CIUDAD DEL VATICANO, 22 marzo 2002 (ZENIT.org).-
La imagen de Juan Pablo II consolando a dos jóvenes canadienses, cuyo padre
perdió la vida en los atentados contra las Torres Gemelas, se convirtió en el
momento culminante de su encuentro con los chicos y chicas de Roma.
El evento, que reunió en la plaza de San Pedro del Vaticano a más de 20 mil jóvenes,
sirvió para que el obispo de Roma preparara al anochecer del jueves entre sus
diocesanos la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará del 23 al 28 de
julio en Toronto.
El pontífice volvió a disfrutar del encuentro, como suele suceder cada vez que
se encuentra con los muchachos. Llegó en «papamóvil» saludando a todos los
presentes y demostró estar en buena forma física.
Se trataba de una fiesta de música (participaron algunos de los cantantes más
famosos de Italia), fe y testimonios, en la que el pontífice dejó un mensaje
muy claro: «Jóvenes del tercer milenio, no uséis mal vuestra libertad».
Varios jóvenes se acercaron al micrófono, como Daniele Mazza, de 24 años,
alumno en un seminario del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras de
Filipinas, donde se prepara para ser misionero; o Miriam di Grande, de 24 años,
quien hace cuatro años entró a formar parte de las Religiosas de Santa Ana.
Cuando Brennan y Erika Basnicki tomaron la palabra, el silencio se hizo denso.
El padre de estos dos universitarios murió el 11 de septiembre, poco después
de haber sido contratado como director de márketing de una empresa de informática,
cuyas oficinas estaban en el World Trade Center.
Tras comprender que había perdido a su padre, Brennan confesó ante el Papa y
los presentes que en un primer momento sintió «rabia y cólera hacia quienes
le habían asesinado tan bellacamente. Quería venganza».
En los días siguientes se refugió en la oración, en la eucaristía. Brennan
meditó en la muerte de Cristo y pensaba en el dolor de sus discípulos. Pero
allí descubrió la fuerza que hoy sigue imprimiendo su resurrección.
«Aquel acontecimiento nos muestra que más allá de todo mal actúa un bien más
grande. ¡En momentos como éste debemos seguir teniendo esperanza!», añadió.
Su hermana Erika tomó a continuación la palabra para añadir: «El 11 de
septiembre una oscura nube descendió sobre el mundo. Quería apagar la luz en
el corazón de todos nosotros y llenarnos de miedo. Pero no lo ha logrado. Donde
antes estaban las Torres Gemelas, ahora hay dos columnas de luz gigantes que
penetran en la oscuridad y alcanzan los cielos».
Juan Pablo II alentó a los jóvenes que le escuchaban a hacer adecuado uso de
«ese gran don que es la libertad».
«Si no se ejerce bien --explicó--, la libertad nos puede alejar de Dios. Puede
hacernos perder la dignidad que nos ha conferido. Cuando no es plasmada por el
Evangelio, la libertad puede transformarse en esclavitud: la esclavitud del
pecado y de la muerte eterna».
«¡No perdáis la gran dignidad de hijos de Dios que se os ha dado!», exhortó
el Papa a los muchachos de su diócesis. «Someteos únicamente a Cristo, quien
quiere vuestro bien y vuestra auténtica alegría».
«¡Discubriréis así que sólo adheriendo a la voluntad de Dios podemos ser
luz del mundo y sal de la tierra!», concluyó.
ZS02032208
CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Juan Pablo II aseguró a los jóvenes este Domingo de Ramos que la verdadera
fuerza del hombre es la fidelidad a la verdad y dio cita a los chicos y chicas
del mundo para las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) de finales de julio
en Toronto.
El pontífice bendijo los ramos y pronunció la homilía de la misa que
conmemoraba la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Sin embargo, dejó que
su obispo vicario para la diócesis de Roma, el cardenal Camillo Ruini,
celebrara la eucaristía.
Sus médicos lograron convencer a duras penas al Papa a que renunciara a
presidir la parte más cansada de la celebración para que no sufriera su
rodilla derecha, que padece de dolores de artrosis desde finales de febrero.
Desde el atrio de la Basílica vaticana, el obispo de Roma siguió la liturgia
eucarística casi siempre de rodillas. El sol resplandecía en la plaza de San
Pedro, pero un viento penetrante azotó con fuerza al Papa y a los peregrinos
presentes.
Era la Jornada de la Juventud de la diócesis de Roma, y la presencia de jóvenes
era evidente. La procesión de los ramos estaba compuesta por muchachos y
muchachas procedentes de Canadá, Italia, Francia, Alemania, Croacia, España y
otros países.
Voces jóvenes también leyeron la oración de los fieles en polaco, árabe,
francés, filipino, portugués y alemán.
Durante la homilía, el papa les interpeló: «Aquel al que habéis escogido
como Maestro no es un mercante de ilusiones, no es un poderoso de este mundo, ni
un astuto y hábil pensador. Vosotros sabéis a quién habéis decidido seguir:
¡es el Crucificado resucitado! Cristo muerto por vosotros, Cristo resucitado
por vosotros».
«Y yo os aseguro que no quedaréis decepcionados», añadió el pontífice.
«La verdadera fuerza del hombre se ve en la fidelidad con la que es capaz de
dar testimonio de la verdad, resistiendo a los halagos y amenazas, a las
incomprensiones y a los chantajes, e incluso a la persecución dura y despiadada»,
afirmó el Papa Wojtyla.
«Sólo si estáis dispuestos a hacerlo, os convertiréis en lo que Jesús se
espera de vosotros, es decir, "sal de la tierra" y "luz del
mundo"», lema de las JMJ que se celebrarán del 23 al 28 de julio en
Toronto.
«¡Queridos jóvenes, no perdáis vuestro sabor de cristianos, el sabor del
Evangelio!», concluyó el Papa alzando la voz. «Mantenedlo vivo, meditando
constantemente en el misterio pascual: Que la cruz se vuestra escuela de sabiduría».
Al final de la misa, el Papa volvió a tomar la palabra para introducir la oración
mariana del «Angelus» y dar cita en Toronto a los jóvenes del mundo en
italiano, francés, inglés, alemán, español, portugués y polaco.
ZS02032404
CIUDAD DEL VATICANO, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Juan Pablo II confiesa su conmoción por los escándalos de sacerdotes que en
las últimas semanas han ocupado amplio espacio en los periódicos,
especialmente en Estados Unidos, en su carta a los presbíteros con motivo de
este Jueves Santo.
«En cuanto sacerdotes --asegura el Papa--, nos sentimos en estos momentos
personalmente conmovidos en lo más íntimo por los pecados de algunos hermanos
nuestros que han traicionado la gracia recibida con la Ordenación, cediendo
incluso a las peores manifestaciones del misterio de iniquidad («mysterium
iniquitatis») que actúa en el mundo».
El Santo Padre habla en su tradicional misiva de «escándalos graves, que
llegan a crear un clima denso de sospechas sobre todos los demás sacerdotes
beneméritos, que ejercen su ministerio con honestidad y coherencia, y a veces
con caridad heroica».
Ante esta situación, el obispo de Roma considera que la respuesta debe ser
doble.
En primer lugar, explica, «la Iglesia expresa su propia solicitud por las víctimas
y se esfuerza por responder con justicia y verdad a cada situación penosa».
En segundo lugar, hace un llamamiento a los sacerdotes, «conscientes de la
debilidad humana, pero confiando en el poder salvador de la gracia divina», «a
abrazar el misterio de la Cruz ("mysterium Crucis") y a comprometernos
aún más en la búsqueda de la santidad».
«Hemos de orar para que Dios, en su providencia, suscite en los corazones un
generoso y renovado impulso de ese ideal de total entrega a Cristo que está en
la base del ministerio sacerdotal», sigue diciendo el sucesor del apóstol
Pedro.
Termina explicando que la fe «nos da fuerza para mirar con confianza el futuro».
