LA CAIDA DE BELIAL
(Trilogía completa en: www.mercaba.org/Manuel/Maite/0.htm)

"Quarembam unde malum et non erat exitus" (Buscaba el origen del mal y no encontraba solución); San Agustín, conf. 7,11.

 

ESCENA PRIMERA
(REINO)

Escenario: En la pantalla, montañas con cascadas de agua y nieve en el fondo. En el centro, verdes pastizales, árboles, flores silvestres.

        Cinco serafines aparecen jugando, corriendo, escondiéndose detrás de árboles, encontrándose, riéndose. (Tres chicas y dos chicos).

Belial: (A lo lejos camina, acercándose hacia ellos. Llega esbozando una sonrisa y dice): -Buenos días, chicos.

Serafines: (Se reúnen, cerca de Belial): -Buenos días, Belial. (Dicen al unísono).

Belial: -Mientras me acercaba, os miraba jugar... esconderos... y me dije: ¡cómo se divierten estos adolescentes, cómo disfrutan de la naturaleza, escuchando de fondo una sinfonía, el sonido del agua en la cascada... del aire libre que acaricia sus rostros y cuerpos! y me preguntaba: ¿sabrán estos chicos también bailar?

        Se baja la música.

Serafín 1: -No, yo no sé. (Baja su cabeza).

Serafína 2: -A mí me gusta mucho, aunque tampoco sé. (Levantando sus hombros).

Belial: -¿Tenéis ganas de bailar?

Serafines: -Sí (responden todos).

Belial: -Muy bien, es fácil, les enseñaré.

        Belial comienza a mover su cuerpo, baila al compás de una melodía que él mismo canta. Los serafines lo miran, se codean, sonríen, les divierte.

Belial: -¡Vamos, que esperan, nadie bailará por ustedes! (Dice con voz fuerte): -¡Bailen, así! ¡Bailen como el fuego en las llamaradas! ¡Bailen como el viento del sur! ¡Bailen como el agua furiosa de la cascada!

        Belial no para de bailar por todo el espacio verde; gira, salta, mueve todo su cuerpo… incitando a hacer lo mismo.

Serafines: -No podemos. (Lo miran con admiración, sonriendo y embelesados por su exhibición de movimientos).

        Los serafines comienzan poco a poco a mover sus cuerpos, sintiendo placer al hacerlo, aunque con cierta vergüenza.

Belial: -¡Sigan! No paren, ya podrán. (Sigue entonando la melodía, y con voz gruesa y fuerte sigue diciendo): -¡Sientan sus cuerpos... cada parte de sus cuerpos... libérenlos... bailar es soñar con los pies!

        Los serafines bailan, moviendo todos sus cuerpos, riéndose a carcajadas.

Belial: -Respiren profundamente, llenen sus pulmones de aire.

Serafines: -¡Sí, lo hacemos! (Bailan sin parar).

Belial: -¡Chicos, bailar es jugar, sin nadie que marque un compás; es sentir, moverse cada uno como quiere, sin control; es libertad! ¡Gritad!

        Los serafines y Belial, exhaustos, se tienden uno a uno sobre la hierba suave y verde, a contemplar en silencio el manto inmenso y celeste que está sobre ellos.

        Silencio, sonidos de brisa, de agua que cae.

Belial: -¿Pueden ver cómo el viento descansa en las hojas? Igual que ustedes pueden descansar sobre este manto verde que les acoge... ustedes pudieron bailar... ustedes son protagonistas de sus propias vidas, porque son libres.

        Los serafines siguen contemplando el cielo, escuchando la suave voz de Belial, respirando a cada instante cada tono que él produce.

Belial: -¿Cómo se llama este hermoso lugar?

Serafín 3: -El Reino.

Serafína 4: -Creo que a partir de hoy lo podemos llamar "Nuestro Reino paradisíaco para bailar".

Serafína 2: -Me encanta ese nombre.

Serafines 1, 3, 5: -Sí, un Reino para bailar.

Belial: -Maravilloso nombre, Reino, para bailar o para quedarse inmóvil y contemplar.

        Silencio, suena música de fondo.

Belial: -Pensaba... en este silencio... que a veces aturde... que el día se enciende con cada puesta de sol... que cada rayo ilumina cada rincón de este paraíso, que cada hoja brilla... es alumbrada... como así también cuando el sol cae... en el atardecer... y cambia el escenario... y aparecen luces titilando de mil estrellas acompañadas por la luna... estamos de día y de noche encendidos, brillando.

Serafín 1: -Belial, realmente eres un poeta, amas a la naturaleza igual que nosotros.

Belial: -Les propongo una idea: que hoy a la medianoche nos volvamos a encontrar, aquí en vuestro Reino. Quiero que podáis contemplar el otro cielo, ese cielo azul profundo de estrellas plateadas, y no perdernos la luna que hoy estará esplendorosa. ¿Qué les parece la idea?

Serafín 3: -Agradecemos su interesante invitación, pero no podemos; es más, ya se nos ha hecho tarde. Teníamos un tiempo para jugar, debemos volver.

Serafín 1: -Yo sí quiero salir de noche, y contemplar la naturaleza, y bailar bajo las estrellas.

Serafín 3: -Pero es imposible, no podemos.

Belial: -Nada es imposible. Cuando se quiere algo, todo se puede.

Serafína 2: -Es cierto lo que dice Belial, nada es imposible.

Serafína 4: -Pero no podemos, recuerden que primero tenemos que pedir permiso a los príncipes.

Serafína 5: -Es más, debemos regresar ahora mismo, pues alguno de nosotros tenemos que servir mañana la mesa del desayuno, en el Principado.

Belial: -Siempre que tengan una buena razón para salir de noche, nadie podrá impedirlo; ustedes ya no son niños.

Serafín 3: -Yo no sé si es una buena razón contemplar el cielo desde aquí, pudiéndolo hacer desde nuestro hogar. Disculpen, yo no vendré.

Serafína 2: -Lo que pasa... es que tú tienes miedo; yo sí vendré.

Belial: - Disculpa mi intromisión, pero el miedo es imaginario. ¿A quién le tienes miedo?

Serafín 1: -Yo también vendré, no tengo ningún miedo.

