pero no lo ha logrado. Donde antes estaban las Torres Gemelas, ahora hay dos columnas de luz gigantes que penetran en la oscuridad y alcanzan los cielos».

Juan Pablo II alentó a los jóvenes que le escuchaban a hacer adecuado uso de «ese gran don que es la libertad».

«Si no se ejerce bien --explicó--, la libertad nos puede alejar de Dios. Puede hacernos perder la dignidad que nos ha conferido. Cuando no es plasmada por el Evangelio, la libertad puede transformarse en esclavitud: la esclavitud del pecado y de la muerte eterna».

«¡No perdáis la gran dignidad de hijos de Dios que se os ha dado!», exhortó el Papa a los muchachos de su diócesis. «Someteos únicamente a Cristo, quien quiere vuestro bien y vuestra auténtica alegría».

«¡Discubriréis así que sólo adheriendo a la voluntad de Dios podemos ser luz del mundo y sal de la tierra!», concluyó.
ZS02032208

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La auténtica fuerza del hombre es la fidelidad a la verdad, asegura el Papa
Preside la misa del Domingo de Ramos junto a miles de jóvenes

CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II aseguró a los jóvenes este Domingo de Ramos que la verdadera fuerza del hombre es la fidelidad a la verdad y dio cita a los chicos y chicas del mundo para las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) de finales de julio en Toronto.

El pontífice bendijo los ramos y pronunció la homilía de la misa que conmemoraba la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Sin embargo, dejó que su obispo vicario para la diócesis de Roma, el cardenal Camillo Ruini, celebrara la eucaristía.

Sus médicos lograron convencer a duras penas al Papa a que renunciara a presidir la parte más cansada de la celebración para que no sufriera su rodilla derecha, que padece de dolores de artrosis desde finales de febrero.

Desde el atrio de la Basílica vaticana, el obispo de Roma siguió la liturgia eucarística casi siempre de rodillas. El sol resplandecía en la plaza de San Pedro, pero un viento penetrante azotó con fuerza al Papa y a los peregrinos presentes.

Era la Jornada de la Juventud de la diócesis de Roma, y la presencia de jóvenes era evidente. La procesión de los ramos estaba compuesta por muchachos y muchachas procedentes de Canadá, Italia, Francia, Alemania, Croacia, España y otros países.

Voces jóvenes también leyeron la oración de los fieles en polaco, árabe, francés, filipino, portugués y alemán.

Durante la homilía, el papa les interpeló: «Aquel al que habéis escogido como Maestro no es un mercante de ilusiones, no es un poderoso de este mundo, ni un astuto y hábil pensador. Vosotros sabéis a quién habéis decidido seguir: ¡es el Crucificado resucitado! Cristo muerto por vosotros, Cristo resucitado por vosotros».

«Y yo os aseguro que no quedaréis decepcionados», añadió el pontífice.

«La verdadera fuerza del hombre se ve en la fidelidad con la que es capaz de dar testimonio de la verdad, resistiendo a los halagos y amenazas, a las incomprensiones y a los chantajes, e incluso a la persecución dura y despiadada», afirmó el Papa Wojtyla.

«Sólo si estáis dispuestos a hacerlo, os convertiréis en lo que Jesús se espera de vosotros, es decir, "sal de la tierra" y "luz del mundo"», lema de las JMJ que se celebrarán del 23 al 28 de julio en Toronto.

«¡Queridos jóvenes, no perdáis vuestro sabor de cristianos, el sabor del Evangelio!», concluyó el Papa alzando la voz. «Mantenedlo vivo, meditando constantemente en el misterio pascual: Que la cruz se vuestra escuela de sabiduría».

Al final de la misa, el Papa volvió a tomar la palabra para introducir la oración mariana del «Angelus» y dar cita en Toronto a los jóvenes del mundo en italiano, francés, inglés, alemán, español, portugués y polaco.
ZS02032404

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El Papa confiesa su íntima conmoción por los escándalos de sacerdotes
Asegura justicia y verdad y pide a los presbíteros responder con la santidad

CIUDAD DEL VATICANO, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II confiesa su conmoción por los escándalos de sacerdotes que en las últimas semanas han ocupado amplio espacio en los periódicos, especialmente en Estados Unidos, en su carta a los presbíteros con motivo de este Jueves Santo.

«En cuanto sacerdotes --asegura el Papa--, nos sentimos en estos momentos personalmente conmovidos en lo más íntimo por los pecados de algunos hermanos nuestros que han traicionado la gracia recibida con la Ordenación, cediendo incluso a las peores manifestaciones del misterio de iniquidad («mysterium iniquitatis») que actúa en el mundo».

El Santo Padre habla en su tradicional misiva de «escándalos graves, que llegan a crear un clima denso de sospechas sobre todos los demás sacerdotes beneméritos, que ejercen su ministerio con honestidad y coherencia, y a veces con caridad heroica».

Ante esta situación, el obispo de Roma considera que la respuesta debe ser doble.

En primer lugar, explica, «la Iglesia expresa su propia solicitud por las víctimas y se esfuerza por responder con justicia y verdad a cada situación penosa».

En segundo lugar, hace un llamamiento a los sacerdotes, «conscientes de la debilidad humana, pero confiando en el poder salvador de la gracia divina», «a abrazar el misterio de la Cruz ("mysterium Crucis") y a comprometernos aún más en la búsqueda de la santidad».

«Hemos de orar para que Dios, en su providencia, suscite en los corazones un generoso y renovado impulso de ese ideal de total entrega a Cristo que está en la base del ministerio sacerdotal», sigue diciendo el sucesor del apóstol Pedro.

Termina explicando que la fe «nos da fuerza para mirar con confianza el futuro».

«Sabemos que el mal está siempre en el corazón del hombre --reconoce-- y sólo cuando el hombre se acerca a Cristo y se deja "conquistar" por Él, es capaz de irradiar paz y amor en torno a sí».

«Como ministros de la Eucaristía y de la Reconciliación sacramental --concluye el Papa--, a nosotros nos compete de manera muy especial la tarea de difundir en el mundo esperanza, bondad y paz».
ZS02032106

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El Papa pide a los sacerdotes evitar en la confesión «rigorismo» y «laxismo»
Hace un llamamiento a redescubrir el perdón de Dios a través de sacramento

CIUDAD DEL VATICANO, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II lanza un llamamiento a los sacerdotes a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a evitar en la confesión tanto el «rigorismo» como el «laxismo» en la tradicional carta que les ha dirigido con motivo del Jueves Santo.

Al administrar este sacramento, que como constata tras años de crisis ha vuelto ha suscitar interés entre los jóvenes como lo demostró el Jubileo del año 2000, el Papa aconseja a los más de 405.000 sacerdotes del mundo «equilibrio pastoral».

En el ministerio de la confesión, subraya, el sacerdote «sufre continuamente la fuerza contrastante de dos excesos: el rigorismo y el laxismo».

El primero --explica-- no tiene en cuenta «la misericordia previa, que impulsa a la conversión y valora también hasta los más pequeños progresos en el amor, porque el Padre quiere hacer lo imposible para salvar al hijo perdido».

El segundo exceso, el laxismo, añade, «no tiene en cuenta el hecho de que la salvación plena, la que no solamente se ofrece sino que se recibe, la que verdaderamente sana y reaviva, implica una verdadera conversión a las exigencias del amor de Dios».

«El rigorismo oprime y aleja --constata el obispo de Roma--. El laxismo desorienta y crea falsas ilusiones».

Por eso, según la misiva pontificia, «el ministro del perdón, que encarna para el penitente el rostro del Buen Pastor, debe expresar de igual manera la misericordia previa y el perdón sanador y pacificador».

