La isla de Mallorca, mediterránea en la luz y los paisajes, es algo más que sus playas y sus centros de veraneo. Mallorca es también tierra de montañas y valles solitarios, un destino mágico y lleno de contrastes.

Aunque la imagen que tenemos de Mallorca es la de una isla llena de turistas ávidos de sol y agua, sus entrañas nos descubren bellos paisajes preñados de olivos y almendros con alternancia de llanos, costa y montaña.

Uno de esos lugares que se eleva en montaña sagrada sobre la isla es el Monasterio de Lluc (corazón espiritual e imán de masivas peregrinaciones desde hace siglos de los mallorquines) que guarda en su interior una imagen que cristaliza mejor que nadie los sentimientos y la devoción de la Isla de Mallorca por ser su Patrona: LA VIRGEN DE LLUC.

Desde las cumbres más altas de las Islas Baleares parece como si la Virgen de Lluc estuviera animando a sus habitantes a no conformarse con el duro y el áspero suelo de la vida e interesarse un poco más por lo que les espera en esa otra ciudad que es el cielo.

   

LEYENDA DE UN CASUAL ENCUENTRO (S.XIII)

   

Un joven esclavo, convertido a la fe cristiana con el nombre de Lluc, se disponía a guardar su rebaño cuando se percató de unos destellos celestiales, que nacían de una grieta en medio de las rocas, a la vez que escuchaba una sugerente música divina dejándole los sentidos adormecidos. Ante tal fenómeno optó por contárselo a un monje Bernardo y, encaminándose los dos hacia la rocosidad, encontraron la sagrada imagen. Desde entonces, en ese lugar, la Patrona de Mallorca cuenta con un Santuario que invita a sentir muy de cerca y mediante los signos de la eucaristía, la cordialidad y el esfuerzo la presencia del Resucitado.

   
   

LEYENDA DE DOS VÍRGENES NEGRAS

 

Hay una sugerente historia que narra cómo la Virgen de Lluc y la Virgen de Monserrat (son hermanas y de color moreno las dos) se hacían cada año un regalo de cortesía. La de Monserrat tiraba un barril de cera al mar y, después de llegar por sí mismo hasta los aledaños del Monasterio de Lluc, los moradores tenían que bajar a recogerlo. Por reciprocidad, la Virgen de Lluc, hacía lo propio con un barril de aceite para las lámparas del Monasterio Catalán.

 
 

PENSAMIENTO MARIANO

 

Subir hasta la Virgen de Lluc en Mallorca es un ahogar en la costa o enterrar en el llano lo que nos agobia y preocupa. Es alzar la mirada a Santa María y, querer para uno mismo, ese bronceado celeste que da la Palabra de Dios escuchada a la sombra de aquel Monasterio.

No es difícil, en aquel “lucus” (lugar sagrado) seguir escuchando el canto de aquella que fue el todo para Dios: DESDE AHORA DICHOSA ME DIRÁN TODAS LAS GENERACIONES”.

 
 

Así lo sienten, lo cantan y lo expresan los mallorquines cada 12 de septiembre en la fiesta anual de La  Virgen de Lluc y coronada como Reina y Patrona en 1884. Su talla gótica, labrada en piedra, invita ni más ni menos a la fortaleza en la Fe de todos sus hijos/as.

 
 

Buen día con
la VIRGEN DE LLUC

   
 

Javier Leoz