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En el año 1392, la reina Catalina de Lancaster visita el altozano situado en término de Nieva donde supuestamente se había encontrado bajo tierra una imagen de la Virgen, llamada por este motivo de la Soterraña. La reina se interesó por aquel lugar y ordenó que allí se levantara un santuario para su culto y, en torno al templo, se congregara una población. A finales de 1399 la Orden de Predicadores de Santo Domingo toma posesión del santuario e inician la construcción de un monasterio que logró toda suerte de privilegios. Esta singular manera de nacer propició que Santa María la Real de Nieva creciera siempre al amparo de la corona.
En 1441,
las reinas de Portugal y de Castilla se reunieron en la villa con Blanca I
de Navarra (madre del Príncipe de Viana). Esta última se puso enferma y
murió a los pocos días. El cadáver no fue trasladado a su tierra, tal y
como había deseado en vida y, durante los siglos, los vecinos de Santa
María mantuvieron la creencia de que la reina navarra descansaba aún en
algún lugar de la localidad. De Castilla, a partir del Siglo XVIII, este título mariano “DE NIEVA” más rápida que los rayos y centellas a los que hace referencia su himno... fue propagándose en multitud de imágenes marianas que, previamente, eran trasladadas hasta el Santuario De Nieva de Segovia para ser tocadas por la original. Peralta en 1700, Pamplona, Puente La Reina, Falces, Valtierra, Sesma, Dicastillo, Artázcoz, Zabaldica, Artieda, Los Arcos, Olite... son muestra de la popularidad de una devoción que protegía a personas y ganados, sembrados y comunidades de los temidos y adversos fenómenos climatológicos. |
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UNA PALABRA: |
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Al finalizar este mes de mayo felicitamos, no podía ser menos, las actuales generaciones a Santa María. No hace mucho que con motivo del Jubileo del Año 2000 dábamos gracias a DIOS por el Nacimiento de Jesús dos milenios atrás. Hoy también, en multitud de apariciones y advocaciones marianas, aquellos mismos ángeles que entonaron el ¡Gloria in excelsis Deo! nos invitan de nuevo a centralizar aquel acontecimiento salido del seno virginal de una mujer llamada: MARIA. Durante siglos, generaciones pretéritas, han visto en MARIA un continuo alumbramiento de Jesús. Yo me atrevo a decir, que las miles y miles de advocaciones de María, no son sino la expresión más sublime de un pueblo que –por encima de todo- intuye que la Encarnación se hizo presente en la humildad y sencillez de una mujer. Y que, esas intuiciones, tomaron fuerza y nombre en una simple roca o manantial, en un árbol o en una escondida gruta, en un inaccesible monte o senda, en un pizarral o en el mar, en medio del viento y rodeadas de flores. Dios, siempre tan sorprendente, se ha hecho presente de mil modos y maneras a lo largo de estos siglos de cristianismo. Y una diapositiva con la que el pueblo cristiano ha entendido y entiende su MISTERIO es, ni más ni menos, que el rostro de SANTA MARIA SIEMPRE VIRGEN. No me extraña, pero nada, que cuando llega el día de “nuestra Virgen” los aledaños y las calles de ciudades y pueblos se transformen. No me sorprende, ni por asomo, que Santa María (más allá de una excusa para la fiesta) se convierta en un hechizo insustituible para hacer revivir y reavivar las raíces cristianas de nuestras naciones, diócesis, parroquias y familias. Hoy, como ayer, por mucho que a algunos les pese... siguen sonando campanas de gloria que son empujadas por los mismos ángeles que anunciaron a Cristo por toda Judea. Hoy, como ayer, en los brazos de María ¡en cien mil apellidos que son cien mil advocaciones! Los cristianos seguimos viendo en ella una razón y un motivo, un trampolín y un camino, una razón y unas manos siempre abiertas para llegarnos hasta Jesús. |
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Se oscurece el mes de
mayo... |
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