Pedro pregunta a Cristo sobre cuántas veces debemos perdonar a quien nos ofende. Y Jesús le responde de un modo concreto y sorprendente: "setenta veces siete". El siete entre los judíos significaba "muchas veces", de modo que si Cristo quiere que perdonemos "setenta veces siete" quiere decir que nunca nos cansemos de perdonar. Y para explicarnos el porqué hemos de perdonarnos, pone el ejemplo del rey misericordioso y su servidor injusto.

Como el servidor injusto, nosotros contamos con el perdón de Dios, a pesar de que pecamos continuamente. Lo único que nos pide es que nos arrepintamos. El perdón es un regalo que Dios nos da cuando reconocemos que hemos hechos algo que va en contra de Él. Así de grande es su amor por nosotros.

Si Dios actúa así con nosotros, nosotros no podemos negar el perdón a quien nos ha ofendido. Sería tremendamente injusto y nuestra vida se convertiría en un infierno. Pues quien vive con rencor, guarda un coraje permanente, que no le permite vivir feliz.

Cuando nos acercamos al sacramento de la penitencia o confesión, nos reconciliamos con Dios y con su Iglesia. Cuando perdonamos, nos estamos pareciendo más a Dios y estamos poniendo un granito de arena para hacer del mundo, un lugar más lleno de amor y feliz.

¿A quién o a quiénes les he negado el perdón?
¿Tengo derecho a no perdonarlos?
¿Qué he perdido al no perdonar?

¿Cuál es mi mayor "cruz"?