«Sabemos que el mal está siempre en el corazón del hombre --reconoce-- y sólo
cuando el hombre se acerca a Cristo y se deja "conquistar" por Él, es
capaz de irradiar paz y amor en torno a sí».
«Como ministros de la Eucaristía y de la Reconciliación sacramental
--concluye el Papa--, a nosotros nos compete de manera muy especial la tarea de
difundir en el mundo esperanza, bondad y paz».
ZS02032106
CIUDAD DEL VATICANO, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Juan Pablo II lanza un llamamiento a los sacerdotes a redescubrir el sacramento
de la Reconciliación y a evitar en la confesión tanto el «rigorismo» como el
«laxismo» en la tradicional carta que les ha dirigido con motivo del Jueves
Santo.
Al administrar este sacramento, que como constata tras años de crisis ha vuelto
ha suscitar interés entre los jóvenes como lo demostró el Jubileo del año
2000, el Papa aconseja a los más de 405.000 sacerdotes del mundo «equilibrio
pastoral».
En el ministerio de la confesión, subraya, el sacerdote «sufre continuamente
la fuerza contrastante de dos excesos: el rigorismo y el laxismo».
El primero --explica-- no tiene en cuenta «la misericordia previa, que impulsa
a la conversión y valora también hasta los más pequeños progresos en el
amor, porque el Padre quiere hacer lo imposible para salvar al hijo perdido».
El segundo exceso, el laxismo, añade, «no tiene en cuenta el hecho de que la
salvación plena, la que no solamente se ofrece sino que se recibe, la que
verdaderamente sana y reaviva, implica una verdadera conversión a las
exigencias del amor de Dios».
«El rigorismo oprime y aleja --constata el obispo de Roma--. El laxismo
desorienta y crea falsas ilusiones».
Por eso, según la misiva pontificia, «el ministro del perdón, que encarna
para el penitente el rostro del Buen Pastor, debe expresar de igual manera la
misericordia previa y el perdón sanador y pacificador».
«Basándose en estos principios --añade--, el sacerdote está llamado a
discernir, en el diálogo con el penitente, si éste está preparado para la
absolución sacramental».
«Si no consta lo contrario, el sacerdote ha de suponer que, al confesar los
pecados, el penitente siente verdadero dolor por ellos, con el consiguiente propósito
de enmendarse», explica.
Por este motivo, el Papa recomienda que la pastoral de la reconciliación
sacramental prepare «subsidios oportunos, facilitando momentos de preparación
al Sacramento que ayuden cada uno a madurar en sí una suficiente conciencia de
lo que viene a pedir».
En caso de que el que se confiesa no sienta arrepentimiento y deseo de enmienda
por sus pecados, el Santo Padre afirma que «el confesor tiene el deber de decir
al penitente que todavía no está preparado para la absolución».
«Si ésta se diera a quien declara explícitamente que no quiere enmendarse --añade--,
el rito se reduciría a pura quimera, sería incluso como un acto casi mágico,
capaz quizás de suscitar una apariencia de paz, pero ciertamente no la paz
profunda de la conciencia, garantizada por el abrazo de Dios».
Estas razones, asegura la carta del Papa, llevan a la Iglesia a establecer que
la confesión requiere «el encuentro personal entre el confesor y el penitente»
como «forma ordinaria de la reconciliación sacramental, mientras que la
modalidad de la absolución colectiva tiene un carácter excepcional».
El pontífice invita, además, a los mismos sacerdotes a redescubrir «con alegría
y confianza este Sacramento».
«Vivámoslo ante todo para nosotros mismos, como una exigencia profunda y una
gracia siempre deseada, para dar renovado vigor e impulso a nuestro camino de
santidad y a nuestro ministerio», les dice invitándoles a su vez a confesarse.
ZS02032107
CIUDAD DEL VATICANO, 22 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Este viernes se presentó en la Sala de Prensa de la Santa Sede la tercera edición
del «Misal Romano» en latín fruto de un trabajo de diez años realizado por
la Congregación vaticana para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
No se trata de una simple reimpresión aumentada, sino de una auténtica «editio
typica», es decir, una edición oficial, actualizada, destinada a la celebración
eucarística en latín, y que sirve de base para la traducción en los
diferentes idiomas, tarea que corresponde a las Conferencias Episcopales con la
aprobación de la Santa Sede.
Un volumen decisivo para la Iglesia, pues como destacó al abrir el encuentro
con los periodistas el padre Ciro Benedettini, subdirector de la Sala de Prensa
vaticana, la «liturgia y la Eucaristía es el punto más elevado de la relación
entre los creyentes y Dios».
Entre las novedades más importantes de esta tercera edición del «Misal Romano»,
según expusieron los máximos exponentes de la Congregación para el Culto
Divino, hay que destacar la introducción de algunos santos en el calendario
universal, así como formularios para las misas votivas en honor de la Virgen
María.
En apéndice, además, se han añadido plegarias eucarísticas aprobadas para
las misas de Reconciliación, para las celebradas por diferentes necesidades, así
como para las misas en las que la mayor parte de los fieles está constituida
por niños.
Comunión bajo las dos especies
Particularmente significativa es la «Institutio Generalis», la parte teológica
y normativa que introduce el Misal, que según explica en un comunicado
entregado en la rueda de prensa por la Congregación vaticana prevé «una
ampliación de las posibilidades de distribuir la Sagrada Comununión bajo las
dos especies [el pan y el vino], según el juicio pastoral del obispo diocesano».
En este sentido, el cardenal Jorge Arturo Medina Estévez, prefecto de la
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, explicó
que la nueva normativa para la Comunión «más simplificada, tiene en cuenta
las facultades bastante amplias concedidas después de la segunda "editio
typica" del Misal, los precedentes históricos, y el uso generalizado en
los Ritos orientales».
«La nueva normativa --aclaró el cardenal chileno-- constituye una ampliación
notable de lo que se había establecido hasta ahora, de modo que es competencia
del obispo diocesano emanar para su diócesis las normas sobre la distribución
de la comunión bajo las dos especies».
«Esta competencia del obispo es primaria, según establece el derecho (Código
de Derecho Canónico, canon 381 § 1), de modo que no se somete a una previa
autorización de la Conferencia de los Obispos», siguió aclarando.
«Además --explicó--, el obispo diocesano puede conferir la facultad a cada
sacerdote, en cuanto pastor de una comunidad particular, de juzgar la
oportunidad de distribución de la comunión bajo las dos especies, fuera de los
casos especificados en los que se aconseja».
Memorias y nuevas celebraciones
Por lo que se refiere a la integración y adecuación del «Calendario Romano»
general en el «Misal Romano» se han añadido tres memorias obligatorias para
los santos Maximiliano María Kolbe (14 de agosto), Andrew Kim Taegon, y Paul
Chong Hasang y compañeros mártires de Corea (20 de septiembre) y Andrew Dung-Lac
y compañeros mártires de Vietnam (24 de noviembre).
El Misal dispone, además, otras once nuevas celebraciones: 3 de enero, Santísimo
Nombre de Jesús; 8 de febrero, santa Giuseppina Bakhita (ex esclava sudanesa);
13 de mayo, Virgen de Fátima; 21 de Mayo, san Cristóbal de Magallanes (mártir
mexicano); 22 de mayo, santa Rita de Casia; 9 de julio, santos Agustín Zhao
Rong y compañeros mártires chinos; 20 de julio, san Apolinar obispo y mártir
en el año 87; 24 de julio, san Sharbel Makhluf (sacerdote libanés); 9 de
agosto santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein); 12 de septiembre, Santísimo
Nombre de María; y 25 de noviembre, santa Catalina de Alejandría de Egipto del
siglo III.
ZS02032204
CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Juan Pablo II rindió tributo a los misioneros y misioneras mártires al
concluir la misa del Domingo de Ramos.
Antes de rezar la oración mariana del «Angelus», ante los peregrinos reunidos
en la plaza de San Pedro del Vaticano, recordó la X Jornada de Oración y Ayuno
por los Misioneros Mártires en Italia, en el aniversario del asesinato del
arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, en 1980.