«Basándose en estos principios --añade--, el sacerdote está llamado a discernir, en el diálogo con el penitente, si éste está preparado para la absolución sacramental».

«Si no consta lo contrario, el sacerdote ha de suponer que, al confesar los pecados, el penitente siente verdadero dolor por ellos, con el consiguiente propósito de enmendarse», explica.

Por este motivo, el Papa recomienda que la pastoral de la reconciliación sacramental prepare «subsidios oportunos, facilitando momentos de preparación al Sacramento que ayuden cada uno a madurar en sí una suficiente conciencia de lo que viene a pedir».

En caso de que el que se confiesa no sienta arrepentimiento y deseo de enmienda por sus pecados, el Santo Padre afirma que «el confesor tiene el deber de decir al penitente que todavía no está preparado para la absolución».

«Si ésta se diera a quien declara explícitamente que no quiere enmendarse --añade--, el rito se reduciría a pura quimera, sería incluso como un acto casi mágico, capaz quizás de suscitar una apariencia de paz, pero ciertamente no la paz profunda de la conciencia, garantizada por el abrazo de Dios».

Estas razones, asegura la carta del Papa, llevan a la Iglesia a establecer que la confesión requiere «el encuentro personal entre el confesor y el penitente» como «forma ordinaria de la reconciliación sacramental, mientras que la modalidad de la absolución colectiva tiene un carácter excepcional».

El pontífice invita, además, a los mismos sacerdotes a redescubrir «con alegría y confianza este Sacramento».

«Vivámoslo ante todo para nosotros mismos, como una exigencia profunda y una gracia siempre deseada, para dar renovado vigor e impulso a nuestro camino de santidad y a nuestro ministerio», les dice invitándoles a su vez a confesarse.
ZS02032107

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Las novedades de la tercera edición del «Misal Romano»
Presentación a la prensa de la Congregación para el Culto Divino

CIUDAD DEL VATICANO, 22 marzo 2002 (ZENIT.org).- Este viernes se presentó en la Sala de Prensa de la Santa Sede la tercera edición del «Misal Romano» en latín fruto de un trabajo de diez años realizado por la Congregación vaticana para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

No se trata de una simple reimpresión aumentada, sino de una auténtica «editio typica», es decir, una edición oficial, actualizada, destinada a la celebración eucarística en latín, y que sirve de base para la traducción en los diferentes idiomas, tarea que corresponde a las Conferencias Episcopales con la aprobación de la Santa Sede.

Un volumen decisivo para la Iglesia, pues como destacó al abrir el encuentro con los periodistas el padre Ciro Benedettini, subdirector de la Sala de Prensa vaticana, la «liturgia y la Eucaristía es el punto más elevado de la relación entre los creyentes y Dios».

Entre las novedades más importantes de esta tercera edición del «Misal Romano», según expusieron los máximos exponentes de la Congregación para el Culto Divino, hay que destacar la introducción de algunos santos en el calendario universal, así como formularios para las misas votivas en honor de la Virgen María.

En apéndice, además, se han añadido plegarias eucarísticas aprobadas para las misas de Reconciliación, para las celebradas por diferentes necesidades, así como para las misas en las que la mayor parte de los fieles está constituida por niños.

Comunión bajo las dos especies
Particularmente significativa es la «Institutio Generalis», la parte teológica y normativa que introduce el Misal, que según explica en un comunicado entregado en la rueda de prensa por la Congregación vaticana prevé «una ampliación de las posibilidades de distribuir la Sagrada Comununión bajo las dos especies [el pan y el vino], según el juicio pastoral del obispo diocesano».

En este sentido, el cardenal Jorge Arturo Medina Estévez, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, explicó que la nueva normativa para la Comunión «más simplificada, tiene en cuenta las facultades bastante amplias concedidas después de la segunda "editio typica" del Misal, los precedentes históricos, y el uso generalizado en los Ritos orientales».

«La nueva normativa --aclaró el cardenal chileno-- constituye una ampliación notable de lo que se había establecido hasta ahora, de modo que es competencia del obispo diocesano emanar para su diócesis las normas sobre la distribución de la comunión bajo las dos especies».

«Esta competencia del obispo es primaria, según establece el derecho (Código de Derecho Canónico, canon 381 § 1), de modo que no se somete a una previa autorización de la Conferencia de los Obispos», siguió aclarando.

«Además --explicó--, el obispo diocesano puede conferir la facultad a cada sacerdote, en cuanto pastor de una comunidad particular, de juzgar la oportunidad de distribución de la comunión bajo las dos especies, fuera de los casos especificados en los que se aconseja».

Memorias y nuevas celebraciones
Por lo que se refiere a la integración y adecuación del «Calendario Romano» general en el «Misal Romano» se han añadido tres memorias obligatorias para los santos Maximiliano María Kolbe (14 de agosto), Andrew Kim Taegon, y Paul Chong Hasang y compañeros mártires de Corea (20 de septiembre) y Andrew Dung-Lac y compañeros mártires de Vietnam (24 de noviembre).

El Misal dispone, además, otras once nuevas celebraciones: 3 de enero, Santísimo Nombre de Jesús; 8 de febrero, santa Giuseppina Bakhita (ex esclava sudanesa); 13 de mayo, Virgen de Fátima; 21 de Mayo, san Cristóbal de Magallanes (mártir mexicano); 22 de mayo, santa Rita de Casia; 9 de julio, santos Agustín Zhao Rong y compañeros mártires chinos; 20 de julio, san Apolinar obispo y mártir en el año 87; 24 de julio, san Sharbel Makhluf (sacerdote libanés); 9 de agosto santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein); 12 de septiembre, Santísimo Nombre de María; y 25 de noviembre, santa Catalina de Alejandría de Egipto del siglo III.
ZS02032204

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El Papa rinde tributo a los misioneros y misioneras mártires
En la Jornada convocada en el aniversario de la muerte de monseñor Romero

CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II rindió tributo a los misioneros y misioneras mártires al concluir la misa del Domingo de Ramos.

Antes de rezar la oración mariana del «Angelus», ante los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro del Vaticano, recordó la X Jornada de Oración y Ayuno por los Misioneros Mártires en Italia, en el aniversario del asesinato del arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, en 1980.

El Papa presentó la «coherencia» y «valentía» de estos hombres y mujeres que han dado la vida por Cristo como ejemplo para los jóvenes, «llamados a tomar decisiones fundamentales para vuestra vida».

Con motivo de esta Jornada, en toda Italia se han celebrado momentos de adoración eucarística, Viacrucis, así como vigilias para jóvenes. El cardenal Camillo Ruini, obispo vicario para la diócesis de Roma, presidió en la tarde del sábado un Viacrucis de jóvenes que culminó en el Coliseo.

La Jornada, según informa la agencia misionera de la Santa Sede, Fides, se celebra también en otros países como Venezuela, Colombia, Chile, México, Senegal, Camerún, Uganda, Corea del Sur. Ucrania y Canadá han pedido este año materiales para la celebración.

Según datos proporcionados por Fides, entre 1980 y 1989 perdieron la vida de manera violenta 115 sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos. La cifra no es definitiva, pues es posible que en aquellos años algunos casos no fueran señalados a Fides.

Entre 1990 y 2000, fueron asesinados 604 misioneros y misioneras, entre ellas 248 mártires, víctimas del genocidio de Ruanda en 1994.

En el año 2001 murieron 33 misioneros (25 sacerdotes, 5 religiosas, un seminarista, una laica consagrada, un voluntario laico).

En el año 2002, tres hombres han dado ya la vida violentamente en el servicio a la Iglesia: dos en Colombia (el sacerdote Arley Arias García, asesinado el 18 de enero en una emboscada; y monseñor Isaías Duarte Cancino, arzobispo de Cali, víctima de un atentado el 16 de marzo).

