María elevada al Cielo

 

            No es lo mismo Asunción que Ascensión. Así hablamos de la Asunción de María, mientras que de Cristo decimos que ascendió. ¿Por qué esta diferencia? Pues sencillamente porque la Virgen no es Dios, sino que tuvo que ser elevada por Dios: es el misterio de la Asunción de María al cielo. En cambio, Jesucristo sí subió por su propio poder como verdadero Dios que es, ante la mirada sorprendida de los Apóstoles[1]. Ahí tienes las palabras ascenso y ascensor, que tienen la misma raíz que el término ascensión, indicando elevación o subida. 

            Sabemos que la Virgen María ha sido elevada al cielo, precisamente para socorrer mejor a la tierra y ayudar a los hombres. Así lo enseña claramente el Concilio Vaticano II: “Con su Asunción a los cielos, María no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna. Con su amor de Madre cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y viven entre angustias y peligros hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora…”[2].  

            El Catecismo de la Iglesia Católica resume así el misterio de la Asunción de Nuestra Señora: “La Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde Ella participa ya en la gloria de la Resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su Cuerpo”[3].

            El Papa Pío XII definió como dogma de fe esta gran verdad revelada por Dios: “Para gozo y júbilo de toda la Iglesia… proclamamos, declaramos y definimos que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, al terminar el recorrido de su vida en la tierra, fue asunta (elevada) en cuerpo y alma a la gloria del cielo”[4]. 

            Bellamente lo explica el mismo papa: “Aquella que concibió a Cristo, que lo dio a luz, que lo alimentó con su leche, que lo tuvo en sus brazos y lo abrazó con todo el amor de su corazón… no pudo haberse separado de Él después de esta vida…”[5].

            Se comprende que la Virgen, por haber estado totalmente unida a Cristo junto a la Cruz, como dice el Evangelio[6], unida estrechamente a la Pasión de Cristo, esté ahora también unida a su Hijo en la victoria sobre la muerte. Con toda razón, la Inmaculada no conoció la corrupción del sepulcro. Realmente María está ahora viva con todo su ser completo.  

            Verdaderamente “convenía que Aquella que había conservado siempre intacta su virginidad, conservara su cuerpo libre de la corrupción”, como explica con bella elocuencia el más ilustre transmisor de esta verdad San Juan Damasceno, ya en el siglo VIII.

            Aunque la letra de la Escritura no hable explícitamente de la Asunción de la Virgen, pero esta verdad tiene su fundamento último en la Biblia. Sobre todo, porque la Asunción es la consecuencia lógica y normal de la plena unión de María a Cristo. Unión física viviendo Jesús 9 meses en el seno de la Virgen y 30 años con su Madre en la vida oculta de Nazaret. Y unión espiritual, participando María en la obra redentora de Cristo hasta la Cruz. Por esto, María ha merecido participar también en el triunfo de Cristo resucitado.

            Pero veamos ahora algunas referencias en los siguientes pasajes de la Biblia:

            -Génesis 3, 15: “establezco hostilidades entre ti y la Mujer” La nueva Eva está totalmente unida al nuevo Adán aplastando la cabeza del mal. Es el triunfo de la Inmaculada.

            -Salmo 44 (45): La alegría de la corte del Reino que aclama: “ya entra la Princesa, bellísima” Por eso, “de pie a tu derecha está la Reina” El texto del salmo se le aplica a María Reina, que entra triunfal en el palacio del cielo y se sienta a la derecha del divino Rey…

            -Éxodo 25, 10-22 y Salmo 132, 8: “el Arca de la Alianza”. Los santos padres, los teólogos y los oradores sagrados ven en el Arca de la Alianza, hecha de material incorruptible y colocada en el templo del Señor, una imagen del cuerpo purísimo de la Virgen María que no conoció la corrupción del sepulcro y fue elevada a la gloria del cielo.

            -Cantar de los Cantares 2, 14; 4, 7; 6, 10; 8, 5: “¿quién es ésta que sube del desierto reclinada sobre su Amado? ¿Quién es ésta que va  subiendo cual aurora naciente, como el alba, bella como la luna, brillante como el sol, fuerte, terrible como un ejército formado en batalla?”  “Levántate, amada mía, preciosa mía, ven a mí, Paloma mía, que anidas en las grietas de la roca”, “toda hermosa eres, amada mía, y no hay defecto en ti… me has robado el corazón con una sola mirada de tus ojos… Eres huerto cerrado, fuente sellada”. Aplicado muchas veces por el Pueblo de Dios en sus cánticos y poesías a la Inmaculada: “toda hermosa eres, María, y no hay mancha en ti”.       

