Interpretación popular de la Biblia en Brasil

«Oír lo que el Espíritu habla a las Iglesias».

 

Carlos Mesters

Ocurrió al comienzo de un curso bíblico. En una pared se leía la frase: Dios es amor.

El profesor preguntó:

-Quién escribió esto?

-Fui yo -dijo una mujer-.

-Y por qué la escribió?

-no me gustaba la pared vacía

-¿ Y por qué esta frase?

-La encontré bonita.

-¿De dónde la sacó?

-Me la inventé: pensé que esto es lo que debemos vivir como cristianos.

Entonces el profesor dijo:

-Vamos a abrir la Biblia en la primera carta de San Juan, capítulo 4, versículo 8.

Cuando todos hubieron encontrado el texto, le dijo a la mujer que leyese el versículo.

Ella leyó: -El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.

 

Era la primera vez en su vida que aquella mujer había abierto la Biblia. ¡Menudo susto! Su frase de la pared. Descubrió que, sin saberlo, la palabra de Dios estaba en su vida. Aquella noche no durmió. Se pasó la noche marcando páginas en las que encontraba frases que formaban parte de su vida.

Como éste, hay otros muchos hechos. Indican el rumbo de la interpretación popular: el descubrimiento de la palabra de Dios no se hace solamente en la Biblia, sino también en la vida de los creyentes en Jesús. La Biblia nos confirma que Di os está presente en el caminar y en la lucha de los pobres: es fuente de nueva conciencia.

Interpretación popular indica aquí la lectura de los pobres hacen en sus comunidades eclesiales de base. Hay otras lecturas populares, como la de los movimientos pentecostales. Nos limitamos a hablar de lo que hemos experimentado en algunas comunid ades de base de Brasil.

Un poco de historia

La interpretación popular no nació de la nada. Podemos distinguir en ella tres momentos privilegiados:

• 1. Conocer la Biblia. Algunos hechos estimularon a una lectura más frecuente de la Biblia: a) la renovación de la exégesis, iniciada en Europa, provocó un interés por el texto; b) las tres encíclicas sobre Biblia que abrieron a los exege tas católicos el camino de la ciencia bíblica; c) la liturgia en lengua vernácula acercó la Biblia al pueblo.

En Brasil la renovación afectó a las clases medias. Fue el vigor misionero de las Iglesias protestantes el que hizo llegar la Biblia hasta los más pobres. Para no ser menos y poder polemizar, también entre los católicos la lectura bíblica menudeó. La p olémica con los protestantes disminuyó con el tiempo y emergió cada vez más fuerte el deseo de descubrir la palabra de Dios.

Desde lo profundo del interés por la Biblia surgió una nueva concepción de la revelación, importante para comprender la interpretación popular: ¡Dios no habló sólo en el pasado: continúa hablando hoy!

• 2. Crear comunidad. Esto produjo sus frutos. El primero fue crear comunidad. Contribuyeron a dar este paso: a) las semanas bíblicas populares que ponían al alcance los avances bíblicos; b) la difusión de la Biblia en lengua vernácula; c) la renovación litúrgica produjo el clima propicio para la lectura e interpretación de la Biblia; d) muchos brasileños hallaron en la lectura de la Biblia el coraje para romper con la autoridad casi absoluta del clero e incorporarse a comunidades más viva s; e) como reacción al crecimiento de los grupos carismáticos, se formaron catequistas que difundieron en las comunidades una catequesis bíblica.

Del interior de ese hervidero comunitario surgió una nueva concepción de la interpretación; interpretar no es una actividad informativa exclusiva del exegeta que estudió para ello; es una actividad comunitaria a la que todos y cada uno - incluid o el exegeta- deben contribuir.

• 3. Servir al pueblo. 1968 fue el año del mayo en París, del golpe militar en Brasil, de Medellín y el espaldarazo de la teología de la liberación. Por esa época la interpretación popular recibió un gran impulso.

La fidelidad a la palabra exige que, además del conocimiento y de la preocupación comunitaria, se vaya hacia el pueblo. Es en el servicio al pueblo donde se revela novedosa la interpretación popular. Algunos factores históricos contribuyeron a que el p ueblo diese un paso cualitativo en la lectura de la Biblia:

a) el sistema sociocultural desconocía por completo a los pobres; en comunidad reciben nombre e historia;

b) el golpe militar reprimió al pueblo y persiguió a los líderes, que se concentraron en un trabajo más consistente de base;

c) tras algunas vacilaciones iniciales, la Iglesia oficial se convirtió en instancia crítica del régimen militar, acogió el movimiento popular que recibió una fuerte motivación religiosa;

d) el método ver-juzgar-actuar, típico de la Acción Católica, se ajusta a la nueva visión de la revelación: Dios habla hoy;

e) Medellín fue la relectura del Vaticano II para América Latina, a partir de un análisis crítico de la situación socio-económico;

f) el genocidio de indios y negros y la destrucción de las culturas aborígenes bajo la cobertura tácita de la Iglesia;

g) los nuevos instrumentos de acción pastoral, ecuménico por naturaleza: CIMI (defensa de los indios), CPT (defensa de la tierra), CPO (defensa de los derechos del trabajador).

