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UN EMPUJE HACIA LA PASCUA: SAN JOSÉ |
El 19 de marzo, a horas escasas del Domingo de Ramos, la iglesia nos propone a nuestra consideración una figura de fe, equilibrada y respetuosa, emblemática y un eslabón del Antiguo con el Nuevo Testamento: San José.
1.Esta fiesta acentúa y nos dispone a lo que nos queda por vivir y celebrar en estos próximos días: San José desplegó el telón, desde el principio, (con delicadeza y humildad, sin ruido y sin apariencia alguna) para que los ojos del pueblo pusieran su atención en Aquel que venía en el nombre del Señor. ¡Hosanna al Hijo de David!
San José, ante el paso del Señor por nosotros, nos invita a acogerle como él lo hizo en Belén: sin objeción y con contemplación.
Sólo desde la docilidad, fiándonos de Dios, podremos sacar conclusiones bien prácticas para nuestra vida cristiana y siguiendo de cerca los pasos de Jesús.
José, aunque las sagradas escrituras no lo señalen demasiado, estoy seguro que también pasaría lo suyo en su intento de seguir el ritmo de un niño, y de un joven que rompía esquemas y moldes, y por el que hasta su misma familia, en más de una ocasión, sería diana de incomprensiones y de dardos acusadores.
2.Tal vez, el Jesús de la Pasión que vamos a revivir en estas próximas jornadas, tomó ejemplo de muchas actitudes y gestos de su padre adoptivo: José calló cuando tuvo que callar, obedeció aún sin comprender y silenciosamente (en la más estricta soledad o anonimato) desapareció de las páginas evangélicas.
¿No nos suena todo esto, a la actitud con la que Jesús emprende su camino hacia Jerusalén? Callará, obedecerá y silenciosamente (en un testamento de escasamente 7 palabras) morirá.
El viejo adagio nos dice aquello de “mucho ruido y pocas nueces”. En la vida de San José, por existir el silencio y la sobriedad junto con la profundidad, podemos concluir sin temor a equivocarnos que le acompañó una fe sólida, convencida, confiada y contrastada con la Palabra de Dios que se proclamaba en la sinagoga.
Vivamos con intensidad esta Semana Santa y, pidamos a Dios por intercesión de San José, que también en las horas decisivas de nuestro personal calvario podamos contar con Aquella que estuvo, lo dicta el corazón, en la cabecera cuando murió el Patriarca y a los pies de la cruz cuando murió Jesús: MARIA. Hasta en eso, Jesús y José, tuvieron algo en común a la hora de pasar del mundo al Padre.
J.Leoz
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ORACION
Enséñanos, José,
cómo se obedece sin rechistar cómo ser eslabón entre el presente y el futuro cómo luchar frente a tanta desesperanza cómo sentirse eternamente joven
Dinos, José, cómo se sirve sin mirar a quién cómo se sueña sin más tarde dudar cómo morir a nosotros mismos cómo cerrar los ojos, al igual que tú, en los brazos de la buena Madre.
Explícanos cómo se alcanza la gloria desde el silencio cómo se es fiel sin enfadarse con el cielo.
Dínoslo, en este tu día, buen padre José. Amén.
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