            -Apocalipsis 12, 1; 10: “una gran señal, una figura portentosa en el cielo: una Mujer vestida de Sol, la luna bajo sus pies, coronada con 12 estrellas… Y se oyó un gran voz potente en el cielo: ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios y el mando de su Mesías” (el Mesías es Cristo Jesús). Y prosigue el Apocalipsis 12, 17: “irritado el dragón por su fracaso con la mujer, se fue a hacer la guerra al resto de la descendencia (de la Mujer), a los que observan los mandamientos de Dios y dan testimonio de Jesús”. Nosotros somos “el resto de la descendencia de la Mujer”, los hijos de Dios y de María.  

            En esta lucha contra las fuerzas del mal y en medio de los mayores dolores, sufrimientos y persecuciones pongamos toda nuestra confianza en Dios y en María, nuestra Madre. La victoria es de Jesucristo. Gran  confianza tengo yo en ti, Madre y Señora; mi Esperanza está en ti, hora tras hora.

            El Cardenal González Martín comentaba así este misterio de la Asunción: “Toda la vida real de María, la que vivió aquí en la tierra entre nosotros, ha entrado ya en la consumación del cielo que todos nosotros esperamos alcanzar por la misericordia de Dios”[7].

            Saquemos por tanto las consecuencias lógicas de esta verdad de la Asunción. Puesto que la Virgen está toda entera viva en cuerpo y alma, ella tiene ahora sus ojos vivos y despiertos para mirar a la tierra y volver hacia nosotros “esos ojos misericordiosos”. Los ojos de María son del color de la misericordia. Y tiene María sus oídos vivos y abiertos para escucharte cuando la invocas y la rezas. Y tiene también su Corazón vivo, latiendo ahora mismo de amor por ti. María tiene corazón y te ama a ti con todo el amor infinito de su Corazón de Madre de Dios.

            Fíjate que por dos veces habla el evangelio de san Lucas acerca del Corazón de María. Después de llegar los pastores al pesebre de Belén, dice el santo Evangelio, “y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su Corazón”[8]. Y cuando vuelven a Nazaret, como resumen de su vida oculta, en la que Jesús iba creciendo en sabiduría, estatura y gracia… y “su Madre conservaba todo esto en su Corazón”[9]. Luego el Corazón de María es un tesoro donde se guardan para ti los misterios de la vida de Cristo.

            Es muy interesante leer todo lo que el Concilio Vaticano II enseñó acerca de la bienaventurada Virgen María, todo el capítulo VIII de la constitución Lumen Gentium. Habla varias veces del Corazón de María, por ejemplo:

-“María abrazó la voluntad salvadora de Dios con todo su Corazón”[10];
-“una espada atravesó el Corazón de la Madre…”
[11];
-“la Virgen estuvo de pie junto a la Cruz de Jesús, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con todo su Corazón maternal, llena de amor…”
[12].

            Además, María es modelo y tipo de la madre Iglesia. Por eso, a Ella podemos aplicar en primer lugar estas bellas palabras del Concilio: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, especialmente de los pobres y afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón… Se siente verdadera e íntimamente solidaria del género humano y de su historia”[13].

            Es decir, todo lo bueno y lo malo que a ti, querido lector, hermano o hermana, te pasa en tu vida, tiene resonancia en el Corazón de tu Madre. Por eso, tu conducta y comportamiento, tus obras buenas o malas, y tus penas y alegrías, le llegan al alma de tu Madre pues no eres indiferente para Ella.

            Y todo a imitación de Jesucristo que “desde su Encarnación se ha unido con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, actuó con voluntad de hombre…y amó con corazón de hombre”. Literalmente dice el Concilio: “Cristo amó con corazón humano”[14], “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado”[15].

            Al meditar este misterio de la Asunción y entrada de María al cielo podemos poner esta comparación: si Juan el Bautista saltó de alegría en el vientre de su madre, como narra san Lucas[16], al presentir la presencia de la Madre del Señor… cuánto más se llenaron de alegría el Corazón de Jesús y también el Corazón de San José, al recibir a la Virgen en el cielo. San José ha sido el hombre más feliz de la tierra por vivir junto a Jesús y María, y lo es ahora también eternamente en el cielo.   