Estos factores influyeron y aún influyen en la lectura que los pobres hacen de la Biblia. Motivadas por esa lectura, hay comunidades que se ponen al servicio del pueblo y hacen suya la lucha por la justicia. Otras comienzan a leer la Biblia a partir de es a lucha.

Al no disponer ni de dinero ni de libros sobre la Biblia, los pobres leen la Biblia con el único criterio a su alcance: su vida de sufrimiento como pueblo oprimido y su vida de fe vida en comunidad. Así es como descubren lo que se les ocultó dur ante siglos: a) una historia de opresión semejante a la suya; b) una lucha de liberación por los valores que ellos también persiguen: justicia, fraternidad, vida digna.

La Biblia se yergue como el «símbolo» de lo que ellos viven. Gracias a la unión entre Biblia y vida los pobres hacen el mayor de los descubrimientos: «Si en el pasado, Dios estuvo con aquel pueblo, hoy está también con nosotros en la lucha por liberarn os. El escucha nuestro clamor». ¡La Biblia, fuente de conciencia liberada!

De ese esfuerzo por servir al pueblo surgió, pues, una nueva manera de mirar la Biblia: ésta ya no es un libro extraño, es nuestro libro, «escrito para nosotros» (1 Co 10, 11), espejo de nuestra historia. No se trata ya de interpretar la Biblia, sino la vida con ayuda de la Biblia.

En conclusión: lo que antes estaba lejos, ahora está cerca; lo que antes era inaccesible, ahora queda al alcance de los pobres. Es más: al acercarse su Palabra, Dios mismo se acercó. ¿Quién hubiera imaginado, años atrás, cuanto está aconteciendo hoy en tre los pobres con la lectura de la Biblia?

Dinámica interna de la interpretación popular

En el Estado de Minas existe un movimiento evangelizador. Inicialmente pretendía desencadenar un proceso participativo y formar al pueblo en la Biblia y en la fe. Pero casi sin dimensión política. Cuando les reprochaban esto, los líderes decían: «S i la Palabra de Dios tiene dimensión política, ya saldrá. Lo que nos importa es la fidelidad a esa Palabra». Y la dimensión política salió con gran fuerza en los últimos años. Hoy el movimiento cuenta con unos seis mil grupos.

Existe, pues una dinámica interna: conocer la Biblia lleva a convivir en comunidad; convivir en comunidad lleva a servir al pueblo; servir al pueblo lleva a conocer más y mejor la Biblia. Y así sucesivamente. No impor ta por cuál de los tres aspectos se comienza. Esto depende de la situación, de la historia, de la cultura, de los centros de interés. Pero, para que el proceso no quede truncado, siempre han de ir juntos los tres:

• 1. Conocer la Biblia. La lectura que de ella hacen los pobres no se para en el estudio. En el clima comunitario, a base de oración y cantos, que ellos siempre crean, el Espíritu actúa: tras la lectura «se quita el velo» (2 Co 3, 12-17) y se descubre la relación del texto con la situación actual.

• 2. Crear comunidad. La comunidad nace de la Palabra como el río de la fuente. Por eso la comunidad vuelve siempre a la Palabra que la hace existir. Y es la fidelidad a la Palabra la que la impulsa a salir en defensa del pueblo.

• 3. Servir al pueblo. Puestas al servicio del pueblo, las comunidades entraron de lleno en el movimiento popular y no vacilaron en comprometerse políticamente. Ahora la misma praxis política está reclamando una vuelta al texto bíblico y u na vivencia comunitaria más intensa de la espiritualidad liberadora.

En las comunidades, cada miembro se identifica más con uno de esos tres aspectos. Esto produce tensiones. Pero, en un clima de diálogo se crea un equilibrio que enriquece la interpretación de la Biblia y evita la unilateralidad. Los tres aspectos forman u na unidad dinámica: cada uno nace de otro, supone el otro y lleva al otro. Pero existe siempre el riesgo de que un aspecto pretenda excluir a los otros dos.

 

Los riesgos

Cuando uno de los tres objetivos ha sido alcanzado, sucede que, por fidelidad a la Palabra, algunos miembros de la comunidad quieren dar un paso adelante. En nombre de la misma fidelidad, otros rechazan la aventura. No siempre prevalecen los que qu ieren ir más allá.