Serafína 2: -Considero que una buena razón es el estudio de la naturaleza. Así que, cuando todos duerman, saldremos a escondidas, y así nadie tendrá que preocuparse.

Serafín 1: -Estoy plenamente de acuerdo contigo.

Belial: -A veces mentir... es no causar problemas, y no le hace ningún mal a nadie... Pienso y me pregunto en voz alta: ¿quién decide lo que es mentira y lo que es verdad?

Serafína 4: -Pensemos un poco... detengámonos a reflexionar... ¿Mentir? ¿Para qué? Nuestro privilegio es estar unidos a Yahveh de la manera más íntima y esto significa no mentir.

Belial: -Yo soy el que conoce a Yahveh, y él está feliz de que ustedes puedan estudiar la naturaleza de una noche; él mismo me ha enseñado a mí a conocer, a apreciar, a contemplar las maravillas. ¿Cuál sería el motivo que tendría para enfadarse? Al contrario, a él le enorgullece que ustedes aprendan cada día algo nuevo. Yahveh nos muestra su bondad. Él mismo ha aceptado que sea yo quien os dirija en la aventura del conocimiento.

Serafína 2: -¿Tú conoces a Yahveh, lo has visto alguna vez?

Belial: -Yahveh significa "Yo soy el que soy... Yo soy el que es... Yo soy el que yo soy...", aunque es invisible porque nadie lo ha podido ver hasta ahora; yo tampoco.

Serafín 3: -Belial, hay motivos por los cuales no vendré: desobedecer, mentir... ¡mentir! Para mí son razones más que suficientes. (Elevando el tono de voz).

Belial: -Te vuelvo a repetir lo que pienso: ¿quién decide lo que es mentira y lo que es verdad? El viaje al conocimiento se inicia en las cosas bellas, que nos atraen hacia sí con su hermosura, y ese camino comienza por fijarse bien y descubrir... para incorporar nuestro entendimiento y engrandecer nuestro ser, nuestro espíritu. Mi deseo tiene su fundamento en el bien de todos ustedes.

        Silencio.

Serafína 5: -La verdad es que pienso... Belial tiene razón... o acaso todos ¿no queremos llegar a tener cada día más conocimiento del universo?

Serafína 2: -¿Quién no quiere ir a estudiar al principado? ¿Quién no quiere ser príncipe?

Belial: -Para llegar a ser príncipes, tendrán que sortear obstáculos que se les presentarán en el camino. De ustedes depende... el camino a elegir. Yo soy el encargado de decidir quién ingresa al Principado y quién no; ustedes eligen seguirme o seguir a Yahveh...

Serafín 3: -No estoy de acuerdo. Mi camino es servir a Yahveh, y ese es el camino que elijo. (Se levanta y se va).

Belial: -¿Alguna vez os habéis preguntado dónde termina el camino de servir a Yahveh?

Serafína 4: -Yo tampoco estoy de acuerdo, no mentiré. (Se levanta, se va, y con voz fuerte exclama a Serafín 3): -Espera, voy contigo.

        Silencio.

Belial: -Pobrecitos, aún son pequeños, tienen miedo... ¿Cómo alguien puede llegar a pensar que Yahveh, con el amor que os tiene, puede enojarse o castigaros? Yo jamás os castigaría ni me enfadaría con ustedes. ¿Cómo sabemos que Yahveh nunca mintió? Algunas mentirillas habrá dicho alguna vez.

        Silencio.

Serafín 1: -¿A qué hora nos encontramos, esta noche? Yo quiero ser príncipe, ese es el camino que elijo.

Belial: -A medianoche, sin prisa... sin pausa como las estrellas.

Serafín 1: -Aquí estaremos.

        Los serafines, se levantan, saludan a Belial y se van caminando, hablando bajo entre ellos.

 

ESCENA SEGUNDA
(TEMPLO)

Escenario: Vacío, sólo con telas blancas en el contorno. En el centro Yahveh, sentado de espaldas, e iluminado por una luz blanca, que proviene de arriba. A derecha e izquierda, un cirio encendido o dos antorchas con fuego real.

Yahveh: (Extendiendo sus manos hacia arriba): -Belial, Belial... fuiste creado por mí... con una buena naturaleza… te di libertad plena, mi espíritu puro. ¿Por qué perviertes a mis criaturas? ¿En qué me he equivocado? ¿Cuál es tu objetivo de seducir con mentiras, haciendo a los adolescentes desobedecer? ¿Cuál es el motivo para prometerles algo que no podrás después cumplir?

        Silencio.

Yahveh: -Eres mi criatura preferida, tienes parte de mi espíritu, ¿por qué les mientes?... ¿por qué te mientes?

 

ESCENA TERCERA
(REINO)

Escenario: En la pantalla, una imagen del universo. Todo a oscuras, sobre la noche, y con aparición de efecto de luz de leds individuales, titilando, simulando estrellas. Proyectada una luz circular blanca: la luna.

        Llegan caminando los serafines 1,2 y 5. Belial está sentado en el medio del escenario. Se saludan.

Belial: -¿Qué les parece si nos recostamos?

        Los tres serafines se acuestan en hilera sobre el pasto. Belial queda ubicado en medio del serafín 1 y 2.

Belial: -¡Mirad: la luz llega de arriba y nos está hablando!

Serafína 5: -¿Y qué dice la luz?

Serafína 2: - Que hemos venido aquí, a descubrir los secretos de la noche.

Belial: (Con voz suave): -A descubrir... a aprender... a interrogarnos... a leer... un cuadro... una pintura. Para elegir y conocer el camino de la verdad, para llegar a ser príncipes, tenemos que sacrificarnos y no ser siervos de Yahveh, para que en un futuro nos puedan servir.

Serafína 5: -A escuchar lo que nos dice la luz... En realidad las luces de este manto azul profundo junto a Belial nos guiarán a triunfar.

        Silencio.

Belial: -¿Qué ven?

Serafín 1: -La luna acompañada por miles de estrellas.

Belial: -Y la luna, ¿cómo la ven?

Serafína 5: -Redonda.

Serafína 2: -Sí, redonda, llena, blanca, con algunos dibujos grises.