            Para ser realistas, hay que darse cuenta de lo que supone la Asunción: la diferencia con otros santos. Por ejemplo, el cuerpo de San Francisco lo tenemos en Asís, y sólo su alma está viva; su cuerpo no, hasta que llegue la resurrección final. Ahí tienes también a Santa Gema Galgani, cuya reliquia de Italia llegó a España y se venera en el Santuario Santa Gema de Madrid, y cuyo corazón no volverá a latir hasta el fin del mundo. No sucede lo mismo con el Corazón de María. Éste sí que está ahora vivo, palpitando. Por eso, evidentemente, no existe ninguna reliquia de la Virgen, porque está toda entera en el cielo.

            Por eso, la devoción al Corazón Inmaculado de María tiene su fundamento en esta verdad tan cierta y segura, en este dogma de fe de la Asunción de María en cuerpo y alma. Recuerda siempre lo que escribió Santa Lucía de Fátima: “Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María”.

            Pero como somos pobres y débiles, necesitamos la ayuda del Señor. “Sin Mí no podéis hacer nada”, dijo Jesús[17]. Por eso, como predicaba el valiente mártir San Maximiliano María Kolbe: “quiero amar a Jesús con el Corazón de María y amar a María con el Corazón de Jesús”. 

            Qué bueno es beber de las fuentes de “la Palabra de Dios que es viva y eficaz”[18]. Por eso, leamos lo que está escrito acerca de las palabras que dijo María. Seguro que sabes de memoria las 7 palabras de Jesús en la Cruz, recogidas por Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pues recordemos ahora brevemente las 7 palabras de María, que los evangelios recogen, dichas por la Virgen que fue siempre muy discreta y prudente. Es lo que sabemos seguro que dijo María durante su vida hasta su partida o Asunción.

            ) “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”[19]. La Virgen sabe que sucederá, no lo duda; sólo pregunta el modo[20].

            2º) “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”[21]. María acepta totalmente la voluntad de Dios. Es el Fiat de María.

            3º) “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha mirado la pequeñez de su esclava”[22]. Es el Magníficat de María que pronunció después de saludar a Isabel[23] y recibir de ésta grandes alabanzas[24].

            4º) “Darás a luz un Hijo y le llamarás Jesús[25].  Así la Virgen dio a luz a su Hijo y le puso por nombre Jesús, le llamó Jesús. Es el nombre que la Virgen lleva más grabado en su Corazón, y que repitió tantas veces con inmenso cariño, llamándole Jesús.

            5º) “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”[26]. Lógicamente también le decía Hijo, al hablar con Jesús. Aquí la Virgen manifiesta su dolor ante la pérdida de su Hijo en el Templo de Jerusalén.

            6º) “No tienen vino”[27]. Es la petición de María a Jesús por todos nosotros, lo que pide y desea para nosotros: el vino nuevo del amor, el vino nuevo del evangelio.

            7º) “Haced todo lo que Él os diga”[28]. Es la última palabra de María, el último consejo de nuestra Madre; es el buen consejo de María para el mundo entero: “haced lo que os diga Jesús”.

María, experta en la unión y la alianza

            La Virgen María es experta en unir lo divino y lo humano, el cielo y la tierra. Así el Verbo se hizo carne en su seno virginal. En las entrañas purísimas de María se han unido la naturaleza divina y la naturaleza humana: Jesús, Dios y hombre verdadero. En María se han abrazado la divinidad y la humanidad. Ésta es la dinámica de la Encarnación: Dios hecho hombre. Y cuántas aplicaciones tiene para toda tu vida cristiana, evitando dos posibles extremos: ni sólo lo divino, ni sólo lo humano. Así, por ejemplo, en el Corazón de María están perfectamente unidas la gracia de Dios y la libertad humana. La Virgen colabora libremente al plan divino de la salvación. El Creador y la criatura.

            Qué importante es  tener una visión equilibrada y completa de la realidad, no parcializada ni radicalizada, reduciéndolo todo a uno solo de los dos extremos. Y así en muchos otros campos: la fe y la razón, la religión y la ciencia, la teología y la filosofía, la escritura y la tradición, la Biblia y el Magisterio de la Iglesia, la fe y las obras de caridad, lo espiritual y lo corporal, el alma y el cuerpo, el espíritu y la norma, la oración y el trabajo... Es propio del buen espíritu unir dos cosas buenas. Unidad necesaria para no caer, por ejemplo, ni el idealismo ni en el materialismo.