En la Iglesia, todos los grupos usan la Biblia, incluso los más conservadores. Y todos invocan la Biblia. En nombre de la Biblia, los grupos fundamentalistas rechazan la apertura a la realidad. En algunas parroquias, los grupos bíblicos que se encerrar on en sí mismos se convirtieron en los más conservadores. Los más pobres de los pobres no están en las comunidades eclesiales de base, sino en los movimientos carismáticos, en su mayoría fundamentalistas.

No basta con divulgar la Biblia y pensar que la Palabra de Dios hará el resto. Leída fuera del contexto comunitario y de servicio al pueblo, la Biblia resulta ambivalente y fácilmente manipulable. Puede convertirse en un libro reaccionario que acaba le gitimando ideologías opresoras y violencia: el exterminio de los indios en América Latina, el comercio de los esclavos de África, la política racista del apartheid, etc.

Se da también cerrazón en el lado opuesto, pero menos. Al alcanzar la comunidad una conciencia política más clara, puede concentrarse en lo social y en lo político y pensar que lo personal -el estudio y la oración- no lleva a ninguna parte. Toda cerraz ón resulta trágica, porque, aislado, ninguno de los tres aspectos alcanza el sentido pleno.

Hasta en la vida personal del intérprete ocurren estos riesgos. Para conjurarlos, hay que saber mantener un ambiente comunitario y de diálogo, en el que la palabra circula con libertad, la Palabra de Dios genera libertad.

Los hechos están demostrando que el pueblo logra encontrar la manera de unir Biblia y vida y de evitar la ambivalencia. Lo que voy a contar ocurrió en una comunidad de veras pobre. Se leyó el texto que prohibe como carne de cerdo (véase Lv 11,7). Y lle garon a la siguiente conclusión: «Entonces a los israelitas Dios se lo prohibió, a nosotros ahora nos lo manda». Razón: en el desierto Dios prohibió a los israelitas comer carne de cerdo, porque allí, por la falta de agua, el cerdo era peligroso y podía d añar su salud. Nosotros, en cambio, sabemos cómo tratar esa carne y es lo único de que disponemos para procurarles la salud a nuestros hijos. Por eso hoy Dios nos manda comer carne de cerdo». La razón puede o no ser válida, pero el razonamiento es legítim o.

¿Por qué unas comunidades consiguen esa apertura y otras no? Porque algunas parten de su realidad y otras polemizan. En una comunidad ocurrió lo siguiente. En un primer curso bíblico se devanaron los sesos discutiendo sobre Adán y Eva, el paraíso, el d iluvio, la bestia del Apocalipsis. Al año siguiente, la pastoral diocesana prestó mayor atención a la problemática concreta del pueblo: casa, tierra, salud. Esto repercutió en el segundo curso: se acabaron las preguntas polémicas y surgieron preguntas lig adas a la vida del pueblo.

 

El método

No se trata sólo de técnicas o dinámicas de grupo. Lo que importa es articular y transmitir una determinada visión de la Biblia. No sirve cualquier método, sino sólo el que se ajusta a los tres aspectos:

• 1. Partir de la realidad. Los pobres leen la Biblia a partir de la realidad de su propia vida. Buscan en la Biblia orientación para sus problemas reales. Esto crea en ellos una cierta familiaridad con la Biblia.

• 2. Partir de la fe de la comunidad. Los pobres leen la Biblia desde la fe de la comunidad que se les dice: Jesús está vivo y presente entre nosotros. La lectura se convierte en un acto comunitario de fe. Reeditan, sin rótulo, la práctica secular de la lectio divina. Esto genera en ellos una cierta libertad

• 3. Respetar el texto. Los pobres respetan profundamente el texto, hasta a riesgo de un cierto fundamentalismo. Suplen la falta de sentido crítico con su actitud de escucha de lo que Dios les tiene que decir y están dispuestos a hacer lo que él les diga. Esto entraña la fidelidad de quien no sólo oye la Palabra, sino que también la práctica.

Hagamos un esquema gráfico. Dibujemos un triángulo equilátero que reposa sobre su base horizontal. En el vértice superior escribimos: Libertad / Espíritu = Oración / Crear comunidad = Fe

En el vértice inferior izquierdo escribimos: Fidelidad, / Estudiar el texto / Conocer la Biblia.

En el vértice inferior derecho escribimos: Familiaridad / Realidad / Servir al pueblo

Y dentro del triángulo: Escuchar a Dios hoy

Este diagrama esquematiza el método. Cada ángulo constituye un punto de partida y una función en el proceso de la interpretación. Los tres se articulan en orden a alcanzar el objetivo común: escuchar a Dios hoy. Unidos y articulados entre sí , estos tres criterios representan la marca registrada de la interpretación popular.

