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Ni
el paso de los tiempos, ni el mazazo secularizador a la que
constantemente está sometida nuestra vida cristiana ha logrado
oscurecer y, menos aún, erradicar la devoción a Santa María.
Es
difícil ascender a los mismos Alpes y no encontrarse con una silueta
de Ella. Descender a los fondos de los valles y no toparse con una
ermita blanca y cuidada. Subir y bajar por las encrucijadas de mil
caminos y carreteras y no distraerse por una reseña o capilla,
santuario o basílica que nos remitan a Ella.
El ayer, y aún el hoy, en rincones y cumbres,
iglesias, plazas y calles........nos sigue hablando de Ella.
Mes
de mayo y sigue brotando la fuerza de la Pascua. Mes de mayo y, en
él, florece el fruto de una siembra:
MARIA.
¿Cuál es el secreto
de esta devoción para que haya subsistido en el paso de los
tiempos?. Tal vez sea, entre otros
muchos , que ha sido y es el alma y la vivencia de muchos pueblos.
Ignorarla o suprimirla sería reducirlo todo al puro pragmatismo y al
mismo asfalto.
Hoy, como es
lógico, os llevo hasta las entrañas y cabecera de la Diócesis de
Pamplona (Navarra/España): en su catedral .....SANTA MARIA LA REAL.
Detrás de
una monumental fachada neoclásica se esconde la catedral gótica de
Pamplona. En el presbiterio, bajo un baldaquino neogótico labrado en
plata, se encuentra Santa María la Real. Su fiesta se celebra el 15
de agosto.
Estamos en
el final de la segunda etapa del Camino de Santiago entrando por
Roncesvalles.
La imagen,
la podéis contemplar en fotografía, es una auténtica joya y de gran
belleza artística (siglo XII) y.... espiritual (sigloXXI).
Ante ella (de
ahí su nombre) juraban y eran coronados los Reyes de Navarra
velando, la noche anterior a su coronación, sus armas. Igualmente,
ante esta imagen, se reunían las Cortes de Navarra y a sus pies eran
enterrados los mandatarios reales.
Con motivo
de su coronación, en 1946, tuvo lugar en Pamplona una concentración
de las principales imágenes medievales de Navarra.
El lugar de
dicha coronación, cercano a la Plaza del Castillo, es rememorado aún
hoy día por una gran placa que recuerda el acontecimiento.
En 1955, como anécdota mariana, Navarra
se consagró a su Inmaculado Corazón. El momento quedó fundido en un
“corazón de oro” con el que obsequiaron a Santa María la Real todos
los navarros. |