Belial: -Cuando el sol y la luna se encuentran en posiciones opuestas en el cielo, podemos mirar, como esta noche, la totalidad de la cara de la luna iluminada por el sol. Es la luna llena. ¿No les parece algo bello?

Serafines: -Sí (al unísono).

Belial: -En cambio cuando la luna y el sol se encuentran en la misma posición en el cielo, no nos es posible ver la luna, porque su cara no está iluminada; a esta fase se la llama luna nueva.

Serafín 1: -¿Y cuando sólo vemos la mitad de la cara?

Belial: -Cuando sólo vemos la mitad, la cara iluminada hacia la derecha, esa luna está en cuarto creciente; en cambio cuando su cara izquierda se puede ver, la luna está en cuarto menguante.

Serafína 5: -Entonces la luna tiene cuatro fases según su posición iluminada por el sol.

Belial: -Exactamente.

        Silencio.

Serafína 2: -¡Qué pena que no hayan venido, mirad lo que se están perdiendo! (Haciendo referencia a Serafines 3 y 4).

Belial: -Otro día vendrán, estoy seguro que cuando ustedes le cuenten lo que vivieron esta noche, los convencerán a que vengan. Todos ustedes con el tiempo podrán comprobar que yo tengo la verdad, que yo les enseñaré todo, y les daré poderes para hacer y crear lo que deseen.

Serafín 1: -Lo que pasa es que ellos no quieren desobedecer, ni mentirle a Yahveh. ¿Tú tienes poderes?

Belial: -Sí, pero se los traspasaré cuando les vea seguros y sin miedos; el tiempo me irá indicando junto a ustedes el día que dejen de servir plenamente a Yahveh, para ser ustedes mismos.

Serafína 5: -Yo me encargaré de que vengan otra noche con nosotros. Ellos tienen que saber que Belial nos está dando una oportunidad única para ingresar al principado.

Serafína 2: -Lo que sucede en verdad es que ellos están enamorados, y lo que decide uno... el otro lo sigue... y ambos hacen todo juntos... de dos a dos.

Belial: -Y eso está bien... Están enamorados... y pueden hacer juntos lo que ellos deseen. Igualmente yo iré a hablar con Yahveh y le diré que ustedes vendrán varios días conmigo a estudiar lo que tanto les interesa: el universo. Así se quedarán tranquilos, sin desobedecer y sin mentir. Les reitero: Yahveh y yo somos iguales, con una sola diferencia: yo no quiero siervos como Yahveh, mi deseo es que sean ustedes mismos junto a mí.

Serafína 5: -Volvamos a nuestro tema de estudio...

Belial: -Muy bien, pero recuerden que Belial les ama, y quiere que ustedes también se amen, aprendan, descubran, se descubran... lleguen a ser mejores... a ser ricos en espíritu. Con la cabeza erguida, con una sonrisa, con extrema seducción, con ironía encubierta, con una audacia singular... Y ahora (levantándose y sacudiéndose)... síganme.

        Silencio. Los serafines se incorporan, se levantan y estiran sus cuerpos.

Belial: -Síganme, esta noche tiene más sorpresas que ofrecernos.

Serafína 5: -¿Hacia dónde nos dirigimos?

Belial: - No seas ansiosa... ya verás... déjate sorprender...

        Caminan con paso tranquilo... el sonido del agua se acerca... hasta llegar a la cascada. Sobre la pantalla se proyecta una cascada, en medio de la noche.

Belial: -¡Mirad qué maravilla! Observen cómo cae el agua en esa garganta, sientan la fuerza con que se derrama y se desliza sin pausa en ese profundo embudo que devora... Escuchen el sonido... el placer no ocupa lugar...

Serafín 1: -¿De dónde viene tanta agua?

Serafína 2: -Viene de la montaña, desde la cima.

Belial: -Es agua que proviene de los deshielos, de las lluvias.

Serafína 5: (Mira desconcertada, asombrada): -Esto es increíble.

Serafína 2: -¿Y esa garganta profunda, tendrá fondo? ¿Dónde terminará tanta agua?

Belial: -Ese será el enigma... hasta que alguien se anime y logre desvelar. Podríamos imaginar que tanta agua puede desembocar en túneles fluviales hasta llegar al mar. Pero creo que hasta aquí llegamos hoy. Será mejor que regresen y otro día nos volvamos a ver. La próxima vez otorgaré poderes a alguno de vosotros... poderes que tendrán de por vida y nadie les podrá quitar... poder para provocar una tormenta... para detener el agua de la cascada... Éste será nuestro gran secreto. ¿Qué les parece?

        Los serafines sonríen embelesados, admirándolo.

Serafín 1: -Muy bien, me parece bien, me resulta maravillosa tu propuesta; muchas gracias Belial por tu enseñanza de esta noche.

Serafína 5: -Será fantástico, muchas gracias; he disfrutado esta noche como ninguna otra.

Serafína 2: -Belial, nos has regalado una noche increíble, gracias.

Belial: -No tienen que agradecerme nada. Es mi deber dirigir el conocimiento de todas las criaturas del universo. Además, fueron ustedes los que eligieron libremente conocer. Yo sólo les acompañaré.

        Se despiden, se van caminando en diferentes direcciones.

 

ESCENA CUARTA
(PRINCIPADO)

Escenario: Primeras horas de la mañana. Serafines durmiendo. Se levantan sólo serafines 3 y 4. Se ilumina ese sector. Las camas de madera, con sábanas blancas.

        Oscuridad.

Escenario: En el comedor del Principado. Serafines 3 y 4 desayunando junto a Rafael. Sobre la pantalla se proyecta la salida del sol, como efecto de entrar por un ventanal.

Serafín 3 y 4: (Llegan, se sientan junto a la mesa): -Buenos días, Rafael.

Rafael: -Buenos días, muchachos. ¿Cómo habéis descansado?

Serafín 3: -Muy bien, Rafael.

Serafína 4: -Yo no muy bien.

Rafael: -Pero, ¿qué que te ha pasado? Seguro que te ha asaltado alguna pesadilla o un mal sueño.

Serafína 4: -¡Ojalá hubiera sido un mal sueño, pero fue real! (Exclama con voz enojada).