El Papa presentó la «coherencia» y «valentía» de estos hombres y mujeres
que han dado la vida por Cristo como ejemplo para los jóvenes, «llamados a
tomar decisiones fundamentales para vuestra vida».
Con motivo de esta Jornada, en toda Italia se han celebrado momentos de adoración
eucarística, Viacrucis, así como vigilias para jóvenes. El cardenal Camillo
Ruini, obispo vicario para la diócesis de Roma, presidió en la tarde del sábado
un Viacrucis de jóvenes que culminó en el Coliseo.
La Jornada, según informa la agencia misionera de la Santa Sede, Fides,
se celebra también en otros países como Venezuela, Colombia, Chile, México,
Senegal, Camerún, Uganda, Corea del Sur. Ucrania y Canadá han pedido este año
materiales para la celebración.
Según datos proporcionados por Fides, entre
1980 y 1989 perdieron la vida de manera violenta 115 sacerdotes, religiosos,
religiosas, seminaristas y laicos. La cifra no es definitiva, pues es posible
que en aquellos años algunos casos no fueran señalados a Fides.
Entre 1990 y 2000, fueron asesinados 604 misioneros y misioneras, entre ellas
248 mártires, víctimas del genocidio de Ruanda en 1994.
En el año 2001 murieron 33 misioneros (25 sacerdotes, 5 religiosas, un
seminarista, una laica consagrada, un voluntario laico).
En el año 2002, tres hombres han dado ya la vida violentamente en el servicio a
la Iglesia: dos en Colombia (el sacerdote Arley Arias García, asesinado el 18
de enero en una emboscada; y monseñor Isaías Duarte Cancino, arzobispo de
Cali, víctima de un atentado el 16 de marzo).
El tercer misionero asesinado murió el 21 de marzo en la región de Karamoja en
el norte de Uganda. Se trata del padre irlandés Declan O'Toole, de los
misioneros de Mill Hill.
ZS02032405
CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).-
La Santa Sede propuso a la comunidad internacional en la Conferencia
Internacional sobre Financiación del Desarrollo en Monterrey (México)
establecer programas que conciban la dignidad humana como valor central de la
financiación del desarrollo.
El arzobispo Renato Martino, jefe de la delegación vaticana en la Conferencia,
intervino el 21 de marzo para subrayar que «demasiadas familias en el mundo
actual están obligadas a preocuparse de la supervivencia y no tienen el lujo de
participar como actores en su desarrollo».
«Demasiada gente se ve forzada a emigrar --siguió constatando el representante
del Papa en las Naciones Unidas de Nueva York--, demasiada gente sigue oprimida
por la pobreza absoluta y vive en países donde el peso de la deuda hace
imposible lograr el acceso a los servicios sociales básicos y protecciones
sociales».
«En esta perspectiva --añadió--. La financiación del desarrollo debe tocar
todos los aspectos de la vida, el individuo, la familia, la comunidad y el mundo».
El representante vaticano subrayó un criterio fundamental para los programas de
desarrollo que surgieron de Monterrey: «el ser humano debe estar en el centro
de un desarrollo sostenible».
Al día siguiente, 22 de marzo, la sesión plenaria de la Conferencia convocada
por la ONU aprobó por aclamación el documento final que fue bautizado como «Consensus
de Monterrey», que había sido preparado dos meses antes.
En su edición diaria en italiano del 24 de marzo, «L'Osservatore Romano»
constataba las críticas al documento de siete páginas emitidas en la
Conferencia por las delegaciones de algunos países en vías de desarrollo que
pedían compromisos más serios para luchar contra la pobreza.
«La Santa Sede cree firmemente que cualquier esfuerzo a favor del desarrollo
debe tener en cuenta las ramificaciones morales de la actividad económica y su
financiación a la luz de una visión integral de la persona humana», siguió
indicando en su intervención Martino.
«Hay una esencial interacción, un imperativo moral, que ha sido demasiado a
menudo descuidado en el diálogo sobre la ética de la vida económica»,
denunció.
«Un verdadero interés por el desarrollo de los pueblos no puede permitirse ser
reduccionista, sino que debe respetar las genuinas exigencias de la economía y
de la ética. La dignidad humana debe ser el valor central de la financiación
del desarrollo», insistió.
Recordó monseñor Martino que «uno de los principios éticos fundamentales de
la enseñanza social de la Santa Sede es el principio del fin universal de los
bienes creados».
«El mundo de hoy está ensombrecido por una frágil paz y marcado por promesas
rotas. Demasiada gente vive sin esperanza, con muy pocas oportunidades de lograr
un mejor futuro para sí mismos, sus hijos y las futuras generaciones», recordó.
En este escenario, recordó a las delegaciones presentes el compromiso que ellas
mismas asumieron: «mejorar el desarrollo social del mundo de manera que todos
los hombres y mujeres, especialmente los que viven en pobreza, puedan ejercer
los derechos, usar los recursos y compartir las responsabilidades que les
permitan llevar vidas satisfactorias y contribuir al bienestar de sus familias,
sus comunidades y la humanidad».
Para ello, consideró, «los gobiernos no pueden permitirse que el documento de
consenso de Monterrey y los resultados de las discusiones y deliberaciones sean
olvidados o dejados de lado».
Subrayó que «la Familia de Naciones no puede permitir dejar pasar un solo día
más sin que el intento concreto de cumplir los objetivos y hacer progresos
mensurables hacia la erradicación de la pobreza sean perseguidos con toda la
energía y resolución posibles».
El diario oficioso del Vaticano informaba además que el gobierno de Estados
Unidos no respondió en Monterrey al llamamiento del secretario general de la
ONU, Kofi Annan, a multiplicar por dos las ayudas al desarrollo, pasando de los
50 mil millones de dólares actuales a los 100 mil millones al año.
George W. Bush, sigue informando «L'Osservatore Romano», insistió más bien
en la idea de promover el libre comercio y la inversión como factor decisivo de
desarrollo y propuso una especie de pacto entre países ricos y pobres.
El diario oficioso subraya la diferencia de esta posición con posiciones de la
Unión Europea. Cita en concreto las afirmaciones e Jacques Chirac, presidente
francés, quien habló de «globalización humanizada y controlada» y propuso
reflexionar sobre la creación de tasas internacionales, principio inspirador de
la «Tobin tax».
ZS02032402
CIUDAD DEL VATICANO, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).-
La oración de una mujer humillada se convirtió este miércoles en el hilo
conductor de la meditación de Juan Pablo II para descubrir el amor del Dios de
la vida, que siente predilección por los miserables.
El pontífice dedicó su audiencia general, en la que participaron quince mil
personas, a reflexionar en el Cántico de Ana, la madre del profeta de Israel,
Samuel, que ha pasado a convertirse en una oración común para los cristianos.
Aquella mujer estéril era vista por su sociedad como «una rama seca», pues
impedía al marido tener una continuidad en el recuerdo de las sucesivas
generaciones, «un dato importante en una visión todavía incierta y nebulosa
del más allá», explicó el Santo Padre.
Continuando con la serie de meditaciones que viene ofreciendo sobre Salmos y cánticos
del Antiguo Testamento desde el año pasado, el sucesor de Pedro evocó así la
respuesta de Dios que concedió un hijo, Samuel, a las súplicas de la madre en
lágrimas.
Llena de alegría, Ana entonó un poético cántico en el que con sensibilidad
femenina destaca la obra de Dios, el autor de la vida, que altera los destinos
humanos: humilla a los fuertes y exalta a los humillados. Elementos que después
retomaría la madre de Jesús, María, en su «Magnificat».
En una plaza de san Pedro bañada por el sol de primavera, el obispo de Roma
propuso esta invocación, que aparece en el Primer Libro de Samuel (2, 1-5),
como «una profesión de fe pronunciada por las madres ante el Señor de la
historia, que se pone en defensa de los últimos, de los miserables e infelices,
de los ofendidos y humillados».
