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I DOMINGO DE CUARESMA Un tiempo para la clarificación personal y comunitaria
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Comentábamos, el miércoles de ceniza, que la cuaresma tiene un fin primordial: removernos espiritualmente por dentro ( y en la praxis por fuera) para que gran día de la Pascua, renovemos y actualicemos aquel Bautismo que recibimos un día, pero sobre el que, tal vez, se hallan adherido algunas telarañas que es conveniente limpiar con la ayuda de este tiempo intenso y cuaresmal.
Son cuarenta días de peregrinación. De gozar con la Palabra de Dios. De detenernos por el camino y conmovernos asomándonos a las situaciones que reclaman nuestra atención, compromiso efectivo, afectivo y gratuito. Es un tiempo, en definitiva, para interpelarnos seriamente si, ese amante que los cristianos tenemos, Cristo, es capaz de condicionar y de polarizar un poco nuestra vida; de que nuestro cuerpo prescinda de algunas cosas por su nombre y por propia y necesaria disciplina; de que nuestra fe sea fortalecida con la vitamina de la oración en medio del ruido y del caos o, que sigamos adelante como cristianos en una realidad que, con frecuencia, es un interminable desierto donde somos probados en la fe, invitados a renunciar a nuestras raíces cristianas o embelesados desde el alero de la ansiedad para tener y soñar lo que nunca podremos alcanzar.
Es cuaresma hermanos. Parece que fue ayer cuando prometíamos a Jesús en Belén nuestro deseo de ser mejores y, ahora, es cuando con la cruz camino del calvario no solamente hacemos buenos propósitos sino que, además, nos comprometemos a no caer en la mera apariencia. A no quedarnos en lo superfluo. A ser conscientes de que la fe exige pruebas, signos, purificaciones y también profesión firme y entusiasta de nuestra fe.
Desde algunas instancias se nos quiere hacer ver que, lo que propone y enseña la sociedad o las leyes de turno, es el camino “superguay” y “moderno” de la felicidad. El Señor, en cambio, una vez más nos pide muestras de sensatez y de “ser” más que de “tener”. No podemos ceder a presiones sociológicas, ni mucho menos políticas, donde se nos vende (a precio muy alto) un escaparate del “todo lo de ahora vale” y, “todo lo de antes, es retrógrado inservible”. Ni tanto…ni tan calvo.
En la Iglesia, portadora del mensaje de Jesús, (e iglesia somos todos) podemos correr el riesgo de ser tentados a abandonar lo que es constitutivo y esencial de nuestra fe para quedar bien con el diablo (que se mueve a sus anchas por arriba y por abajo) a costa de callar y amordazar nuestras conciencias que son baúl del criterio justo y del sentido justo de las cosas.
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¡Todo esto te daré si abandonas! ¡Cuaresma! |
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Tiempo de recuperación de las fuerzas espirituales. |
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Taller para poner a punto las piezas de la vida cristiana cuando son aflojadas por el choque con la dura realidad. |
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Antesala para vestirnos con ese traje de seguidores de Jesús que quieren vivir la Pascua (no al borde de la playa ni en crucero) sintiendo muy de cerca la voz de Jesús que nos llama a un cambio a positivo en nuestra vida. A una contemplación por la oración y a un compromiso activo allá donde nos encontremos. |
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Sólo así sentiremos la presencia de los ángeles de Dios que nos ayudan y nos sirven para no aburrirnos en ese empeño. |
Javier Leoz
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ORACION
Ayúdame a hacer silencio, Señor,
quiero escuchar tu voz.
me hace falta la calidez de tu
voz,
quiero revisar mi vida,
para apurar el cambio.
Hay que hacer, hacer y hacer.
Hablar mucho y hacer poco.
pero adentro,
hacer la del samaritano.
acostumbrarme a que otros sufren
despójame de lo que me ata,
pon a prueba mi amor y mi fe.
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