Rafael: -Pero, ¿qué te ha sucedido?

Serafína 4: -A mí no me ha sucedido nada, pero sí a mis amigos que aún continúan durmiendo.

Rafael: -¡Pues basta de rodeos! Dime, ¿qué ha pasado?

Serafín 3: -Yo le explicaré. Ayer por la tarde, cuando estábamos jugando se acercó a nosotros Belial. Nos enseñó a bailar, nos divertimos mucho, conversamos sobre la naturaleza... fue un momento muy ameno. Belial nos propuso encontrarnos a medianoche para enseñarnos cómo mirar el cielo con sus estrellas, aprovechando que hubo luna llena.

Rafael: -Discúlpenme, pero no entiendo. ¿Cuál fue el problema?

Serafína 4: -El problema se suscitó en el momento en que nos indujo a mentir, a escaparnos por la noche cuando todos durmieran, para no preocupar a nadie.

Rafael: -Sigo sin entender, o mejor dicho quiero entenderte; lo propuesto por Belial, ¿te causó enojo?

Serafín 3: -Nosotros dos no aceptamos su propuesta de mentir y desobedecer, pero los demás serafines se encontraron a medianoche con él.

Rafael: -Les pido que se queden tranquilos. Estoy seguro que los que han ido contarán lo que han hecho, con gran arrepentimiento. Les agradezco su preocupación y haberlo confesado; será de utilidad para hablar con Belial.

        Los serafines 3 y 4 se levantan y salen de escena. Rafael, pensativo, se queda sentado en la mesa. Llega Miguel y toma asiento.

Miguel: -Buenos días, Rafael.

Rafael: -Buenos días, Miguel.

Miguel: -Qué extraño que aún los serafines no se hayan levantado.

Rafael: -Dos de ellos acaban de irse a realizar sus tareas, estuvieron desayunando conmigo. Los demás aún duermen. Esta noche ha sucedido algo extraño, Miguel. Belial… los incitó a mentir, a desobedecer y a encontrarse con él a medianoche, con la excusa de enseñarles el interés por la naturaleza.

Miguel: -Realmente me resulta muy extraño que Belial los haya inducido a mentir y desobedecer. ¿Cuál sería el objetivo?

Rafael: -No lo sé, pero creo que tendremos que estar atentos.

        Rafael y Miguel se levantan y se van.

 

ESCENA QUINTA
(TEMPLO)

Escenario: Vacío, sólo una luz fuerte blanca en el centro. Sentado, de espaldas, está Yahveh. A su derecha, Miguel.

Yahveh: -Miguel, tú serás el encargado de vigilar a Belial. Sé todo lo que hizo anoche, y no me gusta nada. Tengo la certeza de que Belial seguirá haciendo de las suyas, sospecho donde quiere llegar.

Miguel: -Sí, cumpliré tu petición, aunque debo confesar que estoy desconcertado con la actitud de Belial, tu preferido, tu ensalzado.

Yahveh: -Vigílalo… Belial puede desconcertarnos aún más de lo que imaginamos.

        Silencio.

 

ESCENA SEXTA
(POTESTAD)

Voz en off:

"Siempre estarán tentados, seducidos e inducidos a la desobediencia, pero siempre sabrán que en todas las cosas intervengo para el Bien de los que me aman".

Escenario: En la pantalla, un senado grande y vacío, circular y lleno de sillones negros. En el centro del escenario, y sentados alrededor de una mesa redonda, cuatro querubines, iluminados por una luz naranja.

Querubín 1: -¡El poder, el poder! Esta palabra suena fuerte, su connotación es fuerte, y es difícil de atrapar.

Querubín 3: -El poder es la fuerza, el poder mueve montañas, o las destruye con sólo soplar... (Golpeando su mano sobre la mesa).

Querubín 1: -Sí, pero ¿quién lo tiene? (Apoyando su cara entre las dos manos).

Querubín 4: -¿Quién lo tiene? El mejor, el único.

        Entra en escena Belial, caminado, con un andar tranquilo, toma una silla del revés, la acerca a la mesa y se sienta junto a los querubines.

Belial: -Permiso, no estaba invitado, espero no molestar... Pero escuché lo que conversaban y me acerqué con ese poder que todos tenemos para ser y hacer lo que queramos. Por eso estamos aquí sentados, ¿no? Mi poder y yo.

        Silencio.

Belial: -Sí, hijos míos, sí. Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad... una responsabilidad propia, pero dentro de un orden establecido. Ahora bien: ¿nunca os habéis interrogado más allá de estos límites estructurales?... ¿Qué poder tiene cada uno de nosotros?

Querubín 2: -Si tuviéramos cierto poder, Belial, habríamos en nuestra juventud estudiado en el principado. Pero alguien que tiene el poder es el que decide quién estudia y quién no.

Belial: - Sí, y escuchándote con la lógica que lo planteas, me sigo quedando sentado, y te respondería que tienes la verdad... Pero te desafío en tu razonamiento... te cuestiono: uno puede pasarse la vida huyendo de sí mismo, y dejando que otros decidan, dándoles... sosteniéndolos... perpetuando a aquellos que supuestamente nos hicieron creer que ellos solos son los únicos dueños. Aquí tienes mi interrogación: existen ciertas circunstancias en las que algo cambia, en las que se encuentra uno mismo eligiendo… o bien, insisto, quedándose sentado a conversar y debatir. ¿Quiénes tienen el poder?

Querubín 4: -Los mejores, los elegidos tienen el poder absoluto.

Belial: -El poder ejercido, que es de Uno solo, del que supuestamente es ¿por la fuerza? una gran voz que manda y un gran silencio que obedece... Es el poder ejercido por alguien que es invisible, que llega a través de las voces de otros... Una voz inmóvil... callada... que manda y ordena. ¿Alguno de vosotros será capaz alguna vez de interrogar a una voz invisible?

Querubín 3: -Es cierto, una voz invisible... pero que sabe y ve. (Con voz fuerte, manifestando cierto enojo).

Belial: -Entonces... ¿nos quedamos dormidos en ese supuesto Saber y Verdad, y lo creemos?

