DOMINGO DE RAMOS

Lo recibiremos con aclamaciones
y, en viernes santo, lo despediremos en el silencio más absoluto

Le cantaremos ¡Hosanna al Hijo de David!
y, en el Gólgota ,le gritaremos: ¡Si eres Hijo de Dios baja de la cruz! 

Alfombraremos aquí su camino con olivo y palmas
y más adelante, en cualquier esquina,
le negaremos como al eterno desconocido 

Hoy, en los aledaños de nuestras ciudades y calles,
seremos su pueblo
mañana nos convertiremos
en aquellos que nunca con El estuvimos 

Con las palmas y ramos lo acogemos
como  promesa esperada y por fin cumplida
y, cuando sea ajusticiado,
asistiremos cómplices con nuestro silencio

           

 

oy, Cristo, entra en la ciudad de nuestros corazones y los encuentra preocupados y ocupados por desesperanzas que nos impiden vivir con libertad y con la alegría de los Hijos de Dios
           
oy, Cristo, cruza el pórtico de nuestra vida para que entendamos que su costado (pronto desgarrado y abierto) es un surtidor del que brota vida abundante y que se da con pasión y sufrimiento para que no olvidemos que
será triunfo en la mañana de Pascua.      
 

Hoy, Domingo de Ramos, comienza la semana más santa de los cristianos. En ella transcurren aquellos misterios de la pasión y muerte del Señor que se iniciaron con su entrada triunfal en Jerusalén.

 

lo hará con gloria

saldrá de sus muros envuelto en sangre

lo hace montado en pollino recién estrenado

caminará con una cruz gigante e ignominiosa  diseñada ferozmente para sus hombros

se abre camino consciente del pecado que esconde el pueblo que le vitorea

lo hará pagando cruel tributo por aquellos que le dijeron ¡Si! pero pronto le olvidaron

desfila en medio de cánticos y alabanzas

subirá hacia el monte Gólgota acompañado de un coro de burlas y de risas, de corazones duros e implacables

con nuestras palmas, le diremos a Jesús que queremos compartir con El su victoria; que nuestra vida es suya; que su verdad ha de ser nuestra verdad; que daríamos la vida y mucho más antes que perderle

nos asustará de tal manera la ostentosidad, la cercanía y la crudeza de su cruz que llamaremos a un cirineo para ayudarle
 

Encuentros y desencuentros, amigos e infidelidades, promesas y traiciones, subidas y bajadas...
son en la vida de todo creyente una constante

El Señor, aún conociéndonos desde donde, con qué intereses y tonalidades recibe nuestros honores y nuestras gloria, compartirá con nosotros, ya desde ahora, su victoria  (que será nuestra también) sobre la muerte.

Señor, ¡cuánto me acuerdo de aquel villancico en la noche santa de tu nacimiento!; “hoy son rosas y flores....mañana dolor y hiel”.

¿Decidimos acompañarle estos días?

Javier Leoz

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