|
|
||||||||||||||
|
|
||||||||||||||
|
Cuántas veces solemos escuchar aquello de: “No es sabio quien sabe; sabio es aquel que va al fondo de las cosas”. Con qué frecuencia nos quedamos clavados y mediatizados por lo puramente externo. Estamos tan pendientes de las sensaciones que olvidamos aquello que las produce. |
||||||||||||||
|
EL HOMBRE DE LAS MANOS VACIAS |
||||||||||||||
|
Pronzato dice que en los nacimientos de tradición provenzal, hay un personaje típico: el “Ravi”, o sea, el extasiado, el embelesado, el encantado, sabio de las cosas de Dios. El que no tiene nada que llevar, pero acarrea lo más importante: el asombro y la percepción de Dios . Cuando llega, un poco cansado, a visitar al niño Jesús apenas nacido, con las manos vacías, tiene que aguantar los reproches de todos. Su presencia molesta. Así cuenta la narración popular: “Y el encantado alzaba los brazos hacia lo alto diciendo: |
||||||||||||||
|
||||||||||||||
|
||||||||||||||