Los ojos de mujer, continuó diciendo, permiten comprender mejor cómo Dios es
«el origen de la vida y de la muerte».
«El vientre estéril de Ana era semejante a una tumba; y sin embargo Dios pudo
hacer germinar la vida», añadió.
Esta esperanza, aclaró, no sólo es válida para la vida del niño que nace, «sino
también para la que Dios puede hacer brotar después de la muerte».
La meditación pontificia concluyó citando un sugerente pasaje del profeta Isaías:
«Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán
gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío,
y la tierra echará de su seno las sombras».
ZS02032004
BERLÍN, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).- Un millón
de niños son explotados con fines sexuales al año, denunció el observador
permanente de la Santa Sede ante la Organización Mundial del Turismo (OMT).
Monseñor Piero Monni, intervino el 16 de marzo pasado ante la décima Reunión
de la Task Force que se celebró ese día para afrontar la protección de los niños
de abusos sexuales en el turismo convocada por la OMT en Berlín.
«En nuestro vulnerable planeta --comenzó diciendo monseñor Monni--, todos los
años un millón de niños son explotados con fines sexuales y pornográficos en
el mundo, cambiados o vendidos como esclavos, para responder a la demanda en
aumento de los incansables predadores de inocentes, los pedófilos, cada vez más
presentes en el vasto mundo del turismo sexual».
Según señaló monseñor Monni, los datos recogidos sobre la difusión de este
fenómeno «están en constante aumento; las previsiones son cada vez más
desconcertantes; y los episodios de violencia cada vez más escalofriantes».
El ponente vaticano constató que «al romperse en los últimos años el velo
del encubrimiento y del secular silencio, han salido a la luz episodios increíbles
de pederastia y turismo sexual. Esto ha sacudido a la opinión pública y puesto
de relieve el problema en toda su gravedad».
El representante de la Santa Sede denunció que «parece hoy evidente la
simbiosis que une a la pederastia con el crimen organizado que ha asumido el
control de este mercado explotando a las familias y la inocencia de los niños».
Estas organizaciones criminales, añadió, «han creado una red de negocios
ilegales de todo tipo: desde la acumulación de dinero negro, a la utilización
de instituciones bancarias y financieras con el fin de lavar dinero negro».
Con los beneficios de este mercado, aseguró el representante vaticano, «han
logrado entrar en el mundo de los negocios, en los mercados de acciones,
difundiendo una corrupción que llega a amenazar la eficacia y la credibilidad
de las mismas estructuras institucionales».
Monseñor Piero Monni, aludió a un libro que acaba de publicar en italiano «El
archipiélago de la vergüenza. Turismo sexual y pederastia», que pronto será
publicado en inglés y español en el que traza «una panorámica histórico-socio-jurídica
en su realidad milenaria: desde la anormalidad al
repetido abuso en el curso de los siglos; desde el incesto al análisis de la
desviación, desde la pornografía a Internet y a la normativa actual».
Esta obra, explicó monseñor Monni, «no pretende y no quiere ser la demonización
a priori de cuantos se hacen culpables de estos delitos, sino que subraya la
urgencia de recuperar los genuinos valores de civilización con una deseada
prevención de la pederastia basada en una precisa orientación ética y científica».
El representante vaticano concluyó esperando que ese encuentro en Berlín y los
muchos que vendrán de la Task Force de la OMT sean «una aportación positiva
para que los gobiernos adopten medidas adecuadas a favor de estos infelices».
ZS02031806
CIUDAD DEL VATICANO, 24 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Del 1 al 4 de abril de 2003 se celebrará en Monterrey (México) el primer
Congreso de América sobre Iglesia e Informática, ha anunciado un exponente de
la Santa Sede.
La convocación ha sido hecha pública por un artículo escrito en la última
edición del Servicio de Observación
para Internet, por monseñor Enrique Planas, coordinador general de la Red
Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL), institución dirigida
por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, en colaboración con
el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
El Congreso, según explica monseñor Planas, quien es también director de la
Filmoteca Vaticana, está «abierto a toda América --a todas las Américas y a
los países culturalmente afines--» y llevará por lema «Hacia una red humana
de respuestas y ayudas».
La iniciativa, añade, pretende compartir «experiencias, criterios y servicios»,
surgidos es los más de diez años de vida de la RIIAL.
La RIIAL, aclara su coordinador, ha elaborado en estos años «una "filosofía"
de formulaciones muy simples que pone el instrumento informático al servicio de
la unidad, a través de servicios concretos baratos y eficaces que lleven la
gran cultura y toda clase de bienes (espirituales y de desarrollo humano) hasta
los más alejados, adaptando la tecnología al hombre y no al revés»
La Red, sigue aclarando Planas, ha constatado, además, «que la oración y la
contemplación pueden encontrar espacio en una red informática».
El Congreso, concluye, quiere responder a las numerosas personas e instituciones
que «llaman a las puertas de la red en busca de sentido, criterios, ayuda y
experiencia»
Los congresistas provendrán principalmente de América Latina, Estados Unidos,
Canadá, España, Italia y Portugal.
ZS02032408
CIUDAD DEL VATICANO, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Al presentar a la prensa la carta de Juan Pablo II a los sacerdotes con motivo
del Jueves Santo, los periodistas presentaron al cardenal Darío Castrillón
Hoyos numerosas preguntas sobre escándalos de sacerdotes que en las últimas
semanas han recibido amplio espacio por parte de los medios de comunicación.
Esta fue la respuesta del prefecto de la Congregación vaticana para el Clero.
* * *
Respecto al problema de los abusos sexuales y casos de pederastia, me permito
dar una sola y única respuesta.
En el ambiente de pansexualismo y libertinaje sexual que se ha creado en el
mundo, algunos sacerdotes, que también son hombres de esta cultura, han
cometido el delito gravísimo del abuso sexual.
Quisiera hacer dos observaciones:
1.- No se ha hecho todavía una estadística comparativa detallada sobre otras
profesiones, médicos, psiquiatras, psicólogos, educadores, deportistas,
periodistas, políticos y otras categorías comunes, incluidos padres y
familiares. Podemos saber, por un estudio --entre los realizados- publicado en
el libro del profesor Philip Jenkins, de la Pennsylvania State University,
resulta que alrededor del 3 por ciento del clero estadounidense tendría
tendencia al abuso de menores y que el 0,3 por ciento del clero mismo sería
pederasta.
2.- En el momento en que la moral sexual cristiana y la ética sexual civil han
sufrido una notable relajación en todo el mundo, se ha producido en no pocos países,
de manera paradójica pero también afortunada, un sentimiento de rechazo y una
sensibilidad coyuntural ante la pederastia, con repercusiones penales y económicas
por el resarcimiento de perjuicios.
¿Cual es la actitud de la Iglesia Católica?
La Iglesia ha defendido siempre la moral pública y el bien común y ha
intervenido para defender la santidad de vida de los sacerdotes, estableciendo
con penas canónicas sanciones para estos delitos.
La Iglesia nunca ha dejado de lado el problema de los abusos sexuales, sobre
todo cuando son cometidos por los ministros sagrados, no sólo con fieles en
general, sino especialmente con los menores, para quienes es prioritaria la
tarea de educar en la fe y en el proyecto moral cristiano (cf. la historia de
las Congregaciones dedicadas a la educación y a la promoción humana).
Ya en el Código de Derecho Canónico (CIC) de 1917, el canon 2359, párrafo 2
decía: «Si admitieran un delito contra el sexto mandamiento del decálogo con
menores de dieciséis años... sean suspendidos, sean declarados infames, en
caso de que tengan cualquier tipo de oficio, beneficio, dignidad, o ministerio
sean privados de ellos, y en casos más graves sean depuestos» («Si delictum
admiserint contra sextum decalogi praeceptum cum minoribus infra aetatem
sexdecim annorum... suspendatur, infames declarentur, quolibet officio,
beneficio, dignitate, munere, si quod habeant, priventur, et in casibus
gravioribus deponantur»).