            En el orden del ser humano hay que valorar al hombre y a la mujer. Ya ves que en todo este artículo presentamos totalmente unidos a Jesús y María, a Dios y los santos, a Cristo y la Iglesia, precisamente porque la ha fundado Cristo y quiere contar con ella. Ya comprendes que lo equivocado es oponer y enfrentar dos realidades queridas por Dios. En definitiva, se trata de descubrir las dos dimensiones de tu vida: la vertical y la horizontal, que forman una cruz, la Cruz de Cristo, con los dos palos vertical y horizontal, que representan también el amor a Dios y el amor al prójimo.

            Pero en esta armonía entre lo natural y lo sobre-natural, no puede tener cabida el odio, la mentira, la hipocresía, el engaño, y toda clase de maldad, es decir, todo lo anti-natural, que, por supuesto, Dios no ha creado ni ha querido para el hombre, porque le destruye y le corrompe. Por eso, decían los santos, siempre misericordiosos: “no al pecado, pero sí al pecador”. Lo que no puede haber pacto es entre el bien y el mal, que viene del maligno.    

            Esta unión entre el cielo y la tierra, que no con el infierno, la explica la gente sencilla de la calle con esta expresión tan razonable: “tener los pies en la tierra, en el suelo, y el corazón en el cielo”.

            Por eso, cuánto bien te hace imitar a María, llamada con razón Nuestra Señora del Equilibrio, la Virgen de la Paz:

Mira a tu Madre del cielo,
qué buena es y qué bella;
mientras pises este suelo,
sea tu constante anhelo
parecerte siempre a Ella.

María y la Eucaristía

            María te lleva al Corazón de Cristo. María te lleva a la eucaristía.

            Y María te lleva también al prójimo, al amor fraterno, a la caridad: pero eso lo veremos al final del libro, en la conclusión, como compromiso real y concreto para nuestra vida.

            Ahora nos fijamos brevemente en la relación profunda entre la Cristo en la eucaristía y la Virgen bendita. Así lo explicaba con mucha claridad el Papa Juan Pablo II en su preciosa carta Ecclesia de Eucharistia. María nos guía al Santísimo Sacramento. Fíjate, amad@ herman@, que en todas las Misas, la Iglesia tiene presente explícitamente a la Virgen, Madre de Dios. En efecto, María “estaba junto a la Cruz de Jesús”[29] y está ahora también presente junto a cada altar de la eucaristía, donde Cristo se ofrece por todos.

            Los hombres y mujeres deseamos una vida plena que nos satisfaga. Nos aflige ver el dolor del mundo y la situación de los más desfavorecidos. Muchas veces la humanidad busca la felicidad por falsos caminos que dejan a la persona insatisfecha y triste…

            La eucaristía sí responde a los deseos más profundos que el ser humano lleva inscritos en su corazón. La eucaristía te llena de Amor, el amor de Dios en tu alma que tiene sed de Dios. En la Santa Misa, por el poder del Espíritu de Cristo Resucitado, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, presente en cada Sagrada Comunión.

            El Corazón de Cristo, recordaba el papa, late vivo en la eucaristía que da la vida al mundo. La fuerza y el consuelo del Señor están a tu alcance en la eucaristía, en cada sagrario de una Iglesia. Puedes leer despacio el capítulo 6 del evangelio de san Juan, que recalca la realidad de este alimento del Pan de la Vida. También los textos de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas en el relato de la Última Cena. Y el de san Pablo en su Carta a los Corintios, que es muy importante[30]. 

            Es muy necesaria para la limpieza de tu alma y para recibir dignamente al Señor en la Comunión, confesarte bien acercándote al sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación y de la Penitencia. También para animarte a esta purificación de tu corazón, es experta la Virgen Purísima que te ayuda y pide por ti a Jesús.

            Si no lo estás haciendo ya, ¿te gustaría ofrecer a tu Madre asistir a la eucaristía con más fe y alegría cada día, especialmente los domingos, que es  el Día del Señor? María te acompañe y te prepare el alma para unirte cada vez más al Corazón de Jesús, resucitado, vivo, sacramentado, que te espera, te quiere y te ama de verdad.

