CINCO VIVENCIAS DE CRISTO

PARA LA CUARESMA

 

 

CRISTO DEL CIELO

Nos invita a descubrir los destellos de la luz divina que vienen del cielo. Para ello es necesario elevar nuestra mirada hacia arriba ayudada y orientada con los prismáticos de la fe. Los tesoros más valiosos no son los que se encuentran pisando la tierra y ahondando en ella. Cristo, en la cuaresma, nos invita a entrar en comunión con ese Dios que se da de una forma preferente en aquellos que le desean con sincero corazón. El corazón del hombre es un espacio donde, cuando se busca, se encuentra la huella de Dios

El cielo ya está en la tierra, hay que saber encontrarlo. Teresa Merlo

 

 

CRISTO DEL HOMBRE

Mirando al cielo, pero olvidando la tragedia del mundo, nunca podremos decir que hemos encontrado a Dios. Cristo, en esta cuaresma, nos enseña que la comunión con Dios nos exige un paso adelante en nuestras relaciones con los demás. ¿Cómo podemos creer en Dios al que no vemos sin creer en el hombre que está delante de nosotros? «Si no amáis a vuestro hermano, a quien veis, ¿cómo amaréis a Dios, a quien no veis?» (Jn 4,20).

 

 

 

CRISTO DEL PARAGÜAS

El viejo adagio "nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena" se cumple con demasiada frecuencia en la vida de los cristianos e, incluso, en la de aquellos que presumen de no serlo pero endosan a Dios la responsabilidad de todo lo negativo que ocurre en el mundo: la fe tapa-agujeros. Aquella que sale a flor de piel cuando por sí mismo, el hombre, es incapaz de dar respuesta a tantos avatares que salen a su paso.

La fe "del algodón mágico" es aquella que mira a Cristo, no para que le lleve a una comprensión de Dios, sino para que le solucione la papeleta del día a día. Siempre es bueno recordar la respuesta del crucifijo de una famosa  leyenda a un cristiano inconformista: "te recuerdo que Dios, mi Padre, te ha creado a tí".

 

 

CRISTO DE LA NOCHE

La fe ilumina toda la existencia del creyente. En los momentos de alegría se convierte en acción de gracias y, en las situaciones de prueba, en fortaleza para seguir adelante.

Cristo, en la cuaresma, nos invita a ver en la cruz, el delirio de un Dios que rescate del hombre sin pedir nada a cambio. Mirando a la cruz de Jesús todas las penas se convierten en diminutas, los sufrimientos en soportables, las persecuciones en llamadas a la profesión de la fe.

La noche oscura, en la vida de un cristiano, son horas que hay que saber aprovechar para agarrarse al asidero de la cruz.

No hay peor cosa que, en la tormenta, hacer mudanza. Diría San Ignacio de Loyola.

 

 

CRISTO INVISIBLE

Cuántas  veces no vemos las cosas claras. Todo nos parece insípido e irracional. Quisiéramos dar respuesta a muchas preguntas y...no podemos.

Cristo, en la cuaresma, nos invita a ver el fondo del Huerto de Getsemaní. La ausencia, aparente de Dios, se convierte automaticamente en "nuestra hora": la fidelidad en el vacío.

¿Quién de nosotros no ha sentido -en más de una ocasión- el vértigo de la soledad ante unas  decisiones que podrían marcar y condicionar toda nuestra vida?

J.Leoz