El tercer misionero asesinado murió el 21 de marzo en la región de Karamoja en el norte de Uganda. Se trata del padre irlandés Declan O'Toole, de los misioneros de Mill Hill.
ZS02032405

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Santa Sede en Monterrey: La dignidad humana, objetivo del desarrollo
Monseñor Martino en la Conferencia mundial sobre Financiación del Desarrollo

CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).- La Santa Sede propuso a la comunidad internacional en la Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo en Monterrey (México) establecer programas que conciban la dignidad humana como valor central de la financiación del desarrollo.

El arzobispo Renato Martino, jefe de la delegación vaticana en la Conferencia, intervino el 21 de marzo para subrayar que «demasiadas familias en el mundo actual están obligadas a preocuparse de la supervivencia y no tienen el lujo de participar como actores en su desarrollo».

«Demasiada gente se ve forzada a emigrar --siguió constatando el representante del Papa en las Naciones Unidas de Nueva York--, demasiada gente sigue oprimida por la pobreza absoluta y vive en países donde el peso de la deuda hace imposible lograr el acceso a los servicios sociales básicos y protecciones sociales».

«En esta perspectiva --añadió--. La financiación del desarrollo debe tocar todos los aspectos de la vida, el individuo, la familia, la comunidad y el mundo».

El representante vaticano subrayó un criterio fundamental para los programas de desarrollo que surgieron de Monterrey: «el ser humano debe estar en el centro de un desarrollo sostenible».

Al día siguiente, 22 de marzo, la sesión plenaria de la Conferencia convocada por la ONU aprobó por aclamación el documento final que fue bautizado como «Consensus de Monterrey», que había sido preparado dos meses antes.

En su edición diaria en italiano del 24 de marzo, «L'Osservatore Romano» constataba las críticas al documento de siete páginas emitidas en la Conferencia por las delegaciones de algunos países en vías de desarrollo que pedían compromisos más serios para luchar contra la pobreza.

«La Santa Sede cree firmemente que cualquier esfuerzo a favor del desarrollo debe tener en cuenta las ramificaciones morales de la actividad económica y su financiación a la luz de una visión integral de la persona humana», siguió indicando en su intervención Martino.

«Hay una esencial interacción, un imperativo moral, que ha sido demasiado a menudo descuidado en el diálogo sobre la ética de la vida económica», denunció.

«Un verdadero interés por el desarrollo de los pueblos no puede permitirse ser reduccionista, sino que debe respetar las genuinas exigencias de la economía y de la ética. La dignidad humana debe ser el valor central de la financiación del desarrollo», insistió.

Recordó monseñor Martino que «uno de los principios éticos fundamentales de la enseñanza social de la Santa Sede es el principio del fin universal de los bienes creados».

«El mundo de hoy está ensombrecido por una frágil paz y marcado por promesas rotas. Demasiada gente vive sin esperanza, con muy pocas oportunidades de lograr un mejor futuro para sí mismos, sus hijos y las futuras generaciones», recordó.

En este escenario, recordó a las delegaciones presentes el compromiso que ellas mismas asumieron: «mejorar el desarrollo social del mundo de manera que todos los hombres y mujeres, especialmente los que viven en pobreza, puedan ejercer los derechos, usar los recursos y compartir las responsabilidades que les permitan llevar vidas satisfactorias y contribuir al bienestar de sus familias, sus comunidades y la humanidad».

Para ello, consideró, «los gobiernos no pueden permitirse que el documento de consenso de Monterrey y los resultados de las discusiones y deliberaciones sean olvidados o dejados de lado».

Subrayó que «la Familia de Naciones no puede permitir dejar pasar un solo día más sin que el intento concreto de cumplir los objetivos y hacer progresos mensurables hacia la erradicación de la pobreza sean perseguidos con toda la energía y resolución posibles».

El diario oficioso del Vaticano informaba además que el gobierno de Estados Unidos no respondió en Monterrey al llamamiento del secretario general de la ONU, Kofi Annan, a multiplicar por dos las ayudas al desarrollo, pasando de los 50 mil millones de dólares actuales a los 100 mil millones al año.

George W. Bush, sigue informando «L'Osservatore Romano», insistió más bien en la idea de promover el libre comercio y la inversión como factor decisivo de desarrollo y propuso una especie de pacto entre países ricos y pobres.

El diario oficioso subraya la diferencia de esta posición con posiciones de la Unión Europea. Cita en concreto las afirmaciones e Jacques Chirac, presidente francés, quien habló de «globalización humanizada y controlada» y propuso reflexionar sobre la creación de tasas internacionales, principio inspirador de la «Tobin tax».
ZS02032402

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El Papa ofrece una visión del amor de Dios, visto con ojos de mujer
Medita en el cántico de Ana, la madre del profeta Samuel

CIUDAD DEL VATICANO, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- La oración de una mujer humillada se convirtió este miércoles en el hilo conductor de la meditación de Juan Pablo II para descubrir el amor del Dios de la vida, que siente predilección por los miserables.

El pontífice dedicó su audiencia general, en la que participaron quince mil personas, a reflexionar en el Cántico de Ana, la madre del profeta de Israel, Samuel, que ha pasado a convertirse en una oración común para los cristianos.

Aquella mujer estéril era vista por su sociedad como «una rama seca», pues impedía al marido tener una continuidad en el recuerdo de las sucesivas generaciones, «un dato importante en una visión todavía incierta y nebulosa del más allá», explicó el Santo Padre.

Continuando con la serie de meditaciones que viene ofreciendo sobre Salmos y cánticos del Antiguo Testamento desde el año pasado, el sucesor de Pedro evocó así la respuesta de Dios que concedió un hijo, Samuel, a las súplicas de la madre en lágrimas.

Llena de alegría, Ana entonó un poético cántico en el que con sensibilidad femenina destaca la obra de Dios, el autor de la vida, que altera los destinos humanos: humilla a los fuertes y exalta a los humillados. Elementos que después retomaría la madre de Jesús, María, en su «Magnificat».

En una plaza de san Pedro bañada por el sol de primavera, el obispo de Roma propuso esta invocación, que aparece en el Primer Libro de Samuel (2, 1-5), como «una profesión de fe pronunciada por las madres ante el Señor de la historia, que se pone en defensa de los últimos, de los miserables e infelices, de los ofendidos y humillados».

Los ojos de mujer, continuó diciendo, permiten comprender mejor cómo Dios es «el origen de la vida y de la muerte».

«El vientre estéril de Ana era semejante a una tumba; y sin embargo Dios pudo hacer germinar la vida», añadió.

Esta esperanza, aclaró, no sólo es válida para la vida del niño que nace, «sino también para la que Dios puede hacer brotar después de la muerte».

La meditación pontificia concluyó citando un sugerente pasaje del profeta Isaías: «Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío, y la tierra echará de su seno las sombras».
ZS02032004

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El Vaticano denuncia: Un millón de niños con explotados sexualmente
Intervención de la Santa Sede ante la Organización Mundial del Turismo

BERLÍN, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).- Un millón de niños son explotados con fines sexuales al año, denunció el observador permanente de la Santa Sede ante la Organización Mundial del Turismo (OMT).

Monseñor Piero Monni, intervino el 16 de marzo pasado ante la décima Reunión de la Task Force que se celebró ese día para afrontar la protección de los niños de abusos sexuales en el turismo convocada por la OMT en Berlín.

«En nuestro vulnerable planeta --comenzó diciendo monseñor Monni--, todos los años un millón de niños son explotados con fines sexuales y pornográficos en el mundo, cambiados o vendidos como esclavos, para responder a la demanda en aumento de los incansables predadores de inocentes, los pedófilos, cada vez más presentes en el vasto mundo del turismo sexual».