Querubín 1: -No, no, yo no dormiré, ni me refugiaré en la pereza del destino, por creer eso.

Querubín 2: -Ese tema se hace explícito desde una realidad... Lo real es que hay alguien con Poder que calcula, desea y espera que seamos de esta forma y no de otra... Nadie nos ha dado un lugar privilegiado en el principado, por ejemplo... y el artificio de hacer preguntas al respecto no nos las han cedido, ni eludido si quiera.

Belial: -Pues bien, ante ese límite impuesto... ¿no hay interrogación que vaya más allá? ¿Qué pasaría si renunciamos a ese poder establecido y nos enfrentamos a la existencia? ¿Quién de ustedes estaría dispuesto a quebrar el horizonte y se animaría a abrir la puerta a la incertidumbre? He aquí la diferencia, que radica en "poder" elegir, actuar, abrir una puerta en silencio. ¡Aquí sí! no se necesitan palabras. (Esbozando una sonrisa provocativa).

Querubín 4: -Quieres decirnos con esto... ¿qué no hay poder absoluto? (Mirándolo a los ojos sin parpadear).

Belial: -No, de ninguna manera, creo que no me has entendido. El poder existe, es Absoluto, pero absolutamente de cada uno de nosotros... Nosotros somos sus dueños. Yo soy el precursor de los mejores espíritus y también un ejemplo. Hay quien enseña a volar... hay quien enseña sólo a caminar.

Querubín 3: -Y ¿cómo nos podrías explicar el hecho de que nosotros no pudimos ingresar en el principado? ¿Hay alguien que lo decidió? ¿Alguien no quiso que fuésemos los guardianes del universo? ¿Alguien al que se le concede un poder? ¿O bien el que tiene el pleno poder sobre todo lo que nos rodea?

Belial: -Es cierto que alguien decidió que ustedes no tuviesen esa posibilidad, pero no fui yo. Y ahora te pregunto: ¿cómo sabes que esa persona no se equivocó en su decisión? ¿Qué certeza tienes de que sólo él posee la Verdad?... ¿Quién estipula que para engrandecer el espíritu, para adquirir conocimiento, es necesario estudiar en el Principado?

        Silencio.

Belial: -Hay una voluntad de verdad que nos deja perplejos en el andar, pero existe otra voluntad que tiene que ver con el hacer a nuestra propia voluntad. Si es vuestra voluntad someteros y acomodaros a la voluntad de otros, ¡fantástico, continúen! como estatuas, marchando en un andar que no les es propio, pues esa es vuestra voluntad.

        Silencio.

Querubín 1: -¿Y qué nos propones?

Belial: -Que me sigan. Les daré todos los poderes, les enseñaré todos los secretos para llegar a adquirir el poder absoluto de todas las cosas, siempre primando y respetando su propia voluntad, enseñándoos también a emplear la fuerza, si así fuese necesario.

Querubín 2: -Tendremos que empezar a ejercitar nuestra voluntad de poder, desajustando el poder Absoluto que se nos impone, logrando provocar en nosotros un vacío, que hará causa.

Belial: -Exacto, aunque creo que hará falta no sólo desajustar el Poder Absoluto, sino derrocarlo, desarmarlo, enterrarlo... Pero para eso necesitaré la colaboración de ustedes, necesitaré la fuerza enérgica y madura de los querubines. Para triunfar... para que triunfemos todos y de una vez por todas seamos libres.

Querubín 3: -Tienes todo nuestro apoyo y nuestras fuerzas, te serviremos hasta el final. Así nuestras singularidades saldrán a la luz y brillaremos, saliendo del brillo de uno solo... en donde quedamos perpetuados en un lugar de sombras.

Querubín 1: -¿Esperamos tus órdenes?

Belial: -Nos encontraremos mañana por la noche. Desembarcando por el mar, les sorprenderemos.

Querubín 4: -Sería conveniente, para tener más fuerza, que todos los querubines se nos uniesen.

Belial: -Exactamente, ustedes sabrán cómo convocarlos, les otorgo el poder para hacerlo.

Querubín 2: -Lo haremos, y estoy seguro que lograremos triunfar.

Belial: -No tengo dudas, cuando hay una causa justa siempre se triunfa. Les demostraremos que todos tenemos poder. Este destierro del poder revelará que no hay verdad, saber, ni poder absoluto, sólo espíritus que desean llegar tan alto como Yahveh.

Querubín 3: -Nos significaremos, guiados por nuestra voluntad de hacer, saliendo del sometimiento... de la voz invisible de Yahveh.

Belial: -Venceremos en la noche oscura, obteniendo la gloria, la libertad, al amanecer.

        Se saludan estrechándose la mano y se van.

 

ESCENA SEPTIMA
(PRINCIPADO)

Escenario: Principado, se proyecta sobre pantalla. Siete príncipes en semicírculo con Gabriel.

Gabriel: (Con voz alta): -Bendice alma mía a Yahveh. Yahveh, Altísimo mío, tú eres grande, tú estás rodeado de esplendor y majestad... Él alza sus moradas sobre las aguas... Él hace de las nubes su carro... y vuela sobre las plumas de los vientos...

Príncipe 4: -Tiene por mensajeros a los vientos y por ministros llamas de fuego...

Príncipe 7: -Y se alzaron los montes y se bajaron los valles... hasta el lugar que tú, mi Altísimo, habías señalado...

Príncipe 3: -Nuestro Yahveh hace brotar en los valles los manantiales... que corren luego por el monte...

Príncipe 1: -Hizo la luna para medir los tiempos... y que el sol su ocaso conociese...

Príncipe 5: -Si mandas tu espíritu, nos recreamos... y así renuevas la faz de la tierra...

Príncipe 2: -¡Cuántas son tus obras, oh Yahveh! Y cuan sabiamente ordenadas, todo está rodeado de tus beneficios...

Príncipe 6: -Si tú escondes el rostro, se conturban... si les quitas tu espíritu mueren, y se convierten en polvo...

Gabriel: -Bueno, chicos. Y sobre todo aprended bien que Yahveh es nuestro Creador, el que da "ser" a todas las cosas... Yahveh es siempre... él nunca dejará de "ser". El Altísimo está siempre a nuestro lado, siempre caminará con nosotros... aunque no lo veamos.

