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Podemos
pensar que aquellos hombres a los que el Resucitado enviaba por aquellos
mundos de Dios… eran distintos a nosotros.
Podemos
pensar que todos, sin excepción, vestían el traje de la perfección
Podemos
pensar que eran tan tocados y elegidos por Dios que no había resquicio
alguno para la duda ni para la desesperanza, para el pecado o la
deserción.
Podemos
pensar eso… y llegar a equivocarnos con esa imagen idílica de lo que
fueron y, tal vez, no lo fueron tanto.
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Uno,
cuando mira por la ventana de la Palabra de Dios, concluye que aquellos
sobre los que el Espíritu descendía en aquel primer Pentecostés estaban
tan traspasados de dudas como actualmente lo podemos estar nosotros. Tan
llenos de miserias como de contradicciones nuestra misma vida. Tan
condicionados por las debilidades como nosotros inmersos y atacados por
el vacío espiritual que lo invade todo y lo penetra todo. |
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2000 años después de aquel tiempo inaugurado por el Espíritu Santo, el
tiempo de la Iglesia, seguimos con las mismas luchas y con los mismos
condicionantes para vivir como testigos del Resucitado. |
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UNOS
quieren vivir esa ex- periencia al margen de la iglesia. La ven como
algo desfasado y cerrada en sí misma. Como que, hace tiempo, que dejó
de escuchar la voz del Espíritu que le llama a la renovación personal
y comunitaria. |
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OTROS
aun siendo conscientes de sus limitaciones y traiciones al espíritu
del Evangelio, la queremos porque sabemos que si la Iglesia fuese
perfecta y santa al cien por cien….no tendríamos cabida en ella y,
porque la sentimos tan nuestra, trabajamos y nos desvivimos hasta la
muerte por lo que es grande en ella: JESUCRISTO |
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Hoy, en Pentecostés, damos gracias a Dios por esta gran
casa en la que
todos tenemos un sitio y algo que ofrecer y realizar: LA IGLESIA. |
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Una
iglesia que se hace fuerte e irrompible cuando siente y se agarra a la
COMUNION de hermanos en la misma fe y unidos por la misma esperanza |
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Una
iglesia que se lanza al futuro sin miedo alguno sabiendo que lleva
entre manos la mayor riqueza que el mundo puede esperar: EL EVANGELIO |
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Una
iglesia que habla sin tapujos, sin vergüenza y que, precisamente por
ello, su mensaje hará que salten chispas cuando puede más la sin razón
que el sentido común, la banalidad de las cosas que la dignidad
humana, el personalismo más que lo comunitario, el cosmos mas que el
propio hombre. |
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Una
iglesia que no le importa mirar de reojo pero con acierto a los
orígenes de su nacimiento. En aquel alumbramiento la comunión de
bienes y el perdón, la fraternidad y la alegría, la valentía y la
audacia para presentar a Jesucristo….rompieron esquemas y tradiciones,
corazones y modos de vida. |
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Unos hombres y mujeres que llamaban la atención y que fueron formando
esa gran familia que ha llegado hasta nuestros días. ¿Por qué hoy
nuestra iglesia brilla más por el esplendor de su riqueza artística
que por el estilo de vida que muchos cristianos no llevamos dentro de
ella?. |
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A los cincuenta días entonces, y 2004
años después, es un soplo que nos viene bien para lanzarnos como
iglesia a la conquista de ese mundo tan duro para entender y
comprender, vivir y amar las cosas de Dios. |
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Con todo lo que la Iglesia ha sido y es
supone un abrir de par en par la creatividad de todo creyente para que
el mensaje de salvación de Jesucristo no quede clavado entre las
cuatro paredes de una sacristía o de un templo. |
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Con nuestras fatigas e incoherencias
nos infunde aires nuevos y bríos nuevos, ganas e ilusión, compañía y
fortaleza, honestidad y transparencia, vitalidad y ansias de
conquistas para Dios. |
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