Según señaló monseñor Monni, los datos recogidos sobre la difusión de este fenómeno «están en constante aumento; las previsiones son cada vez más desconcertantes; y los episodios de violencia cada vez más escalofriantes».

El ponente vaticano constató que «al romperse en los últimos años el velo del encubrimiento y del secular silencio, han salido a la luz episodios increíbles de pederastia y turismo sexual. Esto ha sacudido a la opinión pública y puesto de relieve el problema en toda su gravedad».

El representante de la Santa Sede denunció que «parece hoy evidente la simbiosis que une a la pederastia con el crimen organizado que ha asumido el control de este mercado explotando a las familias y la inocencia de los niños».

Estas organizaciones criminales, añadió, «han creado una red de negocios ilegales de todo tipo: desde la acumulación de dinero negro, a la utilización de instituciones bancarias y financieras con el fin de lavar dinero negro».

Con los beneficios de este mercado, aseguró el representante vaticano, «han logrado entrar en el mundo de los negocios, en los mercados de acciones, difundiendo una corrupción que llega a amenazar la eficacia y la credibilidad de las mismas estructuras institucionales».

Monseñor Piero Monni, aludió a un libro que acaba de publicar en italiano «El archipiélago de la vergüenza. Turismo sexual y pederastia», que pronto será publicado en inglés y español en el que traza «una panorámica histórico-socio-jurídica en su realidad milenaria: desde la anormalidad al
repetido abuso en el curso de los siglos; desde el incesto al análisis de la desviación, desde la pornografía a Internet y a la normativa actual».

Esta obra, explicó monseñor Monni, «no pretende y no quiere ser la demonización a priori de cuantos se hacen culpables de estos delitos, sino que subraya la urgencia de recuperar los genuinos valores de civilización con una deseada prevención de la pederastia basada en una precisa orientación ética y científica».

El representante vaticano concluyó esperando que ese encuentro en Berlín y los muchos que vendrán de la Task Force de la OMT sean «una aportación positiva para que los gobiernos adopten medidas adecuadas a favor de estos infelices».
ZS02031806

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Primer Congreso en América sobre Iglesia e Informática
Iniciativa de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL)

CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).- Del 1 al 4 de abril de 2003 se celebrará en Monterrey (México) el primer Congreso de América sobre Iglesia e Informática, ha anunciado un exponente de la Santa Sede.

La convocación ha sido hecha pública por un artículo escrito en la última edición del Servicio de Observación para Internet, por monseñor Enrique Planas, coordinador general de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL), institución dirigida por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, en colaboración con el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

El Congreso, según explica monseñor Planas, quien es también director de la Filmoteca Vaticana, está «abierto a toda América --a todas las Américas y a los países culturalmente afines--» y llevará por lema «Hacia una red humana de respuestas y ayudas».

La iniciativa, añade, pretende compartir «experiencias, criterios y servicios», surgidos es los más de diez años de vida de la RIIAL.

La RIIAL, aclara su coordinador, ha elaborado en estos años «una "filosofía" de formulaciones muy simples que pone el instrumento informático al servicio de la unidad, a través de servicios concretos baratos y eficaces que lleven la gran cultura y toda clase de bienes (espirituales y de desarrollo humano) hasta los más alejados, adaptando la tecnología al hombre y no al revés»

La Red, sigue aclarando Planas, ha constatado, además, «que la oración y la contemplación pueden encontrar espacio en una red informática».

El Congreso, concluye, quiere responder a las numerosas personas e instituciones que «llaman a las puertas de la red en busca de sentido, criterios, ayuda y experiencia»

Los congresistas provendrán principalmente de América Latina, Estados Unidos, Canadá, España, Italia y Portugal.
ZS02032408

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Análisis


La Santa Sede y los escándalos de sacerdotes
Responde el prefecto de la Congregación para el Clero

CIUDAD DEL VATICANO, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).- Al presentar a la prensa la carta de Juan Pablo II a los sacerdotes con motivo del Jueves Santo, los periodistas presentaron al cardenal Darío Castrillón Hoyos numerosas preguntas sobre escándalos de sacerdotes que en las últimas semanas han recibido amplio espacio por parte de los medios de comunicación.

Esta fue la respuesta del prefecto de la Congregación vaticana para el Clero.

* * *



Respecto al problema de los abusos sexuales y casos de pederastia, me permito dar una sola y única respuesta.

En el ambiente de pansexualismo y libertinaje sexual que se ha creado en el mundo, algunos sacerdotes, que también son hombres de esta cultura, han cometido el delito gravísimo del abuso sexual.

Quisiera hacer dos observaciones:

1.- No se ha hecho todavía una estadística comparativa detallada sobre otras profesiones, médicos, psiquiatras, psicólogos, educadores, deportistas, periodistas, políticos y otras categorías comunes, incluidos padres y familiares. Podemos saber, por un estudio --entre los realizados- publicado en el libro del profesor Philip Jenkins, de la Pennsylvania State University, resulta que alrededor del 3 por ciento del clero estadounidense tendría tendencia al abuso de menores y que el 0,3 por ciento del clero mismo sería pederasta.

2.- En el momento en que la moral sexual cristiana y la ética sexual civil han sufrido una notable relajación en todo el mundo, se ha producido en no pocos países, de manera paradójica pero también afortunada, un sentimiento de rechazo y una sensibilidad coyuntural ante la pederastia, con repercusiones penales y económicas por el resarcimiento de perjuicios.

¿Cual es la actitud de la Iglesia Católica?

La Iglesia ha defendido siempre la moral pública y el bien común y ha intervenido para defender la santidad de vida de los sacerdotes, estableciendo con penas canónicas sanciones para estos delitos.

La Iglesia nunca ha dejado de lado el problema de los abusos sexuales, sobre todo cuando son cometidos por los ministros sagrados, no sólo con fieles en general, sino especialmente con los menores, para quienes es prioritaria la tarea de educar en la fe y en el proyecto moral cristiano (cf. la historia de las Congregaciones dedicadas a la educación y a la promoción humana).

Ya en el Código de Derecho Canónico (CIC) de 1917, el canon 2359, párrafo 2 decía: «Si admitieran un delito contra el sexto mandamiento del decálogo con menores de dieciséis años... sean suspendidos, sean declarados infames, en caso de que tengan cualquier tipo de oficio, beneficio, dignidad, o ministerio sean privados de ellos, y en casos más graves sean depuestos» («Si delictum admiserint contra sextum decalogi praeceptum cum minoribus infra aetatem sexdecim annorum... suspendatur, infames declarentur, quolibet officio, beneficio, dignitate, munere, si quod habeant, priventur, et in casibus gravioribus deponantur»).

En el CIC reformado de 1983 hay una referencia precisa a nuestro problema en el canon 1395, párrafo 2 («El clérigo que cometa de otro modo un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo, cuando este delito haya sido cometido con violencia o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido dieciséis años de edad, debe ser castigado con penas justas, sin excluir la expulsión del estado clerical, cuando el caso lo requiera») y en el Código de las Iglesias de Oriente de 1990 en el canon 1435, párrafo 1.

Más recientemente el Santo Padre Juan Pablo II deploró la gravedad de estos comportamientos lanzando un firme llamamiento a los obispos y a los sacerdotes a la vigilancia en el compromiso de ejemplaridad moral, escribiendo y hablando a los obispos de Estados Unidos de América, así como en la Exhortación Apostólica «Iglesia en Oceanía») («Ecclesia in Oceania») donde declara: «En algunas partes de Oceanía, los abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos han causado grandes sufrimientos y daño espiritual a las víctimas. Han causado también un grave daño a la vida de la Iglesia y se han convertido en un obstáculo para el anuncio del Evangelio. Los Padres del Sínodo han condenado cualquier género de abusos sexuales como también cualquier forma de abuso de poder, tanto en el interior de la Iglesia como en la sociedad en general. El abuso sexual dentro de la Iglesia representa una profunda contradicción con la enseñanza y el testimonio de Jesucristo. Los Padres sinodales han expresado sus excusas incondicionales a las víctimas por el dolor y la decepción provocados. La Iglesia en Oceanía está buscando los procedimientos adecuados para responder a las quejas en este ámbito y está firmemente comprometida en la atención compasiva y eficaz de las víctimas, sus familiares, la comunidad entera y los mismos culpables».

