TIEMPO ORDINARIO

El tiempo ordinario ocupa 33 ó 34 semanas, que hay que situar desde la fiesta del Bautismo del Señor hasta el primer domingo de Adviento, con la interrupción del período cuaresmal y pascual. No se celebra ningún misterio particular de Jesucristo, "sino más bien se recuerda el mismo misterio de Cristo en su plenitud, principalmente en los domingos" (NUAL, 43).

Si los otros tiempos son llamados "tiempos fuertes", el tiempo ordinario no se puede llamar ni tampoco ser considerado un tiempo "débil". Cada día litúrgico tiene lecturas propias, lo cual está indicando su importancia.

En este tiempo se sitúan la mayoría de las memorias o fiestas de los santos, además de algunas fiestas y solemnidades del Señor en día fijo o variable. Todas ellas reciben luz de la Pascua de Cristo.

"La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del día mismo de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual el primer día de cada semana, llamado el día del Señor, o domingo" (SC 106). "Así pues, el domingo ha de ser considerado como el día festivo primordial" (NUAL 4).

Puesto que el día del Señor es el núcleo y el fundamento del año litúrgico, por medio del cual la Iglesia despliega todo el misterio de Cristo, solamente cede su celebración a las solemnidades y a las fiestas del Señor, inscritas en el calendario general (cf. NUAL 5).

Cuídese de presentar debidamente a los fieles el domingo y de inculcarlo a su piedad como el día festivo primordial, de tal manera que sea también día de alegría y de liberación del trabajo (cf. SC 106).

— Por el bien pastoral de los fieles es lícito celebrar, en los domingos del tiempo ordinario, aquellas celebraciones que caen entre semana y que tienen mucha aceptación en la piedad de los mismos fieles, siempre que estas celebraciones puedan ser preferidas al domingo según la tabla de precedencia. De estas celebraciones pue den decirse todas las Misas en que participa el pueblo (cf. NUAL 58).

— En el Oficio dominical se toman los elementos del domingo correspondiente en el ciclo de cuatro semanas, excepto lo propio de cada domingo del tiempo ordinario.

— En el Oficio ferial todos los elementos de cada hora se toman del día correspondiente de la semana en el ciclo de cuatro semanas, excepto las lecturas del Oficio de lecturas, que son propias cada día.

— En las memorias, si no se indica lo contrario, la salmodia se toma del día correspondiente de la semana en el ciclo de cuatro semanas; el resto también del día correspondiente de la semana, o del común, excepto lo que es propio de la memoria y la oración que siempre es del santo.

— En las ferias del tiempo ordinario o en las memorias libres, se puede celebrar cualquier formulario de Misa y emplear cualquier clase de oración por motivos diversos, exceptuando, sin embargo, las misas rituales.

Se puede escoger libremente el formulario de cualquiera de los 34 domingos, o de cualquier santo del calendario o del Martirologio, o de diversas necesidades o votivas, o de difuntos, pero éstas con tal que realmente se apliquen por los difuntos (cf. OGMR, núm. 316c; 334-337).

— En las Misas de las memorias se dice la oración colecta propia o del común; en cambio, la oración sobre las ofrendas y la de después de la comunión, si no son propias, se pueden tomar del común o de la feria del tiempo correspondiente.

— Se dice Gloria los domingos, en las solemnidades y en las fiestas, y en algunas peculiares celebraciones más solemnes.

— Se dice Credo los domingos y en las solemnidades; puede también decirse en peculiares celebraciones más solemnes.

— Se omiten el Gloria y el Credo en las ferias y memorias.

— En los domingos se dice un prefacio dominical; en las ferias un prefacio común. En las solemnidades y fiestas el prefacio es propio del santo o del misterio que se celebra. En las memorias el prefacio puede tomarse del común o del santo correspondiente (apóstol, mártir, pastor, virgen, santo...).

 


— En las celebraciones de los santos no se omitirán sin motivo suficiente las lecturas asignadas para cada día en el Leccionario ferial, a no ser que las lecturas propias traten de la misma persona o del misterio que se celebra, o un motivo pastoral aconseje lecturas apropiadas (indicadas entre paréntesis), que pongan de relieve algún aspecto peculiar de la vida espiritual o actividad del santo.

— Si alguna vez la lectura continua se interrumpe dentro de la semana por alguna fiesta o celebración particular, le está permitido al sacerdote, teniendo presente el orden de lecturas de toda la semana, o juntar con las otras lecturas la que corresponde omitir, o determinar qué textos han de tener la preferencia.

— La Plegaria Eucarística IV tiene un prefacio propio fijo e inseparable. Puede emplearse cuando la Misa no tiene prefacio propio, o se indique prefacio del tiempo.

— La Plegaria Eucarística V sólo puede utilizarse en las Misas por diversas necesidades que carecen de prefacio propio.