IV DOMINGO DE LA PASCUA

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco” (Jn 10,27-30)

   
LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS INTERPELA A:
   

-Ser menos jefes y más pastores de la Iglesia

-Pedir a DIOS que necesitamos más pastores en su Iglesia y menos jefes en la iglesia

-A no poner excesivo peso en los hombros de los demás y a cargar, cuando haga falta, con aquel que –tal vez- está un poco cansado

-A no conformarnos con aquellos que están alrededor y sí  a salir de nuestro círculo  con valentía, para recuperar a los que hace tiempo se perdieron, los perdimos o los dejamos escapar.

   
   
LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS URGE A:
   

-No ser funcionarios eclesiales y sí personas que quieren ser felices llevando el mensaje de Jesús.

-Mirar a los ojos a los que, tal vez, hemos olvidado o marginado porque nos resultaban incómodos o proféticos para nuestra vida.

-Realizar un esfuerzo mayor en el conocimiento, y menos en los juicios, sobre aquellos a los que desde nuestra posición privilegiada castigamos con el látigo de la indiferencia.

   
   
LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS EMPUJA A:
   

-Preguntar por aquellos que, tal vez, se encuentran inmersos en mil soledades y al borde del “crac” personal y de una “ruptura existencial”.

-Interesarnos por aquel al que le pusimos veto en nuestro redil.

-Curar las heridas producidas  por la excesiva  dureza del cayado con unos o...por la blandura y el consentimiento del mismo cayado con otros.

   
   
LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS ENSEÑA A:
   

-Salvar a personas, con nombres y apellidos concretos, que viven circunstancias de orfandad y de decepción, de pasotismo o indiferencia.

-A comprender y liberar (no indagar) en las historias personales de aquellos que viven bajo el peso de ellas. Si Dios perdona…¿nosotros no?.

-A dar la vida (en gestos y palabras, en decisiones y cercanía) no a los pocos que tal vez eclipsan la realidad donde vivo sino, también, por aquellos otros que han visto para  siempre algunas puertas.

   
   
LA FIGURA DEL BUEN PASTOR NOS  INVITA A:
   

-Poner menos empeño y tiempo en dinámicas, en reuniones y delegaciones....y a interesarnos más por aquellos pastores que dando el todo de su vida se encuentran al borde de muchos precipicios.

-Cerrar el paraguas de tantas ideas que gastan a las personas y  que se quedan sobre la mesa y...a recorrer muchos caminos que nos llevan a las personas, a sus circunstancias y a su realidad concreta.

-Construir una Iglesia donde, de verdad, sintamos la presencia del Pastor (Jesús) por el testimonio, la palabra, el interés, la cercanía, la comprensión, etc., a través de aquellos pastores que hablan y actúan en su nombre.
 

Javier Leoz
Sacerdote