El Santo Padre publicó el 30 de abril del 2001 la carta apostólica «Sacramentorum sanctitatis tutela» con las «Normae de gravioribus delictis Congregationi pro Doctrina Fidei reservatis», en la que se reserva a la Congregación para la Doctrina de la Fe la competencia sobre una serie de delitos graves contra la santidad de los sacramentos y contra la misión educativa propia de los ministros sagrados con los jóvenes, en particular la pederastia.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, al asumir esta competencia especial, ha enviado una carta a los obispos de todo el mundo y, además, les acompaña ahora al asumir la responsabilidad ante hechos tan graves, ya sea para evitar el riesgo de un descuido, ya sea para coordinar mejor a las Iglesias locales con el centro de gobierno de la Iglesia universal, con el objetivo de asumir una actitud homogénea por parte de las Iglesias locales, si bien respetando la diversidad de las situaciones y de las personas.

Según las antiguas normas, se podía hablar de pederastia cuando un clérigo tenía un comportamiento delictuoso de este tipo con un menor de menos de 16 años. Ahora, este límite de edad se ha elevado hasta alcanzar los 18 años. Además, se ha prolongado para este tipo de delito la prescripción a diez años y se ha establecido que entre en funcionamiento a partir del cumplimiento de los 18 años de la víctima, independientemente de la edad en que haya sufrido el abuso.

La normativa contempla también un elemento de garantía por llamarlo de algún modo. Tiene el objetivo de alejar los peligros de que se imponga la cultura de la sospecha. Por ello, prevé un auténtico proceso, regular, para individuar los hechos, para confirmar las pruebas de la culpabilidad ante un tribunal. Ciertamente, se insiste en la rapidez del proceso. Pero se insiste también en las investigaciones previas que permiten tomar medidas cautelares para impedir al individuo sospechoso producir daños ulteriores.

Las medidas y los procesos deben garantizar la preservación de la santidad de la Iglesia, el bien común, así como los derechos de las víctimas y de los culpables.

Las leyes de la Iglesia son serias y severas y están concebidas en el marco de la tradición apostólica de tratar asuntos internos de manera interna, lo que no significa substraerse a cualquier ordenamiento civil vigente en los diversos países, exceptuando siempre el caso del sigilo sacramental o del secreto vinculado al ejercicio del ministerio episcopal y al bien común pastoral.

[Traducción realizada por Zenit]
ZS02032104

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Mundo


Patriarca de Jerusalén: «Peregrinos, volved a Tierra Santa»
Llamamiento en Nápoles de Su Beatitud Sabbah

NAPOLES, 19 marzo 2002 (ZENIT.org).- El patriarca latino de Jerusalén ha hecho una visita a Italia para llevar un mensaje muy claro: «Peregrinos, volved a Tierra Santa».

La palabra de Su Beatitud Michel Sabbah, que se ha hecho portavoz de los católicos de Tierra Santa, resonó en Nápoles al final de la semana pasada, donde visitó la arquidiócesis por invitación del cardenal Michele Giordano.

En una misa, en la basílica de Santa Restituta llena hasta los topes de fieles napolitanos, el patriarca explicó que el flujo de peregrinos se ha detenido por la guerra y el miedo a los atentados.

Todo el mundo católico, que «tiene allí sus raíces», recuerda Sabbah, ha sido golpeado por la crisis económica, política, social. «Pero a pesar de la guerra, de la violencia, del miedo, estamos y permaneceremos allí»subrayó.
.
«Estamos condenados a la paz pero debemos ser capaces de comprendernos», añadió el patriarca.

Sabbah explicó que las peregrinaciones tienen lugar sin riesgos e invitó a los católicos a volver a ponerse en camino y reveló que desde hace tiempo está empeñado en la promoción de iniciativas para favorecer la reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos.

Llegó acompañado por el padre Frederick Manns, rector del Estudio Bíblico franciscano de Jerusalén.

El responsable de la Obra de Peregrinaciones de Nápoles, Mario Russo Cirillo, prometió: «Reanudaremos pronto las peregrinaciones a Tierra Santa».
ZS02031901

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50.000 misioneros laicos evangelizan en Semana Santa pueblos de México
Promueven el desarrollo integral de poblaciones en buena parte indígenas

CIUDAD DE MÉXICO, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).- Cincuenta mil laicos de Juventud y Familia Misionera dedicarán sus vacaciones de Semana Santa este año a participar en misiones populares a favor de poblaciones rurales e indígenas en la República Mexicana.

La «Megamisión», como es comúnmente conocida, según explican los organizadoras en su página web [http://www.demisiones.com], tendrá lugar del 23 al 31 de marzo y será inaugurada con una misa de envío que tiene su punto de partida en seis regiones de México.

La eucaristía más concurrida se celebrará en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, presidida por el nuncio apostólico en México, el arzobispo Giuseppe Bertello, el sábado 23 de marzo.

Siete mil de estos misioneros vivirán esta semana consagrada a la evangelización en familia (padres acompañados de sus hijos, en ocasiones todavía pequeños). La mayor parte de los evangelizadores son jóvenes o catequistas de comunidades rurales.

Todos ellos se han puesto a plena disposición de los párrocos y de los obispos para ser enviados a los lugares más abandonados durante esos días, gesto con el que quieren culminar su camino espiritual de Cuaresma.

Juventud y Familia Misionera, asociación que también organiza misiones en Brasil, Chile, Venezuela, El Salvador, España, Italia y Estados Unidos, ha convocado a 88.800 mil jóvenes, 7.600 familias, ha capacitado a 45.000 catequistas y a 600 misioneros autóctonos especialmente en comunidades indígenas de México y de otros países de América Latina.

La asociación tomó cuerpo en 1993, en respuesta al llamamiento que hizo Juan Pablo II, durante la Jornada Mundial de la Juventud de Denver, a los jóvenes a salir a las calles y a sus ambientes para convertirse en misioneros.

Los misioneros al llegar a los pueblos son reconocibles por la cruz al pecho. Visitan las casas con Biblias, catecismos, guías litúrgicas, estampas, etc. Ofrecen también catequesis para niños, jóvenes, adultos, y animan las celebraciones litúrgicas.

Para que la experiencia no se quede en una simple semana de misión, se concentran en la capacitación de misioneros autóctonos de comunidades indígenas para que puedan continuar su labor.

Si bien, las misiones tienen un abierto carácter evangelizador, suponen también un impulso decisivo para el desarrollo integral de estas comunidades rurales. Los médicos de Juventud y Familia Misionera, por ejemplo, han ofrecido desde 1996, cuando tuvo lugar la primer misión médica en Michoacán, más de 34.000 consultas médicas y más de 315 intervenciones quirúrgicas gratuitas.

Actualmente Juventud Misionera, Familia Misionera y Misiones Médicas están presentes en Estados Unidos, México, Cuba, El Salvador, Venezuela, Colombia, Brasil, Chile, Argentina, Irlanda, Alemania, Francia, España, Italia, Polonia y Hungría.

Hasta la fecha, estos misioneros han visitado más de 7.000 localidades en 16 países y han llamado a la puerta de más de cinco millones de hogares para predicar el Evangelio.

