TIEMPO DEL TESTIMONIO

 

            Entre la despedida y la vuelta del Señor, los cristianos tenemos una tarea que realizar. Iniciamos un ciclo litúrgico, Domingos del Tiempo Ordinario, porque siguen y realizan la pascua pentecostal que viene a expandir la fe fuera de la Iglesia, y que manifiesta que los cristianos tenemos que ser los realizadores de la extensión del Reino de Dios. Su vida se ha convertido en misión de testimonio.

            Nace el tiempo del testimonio. Domingos verdes, les llaman otros; en definitiva domingos de maduración cristiana, de afirmación cristiana desde el mayor conocimiento y compromiso con la fe en Jesús. Durante este tiempo no hay solemnidades litúrgicas que se puedan comparar a las anteriores. Los domingos de este largo período son más bien elaboraciones teológicas nucleadas en torno al misterio y al mensaje de Jesús. Dijéramos que en este largo tiempo lo principal es llevar el culto fuera del culto, centrarse más en la vida «ad extra», que en la vida «ad intra» porque hemos de salir de nosotros y vivir prácticamente dentro del propio ambiente de vida el espíritu recibido en el culto, para poder testimoniarlo de palabra, pero sobre todo de obra.

            Para que pueda ser recibida una palabra sobre la fe debe haber ido precedida de una vida de caridad, de fe, de compromiso por los hermanos, de lucha por la pacificación de este mundo, de hundirse hasta el fondo en el ambiente donde vivimos, para asumirlo y elevarlo. Es el testimonio vivido y sentido y dispuesto como una pequeña luz para que la extensión del Reino sea posible. Es nuestra hora.

 

FELIPE BORAU BARBED, Huesca, España