En el CIC reformado de 1983 hay una referencia precisa a nuestro problema en el
canon 1395, párrafo 2 («El clérigo que cometa de otro modo un delito contra
el sexto mandamiento del Decálogo, cuando este delito haya sido cometido con
violencia o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido dieciséis
años de edad, debe ser castigado con penas justas, sin excluir la expulsión
del estado clerical, cuando el caso lo requiera») y en el Código de las
Iglesias de Oriente de 1990 en el canon 1435, párrafo 1.
Más recientemente el Santo Padre Juan Pablo II deploró la gravedad de estos
comportamientos lanzando un firme llamamiento a los obispos y a los sacerdotes a
la vigilancia en el compromiso de ejemplaridad moral, escribiendo y hablando a
los obispos de Estados Unidos de América, así como en la Exhortación Apostólica
«Iglesia en Oceanía») («Ecclesia in Oceania») donde declara: «En algunas
partes de Oceanía, los abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos han
causado grandes sufrimientos y daño espiritual a las víctimas. Han causado
también un grave daño a la vida de la Iglesia y se han convertido en un obstáculo
para el anuncio del Evangelio. Los Padres del Sínodo han condenado cualquier género
de abusos sexuales como también cualquier forma de abuso de poder, tanto en el
interior de la Iglesia como en la sociedad en general. El abuso sexual dentro de
la Iglesia representa una profunda contradicción con la enseñanza y el
testimonio de Jesucristo. Los Padres sinodales han expresado sus excusas
incondicionales a las víctimas por el dolor y la decepción provocados. La
Iglesia en Oceanía está buscando los procedimientos adecuados para responder a
las quejas en este ámbito y está firmemente comprometida en la atención
compasiva y eficaz de las víctimas, sus familiares, la comunidad entera y los
mismos culpables».
El Santo Padre publicó el 30 de abril del 2001 la carta apostólica «Sacramentorum
sanctitatis tutela» con las «Normae de gravioribus delictis Congregationi pro
Doctrina Fidei reservatis», en la que se reserva a la Congregación para la
Doctrina de la Fe la competencia sobre una serie de delitos graves contra la
santidad de los sacramentos y contra la misión educativa propia de los
ministros sagrados con los jóvenes, en particular la pederastia.
La Congregación para la Doctrina de la Fe, al asumir esta competencia especial,
ha enviado una carta a los obispos de todo el mundo y, además, les acompaña
ahora al asumir la responsabilidad ante hechos tan graves, ya sea para evitar el
riesgo de un descuido, ya sea para coordinar mejor a las Iglesias locales con el
centro de gobierno de la Iglesia universal, con el objetivo de asumir una
actitud homogénea por parte de las Iglesias locales, si bien respetando la
diversidad de las situaciones y de las personas.
Según las antiguas normas, se podía hablar de pederastia cuando un clérigo
tenía un comportamiento delictuoso de este tipo con un menor de menos de 16 años.
Ahora, este límite de edad se ha elevado hasta alcanzar los 18 años. Además,
se ha prolongado para este tipo de delito la prescripción a diez años y se ha
establecido que entre en funcionamiento a partir del cumplimiento de los 18 años
de la víctima, independientemente de la edad en que haya sufrido el abuso.
La normativa contempla también un elemento de garantía por llamarlo de algún
modo. Tiene el objetivo de alejar los peligros de que se imponga la cultura de
la sospecha. Por ello, prevé un auténtico proceso, regular, para individuar
los hechos, para confirmar las pruebas de la culpabilidad ante un tribunal.
Ciertamente, se insiste en la rapidez del proceso. Pero se insiste también en
las investigaciones previas que permiten tomar medidas cautelares para impedir
al individuo sospechoso producir daños ulteriores.
Las medidas y los procesos deben garantizar la preservación de la santidad de
la Iglesia, el bien común, así como los derechos de las víctimas y de los
culpables.
Las leyes de la Iglesia son serias y severas y están concebidas en el marco de
la tradición apostólica de tratar asuntos internos de manera interna, lo que
no significa substraerse a cualquier ordenamiento civil vigente en los diversos
países, exceptuando siempre el caso del sigilo sacramental o del secreto
vinculado al ejercicio del ministerio episcopal y al bien común pastoral.
NAPOLES, 19 marzo 2002 (ZENIT.org).- El
patriarca latino de Jerusalén ha hecho una visita a Italia para llevar un
mensaje muy claro: «Peregrinos, volved a Tierra Santa».
La palabra de Su Beatitud Michel Sabbah, que se ha hecho portavoz de los católicos
de Tierra Santa, resonó en Nápoles al final de la semana pasada, donde visitó
la arquidiócesis por invitación del cardenal Michele Giordano.
En una misa, en la basílica de Santa Restituta llena hasta los topes de fieles
napolitanos, el patriarca explicó que el flujo de peregrinos se ha detenido por
la guerra y el miedo a los atentados.
Todo el mundo católico, que «tiene allí sus raíces», recuerda Sabbah, ha
sido golpeado por la crisis económica, política, social. «Pero a pesar de la
guerra, de la violencia, del miedo, estamos y permaneceremos allí»subrayó.
.
«Estamos condenados a la paz pero debemos ser capaces de comprendernos», añadió
el patriarca.
Sabbah explicó que las peregrinaciones tienen lugar sin riesgos e invitó a los
católicos a volver a ponerse en camino y reveló que desde hace tiempo está
empeñado en la promoción de iniciativas para favorecer la reanudación del diálogo
entre israelíes y palestinos.
Llegó acompañado por el padre Frederick Manns, rector del Estudio Bíblico
franciscano de Jerusalén.
El responsable de la Obra de Peregrinaciones de Nápoles, Mario Russo Cirillo,
prometió: «Reanudaremos pronto las peregrinaciones a Tierra Santa».
ZS02031901
CIUDAD DE MÉXICO, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Cincuenta mil laicos de Juventud y Familia Misionera dedicarán sus vacaciones
de Semana Santa este año a participar en misiones populares a favor de
poblaciones rurales e indígenas en la República Mexicana.
La «Megamisión», como es comúnmente conocida, según explican los
organizadoras en su página web [http://www.demisiones.com],
tendrá lugar del 23 al 31 de marzo y será inaugurada con una misa de envío
que tiene su punto de partida en seis regiones de México.
La eucaristía más concurrida se celebrará en la Basílica de Nuestra Señora
de Guadalupe, presidida por el nuncio apostólico en México, el arzobispo
Giuseppe Bertello, el sábado 23 de marzo.
Siete mil de estos misioneros vivirán esta semana consagrada a la evangelización
en familia (padres acompañados de sus hijos, en ocasiones todavía pequeños).
La mayor parte de los evangelizadores son jóvenes o catequistas de comunidades
rurales.
Todos ellos se han puesto a plena disposición de los párrocos y de los obispos
para ser enviados a los lugares más abandonados durante esos días, gesto con
el que quieren culminar su camino espiritual de Cuaresma.
Juventud y Familia Misionera, asociación que también organiza misiones en
Brasil, Chile, Venezuela, El Salvador, España, Italia y Estados Unidos, ha
convocado a 88.800 mil jóvenes, 7.600 familias, ha capacitado a 45.000
catequistas y a 600 misioneros autóctonos especialmente en comunidades indígenas
de México y de otros países de América Latina.
La asociación tomó cuerpo en 1993, en respuesta al llamamiento que hizo Juan
Pablo II, durante la Jornada Mundial de la Juventud de Denver, a los jóvenes a
salir a las calles y a sus ambientes para convertirse en misioneros.
Los misioneros al llegar a los pueblos son reconocibles por la cruz al pecho.
Visitan las casas con Biblias, catecismos, guías litúrgicas, estampas, etc.
Ofrecen también catequesis para niños, jóvenes, adultos, y animan las
celebraciones litúrgicas.
Para que la experiencia no se quede en una simple semana de misión, se
concentran en la capacitación de misioneros autóctonos de comunidades indígenas
para que puedan continuar su labor.