Más información en http://www.demisiones.com.
ZS02031813

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Obispos argentinos consideran que no se responde a la «crisis terminal»
La Comisión Permanente del Episcopado fustiga la corrupción

BUENOS AIRES, 22 marzo 2002 (ZENIT.org).- La Comisión Permanente del Episcopado argentino hizo pública este jueves una declaración en la que considera que no se está respondiendo a la «crisis terminal» del país y fustiga duramente la corrupción.

El documento, titulado «Para que renazca el país», fue leído en rueda de prensa por el secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor Guillermo Rodríguez-Melgarejo. Ha sido redactado tras dos días de deliberaciones de la Comisión Permanente del Episcopado.

«Tenemos un país --constatan los obispos argentinos--, frenado por falta de acuerdo y de grandeza de sus actores políticos, sociales y económicos, e incapaz de dar respuesta apropiada a la gravedad de esta crisis terminal. Los intereses sectoriales y corporativos siguen queriendo imponer su fuerza en desmedro del interés general».

«En gran parte del pueblo hay deseos de una Argentina nueva --añaden los prelados--, pero no encuentra en sus dirigentes la voluntad suficiente para cambiar los errores que nos han degradado tanto».

Argentina se encuentra en recesión desde hace 45 meses. En diciembre pasado sufrió violentos saqueos a comercios y protestas que obligaron a renunciar al presidente, Fernando de la Rúa. El viceministro argentino de Economía, Jorge Todesca, anunció el 18 de febrero que hay a causa de la crisis hay 1.400.000 nuevos pobres en el país.

«Hay un vacío de la dirigencia que impide encontrar los caminos de la honesta representatividad
política, de la equidad social y de la seguridad jurídica», añaden los prelados.

Por ello, afirman, «es preciso renunciar a las formas inmorales de actuar en la vida pública y a los irritantes privilegios. También es necesario reparar todo daño ocasionado y restituir todo lo que se haya obtenido ilícitamente».

Indican los obispos que, como dirigentes religiosos, no dejarán de examinar «nuestra responsabilidad sobre la situación del país».

Recuerdan que, «en los meses pasados todo el pueblo argentino ha sufrido las consecuencias de medidas económicas y financieras muy graves, que han afectado a la moneda, al valor y disponibilidad de los ahorros, a las fuentes de trabajo y a las relaciones con los demás pueblos del mundo».

En este sentido afirman que «las decisiones económicas también están sometidas a las normas morales. Entendemos que las medidas tomadas, explicables en momentos de grandes catástrofes sociales como las guerras, han herido gravemente la confianza del pueblo en sus dirigentes y en el futuro del país. Es de desear que sus cargas y consecuencias sean compartidas por todos y en forma proporcional, comenzando por los que más tienen, sean individuos o empresas, nacionales o multinacionales».

«Para exigir tanto sacrifico al pueblo --denuncian--, es preciso decidirse firmemente a erradicar la corrupción de la vida política y social, a disminuir drásticamente el gasto político, a encarar la postergada reforma del estado y a revertir la enorme evasión impositiva de grandes sectores
corporativos. Quienes gozan de privilegios injustos deben saber que, aunque sean legales, no dejan de ser inmorales».

Los obispos afirman que «ante la pasividad de la dirigencia y a su escasa representatividad, es explicable la aparición de formas nuevas de protesta social».

Frente a esta panorámica, invitan a imitar a los pueblos que han sufrido catástrofes iguales o peores, pero se han puesto a reconstruir su patria y alientan a todos «a trabajar con esfuerzo y sacrificio».

Y llaman a toda la comunidad a ser solidaria con los que no tienen trabajo. «Acompañamos de
todo corazón a todos los que sufren», afirman.

Recuerdan su colaboración al diálogo nacional participando en la Mesa del Diálogo Argentino y valoran el esfuerzo que la Mesa viene realizando, pero recuerdan que «para que el diálogo argentino tenga eficacia y también credibilidad ha de despertar en la dirigencia política, financiera, sindical y empresarial, la necesidad de gestos y signos que muestren un sincero deseo de cambios reales y profundos».

Por lo mismo, exhortan «a los poderes del Estado a promover con leyes sabias los acuerdos a los que va arribando la Mesa, para que en forma progresiva y rápida se concreten las reformas que la Argentina necesita. En especial, la reforma de la política y del Estado. Esta responsabilidad justifica y puede ennoblecer la actual transición».

Por último, agradecen la solidaridad «de varios pueblos e Iglesias de América y de Europa que en este momento nos tienden una mano generosa. En la emocionada expresión "Argentina nos duele", escuchada en España, se resume el sentimiento de todos ellos».
ZS02032203

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Giotto vuelve a presentar a todo color la Redención
Restauración del los frescos de la Capilla de los Scrovegni (Padua)

PADUA, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- Un Giotto totalmente nuevo, a todo color. Así se presentará al público, a partir del 25 de marzo, la Capilla de los Scrovegni, en Padua (Italia).

Ocho meses de obras de restauración tras veinte años de investigaciones han servido para recuperar el cielo de color azul brillante, las aureolas doradas, y los trazos oscuros de lágrimas maternas, que destacan en este conjunto pictórico, una de las máximas expresiones de la pintura
medieval.

Se trata de 103 escenas bíblicas que se extienden a lo largo de 900 metros cuadrados de frescos, pintados en tres años (entre 1303 y 1305) por Ambrogio Bondone (1267-1337), que pasó a la historia como Giotto, conocido también por sus frescos de la basílica de san Francisco de Asís.

La restauración fue presentada oficialmente el 18 de marzo en un acto público que contó la asistencia del jefe del Estado, Carlo Azeglio Ciampi.

La gran dimensión de la obra pictórica de la capilla, encargada en 1300 por el banquero paduano Enrico Scrovegni, no permite una visión de conjunto. Esto obliga al visitante a seguir la historia de Cristo, contada por Giotto, como si se tratara de una secuencia cinematográfica.

En la pared de entrada se encuentra el Juicio Universal. En las paredes laterales y en torno al arco del ábside, en 38 recuadros, se recorre la Historia de la Redención, en la que destaca la escena de la Crucifixión con las virtudes (a la derecha), y los vicios (a la izquierda).

Es una obra de madurez, realizada por Giotto, con ayuda de sus alumnos. La gran revolución de Giotto fue ofrecer una visión del mundo de inicios del Renacimiento capaz de implantar lo nuevo en las raíces de lo antiguo.

Era el modo de afirmar la nueva era, llevando a la pintura la idea cristiana del «ya pero no todavía».

Con los detalles de las expresiones del rostro y el uso experimental del color y el diseño, Giotto alcanzó una sorprendente profundidad que constituye el triunfo de la perspectiva con respecto a la pintura a dos dimensiones que le había precedido.

Cuando la Capilla abra sus puertas, los visitantes podrán entrar en grupos de máximo 25 personas durante quince minutos con el objetivo de reducir al máximo la condensación provocada por la respiración.
ZS02032001

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Francia: Oleada de bautismos de adultos
Disminuyen entre los niños

PARÍS, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- La Iglesia en Francia está experimentando una auténtica oleada de bautismos de adultos, se celebrarán 2.335 en esta vigilia pascual, fenómeno al que se contrapone la disminución de bautismos entre los niños.

Según datos publicados este miércoles por el Servicio nacional del catecumenado el número de bautismos de niños en la primera edad ha disminuido en los últimos diez años de 458.626 en 1990 a 378.395 en 1999.

El número de adultos que piden entrar en la Iglesia, sin embargo, está en constante aumento desde hace algunos años, constató monseñor André Dupleix, encargado del Servicio en una rueda de prensa.

El mismo sacerdote aclaró que a los 2.335 futuros bautizados que tendrán lugar en Pascua (noche del 31 de marzo) en las parroquias de Francia, hay que añadir un nutrido número de jóvenes que están siendo preparados al bautismo por las capellanías de las universidades e institutos escolares.