 

 

Aportaciones de la interpretación popular Sin dejar de ser, de algún modo, nueva, la interpretación popular reasume valores básicos de la tradición:

• 1. El objetivo no es buscar información sobre el pasado, sino iluminar el presente con la luz de la Palabra de Dios.

• 2. El sujeto de la interpretación no es el exegeta, sino la comunidad. Todos en la comunidad participan en la interpretación, incluso el exegeta que tiene un papel especial. Con los ojos de la fe de la comunidad hay que buscar el s entido del texto para ella.

• 3. El lugar social desde donde se hace la interpretación son los pobres y marginados. Esto marca la forma de mirar. La falta de una conciencia social crítica puede hacer al intérprete presa de los prejuicios ideológicos.

• 4. Al unir Biblia y vida, la lectura ha de ser necesariamente ecuménica y liberadora. Ecuménica no sólo ni primariamente en un sentido restringido que implica una apertura a otras Iglesias. Lo más ecuménico que tenemos es l a vida que Dios nos dio. Si ésta corre peligro, ya no es vida. Lectura ecuménica es aquélla que interpreta la Biblia en defensa de la vida y no en defensa de nuestras confesiones religiosas y de nuestras instituciones. En América Latina una lectura en defensa de la vida debe ser liberadora.

• 5. Ahí está la diferencia con la exégesis europea. La fe aquí no corre peligro a causa de la secularización. Es la vida la que corre peligro de ser eliminada y/o deshumanizada. Y lo que es peor: la Biblia corre peligro de ser utilizada p ara legitimar esa situación en nombre de Dios. La interpretación popular denuncia esa manipulación.

• 6. La relación entre AT y NT se ve con otros ojos. Las culturas de nuestros pueblos son nuestro AT. No son aberraciones que el NT va a corregir. Sino nuestras promesas y nuestra Ley que han de culminar en Jes ucristo.

• 7. Los métodos usados por los pobres en sus reuniones son muy simples. No suelen usar un lenguaje racional y discursivo. Prefieren contar y echar mano de comparaciones. Es un lenguaje que funciona que por asociación de ideas. Su preocupa ción primera no es hacer saber, sino hacer descubrir.

Problemas y desafíos

No todo es positivo. Hay problemas y fallos. He ahí algunos:

• 1. Realidad y pueblo: - Hambre y miseria: es difícil hablar de la Biblia a quien pasa hambre y no tiene ni lo mínimo para vivir como persona.

- Falta de tiempo: el trabajo y la dureza de la vida impiden la participación.

- Analfabetismo: ¿seremos capaces de crear una «Biblia de los pobres»?

El silencio del pueblo: silenciado durante siglos, está acomplejado.

- Ciudad y campo: la Biblia surgió en una cultura rural. ¿Cómo adaptarla a las grandes concentraciones urbanas?

• 2. Comunidad y fe: - Liderazgo dominadores que oprimen hablando de libertad.

- El éxodo hacia grupos pentecostales provoca una actitud polémica. ¿Cuál es el fallo en nuestras comunidades?

- La falta de preparación bíblica de sacerdotes y catequistas: la demanda supera a la oferta.

- El problema de las distintas interpretaciones que puede desorientar. Tampoco puede crearse una nueva dependencia hacia los que «saben» más.

- Perjudica la sospecha de marxismo lanzada contra la teología de la liberación. ¿Cómo conciliar la gratuidad con la eficiencia en la lucha por la liberación?

- En la actual coyuntura eclesiástica, es urgente legitimar la interpretación popular a partir de la tradición y de la ciencia bíblica.

• 3. Texto y Biblia: - La gran variedad de traducciones dificulta la memorización y la reflexión.

- El fundamentalismo impide la unión de Biblia y vida. Liberar de la «letra» es el primer paso de la liberación.

- Pero tampoco caer en el otro extremo: no prestar atención al sentido literal y recalar en el subjetivismo.

- Se requiere una profundización teórica, pero el lenguaje ajeno al pueblo le enajena de la Biblia.

- ¿Cómo revelar a los pobres la dimensión bíblica de su vida?

Es muy difícil ofrecer un panorama completo y exacto de todo lo que acontece entre los pobres en relación con la Biblia. Los pobres no escriben libros, no consultan bibliografías ni citan autores. No se preocupan de documentar lo que hacen. El único docum ento es el propio pueblo diseminado en comunidades. A él nos remitimos.

«Selecciones de Teología», 136(octubre-diciembre 1995)285290, Barcelona

Aparición original: «Concilium» 27(1991)143-156.