CON JESUS, TODO, CAMBIA DE COLOR

 

III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO: "...y una luz les brilló" (Is 8,23ss)  

Seguimos acompañando a ese Jesús que, más hoy que nunca, en la coyuntura económica, social, política y eclesial que nos toca vivir, brilla con la misma fuerza e intensidad con la que lo hizo en la noche de Navidad.

Sigue brillando, incluso a pesar de que muchos de nosotros nos podamos interrogar sobre tantas oscuridades que eclipsan la felicidad del mundo (maremoto del Sureste-Asiático, la división entre los cristianos). Entre otras cosas, sigue brillando, porque Jesús no nos dice que ir detrás de El sea tarea fácil sino que, exige además, una buena dosis de conversión y con personas intrépidas que sepan responder sin temor ni temblor a su llamada.

El Señor, como entonces a Pedro, Andrés, Santiago y Juan,  inicia su vida pública con aquellos que sepan anteponer, en algunos momentos, la voz de Dios y sus propuestas a otros cantos de sirena que nos embelesan con cierta frecuencia en detrimento de nuestra fe.

El Reino de Jesús implica, además de otros aspectos, un apostar por llevar la luz a tantas situaciones de cortocircuito que se dan a nuestro alrededor. El otro día escuchaba en un programa radiofónico que, las futuras generaciones cristianas, comenzarán a despertar precisamente por la siembra que, aparentemente costosa y poco fructífera (catequesis, grupos, etc.,) habrá dejado huella en su ética y en su conciencia cristiana. Desde luego sólo con indiferencia podremos cosechar más indiferencia pero, con propuestas sólidas y convencidas, acompañadas de un trabajo entusiasta y sin desmayo, intentaremos que, el día de mañana, nuestros futuros cristianos miren con respeto al legado que les hemos dejado. ¿Estamos haciendo un esfuerzo en ese sentido o hace tiempo que conectamos el contestador automático, para Dios, con el “no estoy en casa o no le puedo responder”?

 

2. Estamos asistiendo, aunque algunos se resistan a verlo, a la debacle de una humanidad posmoderna que ha comenzado este tercer milenio cansada y agobiada. ¿Cómo hacerles llegar, a muchos amigos y conocidos nuestros,  el hecho de que Jesús es una Buena Noticia que sana y orienta con todas las consecuencias toda una vida?.

Cada día que amanece es un cúmulo de noticiarios negros, de jóvenes que han perdido la ilusión y el optimismo, el sentido y la luz permaneciendo en un túnel sin retorno. ¿Cómo podríamos hacerles vivir que, en la práctica religiosa, se encuentra un poco de luz y paz, futuro y respuestas?

Tal vez ha llegado el momento de dejar ciertas redes que han servido para llenar de alimento espiritual a las generaciones pretéritas pero inservibles para otras que nos demandan un afán más creativo para que nunca pueda más la paloma que el mensaje o la frondosidad más que el interior del bosque.

Por ello mismo, porque el mundo (cada día menos exigente consigo mismo y con lupa  en mano para con la iglesia) vive sometido a peligrosos contrastes y a serios apagones en las conciencias de muchas personas, ha llegado la hora “0” en la que todos (los padres con los hijos, los sacerdotes con sus fieles, los políticos con sus convicciones religiosas, etc.,) seamos capaces de dejar en la orilla las redes de la vergüenza y del individualismo (gran virus en nuestra iglesia).

Tal vez, el hoy y el ahora evangelizador, pasa por dejar a un lado las excusas y la pereza para seguir a Jesús con el convencimiento de que, hoy y aquí, hemos de dar como nunca testimonio de que pertenecemos no a un “club en extinción”  sino a una Iglesia que, contra viento y marea, sabe, mantiene y predica que el vivir según Dios implica no ceder al chantaje de los iluminados de turno. ¡Cuántos hombres han querido ser, a lo largo de la historia, «luz» para sus conciudadanos!, y a veces sólo se han quedado en unos iluminados, fundamentalistas, que para imponer sus ideas han acabado con todos sus detractores. A veces, incluso hasta con buena voluntad y todo.

 

En medio de todo ello con el Señor por delante y guiados por El, nos iremos preparando para que en un futuro, no muy lejano, podamos ir curando   enfermedades y cerrando cicatrices de muchas personas que sentirán el zarpazo de la soledad, del vacío espiritual o del relativismo de todo y en todo.

J.Leoz

 

Señor, no soy nada.

¿Por qué me has llamado?

Has pasado por mi puerta

y bien sabes que soy pobre

y soy débil.

¿Por qué te has fijado en mí?

 

ME HAS SEDUCIDO, SEÑOR,

CON TU MIRADA.  ME HAS HABLADO

AL CORAZON Y ME HAS QUERIDO.

ES IMPOSIBLE CONOCERTE

Y NO AMARTE.

ES IMPOSIBLE AMARTE Y NO SEGUIRTE.

ME HAS SEDUCIDO, SEÑOR.

 

Señor, yo te sigo

y quiero darte lo que pides.

Aunque hay veces que me cuesta

darlo todo, Tú lo sabes; yo

soy tuyo.  Caminas, Señor,

junto a mí.

 

Señor, hoy tu nombre

es más que una palabra.

Es tu voz que hoy resuena

en mi interior, y me habla

en el silencio.

¿Qué quieres que haga por Tí?