En la rueda de prensa se constató que cada vez con más frecuencia niños de más de siete años comienzan a participar en la catequesis sin estar bautizados. Algunos de ellos piden entrar en la Iglesia.

En total, en 1999, se celebraron 400.327 bautismos (última estadística disponible), contra 472.130 en 1990.

En este año, los adultos que piden el bautismo proceden en un 43% de familias de cultura cristiana y el 42% de familias sin religión. Los que proceden del Islam son el 5%, de religiones orientales el 5%, de tradiciones mixtas el 2%, de sectas el 2%, y del judaísmo el 1%.

En su mayoría son jóvenes (el 84% tiene menos de 40 años) y en buena parte mujeres (71%). Los adultos que piden el bautismo a la Iglesia siguen una preparación catecumenal específica que dura unos dos años.
ZS02032006

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Nigeria declara inconstitucional la Ley Islámica
En virtud de la «sharia» fue condenada a la lapidación Safiya

ABUJA, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).- El Gobierno federal de Nigeria ha declarado «inconstitucional» la «sharia» (ley islámica) implantada en los dos últimos años en doce de los diecinueve estados del norte del país, donde la población musulmana es mayoritaria, informaron hoy, jueves, los medios de comunicación locales.

Según informaba este jueves la prensa nigeriana, el ministro federal de Justicia y Fiscal General, Godwin Kanu Agabi, envió el pasado 18 de marzo una carta a todos los Gobiernos de los Estados del norte que decidieron adoptar la sharia como código penal, en la que asegura que su aplicación supone una discriminación para la población musulmana, mayoritaria en esa zona del país.

En una carta firmada por el nuevo ministro de Justicia nigeriano, Kanu Agabi, y que ha sido enviada a los gobiernos locales de los Estados norteños, se denuncia que la sharia «viola los compromisos constitucionales nigerianos respecto a los derechos humanos y a la no discriminación en función de la religión o el sexo».

«Un musulmán no debe quedar sujeto a un castigo más severo del que se impondría a otros nigerianos por el mismo delito», afirma el ministro en la misiva recogida por el diario nigierano «The Guardian», precisando que «la igualdad ante la ley significa que los musulmanes no deben ser discriminados».

Kanu Agabi insiste en la cuestión constitucional, afirmando que tanto los individuos como los Estados deben cumplir la Ley Fundamental, y que la discriminación que supone la aplicación de la sharia amenaza «la estabilidad, la unidad y la integración de la nación».

El comunicado del ministro de Justicia no menciona el caso de Safiya Husaini, una mujer de 35 años condenada por un tribunal musulmán del Estado de Kano a morir lapidada por adulterio. Los observadores indican que responde al llamamiento hecho por la comunidad internacional para el perdón de la condenada.
ZS02032109

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Entrevista


Posición vaticana en la ONU sobre lucha al terrorismo y derechos humanos
Habla el arzobispo Martin, observador en la Comisión de Ginebra

CIUDAD DEL VATICANO, 19 marzo 2002 (ZENIT.org).- La situación en Oriente Medio y el complejo equilibrio entre medidas de lucha al terrorismo y derechos fundamentales están siendo estudiados por la Comisión de la ONU sobre Derechos Humanos, reunida desde este martes en Ginebra con motivo de su sesión anual.

El arzobispo Diarmuid Martin, observador permanente de la Santa Sede ante la sede de la ONU en Ginebra, ha explicado a los micrófonos de Radio Vaticano lo que está en juego en la reunión.

--¿Cuáles serán los temas más complicados?

--Monseñor Martin: Evidentemente la situación en Oriente Medio será una cuestión difícil de afrontar, pero también será un tema delicado la continuación de la Conferencia contra el racismo de Durban. Hay, además, muchos temas que serán afrontados y que afectan a procedimientos y mecanismos de las Naciones Unidas.

--Es una opinión común el afirmar que los atentados del 11 de septiembre han modificado profundamente la escala de prioridades a nivel global. ¿No se da el riesgo de que esta nueva situación internacional perjudique la defensa y promoción de los derechos humanos, en especial en algunas zonas calientes del planeta?

--Monseñor Martin: Es necesario recordar que la lucha contra el terrorismo representa una lucha por el Estado de derecho. Debe ser, por tanto, una lucha por la plena aplicación y el pleno respeto de los derechos humanos. Después del 11 de septiembre, se han puesto de manifiesto estas tensiones que se dan en la comunidad de naciones. La lucha contra el terrorismo es necesaria y debe ser conducida con vigor y fuerza, pero es también necesario el respeto de los derechos de las personas involucradas en esta situación.

--Por primera vez Estados Unidos no ha sido elegido miembro de la Comisión sobre los derechos humanos. ¿Qué repercusiones podrá tener esta exclusión para el trabajo de esa institución?

--Monseñor Martin: Ciertamente es posible que no tengan el mismo apoyo algunas de las resoluciones que en el pasado fueron patrocinadas por Estados Unidos. De todos modos, creo que Estados Unidos debería estar presente en un Comisión sobre los derechos humanos. Su contribución es importante.

--¿Cuáles serán los puntos fundamentales sobre los que está comprometida la Santa Sede en esta sesión de trabajo en la Comisión de Ginebra?

--Monseñor Martin: Tradicionalmente hemos afrontado el tema de la libertad religiosa, que resulta ser todavía más importante este año, precisamente después del 11 de septiembre, en parte para tratar del favorecer el diálogo entre las religiones.

Hemos comenzado siempre por un tema ligado a la pobreza, pues consideramos que las personas que viven en condiciones de pobreza no son capaces de realizarse completamente y de ejercer plenamente sus derechos. Quisiera subrayar también el tema de los emigrantes, pues la emigración se convierte cada vez más en un elemento natural en una sociedad global. Sin embargo, en la situación actual, la condición de los emigrantes es todavía muy vulnerable, incluso allí donde llevan una contribución esencial para el crecimiento económico y social del país en el que han sido acogidos.

--La alta comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Mary Robinson, ha anunciado que no se volverá a presentar a un nuevo mandato. ¿Cómo juzga el trabajo realizado en estos años por la ex presidenta irlandesa?

--Monseñor Martin: Creo que ha hecho un trabajo muy sólido. Los medios de comunicación ponen de relieve la manera en que ha luchado con fuerza, incluso contra países potentes. No hay que olvidar, sin embargo, el trabajo silencioso que ha desarrollado diariamente, reforzando las estructuras de su institución, así como las estructuras de los diferentes países en los que se han registrado problemas. Creo que la señora Robinson deja a su sucesor una institución mucho más fuerte, con más prestigio, y con mayor eficacia.
ZS02031906

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En memoria de monseñor Duarte


Colombia se despide de su arzobispo asesinado
El cardenal de Bogotá ve en su vida y muerte la esperanza para el país

CALI, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- Colombia dio su último adiós este martes a monseñor Isaías Duarte Cancino, con un funeral que comenzó al frente de la catedral de San Pedro de Cali, pues el templo no podía acoger a las decenas de miles de fieles.

Más de medio millón de personas habían formado largas filas a las afueras de la catedral, desde el domingo anterior, para visitar el féretro de «Monseñor», como familiarmente llamaban los colombianos al arzobispo que fue asesinado el sábado pasado a quemarropa, cuando salía de una iglesia.

En las exequias participaron unos noventa obispos, centenares de sacerdotes, y el nuncio apostólico de Juan Pablo II en Colombia, monseñor Beniamino Stella.

Una gigantesca pancarta con la imagen del arzobispo de Cali presidía la fachada de la catedral con el lema «Apóstol de paz».

