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Dios respeta nuestra libertad. Sufre,
estoy convencido, al sentir y contemplar a este mundo nuestro tan de
espaldas a El. No me cuesta esfuerzo imaginar a un Dios, con lágrimas en
sus ojos, al comprobar cómo la vieja Europa va alejándose montada en el
Euro o muriendo en trenes de muerte, amenazada por la inseguridad o la
ansiedad de los que tienen sed de sangre.
Sufre Dios, pero deja que actuemos en
libertad, e incluso a pesar de que muchos hagan dentellada o lancen
pedradas contra la casa del Padre. Hoy el hombre, que escapa lejos de
Dios, que vive embelesado en su propio rigor y sistema, siente de momento
pocas ganas de volver hacia atrás.
¿Qué ocurrirá
cuando el capital vacíe de falsas alegrías el corazón del hombre?
¿Qué ocurrirá
cuando el hombre sienta que está arruinado porque gastó lo que
aparentemente ganó?
¿Se acostumbrará
el ser humano a cambiar el traje de señor por el de esclavo?
Esta tierra nuestra, será hija pródiga, el día
en que le fallen sus esquemas, en el instante en que explote su
arrogancia. Tarde o temprano su pensamiento será ocupado por lo que perdió
y, cuando estuvo lejos, valoró, añoró y gritó: DIOS
Qué bien lo expresaba mi Arzobispo, Don
Fernando Sebastián, con motivo de la 2ª Javierada en Navarra y teniendo
como telón de fondo los atentados de Madrid: “en el fondo, todo
esto, es consecuencia de la ausencia de Dios en el mundo”.
La cuaresma es un buen “buscador” para encontrar
esas sendas de vuelta atrás para encontrar los caminos que van derechos a
la casa donde se vive más y mejor: la casa del Padre
Javier Leoz
Navarra |