LA VIRGEN DE NURIA EN GERONA (siglo XII)

 

A una hora larga de Barcelona y a 2000 metros de altitud se encuentra este hermosos paraje, rodeado de montañas y ríos donde se  practica la hípica, el senderismo, remo, tiro el arco o es esquí.

Pero tal vez, el centro de todas miradas y el mejor fin y premio para tan pronunciada ascensión, es el Santuario de Nuria y con el lago artificial. El santuario tiene su leyenda. Cuentan que en el siglo VII Sant Gil escondió la imagen de la virgen, patrona de los pastores del Pirineo, en una cueva. Los guardó con los símbolos de la campana, la cruz y la olla que actualmente completan la imagen. La tradición augura fertilidad a la mujer que meta la cabeza en la olla. Si se cumple, a la criatura se le debe poner Nuria, o Gil si es niño. La talla de la Virgen es románica y su fiesta se celebra el 8 de septiembre.

Etimológicamente, Nuria,  significa “lugar entre las colinas, luminosa”.

 

LA BELLEZA NOS HABLA DE DIOS

 

Quien llega a esa paraje se sorprende por la  presencia del misterio interior, que es luz radiante, multiplicado por mil cuando la nieve, abundante en invierno, reverbera y juega con el astro rey. Aunque parezca pálido fulgor, resplandece en el alma del peregrino mariano, incluso (cuando te invade el silencio de las montañas) llegas a tener la impresión de no ser ya capaz de orar. Pero cuando uno se pone frente a la naturaleza abierta que habla por los ojos y los labios de Santa María no puede menos que exclamar, siguiendo la tradición de aquel santuario,:"¿Qué esperas de mí Señor?" ”¿Qué quieres de mí, amigo y Señor?”. Es la belleza creadora de DIOS que nos la recuerda y nos la canta María en Mayo.

 
 
LA BELLEZA ESPIRITUAL SUPONE ESFUERZO
 

Es saludable para el cuerpo y el espíritu, de vez en cuando, escapar del sucio y duro asfalto y buscar montañas sagradas que son hogares donde la Virgen  habla (como locutora de Dios) y enseña (como buena maestra) a ser felices en la morada de Dios . Este valle pirenaico, a casi dos mil metros de altitud, nos invita a descubrir los rasgos y los rostros de la presencia de Dios en nuestra vida. Como siempre, además, es cuestión de dejar abajo en el llano el peso de la soberbia y de la envidia, la apatía, la tristeza, la desconfianza o el gusto por lo que no merece la pena.

 
 
 

Es cuestión, como siempre, de salir de nosotros mismos, de realizar un pequeño esfuerzo y de contarle a la Madre que queremos ser buenos hijos de Dios y también de Ella.

 
 

Buen día con...
LA VIRGEN DE NURIA
Javier Leoz
Sacerdote