Príncipe 2: -Nada existe que no deba su existencia al Altísimo, nuestro Creador.

Príncipe 3: -El Espíritu de la Verdad... su Espíritu suscita y sostiene el nuestro.

Gabriel: - Todos los días Yahveh nos regala algo para alimentar nuestro espíritu... el alma, que se engrandece con su palabra.

Príncipe 7: -Trasmitiendo con nuestras voces y nuestro actuar a los demás… lo que Yahveh nos dice, engrandeciendo y alabando su palabra… Y así custodiamos el Universo.

        Gabriel y príncipes se van levantando y salen caminando de la escena, hablando en voz baja.

 

ESCENA OCTAVA
(TEMPLO)

Escenario: A oscuras, y luz tenue blanca.

Yahveh: (Sentado, de perfil): -Miguel, te anticipé que Belial nos podía sorprender, más de lo que imaginábamos.

Miguel: -Me preocupas... ¿qué ha ocurrido?

Yahveh: -Hasta ahora Belial ha estado seduciendo a los serafines, a los querubines... llevándolos a la trasgresión, a la duda de mi existencia, de mi palabra, de mi Saber, de mi Verdad, de mi Poder.

Miguel: -¡No puede ser! Tú lo has creado... ¿Qué quiere?

Yahveh: -Pues sí, lo he creado, era mi criatura preferida... y aunque se haya pervertido, no deja de ser hijo mío. Belial como todos los seres creados depende de mí, su Creador, está sometido a las leyes de la Creación. Pero hay normas que regulan el uso de la libertad, y Belial las excede y las ha traspasado.

Miguel: -Pero... ¿qué quiere concretamente?

Yahveh: -Quiere suplantarme, desea ocupar mi lugar...

Miguel: -¡No lo voy a permitir jamás! ¿Qué quieres que haga en tu nombre, mi Altísimo?

Yahveh: -Quiero que lo arrojes de mi vista, que lo destierres de los cielos... Tú tienes mi fuerza para hacerlo.

        Silencio.

Miguel: -Estoy desconcertado con la actitud de Belial. (Se queda mirando un punto fijo).

Yahveh: -Junta a los serafines, háblales, explícales la causa. Habla también con Rafael y Gabriel, con los príncipes. Belial arribará, queriendo sorprenderos, mañana por la noche. Vosotros los esperaréis... formaréis una Alianza para procurar el Bien.

Miguel: -Estoy para servirte siempre... Formaremos la Alianza del Bien que derrocará a Belial y a esa oscura Alianza.

Yahveh: -Estaré cerca... os acompañaré... estaré siempre con vosotros.

        Música.

 

ESCENA NOVENA
(PRINCIPADO)

Escenario: En el principado, Miguel reúne a Serafines, Príncipes, Rafael y Gabriel. Mientras los reúne sigue sonando la música; a medida que llegan se van acomodando.

        Todos están de pie, mirando a Miguel.

Miguel: -Les he reunido para darles un aviso, como intermediario del Altísimo. Necesitamos formar una Alianza que procure por sobre todas las cosas el Bien.

Rafael: -Disculpa que te interrumpa, pero... ¿qué sucede?

Miguel: -Belial ha estado seduciendo con mentiras a serafines y querubines... a desobedecer al Altísimo.

Gabriel: -¿Una Alianza?... ¿Cómo es eso?...

Miguel: -Belial quiere suplantar a Yahveh, desea ocupar su lugar...

Rafael: -¡No puede ser! ... ¿Qué haremos?

Miguel: -Yahveh me ha pedido que arroje a Belial de los cielos. Belial se ha levantado en contra del Altísimo, ha intentado su propio fin al margen del Creador.

Serafína 4: -Ya les dijimos los serafines (mirando a los serafines, con voz fuerte y enojada) que Belial nos mentía.

Miguel: -Ahora no es momento de discutir ni debatir; ahora tenemos que organizarnos. Belial nos querrá sorprender mañana por la noche.

Gabriel: -Los querubines, ¿estarán con él?

Miguel: -Sí, los querubines vendrán con Belial. Nosotros los esperaremos en el Principado, en el Reino, y luego si no logramos vencer, nos dirigiremos a la Tierra en las montañas, e intentaremos desplazarlos hasta el desierto; allí seguiremos la lucha hasta el final, derrotando al Mal.

Rafael: -¿Qué necesitaremos para esa noche?

Miguel: -Necesito que confeccionen arcos y flechas; las harán de color azul. Armarán escudos para protegernos; los príncipes irán sobre las aves grises, yo iré en mi caballo blanco.

Gabriel: -¿Nos separaremos por grupos?

Miguel: -No, iremos todos juntos, y yo delante de ustedes. Debo cumplir la voluntad del Altísimo, tengo que arrojar a Belial y a su rebelión del cielo.

        Silencio.

Miguel: -Los Serafines utilizarán los arcos y flechas, los demás utilizaremos nuestras espadas.

Príncipe 3: -Tendremos que alimentar nuestro espíritu para esta Batalla, que no será fácil.

Miguel: -Yahveh estará junto a nosotros en cada paso que demos... siempre nos acompañará como hasta ahora.

Serafín 1: -¡Manos a la obra!

Miguel: -No, ahora no es el momento, hay que ir a descansar... juntar fuerzas... Mañana cuando salga el sol comenzaremos la tarea, y recuerden que esta Alianza lucha sólo para el Bien.

        Todos se van yendo. Caminan. Los serafines salen por un lado, los príncipes por otro. En el escenario sólo quedan Miguel, Gabriel y Rafael. Se apagan las luces. En el escenario quedan tres sillas donde están sentados Miguel, Rafael y Gabriel. Los tres están en silencio y pensativos.

Miguel: -¿Vosotros imagináis lo mismo que yo? Esto es algo inédito. Belial nos supera en inteligencia. Su belleza ha seducido a casi un tercio del universo. Él es el jefe de todas las criaturas, y hasta ahora nosotros le debíamos obediencia. Esta Batalla no será nada fácil. El espíritu esté con vosotros.