Si bien, las misiones tienen un abierto carácter evangelizador, suponen también
un impulso decisivo para el desarrollo integral de estas comunidades rurales.
Los médicos de Juventud y Familia Misionera, por ejemplo, han ofrecido desde
1996, cuando tuvo lugar la primer misión médica en Michoacán, más de 34.000
consultas médicas y más de 315 intervenciones quirúrgicas gratuitas.
Actualmente Juventud Misionera, Familia Misionera y Misiones Médicas están
presentes en Estados Unidos, México, Cuba, El Salvador, Venezuela, Colombia,
Brasil, Chile, Argentina, Irlanda, Alemania, Francia, España, Italia, Polonia y
Hungría.
Hasta la fecha, estos misioneros han visitado más de 7.000 localidades en 16 países
y han llamado a la puerta de más de cinco millones de hogares para predicar el
Evangelio.
BUENOS AIRES, 22 marzo 2002 (ZENIT.org).- La
Comisión Permanente del Episcopado argentino hizo pública este jueves una
declaración en la que considera que no se está respondiendo a la «crisis
terminal» del país y fustiga duramente la corrupción.
El documento, titulado «Para que renazca el país», fue leído en rueda de
prensa por el secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor
Guillermo Rodríguez-Melgarejo. Ha sido redactado tras dos días de
deliberaciones de la Comisión Permanente del Episcopado.
«Tenemos un país --constatan los obispos argentinos--, frenado por falta de
acuerdo y de grandeza de sus actores políticos, sociales y económicos, e
incapaz de dar respuesta apropiada a la gravedad de esta crisis terminal. Los
intereses sectoriales y corporativos siguen queriendo imponer su fuerza en
desmedro del interés general».
«En gran parte del pueblo hay deseos de una Argentina nueva --añaden los
prelados--, pero no encuentra en sus dirigentes la voluntad suficiente para
cambiar los errores que nos han degradado tanto».
Argentina se encuentra en recesión desde hace 45 meses. En diciembre pasado
sufrió violentos saqueos a comercios y protestas que obligaron a renunciar al
presidente, Fernando de la Rúa. El viceministro argentino de Economía, Jorge
Todesca, anunció el 18 de febrero que hay a causa de la crisis hay 1.400.000
nuevos pobres en el país.
«Hay un vacío de la dirigencia que impide encontrar los caminos de la honesta
representatividad
política, de la equidad social y de la seguridad jurídica», añaden los
prelados.
Por ello, afirman, «es preciso renunciar a las formas inmorales de actuar en la
vida pública y a los irritantes privilegios. También es necesario reparar todo
daño ocasionado y restituir todo lo que se haya obtenido ilícitamente».
Indican los obispos que, como dirigentes religiosos, no dejarán de examinar «nuestra
responsabilidad sobre la situación del país».
Recuerdan que, «en los meses pasados todo el pueblo argentino ha sufrido las
consecuencias de medidas económicas y financieras muy graves, que han afectado
a la moneda, al valor y disponibilidad de los ahorros, a las fuentes de trabajo
y a las relaciones con los demás pueblos del mundo».
En este sentido afirman que «las decisiones económicas también están
sometidas a las normas morales. Entendemos que las medidas tomadas, explicables
en momentos de grandes catástrofes sociales como las guerras, han herido
gravemente la confianza del pueblo en sus dirigentes y en el futuro del país.
Es de desear que sus cargas y consecuencias sean compartidas por todos y en
forma proporcional, comenzando por los que más tienen, sean individuos o
empresas, nacionales o multinacionales».
«Para exigir tanto sacrifico al pueblo --denuncian--, es preciso decidirse
firmemente a erradicar la corrupción de la vida política y social, a disminuir
drásticamente el gasto político, a encarar la postergada reforma del estado y
a revertir la enorme evasión impositiva de grandes sectores
corporativos. Quienes gozan de privilegios injustos deben saber que, aunque sean
legales, no dejan de ser inmorales».
Los obispos afirman que «ante la pasividad de la dirigencia y a su escasa
representatividad, es explicable la aparición de formas nuevas de protesta
social».
Frente a esta panorámica, invitan a imitar a los pueblos que han sufrido catástrofes
iguales o peores, pero se han puesto a reconstruir su patria y alientan a todos
«a trabajar con esfuerzo y sacrificio».
Y llaman a toda la comunidad a ser solidaria con los que no tienen trabajo. «Acompañamos
de
todo corazón a todos los que sufren», afirman.
Recuerdan su colaboración al diálogo nacional participando en la Mesa del Diálogo
Argentino y valoran el esfuerzo que la Mesa viene realizando, pero recuerdan que
«para que el diálogo argentino tenga eficacia y también credibilidad ha de
despertar en la dirigencia política, financiera, sindical y empresarial, la
necesidad de gestos y signos que muestren un sincero deseo de cambios reales y
profundos».
Por lo mismo, exhortan «a los poderes del Estado a promover con leyes sabias
los acuerdos a los que va arribando la Mesa, para que en forma progresiva y rápida
se concreten las reformas que la Argentina necesita. En especial, la reforma de
la política y del Estado. Esta responsabilidad justifica y puede ennoblecer la
actual transición».
Por último, agradecen la solidaridad «de varios pueblos e Iglesias de América
y de Europa que en este momento nos tienden una mano generosa. En la emocionada
expresión "Argentina nos duele", escuchada en España, se resume el
sentimiento de todos ellos».
ZS02032203
PADUA, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- Un Giotto
totalmente nuevo, a todo color. Así se presentará al público, a partir del 25
de marzo, la Capilla de los Scrovegni, en Padua (Italia).
Ocho meses de obras de restauración tras veinte años de investigaciones han
servido para recuperar el cielo de color azul brillante, las aureolas doradas, y
los trazos oscuros de lágrimas maternas, que destacan en este conjunto pictórico,
una de las máximas expresiones de la pintura
medieval.
Se trata de 103 escenas bíblicas que se extienden a lo largo de 900 metros
cuadrados de frescos, pintados en tres años (entre 1303 y 1305) por Ambrogio
Bondone (1267-1337), que pasó a la historia como Giotto, conocido también por
sus frescos de la basílica de san Francisco de Asís.
La restauración fue presentada oficialmente el 18 de marzo en un acto público
que contó la asistencia del jefe del Estado, Carlo Azeglio Ciampi.
La gran dimensión de la obra pictórica de la capilla, encargada en 1300 por el
banquero paduano Enrico Scrovegni, no permite una visión de conjunto. Esto
obliga al visitante a seguir la historia de Cristo, contada por Giotto, como si
se tratara de una secuencia cinematográfica.
En la pared de entrada se encuentra el Juicio Universal. En las paredes
laterales y en torno al arco del ábside, en 38 recuadros, se recorre la
Historia de la Redención, en la que destaca la escena de la Crucifixión con
las virtudes (a la derecha), y los vicios (a la izquierda).
Es una obra de madurez, realizada por Giotto, con ayuda de sus alumnos. La gran
revolución de Giotto fue ofrecer una visión del mundo de inicios del
Renacimiento capaz de implantar lo nuevo en las raíces de lo antiguo.
Era el modo de afirmar la nueva era, llevando a la pintura la idea cristiana del
«ya pero no todavía».
Con los detalles de las expresiones del rostro y el uso experimental del color y
el diseño, Giotto alcanzó una sorprendente profundidad que constituye el
triunfo de la perspectiva con respecto a la pintura a dos dimensiones que le había
precedido.
Cuando la Capilla abra sus puertas, los visitantes podrán entrar en grupos de máximo
25 personas durante quince minutos con el objetivo de reducir al máximo la
condensación provocada por la respiración.
ZS02032001
PARÍS, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- La
Iglesia en Francia está experimentando una auténtica oleada de bautismos de
adultos, se celebrarán 2.335 en esta vigilia pascual, fenómeno al que se
contrapone la disminución de bautismos entre los niños.
