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MISA DE NAVIDAD
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Nadie puede ocultar lo genuino y el regalo que nos trae esta noticia, en el día de Navidad: DIOS HA NACIDO
Cambió el rumbo de la humanidad este hecho histórico y, en muchos de nosotros, en cientos de millones de personas, esta confidencia, sigue sugiriendo lo más grande y lo más bonito de la Navidad: DIOS EN JESUS.
Muchos hubieran querido vislumbrar este acontecimiento, vivirlo en primera línea. Sólo, unos humildes pastores, fueron los congregados con el altavoz del ángel, para ser testigos de aquel hecho insólito: Dios deja la comodidad del cielo y se aventura a entrar en la realidad humana.
¿Estará Dios loco? ¿No pensarían esto aquellos pastores? ¿No lo estaremos recapacitando, hoy aquí, también nosotros?
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Una cuna, tosca y pobre, fue lo que halló Jesús en su descenso a la tierra. ¿Qué encuentra en nosotros en esta celebración? ¿Cómo tenemos los corazones? ¿En qué o en quién estamos pensando? ¿Lo recibimos con emoción, con alegría, con asombro? O ¿tal vez, hemos puesto el piloto automático que nos lleva a repetir, sin saber muy bien el por qué, celebraciones y ritos, gestos y símbolos? Día de Navidad. Es el “hoy” que estamos viviendo y compartiendo. En la ciudad de Belén (con sucursal en nuestra parroquia, familia, comunidades religiosas, catedrales, diócesis y en cada uno de los corazones de las personas que lo celebran), “hoy” nace el Salvador. Es cuestión de dejar, a un lado, aquello que nos impide disfrutar y saborear el Misterio. Es momento “hoy” de dejarnos seducir por un Niño que, siendo como nosotros, posee la fuerza de un Dios escondido (loco por amor al hombre) que desea para el mundo, y para aquellos que lo habitamos, una luz que brille con resplandor eterno.
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“Hoy” muchos lo estábamos esperando. En ese sentido, ¡cómo no dar gracias a Dios por ser su pueblo elegido! Nos hemos dejado llevar, durante el tiempo de adviento, por manos de los profetas y de María. Hemos visto una estrella y, debajo de su haz divino, nos hemos quedado maravillados de un Dios que –sorprendentemente- ha elegido como lugar de su nacimiento, lo que nosotros no quisiéramos ni para el mayor de nuestros enemigos: una gruta. Sin más techo, que el mismo cielo; sin mas calor que el arrullo de una madre; sin más seguridad que la firmeza de José; sin más señal que una estrella fugaz. “Hoy” estamos como los pastores. Ensimismados y, a la vez, apenados por esa porción de mundo (y ese mundo son amigos o familiares nuestros) que han perdido el eco de esta noticia, la profundidad de la Navidad, el mensaje de Belén, la caricia de Dios, el prodigio de este “hoy”. “Hoy” "Un niño ha nacido para nosotros, un hijo se nos ha dado"."Puer natus est nobis, Filius datus est nobis"(Is 9, 5). Y, porque inmerecidamente se nos concede y porque lo hace por nosotros, hemos venido corriendo, alegres, contentos para descubrir y celebrar esta extraordinaria manifestación del amor de Dios a los hombres. Lo más querido por Dios, su patrimonio personal y más íntimo, se convierte para toda la humanidad en su propio patrimonio. Dios, sin tener por qué, ha tomado la iniciativa, ha abierto las bóvedas celestes, ha delimitado unos escasos metros de una profunda roca y….en un establo, nos desconcierta, nos emociona, nos hace más buenos, más humildes, más eclesiales, más cristianos.
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¡Sea proclamado y bendecido este “hoy” en el que tantas cosas y tantos planes desde siglos anunciados y guardados, se cumplen y se completan!
¡FELIZ “HOY”!
¡FELIZ NAVIDAD!
Javier Leoz





