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No tengo un minuto |
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Dios me dijo un día:
"Dame un poco de tu tiempo".
Y yo le respondí: "Pero Señor, si el
tiempo que tengo no me basta ni para mí".
Dios me repitió, más alto: "Dame un poco de tu tiempo". Y yo le respondí: "Pero Señor, si no es por mala voluntad: es de verdad, no me sobra ni un minuto". Dios volvió a hablarme: "Dame un poco de tu tiempo". Y yo le respondí: "Señor, ya sé que debo reservar un poco de tiempo para lo que me pides, pero sucede que a veces no me sobra nada para poder dar. ¡Es muy difícil vivir, y a mí me lleva todo el tiempo! ¡No puedo dar más de lo que te estoy dando!". Entonces Dios ya no me dijo nada más. Y desde entonces descubrí que cuando Dios pide algo, pide nuestra misma vida. Y si uno da sólo un poco, Dios se calla. El paso siguiente ha de ser cosa nuestra, porque a Dios no le gusta el monólogo. Qué tremendo debe ser el que Dios se calle¡¡¡ |
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