Según datos publicados este miércoles por el Servicio nacional del
catecumenado el número de bautismos de niños en la primera edad ha disminuido
en los últimos diez años de 458.626 en 1990 a 378.395 en 1999.
El número de adultos que piden entrar en la Iglesia, sin embargo, está en
constante aumento desde hace algunos años, constató monseñor André Dupleix,
encargado del Servicio en una rueda de prensa.
El mismo sacerdote aclaró que a los 2.335 futuros bautizados que tendrán lugar
en Pascua (noche del 31 de marzo) en las parroquias de Francia, hay que añadir
un nutrido número de jóvenes que están siendo preparados al bautismo por las
capellanías de las universidades e institutos escolares.
En la rueda de prensa se constató que cada vez con más frecuencia niños de más
de siete años comienzan a participar en la catequesis sin estar bautizados.
Algunos de ellos piden entrar en la Iglesia.
En total, en 1999, se celebraron 400.327 bautismos (última estadística
disponible), contra 472.130 en 1990.
En este año, los adultos que piden el bautismo proceden en un 43% de familias
de cultura cristiana y el 42% de familias sin religión. Los que proceden del
Islam son el 5%, de religiones orientales el 5%, de tradiciones mixtas el 2%, de
sectas el 2%, y del judaísmo el 1%.
En su mayoría son jóvenes (el 84% tiene menos de 40 años) y en buena parte
mujeres (71%). Los adultos que piden el bautismo a la Iglesia siguen una
preparación catecumenal específica que dura unos dos años.
ZS02032006
ABUJA, 21 marzo 2002 (ZENIT.org).- El
Gobierno federal de Nigeria ha declarado «inconstitucional» la «sharia» (ley
islámica) implantada en los dos últimos años en doce de los diecinueve
estados del norte del país, donde la población musulmana es mayoritaria,
informaron hoy, jueves, los medios de comunicación locales.
Según informaba este jueves la prensa nigeriana, el ministro federal de
Justicia y Fiscal General, Godwin Kanu Agabi, envió el pasado 18 de marzo una
carta a todos los Gobiernos de los Estados del norte que decidieron adoptar la
sharia como código penal, en la que asegura que su aplicación supone una
discriminación para la población musulmana, mayoritaria en esa zona del país.
En una carta firmada por el nuevo ministro de Justicia nigeriano, Kanu Agabi, y
que ha sido enviada a los gobiernos locales de los Estados norteños, se
denuncia que la sharia «viola los compromisos constitucionales nigerianos
respecto a los derechos humanos y a la no discriminación en función de la
religión o el sexo».
«Un musulmán no debe quedar sujeto a un castigo más severo del que se impondría
a otros nigerianos por el mismo delito», afirma el ministro en la misiva
recogida por el diario nigierano «The Guardian», precisando que «la igualdad
ante la ley significa que los musulmanes no deben ser discriminados».
Kanu Agabi insiste en la cuestión constitucional, afirmando que tanto los
individuos como los Estados deben cumplir la Ley Fundamental, y que la
discriminación que supone la aplicación de la sharia amenaza «la estabilidad,
la unidad y la integración de la nación».
El comunicado del ministro de Justicia no menciona el caso de Safiya Husaini,
una mujer de 35 años condenada por un tribunal musulmán del Estado de Kano a
morir lapidada por adulterio. Los observadores indican que responde al
llamamiento hecho por la comunidad internacional para el perdón de la
condenada.
ZS02032109
CIUDAD DEL VATICANO, 19 marzo 2002 (ZENIT.org).-
La situación en Oriente Medio y el complejo equilibrio entre medidas de lucha
al terrorismo y derechos fundamentales están siendo estudiados por la Comisión
de la ONU sobre Derechos Humanos, reunida desde este martes en Ginebra con
motivo de su sesión anual.
El arzobispo Diarmuid Martin, observador permanente de la Santa Sede ante la
sede de la ONU en Ginebra, ha explicado a los micrófonos de Radio
Vaticano lo que está en juego en la reunión.
--¿Cuáles serán los temas más complicados?
--Monseñor Martin: Evidentemente la situación en Oriente Medio será una
cuestión difícil de afrontar, pero también será un tema delicado la
continuación de la Conferencia contra el racismo de Durban. Hay, además,
muchos temas que serán afrontados y que afectan a procedimientos y mecanismos
de las Naciones Unidas.
--Es una opinión común el afirmar que los atentados del 11 de septiembre
han modificado profundamente la escala de prioridades a nivel global. ¿No se da
el riesgo de que esta nueva situación internacional perjudique la defensa y
promoción de los derechos humanos, en especial en algunas zonas calientes del
planeta?
--Monseñor Martin: Es necesario recordar que la lucha contra el terrorismo
representa una lucha por el Estado de derecho. Debe ser, por tanto, una lucha
por la plena aplicación y el pleno respeto de los derechos humanos. Después
del 11 de septiembre, se han puesto de manifiesto estas tensiones que se dan en
la comunidad de naciones. La lucha contra el terrorismo es necesaria y debe ser
conducida con vigor y fuerza, pero es también necesario el respeto de los
derechos de las personas involucradas en esta situación.
--Por primera vez Estados Unidos no ha sido elegido miembro de la Comisión
sobre los derechos humanos. ¿Qué repercusiones podrá tener esta exclusión
para el trabajo de esa institución?
--Monseñor Martin: Ciertamente es posible que no tengan el mismo apoyo algunas
de las resoluciones que en el pasado fueron patrocinadas por Estados Unidos. De
todos modos, creo que Estados Unidos debería estar presente en un Comisión
sobre los derechos humanos. Su contribución es importante.
--¿Cuáles serán los puntos fundamentales sobre los que está comprometida
la Santa Sede en esta sesión de trabajo en la Comisión de Ginebra?
--Monseñor Martin: Tradicionalmente hemos afrontado el tema de la libertad
religiosa, que resulta ser todavía más importante este año, precisamente
después del 11 de septiembre, en parte para tratar del favorecer el diálogo
entre las religiones.
Hemos comenzado siempre por un tema ligado a la pobreza, pues consideramos que
las personas que viven en condiciones de pobreza no son capaces de realizarse
completamente y de ejercer plenamente sus derechos. Quisiera subrayar también
el tema de los emigrantes, pues la emigración se convierte cada vez más en un
elemento natural en una sociedad global. Sin embargo, en la situación actual,
la condición de los emigrantes es todavía muy vulnerable, incluso allí donde
llevan una contribución esencial para el crecimiento económico y social del país
en el que han sido acogidos.
--La alta comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Mary
Robinson, ha anunciado que no se volverá a presentar a un nuevo mandato. ¿Cómo
juzga el trabajo realizado en estos años por la ex presidenta irlandesa?
--Monseñor Martin: Creo que ha hecho un trabajo muy sólido. Los medios de
comunicación ponen de relieve la manera en que ha luchado con fuerza, incluso
contra países potentes. No hay que olvidar, sin embargo, el trabajo silencioso
que ha desarrollado diariamente, reforzando las estructuras de su institución,
así como las estructuras de los diferentes países en los que se han registrado
problemas. Creo que la señora Robinson deja a su sucesor una institución mucho
más fuerte, con más prestigio, y con mayor eficacia.
ZS02031906
CALI, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- Colombia
dio su último adiós este martes a monseñor Isaías Duarte Cancino, con un
funeral que comenzó al frente de la catedral de San Pedro de Cali, pues el
templo no podía acoger a las decenas de miles de fieles.
Más de medio millón de personas habían formado largas filas a las afueras de
la catedral, desde el domingo anterior, para visitar el féretro de «Monseñor»,
como familiarmente llamaban los colombianos al arzobispo que fue asesinado el sábado
pasado a quemarropa, cuando salía de una iglesia.
En las exequias participaron unos noventa obispos, centenares de sacerdotes, y
el nuncio apostólico de Juan Pablo II en Colombia, monseñor Beniamino Stella.
Una gigantesca pancarta con la imagen del arzobispo de Cali presidía la fachada
de la catedral con el lema «Apóstol de paz».
