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Allá, donde el río Tajo ciñe una península rocosa, se levanta airosa y despustando al cielo su gigantesca aguja catedralicia desde tiempo inmemorial, una población fortificada: Toledo. Una ciudad que ha sido clave en la historia de España, capital imperial con Carlos I, ciudad del Greco, siempre foco de cultura , encuentro de civilizaciones , sede primada de la Iglesia en esta península en tierras de Castilla-La Mancha y, ¡cómo no!, resumen de buena parte de la historia de España por ser sede de sus Cortes hasta el siglo XVI. Un asentamiento protegido desde los tiempos de los romanos por una muralla sillar y dormida...pero, el interior de los habitantes, arropado y abrazo –ya no por el Tajo que baja para no volver- sino por aquella que en la memoria perdida en los siglos nos dejó a María en la advocación del SAGRARIO PATRONA DE TOLEDO para quedarse siempre con nosotros. Acercarse a esta imagen mariana es dejar que dejar que nazca espontáneamente el mismo sentimiento que embargó a Alfonso X en sus Cántigas a Santa María. Es unirnos a reyes y reinas ,como Isabel la Católica, que supieron ver y rezar en la misma dirección –con los mismos ojos y manos – con que lo hizo su pueblo. Es defender, como nuestros antepasados cristianos lo hicieron en Toledo, la belleza y pureza sin par y singular de Santa María. ¡Tanta belleza vieron en ella....que la hicieron merecedora de guardarla como el mejor tesoro dentro de un sagrario! Esta imagen, del siglo XIII revestida de plata, sigue siendo agua fresca que calma toda sed cuando, en la víspera de su gran fiesta del 15 de agosto, los toledanos con botijo en mano se acercan hasta su imagen pidiendo los favores y la felicidad que el mundo no sabe o no puede dar. |
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UNA PALABRA: |
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-Cuando Toledo mira e implora a María.....sabe que, ésta, siempre le responde con la misma palabra: JESÚS. -En Toledo, no podría ser de otra manera, se funde Cristo y María para enseñarnos esta gran catequesis: María no tiene otro fin sino el de llevarnos a Dios. -Cada Corpus Christi, desde la custodia emblemática y única, surge siempre una voz suave y escondida que resuena en todas las calles y plazas toledanas: “haced lo que Él os diga”. -María, aun estando en el Sagrario de la ciudad de Castilla, sabe que ese lugar lejos de corresponderle le convierte en la mejor patena y en la mejor distribuidora de lo que es presencia real en el Misterio: Jesús Eucaristía. |
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