            El Pueblo de Dios tiene perfectamente unidos el amor a la eucaristía y el amor mariano. Qué bellamente cantan los cristianos esta fe ante la Custodia del Señor: “¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar y la Virgen concebida sin pecado original!”.

            Si quieres, estimad@ herman@, le aplico a la Virgen María este breve poema de amor, como dicho por el Espíritu Santo a su amada y bellísima esposa: “esposa, preciosa, eres más hermosa y graciosa que las rosas de Navahermosa”.

            Para tu curiosidad, puedes investigar en internet la belleza del pueblo de Navahermosa (España), en medio de los Montes de Toledo, así como la bondad, calidad humana y hospitalidad de los habitantes de este pueblo, que tienen por patrona y protectora a Santa María del Rosario.

            A propósito de la poesía, te hago una pregunta: ¿Te gustan, quizás, las rimas del famoso poeta, mi tocayo Gustavo Adolfo Bécquer?  

            Pues bien, yo también te ofrezco unos versos, que dedico a María, la Reina del cielo y de la tierra:

María, preciosa blancura,
de Dios criatura,
de hermosa figura,
profunda hondura,
y elegante finura;
María, del cielo hechura,
y de la tierra hermosura,
de santa frescura,
y sabia soltura.
Te cantan el arte
y la sabia escritura,
la bella pintura,
la fuerte escultura
y miles de iglesias
de la arquitectura;
la entera cultura.
Nada de blanduras,
ni muchas dulzuras,
la fe de armadura:
pasaste las noches oscuras.
Tú eres, María,
cariño y ternura,
fortaleza segura,
nuestra Madre de luz siempre pura.
En fin, ten piedad de este cura
que tu gloria procura
y amor te asegura. Amén.

            La Virgen es la Reina de cielos y tierra, como afirma Juan en el Apocalipsis, al contemplar a la “Mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, coronada con 12 estrellas”[31]. Es la Madre del Rey del Universo, con toda la fuerza que la Biblia, ya en el Antiguo Testamento, otorgaba a la “Reina-Madre”. Pero como muy bien dice la doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Lisieux, “María es Reina, sí, pero es más Madre que Reina”. Es nuestra abogada y defensora.

            Es curioso que a lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María haya sido preparada por la misión de algunas mujeres como la reina Esther, bella historia narrada en el libro hebreo de Esther. Contra toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil, para mostrar la fidelidad a su promesa. Ahí tienes los interesantes ejemplos de Ana, la madre de Samuel, Débora, Rut, Noemí, Susana, Judit y, como hemos dicho, la Reina Ester, además de otras muchas mujeres de la Biblia.

            Presentemos ahora solamente la figura hermosa de Judit, que tiene muchos parecidos a la Virgen María, que aplastó la cabeza del mal:

            En momentos de gran crisis y peligro, Judit se enfrentó al prepotente agresor, convirtiéndose en mediadora decisiva de la salvación de Dios. Así Judit se presentó sin miedo ante el injusto opresor, el general Holofernes, jefe de un inmenso ejército, compendio de todos los enemigos de Israel. Judit se introduce en la tienda de Holofernes que está ebrio de poder y soberbia, le corta la cabeza y retorna victoriosa e intacta:

-Holofernes representa el orgullo altivo y la prepotencia enemiga;
-Judit representa la confianza en Dios, que bendice a los débiles e indefensos.

            La liberación final no es producto de milagros o acciones maravillosas, sino que se obtiene a través de la astucia y la audacia de una mujer que pide a Dios la fuerza y decisión que necesita para salvar a su gente. Todo acaba en alegría y alabanzas a Dios y a Judit.

            Así la bendicen todos en Israel: “Hija, que te bendiga el Dios Altísimo entre todas las mujeres de la tierra. Bendito sea el Señor nuestro Dios que creó el cielo y la tierra y te guió para que golpearas la cabeza del jefe de nuestros enemigos. Cuantos recuerden esta hazaña de Dios, jamás perderán la esperanza que tú inspiras… Tú has remediado nuestra ruina, actuando así rectamente ante Dios”[32].            

            Y todos la felicitaban a una voz diciendo: “tú eres la Gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú el honor de nuestro pueblo. Tú sola has hecho todo esto. Has hecho un gran bien a Israel y Dios se ha complacido en ello. Que el Señor todopoderoso te bendiga por siempre… Gloria al Señor nuestro Dios que se sirvió de una mujer con la belleza de su rostro para rechazar al enemigo”[33]. 

