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Ponernos
frente a María es querer salir de nosotros mismos, de contemplarnos
menos y saber que Ella es un reflejo de la ternura de Dios.
Ofrecemos el Narciso como expresión de la voluntad de
arrancar de nosotros mismos el “ego” que nos impide ser más humildes
y menos creídos. Cuántos hermanos nuestros, al igual que la famosa
leyenda griega, mueren en vida al permanecer en un constante
enamoramiento y endiosamiento de sí mismos.
Al leer la leyenda de Narciso ( de cómo perecería en las aguas del
río por complacerse y mirarse en su belleza) no podemos menos que
orar a María para que ayude a este mundo nuestro a ser más crítico
con todo lo aparentemente estético pero en el fondo vacío y muerto.
“La belleza es la Divinidad visible, es el cielo descendido sobre la
tierra” (T.Gautier)
J.Leoz |