En el acto, el cardenal Pedro Rubiano, arzobispo de Bogotá, tomó la palabra para recordar la figura del arzobispo asesinado, en particular «su valentía y claridad en sus pronunciamientos».

«Su vida y su muerte es un clamor para que todos vivamos la esperanza en el cumplimiento fiel de los deberes que tenemos en esa línea de hacer la voluntad de Dios», dijo el cardenal.

Miles de pañuelos blancos, algunos con una cruz de luto, otros con el rostro de Cristo estampado, saludaban el féretro.

Doscientos hombres del Ejército rindieron honores al obispo, mientras en hombros era llevado el ataúd con su cadáver a la catedral.

Allí yace ahora su cuerpo, sepultado con solo una rosa, y bajo los pies de la Virgen de Fátima.

Tras el rito, el presidente de la República, Andrés Pastrana, llegó hasta el micrófono central a dar su último adiós al arzobispo de Cali. En se mismo lugar, Duarte había denunciado la financiación con dinero del narcotráfico de campañas políticas.

Algunos de los presentes abuchearon a Pastrana gritando «justicia, justicia», o «que se vaya», lo que obligó al presidente a abreviar su discurso.

Por el momento no queda claro quién ha sido el autor intelectual del asesinato. Este martes el procurador general de la Nación, Edgardo Maya Villazón, pidió prudencia a las autoridades que investigan el asesinato del arzobispo, pues se han hecho declaraciones públicas dispares.

Tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), dos de los principales grupos guerrilleros, han negado su responsabilidad en comunicados oficiales.

Las sospechas apuntan ahora de manera más directa hacia el narcotráfico y sus nexos políticos, denunciados duramente por el prelado.
ZS02032007

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Isaías Duarte, el apóstol que hablaba duro
Perfil del obispo asesinado publicado por «El Tiempo»

BOGOTÁ, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el perfil que publicó este lunes el diario colombiano El Tiempo sobre el arzobispo de Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino.

* * *



Cuando monseñor Isaías Duarte Cancino fue nombrado obispo de Apartadó (Antioquia), tuvo la valentía de sentar en la Mesa Regional de Diálogo a los sectores más disímiles: empresarios, sindicatos, guerrilleros, autodefensas y gobiernos local y departamental. Era 1988, cuando el papa Juan Pablo II creó esta diócesis.

A todos los representantes les habló francamente: No quería más sangre en la zona (azotada por una gran violencia), ni muertos ni viudas ni huérfanos. El lugar tenía que progresar y él estaba ahí para hacer su aporte.

Los habitantes agradecieron su llegada y lo consideraron un apóstol porque además creó los Seminarios Mayor y Menor, y seis colegios de secundaria (le parecía inconcebible los pocos centros educativos de la zona).

Pero mientras organizaba estas nuevas formas de ayuda, no dejó de hablar duro. En 1991 estuvo presente en el proceso de reinserción de los miembros del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Su gestión incluyó a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu). Les dijo que estaba cansado de su conflicto con las Farc, grupo erradicado de la región.

El guía espiritual
En San Gil (Santander) nació el 15 de febrero de 1939 y en Bucaramanga estudió, en el Instituto del Estado. Como sacerdote se formó en Pamplona (Norte de Santander), en el Seminario Mayor.

Luego viajó a Roma (Italia), a la Universidad Gregoriana, para graduarse como licenciado en teología. En esta misma ciudad se ordenó el 1 de diciembre de 1963 y regresó al país para asumir el cargo de vicario de la Catedral de Bucaramanga.

El 23 de septiembre de 1995 se posesionó como arzobispo de Cali. A la capital del Valle llegó a apoyar la educación y la religión. Creó 45 nuevas parroquias en sectores populares y 9 colegios en estratos bajos, así como los programas Samaritanos de la Calle, Sergente y el Banco de Alimentos. También, la Comisión de Vida, Justicia y Paz, que adelanta estudios sobre las víctimas de la violencia.

Los derechos humanos
Por su trabajo en pro de la paz y su meta de desterrar la violencia de Colombia, también fue un abanderado de los derechos humanos.

En 1999, al ocurrir el secuestro de la iglesia La María, de Cali, excomulgó a los guerrilleros del ELN.

"No es cometiendo injusticias como se lucha por la justicia, ni agrediendo a seres inocentes como se llega a la paz", dijo en esa ocasión.

Por eso, criticó tan duramente el proceso de paz del presidente Pastrana con las Farc, argumentando que era un "despropósito hablar con un grupo rebelde que continuaba sus acciones violentas mientras dialoga".

Y aunque se afirma en algunos sectores que no existía conocimiento sobre amenazas a su vida, el sábado monseñor Duarte cayó asesinado. Salía de casar a 104 parejas.

Comentaba, medio en broma, que su récord casando llegaba a 40 parejas y esa noche había triplicado la cifra.

El prelado ya no volverá a comer su plato favorito, carne asada con arepa santandereana. El apóstol de la paz, como se le conocía, se fue sin ver a Colombia lejos de la guerra. Mañana será entrerrado en la Catedral de San Pedro de Cali.
ZS02031810

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Palabras que costaron la vida a monseñor Duarte


BOGOTÁ, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).- Publicamos algunas de las intervenciones públicas del arzobispo de Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino, que según algunos observadores le costaron la vida.

* * *



Perdón
«Invito a los guerrilleros a que pidan perdón por el mal que han hecho. Invito a los empresarios a que pidan perdón porque no han tenido sentido social y no han defendido el bien común de los desempleados. Invito a los sindicatos a que pidan perdón porque no se preocupan por los miles de trabajadores del país».

«¿Se puede decir que una persona que pone una mina quiebrapatas no sabe lo que hace?, ¿se puede decir que el que organiza una masacre no sabe lo que hace?, ¿se puede decir que los que corrompen el Estado no se dan cuenta del daño que causan?».

«Qué le sucedió a nuestro país, que terminó siendo el hazmerreír del mundo. Qué le sucedió a Colombia para que nuestros hermanos fueran masacrados y ultrajados. Todos tenemos que reconocer nuestra responsabilidad en estos hechos y pedir perdón».
Abril de 2000

Política y narcotráfico
«La queja de la comunidad, de los obispos del Departamento y de algunos dirigentes políticos va en ese sentido, que en el Valle del Cauca se vuelve a sentir el peso del dinero maldito fruto de la droga que destruye a nuestro pueblo; no podemos aceptar que tras la fachada de la política sana y limpia se muevan dineros que tienen intenciones torcidas y que causan ciertamente un inmenso mal a la patria».

«Queremos pedirles a los vallecaucanos que no se dejen engañar y no apoyen a quienes detrás de la fachada de una política y de una democracia limpia, esconden el dinero corrupto del narcotráfico. Eso no le trae beneficio al pueblo colombiano y por el contrario aumentan la pobreza y los problemas de la población».

«Los obispos tenemos una clara misión pastoral de formar la conciencia de los fieles y no de acusar a nadie. A quien le corresponde realizar la investigación es al Estado».
Febrero de 2002

La guerrilla
«Un guerrillero que secuestra y asesina, que destruye pueblos enteros y se burla de los procesos de paz, carece de las virtudes que distinguen al ser humano y se convierte en el más miserable de los hombres».

«Pidamos al Señor para que estos guerrilleros de Colombia sientan en lo profundo de su alma el dolor de matar a un hermano inocente e indefenso, que entiendan que no están haciendo una guerra justa sino repitiendo la barbarie de las épocas más oscuras de la historia humana y se conviertan de su mala vida».

«Pero también supliquemos al Altísimo para que toda la sociedad civil encuentre los caminos para exigirles eficazmente a los violentos que asesinan a Colombia, el respeto a la vida y la libertad de las personas».
Agosto 8 de 2000
ZS02031811

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