            Y así Judit trajo la paz a Israel y alejó todos los temores y miedos.

            Y yo pregunto al acabar este relato: esta profecía de mujer ¿de quién mejor es figura que de la Inmaculada Virgen María? Dios que la inspiró, anticipaba así la victoria que nos traería María dándonos a Jesús.

            El libro resalta la belleza de esta mujer imagen de María: “el pueblo quedó cautivado por su belleza”[34]. Todo esto nos recuerda otras muchas alabanzas de la Sagrada Escritura: “ya entra la Princesa bellísima, prendado está el Rey de tu belleza”[35]. Otras traducciones del hebreo dicen: “esplendorosa, hermosa”. Lo que en castellano sencillo sería “preciosa, linda, graciosa, bonita, guapísima”. Todo es poco para plasmar la belleza de la Reina del cielo. Todo artista, pintor y poeta, se queda corto ante esta obra maravillosa de Dios.

            Así lo indicó el Papa Pablo VI en el Congreso Mariológico Internacional de 1975: “María es la criatura toda hermosa; es el espejo sin mancha; es el ideal supremo de perfección que en todo momento han intentado reproducir los artistas en sus obras; es la mujer vestida de sol, en la que los rayos purísimos de la belleza humana se encuentran con los sobrehumanos, pero accesibles, de la belleza sobrenatural. María es la llena de gracia, rodeada por el Espíritu Santo… Es realmente un gozo para el mundo, es una obra maestra de Dios, el Autor mismo de la belleza”.

            Vamos a terminar este capítulo de la Asunción de la Virgen con esta bella y sencilla oración que aprendí de unos buenos amigos de México y que se reza mucho en Hispanoamérica; vale igual para nosotros y para todo el mundo.

Dulce Madre, no te alejes,
tu vista de mí no apartes,
ven conmigo a todas partes
y solo nunca me dejes.
Ya que me protejes tanto
como verdadera Madre
haz que me bendiga el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo.

Gustavo Johansson
sacerdote diocesano
Director espiritual de Mercabá

___________

[1] cf. Hechos de los Apóstoles 1, 3-11.

[2] cf. Vaticano II, Lumen Gentium, n. 62.

[3] cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 974.

[4] cf. Denzinger, Enchiridion Symbolorum, n. 3903.

[5] cf. F.I.C, n. 421.

[6] cf. Juan 19, 25.

[7] cf. Card. González Martín, Homilías, 15 agosto 1990.

[8] cf. Lucas 2, 19.

[9] cf. Lucas 2, 51-52.

[10] cf. Vaticano II, Lumen Gentium, n. 56.

[11] cf. Vaticano II, op.cit, n. 57.

[12] cf. Ibid, n. 58.

[13] cf. Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 1.

[14] cf. Vaticano II, op.cit, n. 22.

[15] cf. Hebreos 4, 15.

[16] cf. Lucas 1, 41. 44.

[17] cf. Juan 15, 5.

[18] cf. Hebreos 4, 12.

[19] cf. Lucas 1, 34.

[20] Ésta es la traducción literal, exacta: “será”, en futuro. Así lo escribió san Lucas en griego: pos estai tuto. María sí cree al Ángel, sí cree en el poder de Dios. Ella no ha dicho ¿cómo va a ser posible eso? sino “cómo será eso”, que es distinto. María no ha dudado como otros.

La prueba es que Isabel, movida por el Espíritu Santo, la felicita en cuanto llega, diciéndole “feliz tú que has creído”, o mejor, “dichosa la que creyó que tendrán cumplimiento las cosas que le han sido dichas de parte del Señor” (cf. Lucas 1, 45).

[21] cf. Lucas 1, 38.

[22] cf. Lucas 1, 47-55.

[23] cf. Lucas 1, 40.

[24] cf. Lucas 1, 42-45.

[25] cf. Lucas 1, 31.

[26] cf. Lucas 2, 48.

[27] cf. Juan 2,  3.

[28] cf. Juan 2, 5.

[29] cf. Juan 19, 25.

[30] cf. 1 Corintios 11, 23-29.

[31] cf. Apocalipsis 12, 1.

[32] cf. Judit 13, 18-20.

[33] cf. Judit 15, 9-10. 5-6.

[34] cf. Judit 10, 7.

[35] cf. Salmo 44, 12-14.