Rafael: -No será nada fácil... y perderemos a muchos de los espíritus jóvenes, sanos y bellos. El espíritu esté con vosotros.

Gabriel: -¿Y no podríamos pensar en otra forma de vencer el Mal? El espíritu esté con vosotros.

        Silencio.

Voz en off:

Yahveh: (Con voz suave pero segura): -Ojalá existiese otra forma... Hace días que no puedo dejar de pensar lo mismo que tú... pero no encuentro otra... Es doloroso... y será más doloroso cuando esté terminada... Hay que vencer al Mal, y esta batalla no será nada fácil. Pero es el único camino que hay. Vosotros, mis tres Siervos, mis tres guardianes del universo, estáis preparados para hacerlo. Yo estoy con vosotros.

 

ESCENA DECIMA
(REINO)

Voz en off:

"La Alianza negra continúa incesantemente, no dando tregua ni descanso, a una lucha sin precedentes, derramando sangre y dolor, sin espíritu, gozando de la destrucción absoluta para llegar a su fin".

        La batalla sigue... venciendo una vez más la Alianza del Mal.

Belial: (Grita): -¡Cada vez falta menos, para llegar...!

Querubín 3: (Grita): -¡Belial, tienes la verdad, ella es tu voz! ¡Qué grande es tu espíritu!

        La escena es desgarradora: el Reino se consume en medio del fuego. Belial se ríe victoriosamente, dejando un sinfín de cadáveres a su alrededor, alentando a vencer y a lograr el triunfo tan deseado.

        Atrás quedó ese Reino para bailar... y en él las noches estrelladas con su luna... Hoy el humo empaña la mirada, y cubre la noche estrellada; hoy uno puede permanecer inmóvil, perplejo, ante la muerte y el dolor del Reino devastado.

        Los príncipes convocan a los serafines supervivientes a la Tierra, único refugio seguro. Miguel se hace presente, y vuelve a repetir la retirada a la Tierra.

        Los supervivientes de los serafines bajan a la Tierra, se desplazan, corren (saliendo de escena), dejando a sus muertos.

Miguel: (Con voz agitada): -¡Recuerden!: el Señor nos está acompañando, no nos vamos a rendir, esta Alianza vencerá al Mal, os los aseguro, nuestro espíritu está con una fuerza plena.

 

ESCENA DECIMOPRIMERA
(PRINCIPADO)

Voz en off:

"Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará".

Escenario: La noche está cerrada, en oscuridad.

        En el Principado todos están escondidos, y expectantes al arribo de la Alianza Negra.

        Belial y los querubines llegan sigilosamente, esperando sorprenderlos sin aviso previo, y lograr su triunfo. Comienzan lanzando bolas de fuego al Principado.

        Inmediatamente hay una respuesta de la Alianza del Bien, contraatacando a los enemigos.

        Comienza la Batalla, y todos luchan enérgicamente. Mientras ocurre esta escena se escuchan gritos de ambas partes (todos en escena: los querubines y Belial, los tres Siervos con los príncipes).

Belial: (Grita): -¡No puede ser! ¡Nos estaban esperando!

Miguel: (Grita): -Hay una voz más fuerte que la tuya, Belial, la voz de Yahveh, la voz del Creador.

Belial: (Grita): -¡A partir de hoy no existirá otra voz más que la mía... hoy yo regresaré a mi lugar!

Miguel: (Grita): -¡Hoy con tu propia voz caerás, Belial! Jamás podrás regresar a un lugar donde nunca has estado. ¡Sólo Yahveh es Amor y Verdad!

Belial: (Grita): -Será un día inolvidable... una noche oscura... donde suplantaré por siempre a Yahveh... ¡¡Tengo el poder para hacerlo!!

        Termina de decir sus palabras "tengo el poder para hacerlo", y Belial se convierte en un dragón enorme. Su traje gris se vuelve negro, y su cara pálida y envejecida. Lo mismo ocurre con los querubines, quienes envejecen desfigurándose y convirtiéndose sus túnicas en color negro.

        El Principado queda totalmente destruido, quemado, arrasado. La Alianza Negra vence su segunda partida al Bien. En la escena todo está lleno de humo, luces naranjas muy tenues, y muchos príncipes muertos, tendidos en el suelo.

        Oscuridad y silencio.

Belial: (Grita): -¡Este es el inicio! ¡Y hemos vencido! ¡Continuaremos hasta el final!

 

ESCENA DECIMOSEGUNDA
(TIERRA)

Voz en off:

"Entonces se trabó una batalla grande en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban contra el dragón, y el dragón con sus ángeles lidiaban contra él. Pero estos fueron los más débiles y después ya no quedó para ellos ningún lugar en el cielo".

Escenario:

En las montañas, aparece Miguel montando un caballo blanco, con espada de doble filo, blanca y ensangrentada, y con escudo; los príncipes sobre aves grises y espadas de doble filo azul; los serafines a pie con arcos y flechas azules, y una cinta azul en la cabeza; las serafinas con dagas azules y una cinta azul en la cabeza.

        Oscuridad.

En el mar aparece Belial con espada de siete puntas negras, con diadema de oro encima de la capucha negra, convertido en dragón negro; los querubines envejecidos, desfigurados, con túnicas negras, desembarcando de una canoa de madera, con espadas de punta negra y trayendo consigo cañones que disparan bolas de fuego; junto a ellos perros negros salvajes y poseídos por el mal.

        Oscuridad.

En el desierto todo permanece en calma, vacío, esperando ser el lugar donde se desatará la batalla.

        Oscuridad.

        Se enciende una luz tenue y naranja.

Belial: (Apareciendo desde una gran ola en movimiento desde el mar, convertido en dragón negro, echando fuego por su boca y devorando destrucción. Grita): -¡Venceremos a Yahveh!

Querubines: (Apareciendo uno a uno junto a Belial, y haciendo eco con sus gritos de repuesta a Yahveh): -¡Sí, Belial, nuestro gran Señor, venceremos en tu nombre!

Belial: (Grita): -Sólo queda destruir definitivamente a Yahveh. Vencimos al Principado, vencimos en el Reino...

        Se enciende una luz blanca que ilumina a Miguel sobre la montaña, esperándolos sobre su caballo.

