VIERNES SANTO

¡Lo ha hecho por nosotros!

 

 

El color de nuestros altares, como si fuesen calvarios donde emerge la cruz, es el color rojo de la sangre de Jesús.

Es el tono de la sangre que, deslizándose suavemente por el madero, perdona y olvida la ingratitud del hombre. El cerrazón de tantos corazones. ¡Cuántos hermanos nuestros, hoy aún siendo cristianos, vivirán al margen de estas horas sagradas!

Hoy, el mejor lenguaje, la palabra más elocuente y didáctica, es el silencio

-Dios lo ha dicho todo

-Dios lo ha hecho todo

-Cristo lo ha puesto todo

-Cristo lo ha entregado todo

¿Podemos esperar algo más del amor de Dios? ¿Hay mayor signo que dejar a un hijo, a expensas de la cruz que escandalizadora pero redentora?

¡Bendita esta cruz que acoge al que se deja traspasar, crucificar e insultar por los hombres!

La pasión de Jesús nos conmueve. ¡Lo ha hecho por mí! Debiera sugerirnos la reflexión de este día. ¡Se deja clavar por nosotros! Es el gemido de la comunidad cristiana.

No podemos quedarnos impasibles ante la dignidad de la cruz. En ella, hoy, cierra los ojos aquel que tanto hizo por los que lo crucifican: Jesús. Por ella naceremos a una humanidad redimida del pecado y del absurdo de la muerte. ¡Por ella! ¡Por la cruz!

Hoy las palabras cesan. Hablan los gestos. Y, sobre todo, el gesto valiente y decidido de subir a la cruz, por aquellos que no nos atrevemos ni a subir un palmo de ella.

-¡Bendita sea la cruz del Señor! En ella un corazón se desangra para hacer una transfusión de vida al género humano.

-¡Bendita sea la cruz elevada en el calvario! Desde lejos, aunque hayan pasado muchos siglos, la vemos como una plataforma, desde la cual,  recuperamos la dignidad y la salvación.

No podemos ser meros espectadores. Jesús se comprometió, en carne propia por el Reino de Dios. No representó ningún papel como actor: llevó hasta las últimas consecuencias su mensaje no precisamente en un escenario y entre bambalinas. Lo hizo de la forma más cruenta y humillante: en la cruz y dejándose tratar como un delincuente. Su sangre ha sido derramada para que sigamos teniendo vida; abundante, definitiva, eterna.

¡Lo ha hecho Dios por mí! ¡Cristo ha subido a la cruz por mí! ¡Ha muerto Jesús por mí!

¿Por qué lo dejamos morir? ¿Por qué lo silenciamos en una sociedad ruidosa? ¿Por qué hemos hecho de la cruz un adorno o un amuleto alejándonos de su sentido primero? ¿Por qué seguimos empeñados como el mal ladrón en mirar al simple asfalto exigiendo pruebas y milagros y olvidándonos, como el ladrón bueno, del auténtico cielo?

¡Bendita sea la cruz que produce emoción y fortalece la fe en este Viernes Santo! Un madero cruzado que abraza. Un madero elevado que nos lleva al encuentro con Dios. Un madero metido en la tierra para comprometerse con la causa del hombre.

La sangre de Jesús no ha sido inútil. NO se ha perdido entre los arbustos del calvario. Entre la cruz y la tierra que la sustenta, estamos nosotros. Su sangre ha caído no sobre nuestras cabezas sino para ser salvados. ¡No dejemos que se pierda ni una sola gota!

Aprovechemos esa transfusión de vida. Esa fuerza que nos baja de la cruz para los que caminamos en la tierra: Dios en Jesucristo humillado, crucificado y..sin apenas decir 7 palabras.

Contemplemos el horizonte que está al fondo de la cruz. Un telón de silencio y de muerte, de abandono y de humillación dará lugar a la mañana más feliz y radiante de la Pascua.

Viernes Santo, es el regalo más costoso y también más incisivo  que nos ayuda a entender y comprender los quilates del amor de Dios.

 

 

LA PALABRA EN LA CRUZ

Cruz que te elevas, para que no perdamos el rumbo

Cruz que desangras, para que tengamos vida

Cruz que hablas, aunque no entendamos tu duro lenguaje

Cruz que guardas silencio, aunque sí escuchemos tu llano

Cruz perforada por manos inconscientes

Cruz que te clavas, para que nosotros no seamos clavados

Cruz que dejas llevar, para que no olvidemos nuestras miserias

Cruz que te abres al hombre, para que seamos solidarios

Cruz que apuntas a Dios, para que no olvidemos lo divino

Curz que nos rescatas, para que no nos quedemos en el abismo

Cruz que nos redimes, para que no perdamos la esperanza

Cruz que nos haces fuertes, haciéndonos luchadores del Reino

Cruz que nos das afán de superación

Cruz que nos otorgas la vida, clavado VIDA en tu madero

Cruz que desafías a la muerte

Cruz que nos sacas de la indiferencia

Cruz; cruz con Jesús

Cruz; eres la última palabra, la más misericordiosa,

la más elocuente, la más definitiva, la más universal

la palabra, más silenciosa y más dolorosa, de Jesús

Amén.

J.Leoz 2006