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"El
domingo es la fiesta primordial... No se la antepongan otras
celebraciones, a no ser que sean, de veras, de suma importancia, puesto
que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico"
(SC 106).
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En
aplicación de la Nota de la Comisión Episcopal de Liturgia sobre la
celebración de Jornadas Mundiales y Nacionales en domingos y
solemnidades del año litúrgico (cf. Pastoral Litúrgica, 157/158, pp.
9-21), se hacen las siguientes sugerencias para que la incidencia de las
jornadas en la liturgia se mantenga en las dimensiones justas. 1.
Jornadas en las que se
puede tomar el formulario del Misal, aunque es sumamente conveniente
mantener las lecturas del día:
2.
Jornadas en las que, a
partir de los textos de la liturgia del día, se puede aludir al tema de
la jornada en la homilía:
3.
Jornadas en las que sería
oportuno convocar a grupos particulares de fieles para celebrar una Misa
especial, dejando para las otras celebraciones una alusión en la monición
de entrada y alguna petición en la oración de los fieles:
4.
Jornadas en las que, respetando
el ritmo litúrgico, es suficiente una monición de entrada un poco más
amplia, alguna intención en la oración de los fieles y una breve
monición que motive la colecta (cuando la hay).
Sugerencias
concretas Teniendo
en cuenta los criterios litúrgicos que se acaban de exponer y a la
vista de la serie de jornadas mundiales y nacionales que se celebran en
España, es posible descender a algunas aplicaciones concretas a modo de
sugerencias. No
obstante, hay que tener en cuenta dos observaciones: 1) Es evidente que
la celebración de las jornadas mundiales no depende de la jerarquía
eclesiástica española, salvo que la autoridad que las ha instituido
deje en libertad a cada país para celebrarlas o no, o para determinar
la fecha de alguna. Se trata, ciertamente, de un aspecto importante del
problema que convendría tener en cuenta. 2) La promoción o campaña en torno a una jornada y a los medios de más
directa incidencia en la liturgia, sí pueden depender totalmente de las
decisiones oportunas que tome la jerarquía española. En este sentido
se orientan algunas sugerencias. De
acuerdo con estas observaciones se propone lo siguiente: 1) Debería hacerse
un esfuerzo por dejar totalmente libres de jornadas el Triduo Pascual,
todos los domingos de Adviento, Cuaresma y Tiempo Pascual, y las
solemnidades de precepto, salvo aquellas en las que la jornada pueda
realmente aparecer como derivación espontánea a consecuencia del
misterio celebrado. Por ejemplo, el Domund y el Octavario para la Unidad
de los cristianos, cuya celebración está ya prevista en el Misal. 2) Tratar de
eliminar duplicados y reagrupar algunas jornadas de objetivos
semejantes. 3) Muchas jornadas,
reagrupadas o no, tendrán cabida distribuidas equilibradamente a lo
largo de los domingos del Tiempo Ordinario. 4) Algunas jornadas
deberían ser trasladadas a días feriales, aprovechando incluso la
posibilidad de asignarlas a diferentes Rogativas durante el año. 5)
Hacer un discernimiento de los objetivos y de los medios que se deben
emplear en cada jornada, a fin de reducir a su justa dimensión su
incidencia en la liturgia. No es lo mismo una jornada que tiene como
objetivo prioritario realizar una colecta, que la que se propone crear
conciencia de un problema y promover la oración ante todo. 6) La campaña de
mentalización de los fieles debe hacerse fuera de la liturgia
(catequesis especial, medios de comunicación social, etcétera). La
liturgia no puede convertirse en transmisora de mensajes. 7) La presencia del tema de una jornada en la liturgia debe limitarse
al mínimo indispensable: alusión en la monición inicial y en la homilía,
intención en la oración de los fieles e indicación de la finalidad de
la colecta. 8) Las jornadas deberían orientarse hacia celebraciones especiales,
por ejemplo, preparando una celebración de carácter diocesano en la
catedral o en otro lugar, convocando a las personas más sensibilizadas
o directamente afectadas, y hacia actos que no sean únicamente la
Eucaristía: adoración eucarística, ejercicios piadosos del pueblo
cristiano, encuentro-convivencia, etcétera, incluso como medio de
captación de fondos: veladas, conciertos, etcétera. 9) Se ha de observar con
piedad y fidelidad lo que el Concilio Vaticano II y los libros litúrgicos
renovados determinaron acerca de la índole peculiar de la celebración
del domingo, principalmente en lo referente a los días dedicados a
temas peculiares, que se realizan con mucha frecuencia en domingo, como
por ejemplo, por la conservación de la paz y la justicia, por las
vocaciones, por la evangelización de los pueblos. En estos casos la
liturgia debe ser del domingo. Se puede hacer alguna mención del tema
que se propone, sea en los cantos, las moniciones, sea en la homilía y
la oración universal (Ceremonial de los Obispos, núm. 229). |