Miguel: (Grita): -¡Jamás podrás vencer al Creador!

        Se enciende la luz tenue y naranja.

Belial: (Continúa gritando a los querubines): -¡Hay que destruirlos! ¡Quiero ver como caen uno por uno! Utilicen todas sus fuerzas, no tiene que quedar ni rastro de los servidores de Yahveh; no pararemos hasta llegar a él, ¡tenemos que hacerlo desaparecer! ¡¡Hasta el final!!

Querubines: -¡Hasta al gran triunfo, por nuestra libertad!

        Oscuridad, entremezclada por alguna luz tenue naranja y alguna luz tenue blanca.

        Comienza la batalla entre la Alianza del Bien y del Mal. Se escuchan gritos entremezclados de ambas Alianzas: ¡No!, ¡Por aquí!, ¡Sigan!, ¡Ay!, ¡Cuidado!, ¡Detrás de ti! Ladridos de los perros salvajes...

        Se encienden al unísono las dos luces tenues, una naranja y una blanca.

        Muchos serafines aparecen muertos por las espadas de los querubines; muchas serafinas han sido devoradas por los perros negros poseídos (en la escena van cayendo al suelo)…

        Algunos querubines aparecen también muertos, al ser atrapados por las flechas de los serafines; muchos perros poseídos también han sido atravesados por las dagas de las serafinas.

        En la primera línea de Batalla se encuentra Belial con Miguel. Detrás, los príncipes con sus espadas, resultando heridos, logran matar a varios querubines.

        Miguel con su escudo puede detener las bocanadas de fuego que hecha el dragón, que a su vez con la cola destruye y desintegra a los príncipes que están luchando a su alrededor.

Belial: (Risa sarcástica y grita): -No se detengan, nuestra fuerza unida está venciendo a Yahveh; al amanecer nuestro será el Poder por siempre.

Miguel: (Gritando): -¡La batalla aún no finalizó, mala víbora! Tu fuerza puede quebrarse, esfumarse, y si no… ¡ya verás!

        Luchan, entrecruzan sus cuerpos, el dragón lanza fuego. Miguel se protege con su escudo. Chocan sus espadas, sus fuerzas... el Bien contra el Mal.

Miguel: (Grita desgarradamente): -¡Ahora! ¡Todos unidos! ¡Quién como Dios!

        Al grito de "Quién como Dios" Miguel logra con su espada quitarle la corona de oro a Belial, cortarle la cola al dragón y destruir su espada.

        En el desierto vence la Alianza del Bien. Así como Yahveh lo ha pedido, Belial es arrojado a la garganta profunda, su secreto escondido, donde la fuerza del agua será quien lo conduzca, por sus canales fluviales, y lo conduzca al Mundo. Sus propias palabras se convirtieron en acto, y será él mismo quien desvelará el enigma profundo de esa garganta.

        En el desierto los supervivientes se ayudan entre sí, dentro de un silencio desgarrador.

Voz en off:

"Y así fue abatido aquel dragón descomunal, aquella antigua serpiente, que se llama diablo y también Satanás, que andaba engañando al mundo entero: y fue lanzado y arrojado al Mundo, y sus ángeles con él".

        Silencio. Música.

Yahveh: -Benditos seáis, espíritus del Bien... Os he acompañado... os estoy esperando. Regresad... la batalla en el cielo ha terminado. He aquí el tiempo de la salvación, y de la potencia y del reinado de nuestro Dios. Pero ¡Ay del Mundo y del mar!, porque el diablo bajó a vosotros arrojado del cielo, y está lleno de furor, y sabe que le queda poco tiempo…

 

ESCENA DECIMOTERCERA
(CIELO)

Escenario: En los alrededores del Templo, se están construyendo jardines para dar acogida a los supervivientes del Bien. En la pantalla, el exterior del templo santo de Jerusalén. Y en el fondo, 7 príncipes tocando la trompeta.

        Música.

        Unos príncipes del Templo construyen jardines con columnas blancas, por las que corren manchas de sangre. Otros preparan palmas para dar la bienvenida a los supervivientes por la victoria conseguida.

        En el Cielo, el resplandor del amanecer se respira, se embellece. Se siente la paz y la tranquilidad de estar junto al Creador. Sagrado es el espectáculo del Cielo, una visión sin igual.

        En el Templo permanece intacto el lugar del Santísimo, en el más profundo interior, en el centro del universo, y de ese nuevo cielo que ya está preparado para los que han salido de la gran tribulación.

        Música.

        Llegan los supervivientes: agobiados, sin fuerzas, heridos la mayoría, sus túnicas blancas ensangrentadas o trajes destrozados por doquier. Son recibidos por los guardianes del Cielo, que los lavan, curan sus heridas, les dan de beber y comer. Algunos se sientan, otros se acuestan sobre el jardín... Todos respiran, huelen, sienten aún el dolor en sus cuerpos. Su espíritu rebosa de inmensidad, de haber glorificado al Santísimo, triunfando el Bien sobre el Mal.

Voz en off:

Yahveh: -Espíritus del Bien, os he recordado... estoy orgulloso de vosotros. En el Cielo… ¡la batalla ha terminado!... el Bien ha vencido al Mal... Pero cuidado: el Mal ha sido arrojado al Mundo... El Mal ha sido desterrado con toda su cualidad y furor... y gestará invisiblemente un Mundo espiritual para el Mal. ¡Yo soy Yahveh! Y no daré mi gloria a otros, ni mi honor al Mal. La primera batalla se ha desatado, y el Bien ha triunfado... Ahora pues, os anuncio sucesos nuevos, que aparecerán, pero que os daré a conocer…

        Silencio.

Voz en off:

Yahveh: -Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará, de todo os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo… Crearé algo nuevo, que ya está germinando, ¿no lo veis?... Y pondré mi espíritu sobre él, espíritu de consejo y sabiduría, espíritu de ciencia y piedad, espíritu de fortaleza y temor; le inspirará el temor del Señor… Será mi propio Hijo, será el Hijo del Altísimo, y aprenderá sufriendo a obedecer. Su nombre será Maravilla de Consejero, Rey eterno, Príncipe de la Paz.

        Silencio. Oscuridad.