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La construcción viene delimitada por tres naves y se forma principalmente por cuatro columnas del mismo orden y dimensiones que las del exterior. Sobre ellas se sitúan los entablamentos transversales desde donde surgen los diversos arcos que conforman y sostienen las bóvedas y que, además, dan lugar a una gran cúpula central con pechinas en las que, en pintura mural, representan a los cuatro evangelistas con su simbología (niño,león,toro y águila).
Mención especial merece la función de esta cúpula pues configura una especie de crucero. De hecho, si observamos detenidamente su relación con las cuatro bóvedas de cañón en la nave mayor, nos podría hacer pensar que una iglesia de cruz griega ha sido incrustada en otra de tres naves. Este sistema de cubiertas es sumamente original y atrevido y, aunque nos pueda recordar a ciertas soluciones barrocas, su rigor y pureza arquitectónica marcan sobradamente su aspecto neoclásico reafirmado, aún más, por las ventanas terma y por las tribunas que asoman al presbiterio y naves laterales.
La cabecera del templo está compuesta por un tramo de medio cañón casetonado con los típicos rosetones seguido de un cuarto de esfera donde en pintura mural se representa a San Juan Evangelista en la Isla de Patmos.
La sacristía, también neoclásica, con planta cuadrada despunta en una gran cúpula con su correspondiente linterna.
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Retablo mayor dedicado a San Juan Evangelista (1766-1771)Es obra del prestigioso escultor zaragozano José Ramírez Benavides y está considerado como una de las obras más excelentes ( barroco-clasicista) en Navarra de la segunda mitad del siglo XVIII. Su estructura fue completada en 1772 por el conocido retablista de Calahorra Diego de Camporrendondo aunque la seña de éste, sobre todo las dos alas laterales, quedó muy lejos del gusto y motivos clasicistas que Ramírez quiso dar a su obra. Es de destacar los relieves y la escultura correspondiente a la factura del artista aragonés destacando el del Martirio de San Juan ante Portam Latinam donde es interpretado majestuosamente con la propia teatralidad del barroco. De categoría no inferior es la escultura del apostolado con San Pablo y San Pedro, Santiago y San Andrés, con un canon estilizado y de claras resonancias berninescas, al igual que la culminación de la calle central con la Gloria de la Trinidad y unos hermosos ángeles arrodillados. El resto de la obra, atribuída a Camporredondo (los relieves laterales con la Visión en Patmos y el Milagro ante los jueces, las tallas de San Bartolomé y Santo Tomás, los padres del Evangelista en el banco del retablo o las tallas de otros apóstoles en la parte superior) no resisten la comparación con el autor zaragozano.
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La mujer vestida de sol en el retablo
Apocalipsis 12: Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de = las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. = El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. La mujer = dio a luz un = Hijo = varón, = el que ha de = regir a todas las naciones con cetro de hierro; = y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. Yo estaba en pie sobre la arena del mar.
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