En el acto, el cardenal Pedro Rubiano, arzobispo de Bogotá, tomó la palabra
para recordar la figura del arzobispo asesinado, en particular «su valentía y
claridad en sus pronunciamientos».
«Su vida y su muerte es un clamor para que todos vivamos la esperanza en el
cumplimiento fiel de los deberes que tenemos en esa línea de hacer la voluntad
de Dios», dijo el cardenal.
Miles de pañuelos blancos, algunos con una cruz de luto, otros con el rostro de
Cristo estampado, saludaban el féretro.
Doscientos hombres del Ejército rindieron honores al obispo, mientras en
hombros era llevado el ataúd con su cadáver a la catedral.
Allí yace ahora su cuerpo, sepultado con solo una rosa, y bajo los pies de la
Virgen de Fátima.
Tras el rito, el presidente de la República, Andrés Pastrana, llegó hasta el
micrófono central a dar su último adiós al arzobispo de Cali. En se mismo
lugar, Duarte había denunciado la financiación con dinero del narcotráfico de
campañas políticas.
Algunos de los presentes abuchearon a Pastrana gritando «justicia, justicia»,
o «que se vaya», lo que obligó al presidente a abreviar su discurso.
Por el momento no queda claro quién ha sido el autor intelectual del asesinato.
Este martes el procurador general de la Nación, Edgardo Maya Villazón, pidió
prudencia a las autoridades que investigan el asesinato del arzobispo, pues se
han hecho declaraciones públicas dispares.
Tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como el Ejército
de Liberación Nacional (ELN), dos de los principales grupos guerrilleros, han
negado su responsabilidad en comunicados oficiales.
Las sospechas apuntan ahora de manera más directa hacia el narcotráfico y sus
nexos políticos, denunciados duramente por el prelado.
ZS02032007
BOGOTÁ, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Publicamos a continuación el perfil que publicó este lunes el diario
colombiano El Tiempo sobre el arzobispo de
Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino.
* * *
Cuando monseñor Isaías Duarte Cancino fue nombrado obispo de Apartadó
(Antioquia), tuvo la valentía de sentar en la Mesa Regional de Diálogo a los
sectores más disímiles: empresarios, sindicatos, guerrilleros, autodefensas y
gobiernos local y departamental. Era 1988, cuando el papa Juan Pablo II creó
esta diócesis.
A todos los representantes les habló francamente: No quería más sangre en la
zona (azotada por una gran violencia), ni muertos ni viudas ni huérfanos. El
lugar tenía que progresar y él estaba ahí para hacer su aporte.
Los habitantes agradecieron su llegada y lo consideraron un apóstol porque además
creó los Seminarios Mayor y Menor, y seis colegios de secundaria (le parecía
inconcebible los pocos centros educativos de la zona).
Pero mientras organizaba estas nuevas formas de ayuda, no dejó de hablar duro.
En 1991 estuvo presente en el proceso de reinserción de los miembros del Ejército
Popular de Liberación (EPL).
Su gestión incluyó a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu).
Les dijo que estaba cansado de su conflicto con las Farc, grupo erradicado de la
región.
El guía espiritual
En San Gil (Santander) nació el 15 de febrero de 1939 y en Bucaramanga estudió,
en el Instituto del Estado. Como sacerdote se formó en Pamplona (Norte de
Santander), en el Seminario Mayor.
Luego viajó a Roma (Italia), a la Universidad Gregoriana, para graduarse como
licenciado en teología. En esta misma ciudad se ordenó el 1 de diciembre de
1963 y regresó al país para asumir el cargo de vicario de la Catedral de
Bucaramanga.
El 23 de septiembre de 1995 se posesionó como arzobispo de Cali. A la capital
del Valle llegó a apoyar la educación y la religión. Creó 45 nuevas
parroquias en sectores populares y 9 colegios en estratos bajos, así como los
programas Samaritanos de la Calle, Sergente y el Banco de Alimentos. También,
la Comisión de Vida, Justicia y Paz, que adelanta estudios sobre las víctimas
de la violencia.
Los derechos humanos
Por su trabajo en pro de la paz y su meta de desterrar la violencia de Colombia,
también fue un abanderado de los derechos humanos.
En 1999, al ocurrir el secuestro de la iglesia La María, de Cali, excomulgó a
los guerrilleros del ELN.
"No es cometiendo injusticias como se lucha por la justicia, ni agrediendo
a seres inocentes como se llega a la paz", dijo en esa ocasión.
Por eso, criticó tan duramente el proceso de paz del presidente Pastrana con
las Farc, argumentando que era un "despropósito hablar con un grupo
rebelde que continuaba sus acciones violentas mientras dialoga".
Y aunque se afirma en algunos sectores que no existía conocimiento sobre
amenazas a su vida, el sábado monseñor Duarte cayó asesinado. Salía de casar
a 104 parejas.
Comentaba, medio en broma, que su récord casando llegaba a 40 parejas y esa
noche había triplicado la cifra.
El prelado ya no volverá a comer su plato favorito, carne asada con arepa
santandereana. El apóstol de la paz, como se le conocía, se fue sin ver a
Colombia lejos de la guerra. Mañana será entrerrado en la Catedral de San
Pedro de Cali.
ZS02031810
BOGOTÁ, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).-
Publicamos algunas de las intervenciones públicas del arzobispo de Cali, monseñor
Isaías Duarte Cancino, que según algunos observadores le costaron la vida.
* * *
Perdón
«Invito a los guerrilleros a que pidan perdón por el mal que han hecho. Invito
a los empresarios a que pidan perdón porque no han tenido sentido social y no
han defendido el bien común de los desempleados. Invito a los sindicatos a que
pidan perdón porque no se preocupan por los miles de trabajadores del país».
«¿Se puede decir que una persona que pone una mina quiebrapatas no sabe lo que
hace?, ¿se puede decir que el que organiza una masacre no sabe lo que hace?, ¿se
puede decir que los que corrompen el Estado no se dan cuenta del daño que
causan?».
«Qué le sucedió a nuestro país, que terminó siendo el hazmerreír del
mundo. Qué le sucedió a Colombia para que nuestros hermanos fueran masacrados
y ultrajados. Todos tenemos que reconocer nuestra responsabilidad en estos
hechos y pedir perdón».
Abril de 2000
Política y narcotráfico
«La queja de la comunidad, de los obispos del Departamento y de algunos
dirigentes políticos va en ese sentido, que en el Valle del Cauca se vuelve a
sentir el peso del dinero maldito fruto de la droga que destruye a nuestro
pueblo; no podemos aceptar que tras la fachada de la política sana y limpia se
muevan dineros que tienen intenciones torcidas y que causan ciertamente un
inmenso mal a la patria».
«Queremos pedirles a los vallecaucanos que no se dejen engañar y no apoyen a
quienes detrás de la fachada de una política y de una democracia limpia,
esconden el dinero corrupto del narcotráfico. Eso no le trae beneficio al
pueblo colombiano y por el contrario aumentan la pobreza y los problemas de la
población».
«Los obispos tenemos una clara misión pastoral de formar la conciencia de los
fieles y no de acusar a nadie. A quien le corresponde realizar la investigación
es al Estado».
Febrero de 2002
La guerrilla
«Un guerrillero que secuestra y asesina, que destruye pueblos enteros y se
burla de los procesos de paz, carece de las virtudes que distinguen al ser
humano y se convierte en el más miserable de los hombres».
«Pidamos al Señor para que estos guerrilleros de Colombia sientan en lo
profundo de su alma el dolor de matar a un hermano inocente e indefenso, que
entiendan que no están haciendo una guerra justa sino repitiendo la barbarie de
las épocas más oscuras de la historia humana y se conviertan de su mala vida».
«Pero también supliquemos al Altísimo para que toda la sociedad civil
encuentre los caminos para exigirles eficazmente a los violentos que asesinan a
Colombia, el respeto a la vida y la libertad de las personas».
Agosto 8 de 2000
ZS02031811