LA CRUZ: UN ARBOL CON ABUNDANTE FRUTO Y ZUMO

 

 

Fue necesario un Viernes Santo y lo sigue siendo en nuestro tiempo: para que alguien viva, otro tiene que aprender a morir en algo. Frente a muchos árboles dañados y con fruto envenado, es bueno plantar otros que garanticen la VIDA con mayúsculas, en un futuro.

La cruz, en este Viernes Santo, nos habla de la locura infinita del amor de Dios al hombre. Un amor que es misterio, desgarro y perdón. Si misterio, es la muerte de cualquier ser querido que ha compartido nuestra existencia, mucho más lo es la de Aquel que siendo justo y bueno, asumió todo en El para descubrirnos el valor de una palabra dada, de lo anunciado desde siglos. Para, que comprobemos en primera línea, la diferencia cualitativa y cuantitativa, de nuestros “amores interesados y dosificados”, al gran amor (inmenso y gratuito) de un Dios que no conformándose, con la manera con la que siempre había hablado a su pueblo, actúa y nos causa desconcierto para que conozcamos a las claras su salvación. ¿Misterio? ¡Misterio y rompecabezas!

 

¡Este es el árbol de la cruz! Aquí se desangra un Dios que molesta a algunos por, el simple hecho, de que ha querido ser, también,  hombre. Que descoloca a otros, porque simplemente, prefiere permanecer en la cruz sin ceder  a chantajes de los que le gritan.

¡Este es el árbol de la cruz! Sin imposiciones, sin especiales efectos, sin fuegos en las zarzas,  ni grandes escenografías: ¡DIOS DESNUDO! Así vino en Belén y…así se nos va en el calvario. Nunca, la grandeza divina, alcanzó tan alta cota de humanidad.

¡Este es el árbol de la cruz! Recojamos el zumo de su fruto: la redención. Seamos capaces de reconocer su savia, como  surtidor de vida para todo aquel que es capaz de beberla con fe y de recogerla con contemplación. Vino Dios, por una puerta pequeña en Belén, y se marcha por otra mucho más pequeña y más castigada: la humildad, el silencio, la soledad, el abandono, la traición, la negación…..

Pero, entonces en Belén y hoy en el calvario, Jesús sigue despertando los mismos sentimientos:

Ante el acomodado: rechazo

Para el orgulloso: incomodidad

Ante el poder: desestabilización

Para el egoísmo: desprendimiento

Ante el que cree; amor.

Para el que espera: salvación.

Ante el que le sigue: fe

 

Hoy, Viernes Santo, (como entonces en Belén) habrá muchos que vivan indiferentes al amor y a la ternura de Dios. Nació el amor en el pesebre y, de nuevo vuelve a renacer, en un pesebre alzado en forma de cruz. ¿Se puede hacer algo más por el hombre?

Hoy, Viernes Santo, (como entonces en Belén) habrá otros tantos que intenten aniquilar a los que asciendan a los árboles de la verdad y de la paz, de la justicia y de la dignidad humana. A los que son pregón de un mundo en dirección opuesta a la que va.

Hoy, Viernes Santo, (como entonces en el Calvario) se levantará algún que otro dedo acusador señalando a los demás para disimular sus propias vergüenzas.

Hoy, Viernes Santo, (como entonces en el Gólgota) Dios muere y muere por lo mismo: por un hombre que se resiste a  entender que, a veces el amor de Dios, viene de forma imprevisible. Incluso sorprendiéndole (sorprendiéndonos), y produciendo escalofríos en la cruz. ¡En verdad, éste, era Hijo de Dios!

J.L